La famosa motivación


No. Lo siento, pero este artículo no es un decálogo para poner en práctica con nuestros jóvenes deportistas y motivarlos. No es una serie de premisas que funcionan como receta para que los chicos y chicas que se mueven en el ámbito deportivo sean proyectos de grandes estrellas. Y tampoco es una estrategia para un entrenador o monitor que quiera abordar a los suyos y ganarse su confianza haciéndolos rendir de forma excelente.

Este artículo trata de un término que hoy día parece el santo y seña no solo del deporte sino también de la vida profesional y personal de cada uno de nosotros. ¿A cuántos nos piden estar motivados e involucrados en nuestro puesto de trabajo? ¿A qué jefe o superior no se le llena la boca de esta palabra tan estupenda para que sus empleados trabajen más y mejor? Es evidente que tal y como están las cosas no vale con cubrir expediente, pero la motivación no se solicita, más bien se incita y se estimula.

Cuando un entrenador o monitor requiere resultados y a través de ellos basa su proceso de aprendizaje deportivo, se encuentra con que la motivación de sus deportistas depende de algo externo a ellos. Ganar o perder, en muchas ocasiones, depende de factores no controlables por nadie.

Sin embargo, si el aprendizaje progresivo y variado del deportista no está tan enfocado a la meta sino al camino recorrido para alcanzarla, estamos despertando en nuestros chicos y chicas una motivación en la que su propio interés por la actividad y su aprendizaje sea más creativo y autosuficiente. Muy probablemente de esta manera generemos más adherencia a la actividad física y aumentemos el porcentaje, no solo de figuras deportivas, sino de personas sanas, completas y autónomas en su día a día. Motivación intrínseca que se llama.

¿Y como conseguimos todo esto? No me atrevo yo con unas pocas líneas a dar una lección a nadie sobre ningún tema, pero hay un par de cosas que podemos tener claras todos.

La primera es que una persona que lidera un grupo de pequeños o jóvenes deportistas debe tener fe y convicción en su labor. No podemos buscar o exigir motivación en lo que tengo entre mis manos si para mí la tarea que llevo a cabo es un suplicio de unas cuantas sesiones semanales o mensuales.

Además, al enfrentarnos a estas situaciones diarias con chicos de diversas edades, demostrar seguridad en la transmisión de nuestro mensaje (deportivo y de valores) se hace totalmente necesario. Si ellos nos ven dudar o cambiar, no tendrán realmente claro el camino a recorrer ni la meta que queremos alcanzar a corto, medio o largo plazo. Por lo tanto, la segunda es formación y sinceridad para hacer llegar nuestro criterio. No vale decirlo, hay que dejarlo claro con hechos.

Es evidente que esto lo enfocamos al deporte base. También es evidente que el jefe de nuestra empresa no espera que seamos creativos y autosuficientes sino que generemos resultados y logros. Pero, seguramente, si nuestra labor diaria viene respaldada por nuestro superior, si contamos con su apoyo para proponer y crear y somos valorados por lo que somos y hacemos, entonces nuestra motivación para levantarnos cada mañana y afrontar nuestra tarea sea bien distinta.

No. Lo siento, pero no hay ningún truco para motivar. El reto está ahí, en el día a día, en lo que tenemos entre manos… Depende de nosotros querer hacer de nuestros deportistas una figura mundial o, “simplemente”, que sea feliz cuando viene a entrenar y a jugar. Y esto no es imposible de conjugar. Ellos vienen, juegan, se divierten… siguen viniendo, nosotros los formamos, le damos las herramientas en el camino y luego… luego ya veremos lo que pasa cuando lleguen a la meta.

Pero que le quiten lo bailao, que diríamos nosotros… ¿y todo lo que han encontrado en el camino?

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