La Feria se dosifica


Los altos precios de las consumiciones obligan a los cordobeses a tomarse la feria con tranquilidad

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Un comentario generalizado el 25 de mayo, miércoles de Feria, es que no parecía un miércoles de Feria, a tenor de la afluencia de público que puede haber en el ecuador de la fiesta, con el institucionalizado Día del Niño – que permite disfrutar de las atracciones casi a mitad de precio- y el oficializado Día de los Niños Grandes, que es el botellón que quita el sueño a los padres y el rito juvenil que inicia el periodo vacacional que desde hoy disfrutan los estudiantes.

Aunque las temperaturas se suavizaron desde el pasado domingo – el primer sábado fue africano y demoledor- el calor está presente como todos los meses de mayo en nuestra capital, pero no parece que sea eso lo que tenga dosificados a los cordobeses a la hora de disfrutar de la feria, sino otra subida: la de los precios.

Desde los refrescos y cervezas a 2,50 y 3 euros – en algunas casetas es cierto que los tienen a 2 euros, que ya nos parecen casi una ganga- o un plato de calamares no muy bien fritos a  8 y 10 euros, con escaso emborrizado y sin anestesia. La suerte de esta ciudad sigue siendo el talante abierto de su feria, lo que permite optar por otras casetas más populares y también más baratas. Pero si queremos churros, el mercado no da opciones: 3 euros la ración. Y otros 3 si queremos chocolate.

El miércoles la mayoría de las atracciones se acogen a la propuesta municipal de reducir el precio que queda en un genérico 2,50 en la mayoría de los cacharritos, para alegría de los pequeños y los padres. Una alegría relativa porque en mitad de la semana aún queda mucha feria por delante. Montarse en atracciones clásicas cuesta 5 euros -casi mil pesetas, quién nos lo iba a decir- y los más pequeños tiene las suyas, la mayoría, a 3,50 el resto de la semana. 

Este año el Ayuntamiento decidió colocar un nuevo vallado en la zona del tradicional botellón de los miércoles que parece que ha dado el resultado deseado. No obstante, a pesar de tener al ganado juvenil estabulado en una zona más acotada tampoco parece que la afluencia haya sido mayor que la de otros años. El botellón tiene un sentido, por decirlo de alguna manera, también económico. Los jóvenes consumen alcohol en comunidad adquirido directamente de los supermercados y por tanto no se ven obligados a pagar la consumición a precio de garito o caseta. Pero la subida de precios es algo que afecta también a las botellas de las grandes superficies como a la leche o a las patatas. Todo es un lujo en esta feria inflacionista, en esta España del IPC desbocado.