La Esencia


Con motivo de la final del Open de Australia entre Roger Federer y Rafael Nadal se suceden las portadas en los diversos medios y los comentarios de las redes alabando los valores de dos deportistas de nivel superlativo.

Se habla de espíritu de superación, de fe en uno mismo, de no rendirse, de juego limpio, de aceptación de la derrota y de caballerosidad en la victoria, de competencia basada en el respeto de la norma, del compañero y adversario y de todo lo que rodea a esa disciplina deportiva.

Lo que deberíamos preguntarnos es por qué es tan llamativa la apreciación de estos valores en el deporte de alto rendimiento, de elite. No estamos acostumbrados a observar en dos deportistas de tan alto nivel un comportamiento tan exquisito en sus formas tanto dentro como fuera de la pista.

Y no solo ocurre con Nadal y Federer. En numerosas ocasiones un telediario o un diario deportivo abre con una noticia referente a este tipo de demostraciones humanas en un mundo de ídolos que alcanzan grandes proezas.

Bajo mi punto de vista esto sucede por la escasez de estos valores en la rutina de nuestras vidas, cuanto más en el deporte. La primacía hoy la encontramos en la victoria, en la picaresca, en los logros deportivos y personales, en los récords, las marcas y los balones de oro, entre otros.

Evidentemente, algo estamos haciendo mal porque eso es lo que llega con más calado a nuestros deportistas más jóvenes, esos que sueñan con ser un Nadal, un Messi o un Pau Gasol. Quieren ser como ellos porque son famosos, ganan dinero, salen en anuncios y se habla de sus logros cada mañana de un lunes a la hora del café o en un buen rato de televisión deportiva. Como ejemplo me vale cuando el otro día, al salir de casa, un joven vecino iba a su partido de fútbol de cada fin de semana con sus grandes cascos, su móvil, su tupé y la bolsa colgada al hombro en perfecta imitación de los mejores jugadores de la liga.

¿Realmente esto es lo que deja el deporte a nuestros chicos y chicas? Me niego a creerlo. La esencia del deporte de base debe estar basada en lo extraordinario, en lo que llama la atención de los medios, en lo que abre portadas y telediarios anunciando a bombo y platillo que un joven de Manacor, aunque derrotado, es un grande de la historia de nuestro país porque lucha cada pelota como si fuera la última, porque respeta a su rival sea quien sea éste, porque sabe sobreponerse a las dificultades que su físico le ha ocasionado en los últimos años y, en definitiva, porque es un orgullo para todas aquellas personas que se asoman a la televisión y ven en él un familiar o amigo que a todos les gustaría tener.

Luchemos, todos los que nos dedicamos al deporte con niños y jóvenes, para que cada entrenamiento y cada partido la principal lección que se lleven éstos sea la de que el deporte es un camino intachable para ser, sobretodo, buena persona. El mundo lo necesita.

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