Daniel Lacalle, economista y escritor: “Sin libertad económica no hay libertad”


Daniel Lacalle ha estado en Córdoba presentado su último libro y ha participado en el ciclo "España en concordia" de La Voz de Córdoba

Llega puntual a la entrevista tras un almuerzo con sus compañeros de Tressis en Córdoba. Porta una pequeña maleta trolley que delata viajes habituales en  avión. De hecho Daniel Lacalle (Madrid, 1967) vive en Londres y, no solo por su cabello rubio, sino por el traje y casi hasta por la manera de caminar, podría pasar por un perfecto británico. Sí es muy anglosajón en sus planteamientos y principios económicos, y en la formación profesional que él destaca en el libro y que esta semana presenta: su paso por uno de los fondos más importantes del mundo en Chicago marcó un antes y un después en la carrera de un Lacalle, por otra parte, habitual en los medios de comunicación y las redes sociales. 

Daniel Lacalle es Doctor en Economía, profesor de Economía Global y Finanzas, y gestor de fondos de inversión. También escribe. Sus libros están a medio camino entre el ensayo y la divulgación. Esta semana presenta en Córdoba “Haz crecer tu dinero” (Deusto, 2022) que ya tuvo una fiesta de puesta de largo en Madrid días antes y en la que Lacalle se marcó una actuación interpretando el Highway to hell de AC/DC que se hizo viral. Aunque es gran fan de los australianos, comenzamos el encuentro hablando de música inglesa y del reciente fallecimiento de uno de los fundadores de Depeche Mode. “Cuando trabajé para Repsol en Londres me facilitaron conocer a Martin Gore en Basildon, donde todavía residía. Basildon es lo peor”, confiesa en los prolegómenos de la entrevista. Esa ciudad dormitorio del extrarradio londinense impresionó a nuestro protagonista, quizá por la falta de esperanza y la depresión generalizada que parece ser padecen sus habitantes. Es justo lo contrario de lo que propone Lacalle en su último libro: hay que ser optimistas porque hubo tiempos mucho peores y más difíciles, y no hay que temerle a la libertad, sobre todo a la financiera; la madre de todas las libertades. 

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“Ten tanto respeto a tu dinero como a tu vida. Porque es parte de tu vida”. Creo que esta es una frase capital que define muy bien su último libro. 

Creo que sí. Me gusta utilizar esa frase y además me alegra que la resaltes, porque el objetivo muchas veces de la gente es utilizar el dinero que invierten de manera demasiado arriesgada. Y hay que tenerle respeto al dinero porque nos ha costado mucho ganarlo.  Yo creo que esa es la clave, y el objetivo del inversor no es batir al mercado sino preservar capital y generar una rentabilidad consistente, sólida y sostenida durante el máximo de tiempo. 

Sin embargo hablar de dinero sigue siendo un tabú. Se considera de mala educación decir lo que uno gana o reclamar lo que te deben.

A mí eso me sorprende mucho. Es muy típico de España, también de Italia y de otros países con una misma tradición cultural y probablemente religiosa. Es la visión de que hay que esconder la riqueza, que la riqueza es mala o que no se puede decir lo que uno tiene porque eso es malo. Yo tengo una visión un poco más anglosajona, que tiene que ver con el tiempo: el tiempo de las personas vale mucho dinero. Y eso se hace evidente cuando entendemos lo que es el valor añadido. Cuando rechazamos la idea de ese valor, se genera una idea equivocada de que  quien genera alto valor añadido – y por lo tanto una remuneración mayor- no se lo merece, y que los demás se merecen más, a lo mejor, que lo que probablemente reciben. Creo que es sano hablar sobre dinero. 

Hablando de valor añadido, esta semana hemos conocido que el Gobierno  va a bajar el IVA de la luz, algo que nos decían hace poco que era imposible hacer. 

Creo que hay un antes y un después de la mayoría absoluta (del PP) en Andalucía. Hace meses y hasta la pasada semana nos repetían una y otra vez que bajar el IVA de la luz estaba prohibido por Bruselas, algo más que sorprendente cuando otros países de nuestro entorno tienen un IVA inferior. Y nos decían, además, que bajar impuestos aumentaba la inflación. Había todo un elenco de economistas socialistas diciéndolo junto con el Gobierno, sosteniendo eso. Hay una mayoría absoluta en Andalucía y de repente cambia esa política a algo que tiene todo el sentido común: no es una política ni liberal, ni de derechas, ni tiene ideología. Tiene todo el sentido de que no puedes tener fiscalidad de bonanza en época de crisis. Y que el IVA precisamente, los impuestos indirectos, tienen que utilizarse en épocas en las que los ciudadanos están sufriendo para mitigar el impacto. 

Usted y yo pertenecemos a una generación en la que nuestros padres nos ‘abrían’ una cartilla de ahorros al nacer. Creo que eso ya no se hace. 

¡Y qué grave error es! Porque todos recordamos, cuando nos abrían una cartilla de ahorros, ese orgullo de ver cómo aumentaba un poco ese dinero y el concepto de aprender no solamente a  ahorrar, sino a valorar lo que cuestan las cosas, incluido el pequeño regalo que te hacía  una tía o tus abuelos. La demonización del ahorro es una parte clave de la estrategia del intervencionismo para tomar el control de la gente, porque una persona que no es independiente financieramente es a la vez una persona extremadamente vulnerable y, por lo tanto, fácil de convertir en un cliente rehén del gobierno que sea. Y por supuesto, el gobierno no te soluciona la vida, y cuando dependes al cien por cien de él, tienes que conformarte con cualquier cosa que te dé. Por eso , si lo ves desde Argentina, Venezuela o tantos otros países con gobiernos extremadamente intervencionistas , uno de los factores clave es el ataque al ahorro y a la propiedad privada. 

Su libro es, además, una reivindicación constante del ahorro y de la inversión como manera de ahorrar. 

Es que no existe la libertad sin libertad económica. No existe ninguna otra libertad si no has empezado por tener cierta independencia económica. ¿Y eso qué te lo da? Pues, obviamente, un trabajo; poder ahorrar; tener una propiedad… Esa es la base de la libertad. Luego hay otras muchas cosas, pero esa es la base. Por lo tanto, los enemigos de la libertad tiene que ir contra la base, que es la capacidad de ser independientes financieramente y de contener el control de nuestro futuro. Vía fiscal y vía monetaria siempre el objetivo es expropiar la riqueza, a través del impuesto de los pobres- la inflación- o por la fiscalidad, por supuesto. 

Otra frase que destaca en su libro es “Sin especulación no hay progreso”. Los buenistas y los progres no deben estar en su club de fans, supongo. 

La demonización de la palabra ‘especular’ es también parte de esa búsqueda de controlar cualquier aspecto de la economía. Porque fíjate qué curioso : no hay nadie más especulador que los intervencionistas o los socialistas. La inmensa mayoría de lo que se llama la progresía son los más especuladores de todos, porque asumen que aumentando los impuestos y aumentando la deuda van a generar mayor crecimiento, mayores ingresos y mayor prosperidad a futuro. Eso es especular. Es, literalmente, como un enorme fondo apalancado que toma una posición extremadamente endeudada a una apuesta. Y la especulación, sea la de un gobierno que se endeuda prudentemente para invertir, sea la de una empresa que especula porque su nuevo producto va a tener éxito en el mercado, o la de cualquiera de nosotros cuando hacemos una transacción; todo lo que nosotros vivimos es especulación. 

La izquierda demoniza a los empresarios pero curiosamente acaba viviendo muy bien: no hay político de izquierdas con cargo que no culmine su carrera poseyendo propiedades inmobiliarias o sentado en algún consejo de administración. 

El ataque al empresario es el ataque al mérito. Pero eso no significa que a la izquierda no le guste el confort, que le gusta mucho. De hecho la izquierda es lo más procapitalista que hay. Es tan procapitalista que lo que hace es apropiarse del capital de los demás. Pero lo importante es entender que la demonización del empresario viene precisamente para justificar la decisión de introducir a personas en puestos de poder por adhesión política. Claro, si nosotros entendemos que un empresario que lo hace bien y que tiene éxito es una persona que merece remunerarse y premiarse por ello, entonces claramente no entendemos que otra persona que no tiene ni ese éxito, ni la capacidad, ni ha tomado ningún riesgo, se le tiene por qué dar un puesto en un consejo de administración. La izquierda funciona igual que un parásito que, cuando esas empresas ya tienen éxito, quieren un puesto en el consejo de administración. Es muy claro (ríe). 

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‘Haz crecer tu dinero’ no es un libro de autoayuda ni un manual, exactamente. Usted no engaña a nadie y lo aclara desde el principio. Y advierte, con rotundidad, que invertir es como vivir: la incertidumbre es inevitable

Totalmente. Se vende a veces la idea de que existen la inversión y la rentabilidad sin riesgo. No existe  la rentabilidad sin riesgo. Ninguna. En ninguna actividad. En este libro quería hacer especial énfasis en ello y recordarle a la gente que no existen fórmulas mágicas que conviertan el hierro en oro ni métodos perfectos que vayan a hacerte ganar dinero. Requiere muchísimo trabajo, mucho tesón, muchas equivocaciones. Este libro incluye las lecciones de personas exitosas con sus errores, y que debemos evitar  al máximo cuando nos ofrecen euros a céntimos. 

Eso es muy anglosajón. Se hace elogio del error por cuanto nos enseña. En la cultura latina y sobre todo en España, el error tiende a esconderse y del fracaso no se habla.

La demonización del fracaso también forma parte de esa búsqueda del control de las personas. Porque cualquier persona puede entender que cualquier actividad, sea en el deporte, las artes, en espectáculos o en la empresa, el éxito viene de haber aprendido tras muchos fracasos y haber continuado esforzándose y fortaleciendo sus capacidades. Si se elimina el fracaso – y aprender de él- del discurso, ocurre que el ciudadano medio percibe que aquella persona que tiene éxito lo ha tenido por suerte o por herencia. Y claro, entonces la utilización de la envidia para controlar, intervenir y manipular la economía y a los ciudadanos es muy fácil. Sin embargo si nosotros entendemos que esos éxitos que estamos viendo en el deportista, el cantante o el artista viene de haber aprendido de errores muy importantes y de haber tomado mucho riesgo, nos daríamos cuenta del enorme valor que tienen esas personas. La demonización del fracaso supone una enorme equivocación. Yo he tenido el honor de acudir a reuniones y presentaciones de gente muy famosa en las que explicaban sus errores y lo que aprendieron de ellos. Tim Cook, Colin Powell, Michael Lewis…gente con carreras absolutamente espectaculares y que te cuentan aquella vez que se equivocaron, qué aprendieron, y cómo salieron adelante. Eso tiene un valor espectacular. 

En la parte más autobiográfica del libro habla de su paso por Chicago, algo que de alguna  forma le convierte a usted en una especie de ‘marine’ de la inversión. 

(Ríe) Sí. Le llamábamos, y se llama ese fondo,  el boot camp (campo de entrenamiento) de la inversión. porque es un entorno extremadamente competitivo. Muy poca gente en España se puede imaginar qué nivel de competitividad hay en ese tipo de fondos, pero aprendes  mucho, porque te rodeas de gente, de profesionales que todos son muchísimo mejores que tú. Yo llegué siendo mayor que el dueño del fondo, y lo que yo aprendí en aquella época fue, literalmente, como un entrenamiento militar que no se olvida,  y que además es parte de un bagaje que para mí ha supuesto un absoluto honor y un privilegio poder vivirlo. Pero no fue fácil. 

Ha hablado antes de herencias, y la última butade de Carmen Calvo va por ahí. Ha dicho en un programa de radio que solo heredan los ricos. 

Y además decía que solo “heredáis” los ricos. Una persona que es empíricamente rica. Pero Carmen Calvo suele hacer eso. Decía también aquello de que “el dinero público no es de nadie”. Suele utilizar ese tipo de mensajes que no están orientados a la gente que sabe que, obviamente, eso no tiene ningún sentido sino a la parte más sectaria de su electorado. Pero piensa en la idea: “Solo heredáis los ricos. La gente no hereda”. Este país ha creado su clase media y ha progresado gracias a la capacidad de familias que han salido del campo, han ahorrado un poco, se han comprado una casa y luego esa casa se la han pasado a sus hijos. Y los hijos partían con un poquito más para poder crecer. Así es cómo ha pasado un país pobre, de la miseria que había en España hace poco -tres generaciones- , vía herencia, vía ahorro, vía esfuerzo , a un país moderno y de propietarios. Entonces, que ella diga ‘solo heredáis los ricos’ en un país de propietarios en el que la clase media se ha creado precisamente a través de la herencia y el ahorro, demuestra que no solamente está diciendo algo que ella sabe que es falso -porque para empezar ella es parte de esa herencia de sus padres y familiares- sino que además está introduciendo la idea del ‘malvado rico’ que es el único que hereda, cuando ella es , empíricamente, rica. Pertenece sin la más mínima duda, al 1% de esa población de España. 

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Pensando en nuestra vejez y en el futuro de nuestros hijos ¿en qué invertir y cómo podemos hacerlo?

Yo creo que hay que hablar más con nuestros padres y nuestros abuelos – sobre todo con ellos- porque todos ellos han creado su pequeño o gran patrimonio en un entorno muchísimo más difícil que el actual. Lo que ahora mismo nos da tanto miedo viene de dos décadas de exceso monetario, del gas de la risa monetaria. Los bancos centrales imprimían, parecía que todo era fácil y los tipos de interés sólamente bajaban. Yo he vivido los tipos de interés al 13%. Mi primera hipoteca fue a ese tipo de interés. Mis padres y abuelos crearon su pequeño patrimonio ahorrando e invirtiendo en épocas con muchos más riesgos que la actual; con devaluaciones competitivas que hundían el valor de la moneda, con riesgos geopolíticos, con crisis del petróleo, con crisis españolas (1993 y 2008)… Es decir, que yo creo que hay que hablar más con  la gente que ha creado su pequeño patrimonio y su historia de éxito en épocas mucho más difíciles que la de ahora, para quitarnos esa idea de que ahora es imposible, de que antes sí que era fácil o de que en el mundo ahora hay una enorme incertidumbre. Incertidumbre fue lo que vivieron nuestros abuelos y bisabuelos.