Así es la ‘ultraderecha’ que antes votaba al PSOE


Tres antiguos votantes socialistas argumentan las razones que les llevan a votar a Vox en las próximas elecciones andaluzas

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Acto de Santiago Abascal (Vox) en Córdoba. /Foto: Jesús Caparrós
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Acto de Santiago Abascal (Vox) en Córdoba. /Foto: Jesús Caparrós

No falla: para el PSOE todo lo que esté a su derecha es fascismo, sobre el que despliega el ya conocido catálogo de etiquetas: ultraderecha, señoritos, privilegiados y pijos. Ha sido y continúa siendo el mensaje simplista que el socialismo ha impuesto desde un poder gigantesco que no conocía límites, no solo político sino administrativo, económico y mediático.

Y en Andalucía ese mensaje se hizo casi epidérmico y se mantuvo al calor de las prebendas, el rencor y las envidias seculares de una España anterior y el denominado voto cautivo propiciado con rigor desde el gobierno autonómico por las ayudas públicas, los PER y los chiringuitos varios. En las capitales andaluzas y en unas elecciones a veces ganaba el centro derecha –cosa que costó años lograr- pero en las provincias, sobre todo en las de interior, el PSOE ha sido un auténtico ‘cacique’ electoral imbatible en muchas plazas. Pero eso ha cambiado. 

La irrupción de Vox

El aspecto más importante de los últimos cuatro años en la Junta de Andalucía no ha sido sólo que han gobernado dos partidos distintos al PSOE por primera vez (PP y Ciudadanos) en las últimas casi cuatro décadas, sino la irrupción de Vox, que pasó de no tener representación a obtener 12 parlamentarios, cuando las encuestas y sondeos previos le daban una exigua representación. Fue la sorpresa de aquella noche electoral.

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Manifestación ‘antifascista’ en la calle Concepción. /Foto: JC

Este partido era relativamente nuevo en 2018, pero ya recogía en número de votos el descontento de los electores conservadores por la deriva socialdemócrata del PP, la preocupación por el golpe de Estado en Cataluña y por el ascenso de Podemos –la izquierda radical- en la escena política española, amén de los partidos nacionalistas que son los que siempre acaba llevándose, con sus históricos chantajes a los gobiernos españoles, el gato al agua.

Vox irrumpía con fuerza en el escenario político y con intención de quedarse y crecer. En estos años, ha sido un apoyo crítico al gobierno de Juanma Moreno y durante este tiempo de legislatura popular ha recogido más intención de voto sobre todo en el medio rural, atacado por las medidas ecológicas diseñadas desde Madrid por políticos urbanitas, una Europa que desconoce la realidad y necesidades del campo y los ataques que con leyes como la de bienestar animal ha sufrido la caza, no solo como tradición secular sino como medio de vida. 

Las etiquetas que resultan insultos

La legislatura de Juanma Moreno comenzó, hay que recordarlo, con una alerta antifascista. Se rodeó el Parlamento andaluz y lo promovió una izquierda, la de Podemos, demasiado acostumbrada a repartir carnés de democracia. En Córdoba hubo una manifestación, fundamentalmente de estudiantes, que desplegó la simbología más radical y el mensaje que recorrió las redes sociales era que los andaluces no saben votar.

El PSOE, aunque ha seguido esa misma política, siempre ha sido más cuidadoso con el trato al votante. Nunca ha permitido que se hablase en Andalucía, por ejemplo, de voto cautivo, porque consideraban que eso era un insulto a la soberanía democrática del votante. Y hasta cierto punto no les faltaba razón.

Lo que ocurre es que los socialistas creen que los votos valen menos si los que los emiten lo hacen en la ‘opción equivocada’. La que no es la suya, claro está.  En esta precampaña el PSOE ya no se corta: tacha de fascistas a los votantes de VOX y avisa sobre la llegada de la ultraderecha al Gobierno de la Junta. 

“Yo no me tengo que tapar de nada”

Este nueva situación ha hecho que el trasvase de votos del PSOE a Vox sea una realidad cada vez más sólida que, además, argumenta sus razones y no se esconde. Como se ha explicado, es en el ámbito rural donde es más fácil encontrar estos ejemplos. La Voz de Córdoba ofrece tres testimonios de una realidad que cada vez es más común en la provincia.

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Rafael Molero, agricultor y de Vox. /Foto: LVC

Rafael Molero tiene 37 años y es un agricultor de Villaviciosa. Padre de dos hijas de 11 y 9 años, ha sido votante “de toda la vida” del PSOE. “En casa se votaba a los socialistas por tradición familiar. Somos tres hermanos, mi padre y mi madre, criados todos en el campo. He escuchado miles de veces en casa que se votaba a Felipe González porque era el que nos daba el paro”. Rafael apunta que esta situación no era exclusiva de su casa, sino que “se podía extender a casi todas las familias del pueblo”.

La última vez que votó al PSOE fue para el Gobierno de Zapatero y el de Susana Díaz. Molero trabaja en la actualidad como guardés en una finca, aunque también ejerce de apicultor, y realiza otras labores con sus mulos recogiendo madera y corcho.

Aunque no es muy  concreto a la hora de explicar el cambio de voto del PSOE a Vox, sí especifica que cuando oyó hablar de la formación de Abascal “hace tres o cuatro años” le pareció que “es el único partido que está diciendo la verdad y que puede hacer algo por nosotros”. “Voy a votar al que creo que va a ayudar a mis hijos”, añade.

Sobre las etiquetas de ultraderecha y fascista, Rafael Molero dice que le “da igual”, que no teme a los estereotipos. “Yo no me tengo que tapar de nada. ¿Cómo voy a ser de ultraderecha si soy un currante harto de trabajar?”, se defiende. Es más, este joven agricultor cree que la figura del señorito de derechas está olvidada en Andalucía. “Lo de la ultraderecha es mentira, porque llevo años trabajando en el campo, tratando con dueños de fincas y ninguno me mira por encima del hombro ni me falta el respeto”, describe.

Afirma que cuando Pedro Sánchez llegó al Gobierno vio “la ruina que se nos venía encima”. Comenzó a ser muy crítico en su perfil de Facebook y muchos vecinos y conocidos se le echaron encima llamándolo “facha”. Pero algo ha cambiado. Ahora, pasado el tiempo, nadie le contradice ni señala por seguir criticando al señor del Falcon. “Ahora no lo defiende nadie”, señala y aprovecha la ocasión para enviar un mensaje a CCOO, sindicato en el que militó, e insiste en que se reproduzca su opinión: “Estoy bastante disgustado con ellos, porque han traicionado a los trabajadores”. Palabra de ‘currante’.

La exedil del PSOE ahora con cargo orgánico en Vox

Alicia Malagón es una joven abogada cordobesa que comenzó a militar en el PSOE de Baena en 2007, año en el que los socialistas, con Luis Moreno a la cabeza, repiten mandato en el Ayuntamiento baenense y Malagón se convierte en concejal de Cultura hasta el año 2011. Baena, como otras muchas localidades rurales de Andalucía, fue tradicionalmente socialista. Ahora gobierna el PP con el apoyo de una formación local liderada por el propio Moreno, como resultado, en parte, de los escándalos que salpicaron al último alcalde socialista de la localidad, Jesús Rojano. 

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Alicia Malagón, Coordinadora de Vox Zona Norte de Córdoba. /Foto: LVC

Alicia Malagón fue distanciándose paulatinamente del PSOE, según ella, cuando observa que se están haciendo políticas que se alejan del partido socialista que ella conoció. Explica que era ”un PSOE local, en Albendín y Baena, que dejaba trabajar al que quería hacerlo y eso ha cambiado”.

Y tanto que ha cambiado. Las políticas identitarias a las que ahora se han abonado los socialistas nada tienen que ver con las identidades comunes en las que se reconocen los españoles. “Aquel PSOE, aunque de izquierdas, defendía la cultura y las tradiciones religiosas y no religiosas. Recuerdo al alcalde defendiendo en un Pleno frente a Izquierda Unida el crucifijo que había en el salón de Plenos y la figura del Rey. Ese PSOE ya no lo ves”. 

Alicia argumenta que en esos años “se fueron implantando las líneas que venían desde Madrid y fueron desapareciendo no solo los criterios locales, sino que el PSOE a nivel andaluz también desapareció y dejaron de representarme”, a la vez que con contundencia acusa a los socialistas de querer tener a la gente “sometida” con las ofertas públicas de trabajo. 

La transición de Alicia del PSOE a Vox no fue a través del Partido Popular, porque para ella “es más de lo mismo”, sino depositando su voto en Ciudadanos. “Me quedé huérfana de representación y en ellos vi los valores de defensa de la nación y la idea de España que yo quiero”. Pero el amor con los ‘naranjas’ fue fugaz hasta que supo de la existencia de Vox.

Entonces la formación conservadora ya estaba presentando batalla en más de un tribunal al abanderar procedimientos judiciales que llamaron la atención de esta letrada. Como no se fiaba de la imagen que de Vox daban los medios de comunicación decidió irse “directamente a la fuente”; o sea, la página web oficial del partido. “Por la prensa no me podía informar porque se daba una imagen distorsionada” y leyó con atención las 100 medidas para España que allí estaban publicadas. En ese momento, Alicia vio la luz. “¿Dónde estaban estos antes?”, se preguntó. “Me ilusioné mucho porque alguien, en la política, me volvía a representar”, reconoce. Se afilió tras leer esas cien medidas y ahora es coordinadora de la zona norte de la provincia, donde palpa sobre el terreno el cambio que se está dando en el electorado.

“Habrá un giro porque el medio rural ha sido el más castigado por las políticas de estos gobiernos socialcomunistas, se han olvidado de la gente, de los intereses de las personas y sólo buscan su propio interés y los sillones. Se piensan que dándoles cuatro duros ya los tienen contentos”, dice Alicia, a quien incluso así le preocupa el “voto cautivo que aún existe” pese a reconocer que ahora entiende que en el PSOE estén preocupados. “Deberían estarlo, sí”. 

“No te metas en política”

Ese fue el consejo que su padre, ya mayor, le dio a José cuando supo que se afiliaría a Vox. Mientras estuvo en el PSOE el progenitor no hacía valoración alguna. “Hay gente que no entiende el paso que he dado, pero para mí es importante contar con un partido que de verdad va de frente por las cosas que nos preocupan”. José no se llama realmente así. Ha pedido permanecer en el anonimato ”de momento” porque en la localidad en que vive “el hecho de que yo sea de Vox puede afectar a mi familia”. ¿Cómo? “Sobre todo a la hora de trabajar”, nos dice sin entrar en más detalles. 

Manifestación del Mundo Rural en Madrid./Foto: Junta de Andalucía
Manifestación del Mundo Rural en Madrid. /Foto: Junta de Andalucía

Además de trabajar como transportista, a veces ejerce de agricultor en una pequeña explotación familiar en las inmediaciones de Hornachuelos y es cazador. “Hasta hace poco en mi sociedad de cazadores todos votaban al PSOE y ahora te digo yo a ti que no lo vuelven a hacer”, nos comenta reforzando con su apunte los motivos que movilizaron al mundo rural, entre ellos el cinegético, a manifestarse el pasado 20 de marzo en Madrid. “Van contra nosotros. Ahora con la campaña electoral aparecen por aquí para darnos cariño, pero después legislan en contra de la caza y del campo”, razona.

José ha sido votante del PSOE “desde la primera vez”, cuando cumplió la mayoría de edad. Ahora tiene 38 años y en las últimas autonómicas votó a Susana Díaz. “Lo hice más por costumbre que por convicción hasta que vi a Vox en el Parlamento andaluz y lo que defendían”. Para él fue un revulsivo aquella alerta antifascista tras los comicios de 2018 porque “me di cuenta de que el miedo era de ellos (Podemos y PSOE), ya que se les podían acabar los chollos y seguir chupando de la teta”. A su explícita observación añade que es peor “tener a Bildu de socio de Gobierno y además tratar de hacernos ver que son demócratas”.

José va a “votar a Macarena Olona porque es valiente y más feminista que las feministas subvencionadas” y confía en una victoria de Vox en Andalucía “porque aquí se demostrará que han venido a hacer de nuevo a España la gran nación que es”. 

1 Comentario

  1. Es muy importante que los ciudadanos entendamos que los políticos deben obrar EN TODO MOMENTO en pro del interés de la ciudadanía. Debe acabarse lo de votar a unos o a otros por hábito o porque lo hagan los demás. Si obramos así acabamos votando a políticos que sólo piensan en vivir (muy) bien de un sueldo público, y a quienes el interés del ciudadano no les importa nada. Los ciudadanos, en democracia, tenemos LA OBLIGACIÓN de votar a políticos que demuestren obrar en nuestro interés, por la cuenta que nos tiene.

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