Cartas al Director

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La Judería está moribunda

Por Lourdes Martínez Bedmar
28 junio, 2020

Pasear por la Judería es una verdadera pena. Todo cerrado, hoteles, comercios, apartamentos turísticos, todo vacío como vacío también está de vecinos.

Hace unos 30 años la Judería disfrutaba de pequeños negocios que eran visitados por los cordobeses, la Taberna la Mezquita, famosa por sus boquerones, el Mesón de la Luna o la Taberna de la calle Cabezas. Pero también fue un barrio golpeado por delincuentes y prostitución.

Un barrio siempre olvidado por todas las instituciones municipales, un barrio que gracias a sus vecinos ( éramos muchos) hicimos patrullas vecinales para disuadir a los delincuentes que robaban a los pocos turistas que venían aquí.

Los vecinos manteniamos negocios y viviendas para darles esplendor al barrio.

Cuando se nombró Patrimonio de la Humanidad a la Mezquita Catedral, un gran orgullo para nuestra ciudad, éste barrio se empezó a llenar de hoteles, apartamentos turísticos, restaurantes y bares que poco a poco fueron ocupando las casas de los vecinos, la mayoría muy mayores para poder mantener sus viviendas. Y el barrio se llenó de maletas y ruedas.

Hoy, a causa de un mal mayor, es cuando de verdad se puede ver que éste barrio está moribundo. Nuestros respectivos equipos de Gobierno han abandonado a sus vecinos, solo se han preocupado de llenarlo de maletas y copas y solo ellos son los que han expulsado a los verdaderos artífices del patrimonio.

Se les ha pedido a los políticos recuperar la Judería para los vecinos los cuales conviven perfectamente con el turista, éstos no nos echan, los que nos expulsan son los políticos por no preocuparse de sus conciudadanos, son los políticos por su mala gestión de ciudad. Y ahora el resto de los barrios de la ciudad va emergiendo poco a poco con ayuda de sus vecinos pero la Juderia se muere y sus vecinos también.

¿Habrá alguien que se preocupe por solucionarlo?

Los mayores y el coronavirus

Por Cayetano Peláez
22 mayo, 2020

Vino el coronavirus con mala leche para quedarse una larga temporada. Y nos pilló a todos desprevenidos, y sin estar preparados, porque no lo esperábamos, aunque sus peores galas venían cargadas de malos rumores de la China, que hacían temer lo peor, pero no le hicieron caso los políticos que estaban como siempre jugando a captar votos, cuantos más mejor, para que le sirvieran a sus intereses de perpetuarse en el cargo y ejercer el poder.

Y la calle era un jolgorio de manifestaciones de gente, donde no cogía ni una aguja, a pesar de que la OMS, ya había advertido a los mandamases, que la cosa era gorda y grave y que había que limitar al máximo la aglomeración de personas para evitar el contagio.

Pero la calle, y más si está llena de gente que vocifera, contra lo que sea, o defiende algo, o va en contra de algo, se llenó a reventar, y, en los días siguientes de estos actos, comenzaron a aparecer los primeros contagiados, que irían aumentando en proporciones inimaginables colapsando los hospitales y apareciendo en los medios de opinión imágenes que no hubiésemos deseado haber visto nunca de multitud de féretros, de personal sanitario agotado, y de enfermos en los pasillos de los hospitales u otros lugares.

Y a los políticos, confiados, esta pandemia les pilló sin los deberes hechos, sin haber comprado el material necesario para hacer frente a la misma con garantías de éxito, y si lo hicieron, lo hicieron tarde y mal, cayendo como primos en las transacciones muchas veces.

¿Y quiénes pagaron el pato de tanto daño? …los mayores, con patologías previas, con pocas o ningunas defensas, que fueron muriendo sin piedad en las residencias y hospitales que los quisieron acoger, y en los que escasos de material, en algunos de los mismos, se primó edad menor para acceder a unos respiradores necesarios para sobrevivir.

No es no. El mayor no es un número de una estadística fría ni un objeto que no tiene valor con el que se juega a diario tratando de que baje como sea para ponerse la medalla de una gestión positiva. El mayor es un ser humano frágil al que hay que proteger y ayudar a que recorra los últimos metros del camino de la vida, y más aún, en estas sociedades, en las que a los políticos se les llena la boca de falsas promesas de bienestar que nunca cumplen. El mayor no es un estorbo al que hay que quitar de en medio con leyes canallas, sino que es un ser humano debilitado, en numerosas ocasiones, casi sin fuerzas, digno de respeto, que espera con los ojos abiertos la compasión de los que lo asisten y lo atienden para seguir andando a su manera el tiempo que le quede de vida.

María del Carmen Sánchez Cortacans

Por Miguel Angel Sáez Camara
5 mayo, 2020

(publicamos a continuación una carta remitida a La Voz de Córdoba para la sección de “Cartas al Director”; se trata de una preciosa despedida a una mujer cordobesa muy querida por el autor de la carta y que creemos de interés para todos nuestros lectores)

Estas palabras van dedicadas a todos los fallecidos en casi total soledad en estos meses.
Cari, nunca te gustó el protagonismo pero hoy lo vas a ser, para ser despedida en condiciones.
Te llame a las 21 horas al hospital estabas cenando, me mostraste el pollo, te felicite por nuestro 81 cumplemes de complicidad, me emplazaste a llamarte a la media hora, así lo hice pero los anteriores dos minutos fueron los últimos, ya no contestaste, se te paró el corazón y tu voz radiante..
Ya ibas al reencuentro de tu gran amor, tu hermana Fina, ya sí que me dejaste huérfano de ti, de todo tu ser, de tu fuerza por vivir y luchar a pesar de los obstáculos.
Cuántas horas de aprendizaje me diste, tu tiempo, tu amor, me las quedo como oro en paño, todo lo seguiré plasmando en mis días venideros que ya no serán los mismos.
Como te dije, te lloraré y te extrañare para siempre, para siempre caminara a mi lado.
Te quiero, te quise y te querré amor.
Vuela alto en tu nueva vida con todos tus seres queridos, revolotea, sueña despierta con esa mirada de niña inquieta que vivió en ti.
Cómo siempre te manda millones de besicos este galo-burgalés ojos aceituna.
Descansa en paz cielo.

La Magia del Campamento de Cerro Muriano

Por Manuel de Jesús Gómez Izquierdo
3 mayo, 2020

“No hay verano sin Muriano”, esa frase que se escucha como una losa en los corazones de los acampados que no han tenido la suerte de ser admitidos o de aquellos monitores que les es imposible ir a trabajar. Este año esa frase es para todos.

El último día del turno es siempre el mas duro, suenan sin parar canciones de despedida, abrazos, cartas, camisetas firmadas por tus monitores preferidos y compañeros que, en 9 días, han pasado a ser tu familia, la familia del Muriano. Quién nos iba a decir que el del año pasado sería el ultimo de un largo periodo.

Siempre son nuestros acampados los que nos dedican muchas palabras de agradecimiento por lo que hacemos por ellos y por el cariño con el que hacemos nuestro trabajo.

Hoy, como en muchas otras ocasiones y, como si fuera la última noche del turno cuando me despido de ellos y de los monitores que no siguen, dedico estas palabras.

El Muriano es nuestra bandera, es nuestra patria, es nuestro hogar, un lugar mágico, el “País de Nunca Jamás”. El lugar donde un grupo de personas os abren sus corazones y dedican su tiempo para seguir aprendiendo y disfrutando de vosotros. La mejor manera de hacer esto es jugando, como dice Tete: “No dejamos de jugar porque envejecemos, envejecemos porque dejamos de jugar”.

Las horas que cada persona dedica al Campamento no están pagadas con todo lo que vosotros nos dais cada día. Nos hacéis sentir como si fuéramos Peter Pan y, vosotros, esos niños perdidos que vuelven cada año a reír, jugar, cantar, disfrazarse, enamorarse, …enamorarse de nuevo del País de Nunca Jamás.
Como en alguna ocasión os he dicho, el Muriano no sólo es el Albergue, y es verdad que sólo cuando vas puedes contarle después a tus amigos lo que realmente es.

Vuestros padres no se creen que podáis estar 9 días sin querer usar el Teléfono o sin jugar a la play. Todas esas cosas que para ellos son una batalla constante aquí, por arte de magia, suceden, al igual que ven cómo mantienes la ilusión de volver cada año y que siempre, cuando vuelves, solo tienes un tema de conversación que es el campamento. Lo mismo les pasa a mis monitores, a mi “familia murianera”. Esto es la magia del Muriano que no entienden, dejaron de ser niños perdidos y se convirtieron en adultos.

Quiero deciros que sigáis disfrutando del Muriano aunque este verano sea diferente; que veáis en cada guitarra un auditorio, que paséis en cada plaza un rato de canciones y teatros, que penséis en una animación al escuchar una canción, que juguéis, que llevéis a cada lugar de vuestra Córdoba o vuestro pueblo lo que significa para nosotros el País de Nunca Jamás.

“De mi casa a la tuya hay una alfombra celeste que en letras doradas dice: MURIANERO HASTA LA MUERTE”.

MAGO

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