Leopoldo Izquierdo, nuevo director de la Fundación Cajasur: “Estamos arrastrando el peso de la pandemia y seguiremos invirtiendo más en lo social”


Hablamos con el flamante director de la Fundación Cajasur sobre su nueva etapa

Esta semana se hizo público el nombramiento de Leopoldo Izquierdo (Santa Cruz de Tenerife,1978) como nuevo director de la Fundación Cajasur. Quien ocupaba el cargo hasta ahora, Ángel Cañadilla, ha cogido la feliz vía de la prejubilación para pasar a una, sin duda, mejor vida. Aunque no parece que sea mala vida ser licenciado en Bellas Artes, un enamorado del patrimonio histórico y artístico, y que acabes dirigiendo el Palacio de Viana. Eso le ocurrió a Leopoldo Izquierdo en 2015 y por tanto, no ha perdido ni el bronceado ni la sonrisa: es un hombre feliz. A partir de ahora también es un señor (joven) con más responsabilidades y nos confiesa que aunque conoce la casa, el dirigir la Fundación Cajasur es un reto para él porque, principalmente, su labor se desarrollará en primera línea con lo social, ámbito en el que la Fundación, sobre todo desde la pandemia, se ha volcado. Hoy hemos cambiado los patios que ya florecen en el palacio por los mármoles de la primera planta de Ronda de los Tejares para hablar con él, en lo que será con toda probabilidad su espacio de trabajo más habitual. 

La Fundación Cajasur heredó en 2011, con el cambio de titularidad de la entidad financiera, la labor que prestaba la Obra Social Y Cultural. En estos años han reforzado su colaboración con diferentes entidades sociales y centrado su esfuerzo en tres grandes áreas: discapacidad y enfermedades, las personas en exclusión y la asistencia social. En la vertiente cultural, han convertido a Viana en un ‘contenedor’ con programación propia y reforzado su papel patrimonial y turístico. Colaboran con la Fundación Gala y la Orquesta de Córdoba e impulsan un amplio abanico de actividades artísticas. Leopoldo Izquierdo será el responsable de capitanear todo esto. “Siempre he estado muy arropado por los compañeros”, nos dice un hombre convencido del valor del trabajo en equipo. 

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¿Echa ya de menos las macetas?

(Ríe) No. Las macetas no las voy a echar de menos, porque voy a simultanear la dirección del Palacio de Viana con la de la Fundación. Entonces, estaré a caballo entre Viana y los servicios generales de la Fundación. Creo que desvincularse de Viana es muy complicado. Tienen algo, y lo hablamos mucho entre compañeros, que te engancha, y te acaba arrastrando a ese mundo patrimonial de los patios y las obras de arte. Aunque te cambien de sitio, al ser un espacio abierto al público, es algo que puedes disfrutar siempre aunque no estés allí. 

Supongo que el trabajo que ha realizado en Viana le permite compaginar a partir de ahora la dirección de la Fundación.

Exacto. Cuando yo entré, uno de los primeros proyectos que llevé a cabo fue el plan museológico de Viana, que establece quiénes somos, dónde estamos  y hacia dónde queremos ir , con diferentes líneas estratégicas. Sobre esas líneas luego hemos ido armando los proyectos museográficos como aquellos que tienen que ver con la difusión, marketing, y la ampliación de productos de Viana. A día de hoy, de forma interna en cuanto a gestión, nos quedan muchas cosas por hacer. Pero es cierto que el camino está trazado. Es un trabajo en el que siempre hay que estar encima, pero el equipo de Viana está muy consolidado, el  que cada área tiene marcada sus líneas de trabajo, y eso me permite compatibilizar perfectamente la dirección de la Fundación. 

Es cierto que la Fundación, aunque la conozco porque formo parte del equipo directivo desde hace varios años, tiene ciertos ámbitos que quiero que arranquen y comenzar en ellos entrando de lleno y conociéndolos sobre  el terreno. Ponerme al día, como se suele decir. 

¿Tiene algún plan trazado o idea sobre su nueva labor?

Creo que los últimos años de trabajo en la Fundación han marcado una línea de trabajo muy bien trazada. Y luego nos adaptamos a las necesidades del momento. Con la pandemia, por ejemplo, hemos tenido que volcar esfuerzos en el ámbito de lo social, porque la sociedad ha sufrido un varapalo muy fuerte. Y en ese sentido, desde la Fundación, tenemos que dar respuesta a los retos que lanza el entorno. Ahí, en los social, es donde nos hemos volcado y seguiremos haciéndolo. En el ejercicio pasado se ha hecho una inversión total de más de siete millones de euros, de los que un 78% se ha destinado al ámbito social y un 22% al cultural. Había que dar respuesta a las consecuencias de la pandemia. 

Iba a preguntarle por la situación actual, que no es mejor que durante la pandemia porque la crisis continua. Entiendo que eso les obliga a seguir con las inversiones como han venido haciendo hasta ahora.

Así es. Ese es el compromiso. Tenemos esa responsabilidad desde la Fundación Cajasur, y ahora mismo el panorama no ha mejorado sino que además estamos arrastrando el peso de la pandemia. Evidentemente, habrá una implicación en el ámbito de lo social en el que siempre hemos estado trabajando con colectivos y nos obliga a un esfuerzo mayor. Esperemos que la situación  mejore y que podamos equilibrar la balanza entre los social y los cultural. Pero también es cierto que yo, que siempre he estado muy vinculado al mundo cultural mucho más que al social, siempre he entendido que la cultura la forma la sociedad. Eso no lo pierdo de vista. Siempre ha habido una relación muy estrecha entre la obra social y la cultural porque es la propia sociedad quien conforma la cultura. 

Es usted restaurador. ¿Qué restauraría en la sociedad?

Creo que en la sociedad hay mucha desigualdad en muchos sentidos. Y cuando llega algo como la pandemia esa desigualdad queda mucho más acentuada. Creo que trataría de restaurar una mayor igualdad. Por eso se pone  ese esfuerzo, porque hay personas que viven de forma desfavorecida respecto a otras. Ver y sentir de primera mano esa desigualdad social es complicado. 

¿Se valora el papel no solo de ésta, sino de la fundaciones en general, en situaciones de crisis como la que vivimos? ¿O acabamos siempre mirando a los políticos y las administraciones?

Creo que las fundaciones, al final, abordamos un terreno en el que apoyamos proyectos de ciudad o de comunidad autónoma. Pero es cierto también que cada vez más damos respuesta a asuntos que a nivel público no son abordables. Son las líneas de acción que se trazan desde las fundaciones y creo que debemos ir de la mano con las administraciones. Esto es una labor de equipo, no individualista. Antes he hablado de Viana y lo que  ha hecho fuerte a Viana con mayor número de visitantes y más proyectos, como marca que forma parte del patrimonio de la ciudad, eso lo hace el equipo. Las fundaciones vamos de la mano de muchos organismos ,públicos o no, pero es importante ver dónde no alcanza lo público – porque no puede- para llegar nosotros. 

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Es usted un canario que aterriza en 2008 directamente en el Palacio de Viana. Eso es hacerse cordobés de repente. 

(Ríe). Yo ya tenía antecedentes en Córdoba. La carrera de Bellas Artes la empecé en Tenerife, en la Universidad de La Laguna; la especialidad la hice en Granada, y el doctorado en Sevilla, pero desde el año 2000 estuve trabajando por toda Andalucía, y en Córdoba tuve la oportunidad de realizar muchos trabajos: restauraciones, fachadas, retablos de iglesias… (En San Lorenzo y en la Mezquita Catedral). Con Córdoba hay un flechazo. Se produce una química especial con determinados lugares, y con Córdoba la tuve desde el principio. Cuando llegué a Viana fue una declaración total de emociones, porque a mí me cautivó  ese espacio donde se combinaban muchos factores no solo artísticos, sino arquitectónicos y naturales. Y una parte fundamental de Viana es el enraizamiento con el territorio, con el ámbito popular, que pertenece al patrimonio inmaterial que tienen los patios de Córdoba y que Viana guarda. Un esencia vinculada con la ciudad. Eso le imprime un carácter muy propio y hace que no te sea indiferente, como le ocurre a los visitantes. 

¿Y qué parte de Leopoldo Izquierdo sigue teniendo el horario insular?

Ninguna (ríe). El horario insular vuelve cuando regreso a visitar a la familia, pero soy muy inquieto, y desde pequeño nunca he llevado la hora de allí. 

Me refería a lo que usted eche de menos. 

Echo de menos a los lugares y a las personas. Pero las nuevas tecnologías permiten que estemos continuamente en contacto con la familia, los amigos del colegio y del instituto… Y es cierto que yo soy muy familiar y se echa de menos, pero Tenerife está a dos horas. Algunos pueblos de la provincia de Córdoba están casi a una distancia similar (ríe). Diariamente tengo contacto con mi familia gracias al móvil. 

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Parece que ya se nos ha olvidado, pero hasta hace poco allí en las islas, había un volcán activo.

Eso me ha hecho reflexionar mucho sobre cómo te puede cambiar la vida de un momento para otro, sobre todo ante algo que no podemos controlar. He estado en contacto con amigos de La Palma, sobre todo interesándome por sus padres. Es uno de esos acontecimientos que nos hace a todos ponernos en el pellejo de los demás. La gente mayor se vuelve mucho más vulnerable, porque se queda sin recursos, y todo lo que han ido conformando para tener una vejez en condiciones, con una calidad de vida confortable, de repente ese esfuerzo se pierde. 

¿Cual es el sitio preferido de Leopoldo Izquierdo para perderse en Córdoba? No vale decir el Palacio de Viana.

(Suspira) Tengo muchos, y no lo digo por agradar. Yo recuerdo la primera vez que estuve en Córdoba, en 1992 durante un viaje de estudios. Era muy jovencito, pero no olvido la sensación que tuve al entrar en la Mezquita Catedral. Fue algo sobrecogedor. Es un monumento que tiene alma. Y luego, con la Plaza de Capuchinos me une un vínculo muy especial. Cuando empecé a trabajar en Viana, mi recorrido cada mañana era por el Cristo de los Faroles. La imagen, sobre todo en invierno con esa niebla baja, con las velas que diariamente tiene encendidas, me pone el vello de punta. Y luego  he de decir que yo me llamo Leopoldo por  Fray Leopoldo, capuchino. En la entrada del convento, allí en la plaza, hay un fray Leopoldo que cuando lo descubrí me generó un sentimiento de añoranza, especialmente de mi abuela. 

Y bueno, luego hay lugares como el Puente Romano, o perderte por la Judería, donde encuentras  sitios con un sabor andaluz que pocos sitios de Andalucía tienen.