La contaminación visual: casi un siglo de un problema sin resolver


La acción del hombre, la actividad comercial y las nuevas tecnologías degradan los entornos monumentales

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Cables en la calle de la Hoguera. /Foto: JC
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Cableado en el casco histórico. /Foto: LVC

Rincones maravillosos hay muchos en Córdoba, pero realmente perfectos son muy pocos. La arquitectura, la luz, la proporción, la flor son algunos de los elementos que componen cualquier enclave de nuestro casco histórico, pero casi siempre hay un algo que lo acaba estropeando, ya sea una papelera, una señal de tráfico, un cable, el rótulo de un comercio o un farol de luz descompensada, ya sea por exceso o por defecto. Es lo que se llama contaminación visual.

El concepto de contaminación visual, como tal, además de acertado es relativamente reciente, aunque desde hace casi un siglo se viene luchando desde la Administración por su erradicación, pero la normativa se ha sido sucediendo e incrementando a lo largo de las décadas y los resultados son escasos, muy escasos.

Además, la contaminación visual nunca ha tenido unos parámetros rígidos, sino que han evolucionado con el paso del tiempo, y se han ido incorporando factores que antes no se tenían en cuenta y que ahora sí se consideran que distorsionan un entorno porque su proliferación surge en un momento determinado: aparatos de aire acondicionado, toldos o pérgolas en las azoteas, así como la aparición de nuevos materiales, como plásticos o aluminios cuya presencia chirría en determinados lugares.

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Cableado aéreo en la Judería. /Foto: LVC

Claro, en el siglo XIX, ni en el XVIII, no molestaban los cables. Comenzaron a incordiar la vista cuando su proliferación fue imparable. Esto fue lo que hizo al Gobierno de la segunda república, a través de la Dirección General de Bellas Artes, a remitir a los gobernadores civiles una circular en febrero de 1932 en la que se advertía de «las quejas de artistas y amantes de las artes, recibidas en esta Dirección General con motivo de que en los muros de los monumentos nacionales se clavan soportes para sostener los cables de la luz eléctrica y teléfonos, los cuales afean extraordinariamente los edificios y a veces, por su abundancia, dificultan la contemplación». En aquella época molestaban en los monumentos; ahora, en cualquier edificio.

Esta situación generó una orden para que los gobernadores civiles la transmitieran a todos los alcaldes de sus respectivas provincias para que «en lo sucesivo queda prohibida terminantemente la colocación de tales soportes en los monumentos histórico-artísticos, y asimismo para que interese de dichas Autoridades que procuren conseguir la desaparición de los ya colocados».

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Calle de la Judería. /Foto: LVC

Es la primera medida que se centra en el problema de la contaminación visual, que en 1932 no se llamaba aún así. Hay que esperar hasta 1985, cuando la Ley de Patrimonio Histórico Español vuelve a recoger un precepto en este sentido. Su artículo 19.3 señala que «queda prohibida la publicidad comercial y de cualquier otra clase de cables, antenas y conducciones aparentes en jardines históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos declarados de interés cultural», y daba el plazo de cinco años para la retirada de lo ya existente.

Un artículo antes, en el 18, se introducía un concepto que fue novedoso en el momento pero que hoy se entiende de puro sentido común en esta materia: «un inmueble declarado Bien de Interés Cultural es inseparable de su entorno». Esto es, Si tal iglesia es BIC, no se puede situar a su sombra una franquicia de estridente y luminosa publicidad exterior.

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Comercios cerrados en la Judería. /Foto: JC

La normativa es abundante, sobre todo en las últimas décadas. En el caso de Córdoba es especialmente interesante el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Córdoba de 2001. En su artículo 52.2 regula que la carpintería exterior de las edificaciones en esta zona de la ciudad y ordena que las puertas del portal y de las cocheras sean de madera barnizada o pintada y que «el resto de carpintería será de madera o metálica, barnizada o pintada, quedando prohibidos los elementos sin tratamiento». Los comercios, en cambio, tienen cierres metálicos.

Además, el artículo 52.3 regula los rótulos comerciales con unas condiciones muy restrictivas, que apenas se cumplen, pero no aborda la colocación de mercancía en el exterior o colgada de la propia fachada, lo que es un verdadero problema en determinadas calles de la Judería.

Un análisis de la situación actual

La mejor radiografía de la situación actual de este problema en la ciudad lo aporta la tesis doctoral de María del Carmen Sánchez titulada ‘Contaminación paisajística visual en el centro histórico de Córdoba (España) Declarado Patrimonio de la Humanidad’, presentada en febrero de 2022 y en el que define los tres factores que provocan la alternación paisajística: la publicidad exterior, el desarrollo de las actividades económicas-comerciales y las nuevas tecnologías. A esto hay añadir otros elementos, como señalizaciones desfasadas, antenas no operativa, o las muestras de vandalismo o de grafitis inoportunos o huérfanos de arte, entre otros.

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Imagen de archivo de una terraza en la Judería. /Foto: JC

En este trabajo, su autora explica que «actualmente la ciudad ya no es un reclamo solo por la presencia de monumentos de carácter excepcional, lo es también por la calidad paisajística del lugar, su identidad local y las actividades que realizan los ciudadanos en su vida cotidiana en el espacio urbano», por lo que «la cuestión, por tanto, no estriba en menospreciar la publicidad y el comercio, sino en cómo posibilitar el lógico desarrollo del conjunto histórico haciendo factible la coexistencia de una publicidad sostenible con un entorno irreemplazable».

La autora pone el dedo en la llaga de que actualmente se convive con muchos abusos del pasado que no se atajaron a tiempo y se han consolidado por desidia o pasividad de la Administración local, responsable de esta situación.

El Ayuntamiento es consciente del problema y tiene voluntad de atajarlo, pero siempre colisiona con dos impedimentos: la falta de recursos y la reacción social. En el mandato municipal 2011/2015 el concejal Rafael Jaén se propuso empezar con la eliminación del cableado que, como una plaga, embrutece a toda la ciudad y que alcanza su culmen en la esquina de Rejas de Don Gome con la calle Parras, donde han restaurado la casa, han pintado la fachada, pero todo sigue igual. No se lo pierdan.

Jaén intentó que cada año se actuara en una parte de la ciudad, como un programa anual que avanzara de forma progresiva. Comenzó por el entorno de la Mezquita-Catedral, en el cruce de Magistral González Francés con la calle Encarnación, pero se avanzó muy poco.

Las terrazas también son contaminación visual

En el siguiente mandato, quien fuera presidente de la Gerencia de Urbanismo, Pedro García, introdujo las terrazas de los establecimientos de hostelería como elemento distorsionador del paisaje, además de complicar el tránsito de los peatones. 

El propio García recuerda que cuando anunció medidas contra la contaminación visual del comercio del casco histórico, porque «nos habían llamado la atención, salió CCOO, UGT y [Rafael] Bados diciendo que yo iba a acabar con los puestos de trabajo». 

En ese mandato «se elaboraron informes y cuando perdimos las elecciones nadie habló de ello», aunque hubo algunos logros, porque «conseguimos quitar bastantes cosas de cartelería, pero no lo que quisiéramos», apunta el entonces presidente de Urbanismo.

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La plaza de Capuchinos, sin cables. /Foto: JC

El actual gobierno municipal, por su parte, ha realizado acciones puntuales, como es la eliminación del cableado en la plaza de Capuchinos que se realizó en los primeros meses del año. La siguiente fase, anunciada para la pasada primavera, era la Cuesta del Bailío. Aún no ha empezado. En cambio, sí se ha suprimido alrededor del retablo de la calle Lineros.

Un último dato: El conjunto histórico, el más afectado por la contaminación visual y paisajística, fue declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad en 1994, como ampliación al reconocimiento hecho una década antes a la Mezquita-Catedral. Esta distinción conlleva unas responsabilidades entre las que está la preservación de estos valores paisajísticos. ¿Hay riesgo de perder el título? «No lo creo a priori, pero si seguimos avanzando sin solución, posiblemente», afirma García.