¡Tápate la boca!

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¿Quién no ha oído esta frase de manos de su madre cuando éramos pequeños o no tan pequeños, al salir de un habitáculo donde se pasaba del calor al frío?. Taparse la boca, o cerrar la boca, es un gesto que nos enseñan para que los virus no entren en nuestro organismo y evitar en la medida de lo posible un resfriado que nos pueda llevar a estar en cama, exceso de mucosidad, tos, fiebre… malestar en general. De forma casi instintiva, este viene a ser un gesto de protección que los mayores tienen sobre nosotros cuando somos pequeños y que también solemos trasmitir generación tras generación, con la finalidad de prevenir un posible contagio.

¿Pero alguien se ha parado a pensar que no sólo nos contagiamos de virus invisibles?, ¿quién nos enseña en este caso a no contagiarnos de personas tóxicas y de qué manera hacerlo?, ¿sabéis a lo que me refiero verdad?, a todas esas personas que de alguna que otra manera intoxican nuestra vida en forma de virus, y a las cuáles a veces no sabemos ponerle freno ni podemos cerrar la boca para evitarlos. Son personas que nos rodean, que invaden nuestra vida, nuestros espacios, intimidad y libertad, de manera que nos infectan de una forma directa o indirecta del virus de su triste vida.

Una persona tóxica es aquella que está llena de negativismo y de acciones que no nos aportan positividad alguna, sino todo lo contrario, normalmente es difícil de detectar, y para colmo es muy contagioso, para ti, y para tu salud mental. Tal es el caso, que podemos levantarnos muy felices una mañana cualquiera, y que una persona tóxica, nos chafe el día y nos haga entrar en su juego. ¿Cómo reconocerlas?. Hay varios tipos, y seguro que más de uno de los que estáis leyendo, podéis identificar a personas que cumplen con los requisitos, pero también si somos críticos, podemos detectarnos a nosotros mismos, pero atención, no será preocupante siempre y cuando las acciones malas, superen a las que se hagan con buena intención, pues en mayor o menor medida, todos hemos sido tóxicos y nos hemos intoxicado de los demás.

A la gente tóxica le gusta hacerte sentir culpable. Esa culpa es la diferencia entre lo que hiciste y lo que deberías haber hecho. No vivas eternamente condenado, pues si consideras has cometido un error, pide perdón, se feliz y no trates de cambiar el pensamiento ajeno, no lo va a hacer, por tanto malgastar tu tiempo y tu energía es innecesario.

La gente tóxica es envidiosa y se pasa el día opinando y juzgando lo del otro, en lugar de centrarse en lo suyo, por tanto, no entres en su juego, preocúpate de tus logros y tus límites, rompiendo cualquier tipo de barrera que te impida alcanzar el sueño deseado. Nunca compitas con nadie, a no ser que corras los mil metros lisos en unas olimpiadas.

La gente tóxica te descalifica disfrazándose de amigo, compañero o hermano. ¿recuerdas aquello de lobo disfrazado de cordero? Finge estar interesado en lo que haces y lo que pretende es hundir tu autoestima, así que para evitarlo, nunca le contradigas ni te enfrentes en público, míralo a la cara y sonríe, será tu mejor arma que lo desconcertará por completo.

Sin que apenas te des cuenta, la gente tóxica agrede verbalmente, de manera que lo que pretende es hacerte sentir poca cosa. Por tanto, tu nunca subas el tono de voz, haz una escucha activa y deja que se sienta solo en su agresión verbal.

La gente tóxica es falsa y se disfraza mediante el uso de máscaras. Son máscaras de poder, de superioridad o de víctima. El problema de la gente falsa es que de forma consciente para ellos, e inconsciente para ti, te obligan a ser y hacer lo que ellos quieren.

La gente tóxica es psicópata, es decir que jamás van a manifestar su sentimiento de culpa, son incapaces de amar a nadie y centran su vida en el dinero, sexo o poder.

La gente tóxica es mediocre, su miedo a perder les lleva a no arriesgarse, convirtiéndolas en personas perezosas, sin estímulos, sin sueños. En resumidas cuentas, viven sin vivir.

La gente tóxica es chismosa. Dicen que la inteligencia de una persona está en saber frenar un chisme, es decir, que si un chisme llega a ti, que lo termines enterrando y no vaya más allá, pues el chismoso por excelencia, acaba siendo como una tortura china, ¿recordáis aquella donde una gota de agua cae lentamente en la cabeza hasta provocar un agujero?, ¡huye de los chismes! No alimentes con tus palabras los chismes que te cuente la gente, rebate los que puedas y aleja a esas personas de tus conversaciones de café.

La gente tóxica son como un jefe autoritario. El autoritarismo consiste en el uso y abuso de la autoridad. Y el autoritarismo viene dado como consecuencia de la soberbia, la descalificación, la soberbia y el miedo.

La gente tóxica es neurótica. La gente tóxica neurótica manifiesta la necesidad de ser amada, reconocida y aceptada. Y esto convierte a este tipo de gente en conflictiva, agresiva, egoísta, extremista, etc.

La gente tóxica es manipuladora. El manipulador busca tu debilidad y vulnerabilidad. Su único objetivo es destruirte. Y para conseguirlo fomenta el acoso moral y la agresividad verbal.

La gente tóxica es orgullosa. El orgullo es un exceso de confianza en uno mismo. Es una forma tóxica de tener confianza en ti mismo. Este exceso de confianza le lleva a estancarse y nunca mejorar.

La gente tóxica es quejosa. La persona quejosa es aquella que piensa que el mundo se ha confabulado para ir en su contra. Estas personas convierten la queja en una forma de entender y vivir la vida.

La gente tóxica tiene el poder del sí y del no, por tanto hemos de aprender a decir que no, tarea muy complicada aunque no lo parezca. Pues no saber decir “no” implica que desconoces cuáles son las prioridades que existen en tu vida, y sobre ese aspecto actúa la persona tóxica. Por tanto, aprende a conocerte y pon tus límites. Este sería un tema para abordar otro día con más tranquilidad.

No son pocos los factores vistos en las diferentes personas tóxicas que se encuentran a nuestro alrededor. Nombrándolos, sé que no he descubierto nada nuevo, pues todos sabemos que existen personas tóxicas en cualquiera de los ámbitos de la sociedad. Lo que si quiero recalcar con estas acepciones, es que estemos alerta, y sepamos detectarlos, al menos, que le podamos poner nombre y etiquetar a aquellas personas que de alguna que otra manera nos molestan y que están afectando a nuestro bienestar, tratando siempre de alejarlos lo máximo posible.

Lo positivo de esta lectura, será que a más de uno le vendrá bien pensar en sí mismo y en toda la toxicidad que encontramos a nuestro alrededor, pero quizás lo más negativo, es que al leerlo, a más de uno se nos ha pasado por la cabeza más de una persona. No hay que alarmarse, simplemente vuelvo a repetir, hay que tratar de detectar ciertas toxicidades que afecten a nuestro día a día. Están por todos lados, trabajo, colegio, grupo de amigos, hermandades, peñas… allá, como  se suele decir, donde hay más de dos personas… una puede ser tóxica, así que, debes de ponerte en alerta y ¡TÁPATE LA BOCA!

Si te ha interesado el tema y quieres ampliar la información, puedes leer al psicólogo Bernardo Stamateas en “Gente Tóxica”.

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