Pilar Suárez, fotógrafo: “No hago fotografías para vivir sino porque siento la necesidad de hacerlas” 


Profesional con más de 30 años de recorrido, aprendió el oficio desde pequeña junto a su padre.

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Ha leído usted bien el titular. Identificamos a nuestra protagonista, mujer, como ‘fotógrafo’. “No tengo edad para ser fotógrafa. ¿Tú conoces a alguna mujer pilota? Pues eso“. Pilar Suárez (Hagen, Alemania, 1967) es una trabajadora de la fotografía y de más oficios. Pero hacer fotos es el centro de su vida desde muy pequeña, cuando descubrió la magia en blanco y negro y cómo usar una ampliadora en aquel cuarto iluminado solo con una luz roja en el estudio de su padre Pepe. Aunque huye de la especialización, su fuerte está en el retrato, al que le otorga un sello personal que no es sino el del alma casi desnuda del retratado, de la modelo. También escapa cuando puede del estudio que aún permanece en la Avenida de Granada, en el Sector Sur,  por el que han pasado varias generaciones de cordobeses ante la cámara y el mostrador de su padre y donde ella misma sigue trabajando.

Nos trae al campo, al embalse de Guadanuño, en Cerro Muriano, buscando la luz del atardecer y los patos, que acuden a comerse el pan que ella misma ha troceado. Es reticente a ser fotografiada y esto nos lleva varios minutos de difícil negociación. Suele ser la peculiar incomodidad de quienes llevan muchos años fotografiando a los demás, como la del entrevistador entrevistado o el cirujano sobre una mesa de quirófano en manos del bisturí de un colega, aunque ella ya nos ha hecho varios ‘robados’ nada más llegar. No puede evitarlo.

 

Usted aprende el oficio en casa.

Aprendo el oficio en casa y bien pequeñita. He echado los dientes en el estudio de mi padre. No conozco otra cosa. Desde pequeña me he movido en la cámara oscura, con la ampliadora, la esmaltadora, la luz roja… Esos eran mis juegos. 

¿Qué se imaginaba, con esa edad, que era aquello?

Era magia, porque cogíamos un papel en blanco, lo metíamos en una máquina – que al principio no sabía ni cómo se llamaba, trabajábamos con una luz roja y de ahí salía una fotografía divina. Cuando salía de aquellos líquidos, era magia. Era muy bonito.

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En aquella época había desde luego que ‘aprender’ la fotografía . Ahora parece más fácil ¿no?

Ahora hay muchos más medios para aprender, pero antes había que aprender la técnica. Ahora te puedes permitir el ‘ensayo y error’. Antes no. Antes te daban una cámara y si la fastidiabas, no había fotografías (ríe). Ahora se tiran muchas fotografías, o se disparan. 

¿Se considera una trabajadora de la fotografía o una fotógrafa?

Soy una curranta de la vida. He trabajado en más cosas; como administrativo, en empresas importantes de la capital y en la administración pública. Pero yo soy una curranta, no una artista ni nada de eso. 

¿Por qué se especializó en el retrato?

Porque me gusta mucho la gente. Y me gusta encontrar en ella lo que no se ve a simple vista. Las fotografías no siempre muestran la personalidad de alguien. Para eso hace falta sentarse como tú has hecho ahora, echar un ratito, darnos un poco de palique y ‘rascarnos’ un poquito hasta que sale el de verdad, el de debajo. Solemos ser pura fachada. Enseñamos a la gente lo que queremos mostrar. 

¿Y cuando le hace la fotografía a un bebé?

Es que los bebés son transparentes. Son angelitos del cielo. Intentas sacar los mejores gestos. Si son recién nacidos hay que buscar el momento de sueño, o esa sonrisa que algunas veces te regalan cuando están durmiendo. Es muy hermoso ver la fragilidad de esa personita.

Hay muchos fotógrafos en la actualidad.

Muchos.

¿Cómo se sobrevive en esta profesión con tanta competencia?

Reinventándose. 

¿Y usted cómo lo ha hecho?

Como yo conocí  la fotografía no podía trabajar en la actualidad como fotógrafo. Antes se necesitaba al fotógrafo. Las cámaras eran de poca calidad – las que estaban al alcance de los aficionados- y entonces, cuando querías algo especial tenía que acudir al señor fotógrafo para que te hiciera algo decente. Con el digital todo ha cambiado muchísimo . Mi padre no se adaptó, por cierto. Y había que reinventarse. Ya no se podían hacer las fotografías que hacía todo el mundo, sino hacer una fotografía más especial., más cuidada, con más detalle, mimando mucho al cliente y mostrando lo mejor de él. Y eso significa dedicarle tiempo.  Para muchos eso supone perder dinero, pero para mí no.

Complicado hoy en día porque vamos con mucha prisa a todo.

Se vive deprisa, pero para las cosas que nos interesan no hay prisa (ríe). A esas les dedicamos todo el tiempo del mundo. Hay que encontrar ese segmento de clientes que sepan que vas a dar lo mejor de tí para ellos, sin importarte el tiempo, el esfuerzo, ni escatimar en medios. 

Ha hablado de la figura del fotógrafo de antes, cuando en un barrio, en efecto, estaban el fotógrafo, el párroco, el practicante y el farmacéutico. 

Claro, es que era muy necesario. Para cualquier documentación lo necesitabas. Ahora solo para el DNI también y creo que con el tiempo eso desaparecerá.  Esta profesión se va a convertir en algo muy especializado y solo para gente que de verdad busque un trabajo de calidad, porque hoy fotografías hace cualquiera, porque además tenemos la tecnología al alcance y cualquier persona la usa. tecnología que permite no solo hacer fotografías si no retocarlas y mejorarlas. El fotógrafo por tanto deberá ser más profesional y aportar más calidad. El cliente buscará en los momentos especiales de su vida no dejar ese trabajo en manos de cualquiera, sino de alguien que lo sepa hacer muy bien y que trate al cliente maravillosamente. 

Me resulta curioso comprobar que a la mayoría de los fotógrafos no les gusta que les hagan fotos.

A mí no. Lo odio. Estoy pasando muy mal rato (ríe)

¿Y cómo tranquiliza usted al cliente que también sufra ese mal rato?

Intento ser yo y hablarle de cosas sencillas. Procuro no meterme mucho ni en política ni en religión(ríe). Aunque no prometo nada, porque algunas veces también me meto y en unos charcos gordísimos. Pero procuro hablarle de cosa sencillas y cotidianas. 

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Pues hablemos ahora de la pandemia y de sus consecuencias en el sector.

Desde el  prisma profesional ha sido nefasto. Mi trabajo es  considerado  un artículo de lujo y que te obliga a contactar con los clientes y moverte con ellos. Y no se podía. O salir a fotografiar  alguien con mascarilla. Detrás de la mascarilla además se te esconde el retratado., como yo he tratado de hacer hace un momento (ríe). Desde el punto de vista personal la pandemia para mí ha sido un regalo. Aunque soy profesionalmente activa, soy una persona muy tranquila, y necesitaba parar. He podido disfrutar de mi casa, de mi pareja y mi perrita. Entiendo que para mucha gente ha sido algo muy duro. Se ha muerto mucha gente y se han ido muchos negocios al garete. Pero hablo desde mi vivencia más personal. He podido hacer cosas que no hacía desde hace tiempo. 

 

Mi negocio se quedó parado. De todo lo que tenía previsto, hay trabajos aplazados para 2022 y 2023. Así que mientras me propuse disfrutar de lo que ya tenía.

¿De los trabajos que ha hecho, cuál o cuáles son sus preferidos?

No te voy a mentir. Hay algunas cosas que he hecho que no me gustan. Y cada vez es más difícil tener que aguantar a esos clientes que vienen buscando un producto económico, rápido y que salen corriendo. 

Me gustan los trabajos que tienen gente detrás que vienen con proyectos, que quiere hacer cosas. Explican cuál es su proyecto o sueño y te piden orientación. Ese tipo de cliente sí me gusta. 

 

Pero en general disfruto con cualquier tipo de trabajo. Les dedico muchas horas. Me peleo conmigo misma hasta que quedo satisfecha.

¿Cuál es la fotografía que le queda por hacer?

Todas. Me quedan todas por hacer porque yo no voy  a dejar de hacer fotografías nunca. Si el estudio sigue hacia delante y yo misma como fotógrafo , seguiré haciendo fotografía profesional. Y si me tuviera que dedicar a otra cosa la tendré como segunda actividad. Y si no como hobby. Yo no hago fotografías para vivir sino porque tengo la necesidad de hacer fotos. 

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Aprendí a hacer fotos con mi padre y eso se grabó a fuego en aquella niña. No concibo la vida sin hacer fotografías. Antes llevaba una cámara grande en el bolso, después, un poco más pequeña y ahora ¡soy tan floja que llevo un móvil!

Nos ha traído al campo para hacer la entrevista.

No he querido en mi estudio para que no me ubiquéis solo allí. Yo soy más esto que veis.

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