Del callejero y sus historias: María la Judía.


Muchos cordobeses transitan a diario por la calle María la Judía, próxima al Centro Comercial La Sierra y a la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza. Ubicada en un barrio relativamente joven –de aproximadamente dos décadas de existencia-, dicha calle se ha erigido en lugar de encuentro, con bares como el 3T o los restaurantes Más Solera y Tellus, que ofrece auténticas experiencias gastronómicas -altamente recomendable-.

Pero si por algo se caracteriza esta zona cada vez más dinámica es por ser mujeres las que dan nombre a sus calles. Algunas como Victoria Kent (política republicana), María Montessori (pedagoga y científica, entre otras muchas ocupaciones) o Isadora Duncan (bailarina), son algo más conocidas entre los viandantes que otras, como la actriz Margarita Xirgu (asociada a las obras de García Lorca), la rejoneadora peruana Conchita Cintrón y la protagonista de este artículo, María la Judía, la más lejana en el tiempo. Pues si aquéllas vivieron entre los siglos XIX y XX, ésta lo hizo entre el I y III d.C., sin que existan fuentes fidedignas sobre la centuria concreta.

A María la Judía, también conocida como Miriam la Profetisa, se deben las bases teóricas y prácticas de la alquimia occidental, y por consiguiente, de la química moderna. Considerada por muchos como la “Eva” particular de la historia de la alquimia, parece que escribió varios tratados que fueron posteriormente ampliados, corrompidos y confundidos con otras obras. Zósimo de Panópolis, un alquimista de Alejandría –ciudad egipcia que posiblemente viera nacer a nuestra protagonista-, recopiló en el siglo IV d.C. muchas de las enseñanzas de los que él denominó “sabios antiguos”, entre los que se encontraban Demócrito, Moisés y la citada hebrea, cuyos orígenes son un tanto oscuros.

Si bien hay autores que cuestionan que fuese un personaje histórico, los alquimistas del pasado llegaron a asociarla con María Magdalena o con Miriam (hermana de Moisés y del profeta Aarón), mas sin fundamento. Otros, como el prestigioso historiador de la alquimia F. Sherwood Taylor, apuntan a que María la Judía pudo ser “una persona de carne y hueso y una gran descubridora de la ciencia práctica”. Y esta idea de que fuera una persona física real es la que actualmente está más extendida entre los estudiosos del tema, a pesar de carecer de testimonios contemporáneos que garanticen que María la Judía existió. Lo que resulta una evidencia es que tanto unos como otros la muestran como grandísima maestra y autora de descripciones pormenorizadas del instrumental empleado en los laboratorios de la época.

Hay quien le ha atribuido la invención del “baño maría” –aunque de esto no existe constancia seria-. Seguramente los lectores habrán oído hablar de este método de cocción indirecto; distinto es que sepan en qué consiste, quizá por “alergia a los fogones”. En cualquier caso, estoy convencida de que, como poco, habrán degustado tocinos de cielo o flanes cocinados al “baño maría”. Y si no lo han hecho, ¿a qué esperan? Como decía al comenzar estas líneas, en la calle María la Judía hay algunos restaurantes que sé a ciencia cierta que utilizan esta técnica.

Leyenda o realidad, la verdad de esta cuestión es que, existiese o no esta mujer, sigue presente en nuestras vidas siglos después, aunque muchos desconozcan quién fue. A pesar de la oscuridad documental –ya que el emperador Diocleciano persiguió a los alquimistas de Alejandría en el siglo III, mandando quemar sus textos-, espero haber arrojado algo de luz al respecto. De manera que cuando mis paisanos decidan ir a tomar algo a la calle que lleva su nombre, al menos conozcan parte de su historia.

 

 

 

 

1 Comentario

  1. ¡ Enhorabuena! Les animo a seguir publicando estas historias tan cercanas y cotidianas, pero tan ignoradas por la mayoría de los cordobeses, pese a que forman parte de nuestra historia, leyenda ….Y sobre todo con un estilo claro, didáctica y no por ello menos culto y documentado .
    Reitero mi más cordial Enhorabuena.

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