Alberto Monterroso, profesor y escritor: “ Estudiar Humanidades nos hace más libres”


Su nuevo libro pone de relieve el peso político e intelectual en Roma de los emperadores hispanos durante el siglo II

Cuando realizamos esta entrevista quedan solo unos días para la Semana Santa y la primavera está cayendo con fuerza en el rompeolas de la plaza Jerónimo Páez, que se ha llenado de turistas y escolares, como casi toda la Judería. Gracias a la amabilidad de su directora,María Dolores Baena, nos hemos venido hasta el Museo Arqueológico , escenario donde hace unos años, Alberto Monterroso (Bad Dürkheim, Alemania, 1965) fue comisario de la exposición de la exposición “Rostros de la Córdoba romana” (2012/2013) . El Arqueológico es un sitio ideal para hablar del último libro de Monterroso, que ha publicado La Esfera de los Libros y que lleva por título “Emperadores de Hispania”, un volumen de 490 páginas que se lee con placer, porque nuestro profesor es didáctico en el ensayo y no ejerce de escritor con ánimo de epatar,  a pesar del vasto conocimiento que demuestra de la historia del Imperio romano, que aquí tiene un carácter reivindicativo por hispánico. 

Alberto Monterroso es profesor de Latín y Griego y doctor en Filología Latina. Su labor docente la realiza en el  IES “Blas Infante” de Córdoba. Se nos antoja casi un juego de palabras: enseñar Latín y Griego hoy en el bachillerato es como ser de infantería, estar en una primera línea de batalla cultural para sostener un mundo que ya no mira a los clásicos y unos planes de enseñanza que los arrincona. El autor se ha rebelado también contra otra injusticia histórica en este último libro: la que minimiza el peso y la influencia que la Hispania romana tuvo en el Imperio, negada en muchos casos por historiadores que ejercen más de ingleses que de historiadores. Monterroso ya ha dado buena cuenta de ello a través no solo del ensayo sino de la novela histórica, con títulos como “El emperador Impasible”, “La Córdoba de Claudio Marcelo” y “Diez mujeres en la vida de Séneca”. Roma, sí, pero también Corduba, capital de la Bética. Casi toda la obra de Alberto Monterroso es un homenaje a nuestra ciudad. 

¿Valoramos los cordobeses nuestra herencia romana?

Podríamos valorarla mucho más de lo que lo hacemos. Los cordobeses estamos orgullosos de nuestro pasado romano porque cuando miramos a la antigua Roma nos vemos reflejados en ella. Córdoba fue una de las ciudades más importantes del Imperio. Valoramos la Córdoba romana pero desconocemos otras muchas facetas que son aún más sorprendentes , porque no solo fue una gran ciudad dentro del Imperio romano , sino que tuvo una importancia enorme no solo en lo político y económico sino tambien en lo cultural : la figura de Séneca El Viejo, padre de Séneca el filósofo; el famoso poeta Lucano, uno de los más importantes de la literatura latina; la influencia política de Séneca en la corte de Nerón… Todo esto trae unas consecuencias a nivel político enormes para lo que luego va a ser el Imperio. Creo que la apreciamos pero que podemos profundizar en ella mucho más. 

Parece que se aprecia mucho más la época musulmana que la romana. 

La época de Al Andalus, que es una época maravillosa dentro de la historia de la humanidad, ha solapado, quizá, el pasado romano de nuestra ciudad. Pero yo siempre digo que siendo muy brillante y casi un Renacimiento antes del propio Renacimiento esa época cordobesa de Al Andalus, no habría llegado tan lejos si no fuera porque se aúpa sobre hombros de gigantes, que es precisamente la Córdoba romana.

Ese devenir histórico de gentes y culturas nos impiden ver la herencia romana como por ejemplo sí podemos hacerlo en Mérida. 

Mérida es una ciudad que ha podido sacar a la luz muchos monumentos romanos porque no ha sido como Córdoba en este sentido. Muchas veces cuando pienso en Córdoba como ciudad histórica me viene a la cabeza una similitud con Troya, que cuando Schliemann fue allí a decir que esa ciudad existió de verdad no descubrió una Troya  sino siete. Había una debajo de otra. Eso es lo que pasa en Córdoba. Como se ha construido encima de la ciudad romana y todas las sucesivas- la musulmana, la medieval, la moderna- se han erigido sobre las ruinas de esta ciudad anterior, nosotros no hemos podido sacar a la luz tantos monumentos como en Mérida. Todos los monumentos romanos han sido aprovechados por las civilizaciones que han venido después. Las columnas romanas que podemos ver en la Mezquita son un ejemplo. Cada civilización ha aprovechado ese material. Cuando miramos a los restos que quedan no nos podemos hacer una idea de la magnificencia y brillantes de la Córdoba romana, que sin duda superaba a Mérida, porque de las tres capitales de Hispania en época de Augusto era la más importante.

Creo que estamos haciendo esta entrevista sobre uno de los anfiteatros más importantes de entonces. 

Estamos sobre las ruinas del antiguo teatro, donde tenían lugar las obras dramáticas y posiblemente se representaran  más de una tragedia de Séneca. El anfiteatro, que era uno de los más grandes que había, es el que está en la zona del rectorado de la Universidad, antigua facultad de veterinaria. Era el más grande del Imperio hasta que se construyó el Coliseo. La importancia de la Córdoba romana era enorme, como digo.  

Y eso tiene que ver mucho con su último libro, ‘Emperadores de Hispania’, que es un ensayo de casi 500 páginas. ¿Tenía usted ganas de ajustar cuentas históricas? 

Muchas,tenía muchísimas ganas de ajustar estas cuentas.  Cuando La Esfera de los Libros me propuso este proyecto me encantó y me llenó de responsabilidad porque quería hablar de esto y quería hacerlo bien. Antes hemos hablado de Séneca y parece que con la muerte de Séneca y de Lucano ya acaba toda la influencia de Hispania o de la Bética romana en el Imperio. Y no es así. En época de Séneca – él dirigió el Imperio a la sombra de Nerón- entraron en los puestos más altos de la administración y el ejército hispanos de gran valía, entre ellos el padre de Trajano, en los años 60, cuando Séneca estaba en la cumbre de su poder político. Él facilitó el ascenso del padre de Trajano porque sin el consentimiento de Séneca pocas cosas se hacían en Roma. Aunque Séneca es condenado a muerte por Nerón, hay muchos hipanos que siguen teniendo una gran influencia política, económica y militar en Roma. Ahí arranca también la dinastía del siglo II del Imperio. Hablo de tres emperadores – de los cuatro hispanos- que son  Trajano, Adriano y Marco Aurelio, los más emblemáticos de la dinastía que se llama ‘Antonina’ y que en muchos casos se le denomina ‘ulpio-aelia’. Yo prefiero llamarla dinastía hispana, porque una cosa está clara, y es que esa dinastía que gobernó el siglo de oro del Imperio – el siglo II- era hispana. Edward Gibbon llegó a decir que esa fue la época más feliz de la historia de la humanidad.  

 

Gibbon sostenía que todo cuanto ocurrió en Roma es la constante y repetida historia de la humanidad. 

Yo creo que sí en gran parte, porque la historia de Roma son mil años en Occidente. Cuando el Imperio cae en el siglo V, pervive el Imperio Bizantino, que es un imperio romano en Oriente. Y ellos, hasta la caída de Constantinopla en 1453, se siguen llamando romanos. Hablamos por tanto de mil años en Occidente más mil años de Imperio Bizantino, lo cual es una cantera impresionante para entender toda la historia posterior. 

Señala en el libro que  muchos historiadores han tratado de soslayar la pertenencia hispana de esos emperadores. Parece que en ese sentido también sufrimos una especie de leyenda negra. 

Efectivamente. Igual que en otros casos, aquí hay una especie de leyenda negra o cuando menos un desconocimiento interesado. Se intenta soslayar la raigambre y la esencia puramente hispanas de esta dinastía. Y esto ocurre desde el siglo XVIII, cuando España ya es una potencia en franca decadencia pero que sigue siendo envidiada y odiada por muchas potencias europeas. Los historiadores europeos de esa época no iban a decir que la dinastía hispana fue la que mejor gobernó el Imperio , la que tuvo los emperadores más capaces, los mejores gobernantes y más cultos, y la que protagonizó ese siglo de oro del Imperio. No iban a darle propaganda al enemigo . En esa época se oscurece todo lo que son las virtudes hispanas y toda la importancia de Hispania en el Imperio romano, porque la península itálica deja de tener protagonismo y es Hispania la que toma el relevo y la que encabeza ese siglo II del Imperio.Yo entiendo que en los siglos XVIII y XIX se hiciera ese juego político , pero que continúe eso hasta hoy mismo es algo que no entiendo. Hay historiadores británicos – sobre todo-  en pleno siglo XX y a principios del XXI que siguen diciendo cosas como que Hispania no era importante, algo que no puede defender ningún historiador serio, en incluso que Trajano  y Adriano no nacieron en Itálica, en la Bética, cuando es evidente que nacieron aquí y está documentado por estudiosos mucho más capacitados que yo. 

Los romanos llegan a la península ibérica por estrategia militar y descubren la grandeza y riqueza de Hispania. Y tratan de quedarse. 

El primero que se da cuenta de las enormes posibilidades de la península ibérica es Aníbal, que utiliza Hispania como fuente de recursos para atacar Italia. Él se sirve de las tribus ibéricas y de su enorme potencial  para poner a Roma contra las cuerdas. Cuando Roma reacciona y contraataca, por así decirlo, es cuando vienen en el 218 a la península ibérica para intentar minar las bases de aprovisionamiento  de Aníbal y rechazar la acometida de los cartagineses en la segunda guerra púnica. Ellos vienen para cortarle las vías de suministro a Aníbal y se dan cuenta de las grandes potencialidades que tiene la península a todos los niveles. 

Este es un libro que trata de arrojar más luz sobre una parte de la historia de Roma, una época que se pretende ocultar o menospreciar. Pero ese es uno de los males de la actualidad. La Historia parece que sufre una damnatio memoriae ejercida por la idiocia. 

Sí, efectivamente. Por eso creo que es importante publicar obras de este tipo, porque pienso que es un libro accesible a todo el mundo, a pesar de que está tratado con mucho rigor histórico y que profundiza en muchos aspectos desconocidos de la historia de Hispania y de estos emperadores. Es un libro para cualquier tipo de lector. Y creo que con argumentos se rebate precisamente esta estulticia histórica que tenemos hoy, que hace que todo el mundo quiera pontificar y juzgar hechos históricos sin tener el mínimo rigor.

O derribar estatuas.

O derribarlas, sí, desde el desconocimiento.  Creo que leer este libro puede venir muy bien. Hacen falta obras de este tipo para que la gente conozca la historia y cada uno después se forme su propia idea. He intentado mostrar las cosas tal y como fueron, y me permito muy poco interpretarlas, para que cada lector por sus propios medios y con conocimiento pueda hacer sus valoraciones. 

La Filosofía y la Historia vuelven a ser las grandes damnificadas por la pedagogía. ¿Qué opinión le merece la última reforma educativa?

Como todas las anteriores que minan, amputan y recortan las Humanidades cometen un gravísimo error. Creo que son unas asignaturas que deben tener una presencia transversal en todos los cursos, no solo en el Bachillerato, porque son la base de todas las demás.  Los romanos utilizaban la retórica, que es el arte de hablar, de saber componer un discurso, pero también de ordenar las ideas y los argumentos de lo que uno quiere decir.  Eso para ellos era una especie de educación general que luego capacitaba a cualquiera para la abogacía o la ingeniería, y los romanos son los mejores ingenieros del mundo antiguo, sin duda alguna. Creo que para evitar el acoso de las fake news, o a esa gente que habla en foros de Internet sin saber absolutamente nada, pero que su opinión vale lo mismo que la de los más reputados expertos, para este virus – y esto sí que es una pandemia peligrosa- lo que hay que hacer es documentarse con libros de historia. Lo que les gusten, con estilo sencillo y ameno. Pero hay que leer. Y por supuesto, las Humanidades en los centros educativos son esa base que pueden hacer que seamos ciudadanos más libres y con más espíritu crítico.