Operación 50


Lo recordarán. Fue un momento inolvidable, cenital. Un instante crucial de los que se guardan para siempre. El gol, el elemento extraño y a la postre necesario que dota de vida a las gestas, a las hazañas heroicas y borra con su suerte de magia y miseria todo lo anterior, lo marcó Ulises. No fue el de James Joyce, ni sirvió para marcar el pulso de una nueva narrativa que reinventase el paradigma. De hecho, la aventura terrible de enviar un trozo de material sintético, ya se perdió lo del cuero, al fondo de una red sirvió para aniquilar todo lo anterior. Todo lo demás ya nunca importó. Y ahí nació la rabia.
Un año de pesadilla, que no duró 12 meses pero sí lo suficiente para recordar goleadas y a un equipo sin alma, capaz de encajar lo que nadie está dispuesto a soportar. El frío se instaló sobre las gradas de ese estadio, siempre a medio construir, que lleva impresa la estatua de un arcángel porque el  milagro requiere de múltiples redifusiones. Existir, sobrevivir a su aciago sino, ya daría al menos para escribir un entremés. Como en toda trama que se precie siempre hay un malo y no es Walt Disney, al que ya habrá tiempo de hacerle cargar con sus culpas. Al antagonista lo apodaron con un pseudónimo jocoso y, a partir de ese momento, la misma grada que es capaz de pitar a su equipo a los 15 minutos de comenzar la temporada encontró a su villano predilecto, al chivo expiatorio de sus propios pecados mortales, a su némesis.
Lo llamaban “el Jeque” y hacían burla con la amnesia inherente al ignorante, pretencioso, que olvida a los presidentes que hubo, a los que pueden llegar y que todo es tan sencillo como la sociedad anónima que rige la legalidad del club. Es un concepto simple. Es una empresa y, como tal, el socio compra o desestima el producto. Se podría argumentar en torno a la expectativa, a la inseguridad del resultado, pero como el que invierte en bolsa asume el riesgo, el que compra el carnet realiza la misma operación incierta.Este concepto, retrotraído del libre mercado, es diáfano. Usted compra un producto de la empresa CCF SAD, que así formulado da cierto reparo, pero no es más que la misma realidad que alumbra al que compara una camiseta del Barcelona en una tienda. La diferencia es que, si viene defectuosa y el logo de Qatar Arways aparece con el rabito de la “Q” más largo o más corto podrá descambiarla.
En el caso del socio, sin CNMV de por medio, el regulador es el 11 que sale cada miércoles, viernes, sábado o domingo, porque hasta el fútbol ha perdido su día por antonomasia. También perdió el sistema de puntuación de a dos, los positivos y los negativos, los cuerpos sin tatuar y a los entrenadores fumando a ras de la línea de cal. En la era de lo políticamente correcto, el acierto es buscar un culpable, tirar de estadística, de cifras y números que nos hagan viajar en una montaña rusa de emociones. Y así sentir en la jornada seis que vas a ascender, en la nueve que “veremos a ver el play-off” y en la 14 ya estás en el pozo. Pocos recuerdan ya el espíritu de Maspalomas, no lo hubo, pero eran los años de plomo en Segunda B. Y tampoco quieren ver que, para mantener la categoría, hacen falta 50 puntos. Esa es la operación y lo demás son añadidos.

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