Eduardo Muñoz Blanco, médico inmunólogo e investigador : “El pasaporte Covid se está convirtiendo en una perversión”


El doctor Muñoz ha sido galardonado esta semana con el Premio Galileo 2021 a la Transferencia del Conocimiento

img 5728

El encuentro previsto en un despacho del  Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC), donde Eduardo Muñoz Blanco (Córdoba, 1958) desarrolla su trabajo de investigación, ha tenido que trasladarse a la plataforma telemática que recupera presencia en esta sexta ola de la pandemia. Unos días antes nuestro entrevistado estuvo con una compañera que ha dado positivo y debe quedarse en casa de manera preventiva. Es el sino de estas semanas, el protocolo asumido e interiorizado de la vida cotidiana en los dos últimos años.

Con Eduardo Muñoz queremos hablar del covid, claro, aunque no es su especialidad. Son otras que se recogen en un amplísimo y brillante currículum:  es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Córdoba (1986) y realizó su primera estancia postdoctoral en la Universidad de Tufts (Boston, 1987-90). Posteriormente, hizo una segunda estancia postdoctoral en el Instituto Pasteur (París, 1992-94). En la actualidad es Catedrático de Inmunología de la Universidad de Córdoba y director del grupo BIO304 (Immunofarmacología y Virología Molecular) del Plan Andaluz de Investigación y Desarrollo (PAIDI) de la Junta de Andalucía. Desde 2012 también dirige el grupo GC04 (Inflamación y Cáncer) del IMIBIC.

El doctor Muñoz ha dirigido 25 tesis doctorales, cinco de ellas premios extraordinarios; es Director Científico de la empresa Emerald Health Pharmaceuticals (San Diego, USA). Pertenece al consejo de redacción de varias revistas científicas y es fundador de las empresas VivaCell Biotechnology España (2003) e InnoHealth Group S.L. (2015). A pesar de todo esto no se prodiga en los medios de comunicación. Eduardo Muñoz sostiene “que es muy importante que un investigador no se convierta en una pima donna”, pero esta actitud no le ha evitado ser noticia en la semana que realizamos esta entrevista, porque se le ha concedido el Premio Galileo 2021 a la Transferencia del Conocimiento, que ha celebrado, eso sí, con la alegría propia de quien encuentra el mejor galardón en los muchos años de trabajo y  en los equipos que le han acompañado.

img 5745
Eduardo Muñoz Blanco / Foto: Jesús Caparrós

¿ Qué retos científicos ha supuesto el SARS-COV2 y cómo se está respondiendo a ellos?

Comparándolo con otras infecciones, la respuesta científica a este virus es espectacular, porque en este periodo de tiempo se ha identificado por completo un virus, se ha identificado el mecanismo por el cual infecta a las células y muchos  efectos de la respuesta inmunológica frente al virus. Y aparte de todo eso, ha generado una vacuna de muy alta tecnología, posiblemente muy eficaz. Y que todo eso se haya conseguido en un periodo de dos años es espectacular. Si uno entra en el PubMed de la biblioteca nacional del NIH (EEUU), que es la más relevante sobre ciencia, e introduces en el buscador ‘COVID-19’, nos encontramos más de doscientos mil artículos publicados en dos años. Eso es una auténtica barbaridad. Es decir, lo que hoy en día conocemos sobre el virus y la enfermedad – y de su cura y prevención-  no tiene precedentes. Lo puedo comparar con un ejemplo que lo deja más claro: hace  unos cuarenta años  tuvimos la epidemia del VIH/SIDA. Cierto es que en aquel momento se aisló el virus muy pronto aunque no tan rápido como se ha hecho con éste. Se identificó el primer receptor para que entrara en las células, pero se tardaron como ocho años en identificar el segundo receptor . La tecnología que había hace treinta años no era mala – era extraordinaria-, pero comparada con la que tenemos hoy supone identificar un virus y un mecanismo de entrada en menos de dos meses. Eso es espectacular.

El ministerio de Sanidad piensa ya en un cambio en el sistema de conteo y análisis del coronavirus.¿Cree que la pandemia ha entrado en una nueva fase?

Es muy difícil hablar de fases. Es como jugar con una bola de cristal y hacer predicciones. No tenemos una infección o pandemia previa de este tipo con la que podamos hacer una comparativa. ¿De qué hablamos hoy? ¿Fase de control? ¿Vamos a gripalizar el virus, como están diciendo? Hasta este momento todo lo que hay son hipótesis y no se puede decir, en efecto,  en qué fase estamos.  Técnicamente podríamos decir que seguimos en fase de pandemia ¿Vamos a pasar a una fase endémica? Pues sí, puede que estemos cerca de ello, es lógico. Lo que sí podemos decir es que nuestra situación es mejor que la que teníamos hace dos años. Los datos y las estadísticas nos dicen que hay una relación importante entre los altos picos de infección que estamos teniendo y la protección de las personas que se han vacunado. Pero en cualquier caso no es ni blanco ni negro. Hay grises. Cuando nos dicen que el 60% de los pacientes que están en las UCI no estaban vacunados hay que preguntarse qué pasa con el otro 40% que sí lo estaba y que es un porcentaje alto también.

Los que no se han contagiado todavía ¿Han tenido suerte o han tenido cuidado?

Mira, esa es una muy buena pregunta. Yo no creo que la suerte sea un elemento importante aquí (ríe). Las personas que no se han contagiado posiblemente han tenido más control y menos contactos. Sí ocurre que también hay personas muy escrupulosas con su cuidado y se infectan. Pues eso sí es mala suerte (ríe).

Cada día encontramos un aluvión de titulares en los medios de comunicación sobre el covid. ¿Estamos informando bien sobre la pandemia?

Estamos informando demasiado. No sé si correctamente. El exceso de información produce desinformación. Si uno lee doscientas noticias a la semana sobre esto puede que haya un elevado porcentaje de noticias veraces y bien contrastadas, pero luego tenemos otro grupo grande de noticias que son anécdotas. Hay que comprender que es difícil identificarlas y que mucha gente no tiene la capacidad o la formación científica para diferenciar qué es una noticia veraz de una no contrastada. Hay titulares que nos anuncian cosas que habría que demostrar y saber qué parte de verdad tienen o no. Encontramos noticias sobre los tiempos y las formas de contagio, por ejemplo, que me parecen absurdas. 

Hay titulares que nos anuncian cosas que habría que demostrar y saber qué parte de verdad tienen o no. Encontramos noticias sobre los tiempos y las formas de contagio, por ejemplo, que me parecen absurdas. 

Posee usted un currículum muy brillante pero, sin embargo, se muestra bastante prudente al opinar sobre esta pandemia. 

Hay una razón muy simple. Aquí tenemos que trabajar con muchas especialidades. Tiene que haber virólogos moleculares, que entiendan cómo el virus penetra, se replica y funciona. Tenemos una visión desde la inmunología, de cómo es la respuesta del sistema. Después está la medicina clínica, la que trata al paciente. Evidentemente se trata mucho mejor ahora que al principio porque los médicos han hecho un gran esfuerzo en investigar. Visto esto, hay que atender la parte epidemiológica, que es una especialización muy importante, y que ven otros parámetros y tienen otros conocimientos. Y luego está toda la parte política, porque una pandemia no es solo la enfermedad, sino que afecta a la economía y a la sociedad. 

Entonces, opinar sobre todo y meterlo en un mismo saco como opinador es muy arriesgado. Es preferible que aunque cada cual tenga su opinión personal, el que hable lo haga sobre lo que sepa. Si me preguntan algo prefiero que se ciña a mi especialidad, que es inmunología. Puedo hablar sobre cómo el cuerpo responde al virus. Pero, claro, eso no es la pandemia, sino una parte de la misma. Me resulta difícil opinar de cosas que no conozco, o cuando menos, no soy experto.

Pues estamos en manos de comités de expertos

No estoy en contra de los comités de expertos, porque tampoco los conozco. Alguien tiene que formarlos para tomar ciertas decisiones, pero creo que los comités tienen que valorar un equilibrio que es muy importante: salud, capacidad hospitalaria y sociedad. Un comité de expertos no abarca absolutamente todo, porque no cubre la virología ni la inmunología, pero sí lo más importante, que es actualizar la información y ofrecernos recomendaciones. 

Ha hablado antes del VIH y usted ha participado en un grupo de investigación para el desarrollo y cura del VIH/Sida. ¿En qué punto se encuentra esa posible curación?

Afortunadamente el VIH/Sida es una enfermedad que tiene muy buen tratamiento hoy en día. Existen unos muy buenos antivirales y se puede controlar muy bien la enfermedad y la replicación del virus. Esos tratamientos son muy efectivos, aunque sigue habiendo infecciones. El problema con el VIH es que tiene unos reservorios que son muy difíciles de eliminar con la terapia. La mayoría de los pacientes tratados con terapia antirretroviral, en el momento que la abandonan, ellos mismos reactivan el virus de nuevo. Se ha conocido cuales son esos reservorios y se está intentando crear fármacos para atacarlos y limpiar el organismo del virus. Esta es otra cosa que todavía no tenemos resuelta con el Covid-19. No sabemos si va a generar reservorios en las personas infectadas. Los virus, en muchos casos, cuando nos infectan, dejan reservorios en nuestro organismo y luego se pueden reactivar por ejemplo, en el caso de un trasplante o una inmunodeficiencia. Es bastante común. No sabremos, por tanto, hasta dentro de unos años, si el covid-19 deja algún reservorio en el organismo. 

 No sabremos  hasta dentro de unos años  si el covid-19 deja algún reservorio en el organismo.

Usted también trabaja con una empresa farmacéutica estadounidense y, curiosamente, se comienza a ver con malos ojos a estas empresas por ser las grandes beneficiadas por la pandemia.

La pregunta, a modo de respuesta, es “¿y por qué no?”. Vamos a ver: las empresas farmacéuticas están para ganar dinero y también para curarnos. Resulta llamativo que quienes critican eso quizá tengan un fondo de pensiones o de inversión, que está diversificado, y uno de los sitios donde su dinero está invertido es en farmacéuticas, aunque ellos no lo sepan.  Son empresas que ganan dinero, pero dentro de una ética y unos controles que no son fáciles de saltar, como los que imponen la FDA, la Agencia Española del Medicamento o la Agencia Europea, entre otras. Las farmacéuticas tienen que realizar una inversión brutal, de miles de millones, y es un riesgo del que, evidentemente, quieren obtener un beneficio. Piensa en aquellas empresas que han generado unas vacunas cuya efectividad haya estado por debajo del 50%, y que no pueden comercializarlas. Para llegar a ese resultado que no les reportará beneficios, igual han invertido mil millones de euros. Las cosas funcionan así. Podemos comparar la vacuna de Pfizer con la Sputnik que es, se puede decir así, una vacuna ‘estatal’. Pues ya nadie habla de la Sputnik, porque lo que queremos son vacunas seguras, de amplia cobertura y alta eficacia. Y eso tiene un coste. No lo pagan los gobiernos. Lo pagan las empresas privadas. Evidentemente los gobiernos ayudan, adelantan dinero y tienen el interés social de que se creen esas vacunas. Pero no me preocupa que las empresas farmacéuticas ganen dinero. 

img 5719
Eduardo Muñoz Blanco / Foto: Jesús Caparrós

¿Y le preocupa la polarización que hay en la opinión pública? No solo ya respecto a la gestión de la pandemia sino al uso de las propias vacunas.

En nuestro país el porcentaje de antivacunas es relativamente pequeño. Somos una población ejemplar en ese sentido. Cierto es que cuando se han puesto en marcha los ‘pasaportes covid’ ha habido gente que se ha vacunado porque no podía entrar en un bar. Vacunarse por ese motivo es difícil de entender (ríe), pero si nos damos cuenta, la mayoría se ha vacunado por motivos de prevención. A pesar de todo, sí se le ha metido mucho miedo a la gente para que lo haga. Si no fuera una enfermedad tan grave y no hubiera habido tantas muertes, probablemente la población no habría ido a vacunarse en masa. Pero se ha hecho con miedo. Yo recuerdo cuando fui a ponerme mi primera vacuna que me dio una reacción, pero creo que era del miedo que tenía (ríe). Me subió la tensión y acabé en urgencias ese mismo día. Era de las primeras vacunas que se ponían. Todos hemos tenido algo de miedo, pero cuando uno ve los resultados se tranquiliza. El modelo de Astrazeneca es un modelo estándar aceptado y en la de Pfizer y Moderna la tecnología ARN no es nueva, tiene mucho tiempo de desarrollo y es espectacular. Tiene mucho sentido no solo para la vacuna sino para el tratamiento de otras muchas enfermedades, algo que veremos pronto. No me extrañaría que, en un tiempo no muy lejano, se le conceda el premio Nobel a los investigadores que han estado relacionados con esta tecnología. 

Si no fuera una enfermedad tan grave y no hubiera habido tantas muertes, probablemente la población no habría ido a vacunarse en masa. Pero se ha hecho con miedo.

Por cierto ¿qué opinión le merece el ‘certificado covid’?

A mí, personalmente, me parece que no era una mala idea al principio, pero que se está convirtiendo en una perversión. Ahora mismo tenemos una alta propagación con esta variante, y por ello no le veo más sentido al ‘pasaporte’. Podemos estar con alguien que tiene el certificado y se acaba de contagiar.  Y me puede contagiar a mí. Aquí (en el IMIBIC) todos tenemos el certificado, pero la persona que estuvo en mi despacho del laboratorio el lunes dio positivo con tres dosis de vacunas. Entonces ¿para qué quieres un pasaporte? Evidentemente esas tres dosis de vacunas le harán pasar un covid muy suave, eso es cierto. Pero el contagio no lo ha evitado el certificado. 

El IMIBIC ha tenido más actividad, con un incremento de ensayos clínicos y presupuesto a pesar de la pandemia, que vino a paralizar casi todo. 

El IMIBIC va realmente muy bien. Creo que ha sido una gran idea unir la investigación biomédica en Córdoba entre la Universidad y el hospital. Yo vengo de la Universidad. Unos pocos nos vinimos aquí y otro grupo ha venido del propio hospital. Eso nos ha permitido iniciar colaboraciones y realizar muchas investigaciones básicas con investigaciones clínicas. La dedicación es muy buena y son excelentes profesionales. También se está trabajando en proyectos relacionados con el covid, incluso ensayos clínicos. La verdad es que la investigación clínica y la investigación básica no se han resentido mucho en este tiempo porque, exceptuando los tres meses de confinamiento, siempre ha estado abierto. Todos los proyectos han continuado. 

¿En qué trabaja Eduardo Muñoz en este momento?

Nosotros actualmente tenemos un grupo que se llama ‘Inflamación y cáncer’. Somos dos profesores; uno que está más relacionado con el cáncer, que es Marco Antonio Calzado, y yo, que estoy trabajando sobre la inflamación. Mi labor desde hace muchos años consiste en trabajar en farmacología de la inflamación, desarrollar nuevas moléculas y fármacos basados y no basados en cannabinoides, con aplicaciones en enfermedades neurodegenerativas e inflamatorias. Ese es nuestro proyecto y línea de trabajo desde hace 15 o 20 años.

Tenemos que darle la enhorabuena porque hace unos días se le ha concedido el premio Galileo 2021 a la Transferencia del Conocimiento. 

Gracias. Este premio supone una satisfacción muy grande porque es el reconocimiento a una carrera que ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a la traslación de la investigación básica, que solemos hacer los profesores universitarios, al mercado, a la creación de empresas y a la transferencia de tecnología.  Ha sido el trabajo, como te he dicho antes, que llevo realizando en los últimos 20 años.