Volver a casa por Navidad


Navidad es Navidad.  “Toda la tierra se alegra y se entristece la mar”, como decía la famosa canción de Perales. Sé que para muchos es una época triste, especialmente si te faltan seres queridos. Lo sé por experiencia. Pero para los que estamos fuera de casa os puedo asegurar que son unas fechas mágicas.

Volver a casa por Navidad. Mis niños y yo llevamos casi un mes contando los días que faltan. El tiempo vuela, sobre todo cuando esperas algo con todo tu corazón. Volver a casa por Navidad. Ver a tu familia y tus amigos, poderlos abrazar y darle achuchones y miles de besos. Las croquetas de la abuela Paqui, el olor de las castañas asadas, sentir frío cuando vienes de un calor intenso, y sentarte al calor de una mesa de camilla, pasear con tus hermanas y sobrinos por una calle peatonal entre mucha gente, tomar chocolate con churros, hacer el amigo invisible con amigos de carne y hueso, ver la Cabalgata de los Reyes Magos.

Detalles, pequeñas cosas, olores y sabores que sólo tienes cuando estás en casa. Y que aprendes a añorarlos cuando estás lejos de ella.

Eso aún no lo han conseguido las videollamadas.

Y por ello, cuando vuelvo a casa por Navidad sabiendo que tengo que regresar de nuevo, necesito alimentar no sólo mi cuerpo sino también mi corazón con todas esas pequeñas cosas que son las que me darán fuerzas para los próximos meses.

No necesito regalos ni grandes fiestas. Sólo volver a casa por Navidad y disfrutar de todas las pequeñas cosas y de los muchos abrazos que voy a dar y recibir.

Será porque soy más mayor, o porque han cambiado mis prioridades, o será que estoy aprendiendo a dar otro valor a las cosas, sobre todo después de vivir fuera de mi ciudad, de mi país.

Cada día que pasa, nos sorprende (bueno, es un decir, ya pocas cosas tienen la capacidad de sorprendernos), un nuevo caso de corrupción política, un nuevo episodio de violencia de género o de maltrato infantil, niños que sufren porque padecen enfermedades, o una desgracia natural que acaba con la vida de un plumazo de miles de inocentes, por no hablar de todas aquellas personas que están en la pobreza más absoluta…sea o no sea Navidad.

Ante esto, y no es por ser conformista, solo puedo considerarme una privilegiada, una afortunada, como muchos de nosotros lo somos, aunque a veces, nos pasamos media vida tan preocupados por quejarnos por casi todo que no nos damos cuenta.

Por ello sólo le pido, para todos los que ya considero que somos afortunados, Salud, salud y más salud.

Con ella, con esfuerzo, grandes dosis de optimismo y de aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, seremos capaces de construir, aunque sea poco a poco una sociedad más justa, y si es posible, un poquito más feliz…

Ese es mi deseo. Ah. Y volver a casa por Navidad.

 

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