Maria José Muñoz, directora del Museo Diocesano: “La maternidad expresa muy bien lo que es una catedral”


La historiadora ha presentado esta semana un libro para conocer las catedrales desde una perspectiva mucho más amplia que la monumental

María José Muñoz - Foto Jesús Caparrós
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María José Muñoz – Foto Jesús Caparrós

Aunque el martes es soleado, el aire frío corta los cuerpos de los turistas que se cruzan, ruidosos, por la calle Torrijos. El puente de la Inmaculada está en su ecuador y Córdoba se ha llenado. Ni la bulla ni la brisa helada parecen molestar a Maria José Muñoz (Córdoba, 1966) que nos ha sacado a uno de los balcones del obispado, libro en mano, para atendernos. “Que se vea la catedral”, nos dice. Porque de catedrales vamos a hablar, o mejor dicho, ella nos invita a recorrer las páginas de papel que hablan de otras páginas, las de piedra, escritas con luz y siglos y que albergan cinceladas de rezos y vida las catedrales españolas. 

Maria José Muñoz es directora del Museo Diocesano de Córdoba, licenciada en Historia del Arte y en Ciencias Religiosas. Y madre de cinco hijos. Un madre que habla de iglesias-madre, porque las catedrales lo son. Son mucho más, en realidad. Más que un recorrido turístico como el que escuchamos de fondo. Más incluso que una liturgia repetida. Y Maria José lo ha querido contar en un libro de trabajada y hermosa factura que se ha presentado esta semana y que ha nacido en la tierra de una de las más hermosas y únicas catedrales del mundo. La de Córdoba. 

¿Hasta qué punto han influido sus hijos a la hora de escribir este libro?

Pues mucho. Mucho porque yo soy una enamorada de las catedrales y paseo a mis hijos y a mi familia por todas las que puedo cuando viajamos. Y a veces con cierta resistencia, porque sobre todo a los adolescentes no les interesa demasiado el patrimonio cultural y menos las catedrales, porque les suena como algo que es antiguo. Sin embargo, aprender a leer las catedrales con los jóvenes en otra clave te ayuda a mirar de otra manera, a decodificar un lenguaje que está ahí pero que ya no sabemos interpretar porque es de otra época. Descubrir los símbolos, las anécdotas, el elemento misterioso que tiene  toda  catedral, ese ambiente especial que genera su espacio- que es único-, si se sabe contar tiene un atractivo tremendo. 

De alguna manera eso es lo que he pretendido. No hacer un recorrido turístico de cronologías y etiquetas, sino algo en otra clave más interesante. 

Mucha de la simbología y de los códigos que encontramos en las catedrales estaban realizados, precisamente, para la gente iletrada. 

Por supuesto. Hoy nos parecen misteriosos pero en su momento eran absolutamente explícitos. la mayoría de las catedrales tienen una historia milenaria. Cuando en una portada aparecía una escena  del Juicio Final sabían muy bien lo que estaban viendo. Estaban representados, por ejemplo, los pecados capitales, con mensajes claros que invitaban a la conversión, o adoctrinaban sobre determinados dogmas. La teología se contaba en imágenes. No sabían leer, pero ‘leían’ en los muros de las catedrales y las iglesias la historia de la salvación, la historia sagrada. A veces dogmas teológicos muy complicados, a través de una imagen, se pueden explicar de un modo muy sencillo. 

¿En qué momento dejamos de aprender a leer en las catedrales?

Con el paso del tiempo, evidentemente. Pero está relacionado con la pérdida de identidad de la comunidad cristiana. La comunidad cristiana deja de sentirse un cuerpo, ya no se identifica como parte de algo, y empieza a olvidarse que la catedral es su hogar, su casa. Se la deja de ver como iglesia-madre y ya no se entiende. Se habla en un lenguaje que ya no se puede comprender, que es otra lógica: la del consumo, la del monumento y el turismo. El turismo no tiene nada que ver con la identidad. Me da mucha pena porque al final se vincula muy estrechamente, y, bueno, tiene que ser así. Hay que convivir con eso. Pero las catedrales no se construyeron para los turistas.

¿Por qué se comenzaron, entonces, a construir?

Como todo el arte cristiano, son fruto de la fe de un pueblo, de una comunidad que necesitaba reunirse. Las catedrales tienen orígenes muy diferentes. Unas fueron antiguas colegiatas, otras templos visigodos, o parroquias sencillas. Otras se erigieron sobre reliquias, algo muy frecuente. El caso de Santiago de Compostela es espectacular, cómo genera toda una cultura. El camino de Santiago trae intercambio comercial y cultural. Toda la historia de las ciudades está reflejada en sus catedrales y cada una de ellas tiene un origen distinto. Cada una obedece a una peculiaridad, a una historia concreta de la comunidad cristiana que la habita. 

No sólo está escrita en piedra la historia de las catedrales sino la de la propia España.

Por supuesto, España y Europa no serían lo mismo sin sus catedrales. Habría que reconocerlo. En la mayoría de los grandes enclaves turísticos y culturales de España lo que sobresalen son las catedrales. Esta ciudad (Córdoba) es un ejemplo emblemático. Son el corazón de las ciudades. 

De hecho usted apunta que han sido esenciales en la configuración de la cultura urbana. ¿En qué sentido?

En todos.  Han sido el núcleo en torno al cual se ha instituido la población. Han supuesto un yunque donde se han forjado todos los estilos artísticos. Las propias catedrales generan las primeras escuelas. Las escuelas catedralicias  fueron las cunas de las universidades. Los talleres artísticos, las vanguardias del momento se crean siempre, en primer lugar, en la catedral. Y hay que hablar de los comercios, la artesanía que se genera en torno a una catedral. 

¿Qué papel ha tenido el Plan Nacional de Catedrales en este libro?

Me he basado en la selección  del Plan pero no me he ceñido estrictamente a él. Más allá de eso, no hay un vínculo extraordinario. El Plan Nacional de Catedrales va por otro camino. Yo he hecho un estudio con una mirada muy personal sobre las catedrales y que tiene que ver con la historia de cada una, con sus usos, con la liturgia y otros aspectos. Pero no desde un punto de vista tan institucional. 

¿Cómo ha sido la selección entonces?

Todas las catedrales aparecen en la segunda parte del libro titulada ‘Palabras en piedra’ , con las 94 fichas de todas las catedrales españolas, gracias a que todos los cabildos y delegados de las diócesis han hecho un gran trabajo de revisión y actualización, con mucha paciencia. Y luego, la primera parte del libro, que se refiere al lenguaje de las catedrales, recoge la selección de 25 catedrales nada más. Un elemento de cada una de ellas. Y ahí el criterio se ha basado en recorrer todos los estilos artísticos de la geografía española. Hay catedrales de todas las comunidades autónomas y de todos los estilos artísticos. Se ha querido abrir un abanico amplio. 

Sostiene usted que se realizan lecturas superficiales sobre la identidad y el lenguaje arquitectónico de la Mezquita Catedral.

Evidentemente. A mí me da  mucha pena, porque el Cabildo está haciendo un trabajo impresionante. Creo que es de las catedrales que mejor han sabido conjugar ese impacto tremendo de la monumentalidad del edificio, que es único, con mantener vivo el carácter y la identidad de la catedral. Ese trabajo lo ha hecho el Cabildo muy bien. 

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María José Muñoz – Foto Jesús Caparrós

¿Ha tenido la oportunidad de conocer el nuevo plan director?

Sí, estuve en la presentación. La intervención de Sebastián Herreros fue magnífica, y creo que tiene un horizonte muy bien trazado, muy profesional. El Cabildo siempre ha hecho eso muy bien porque conoce lo que tiene entre manos, la gestión del edificio y la complejidad del mismo. Es que tan imponente la monumentalidad de la etapa islámica que a veces parece que quiere eclipsar a todo lo demás ¿Qué  se puede hacer frente a eso? Pues lo que comentaba antes: mantenerlo activo con la vida litúrgica. Es una cosa que recoge también el plan director y que me parece de lo más interesante. 

Dice usted que las catedrales no son una reliquia del pasado pero ¿serán un valor para los hombres del futuro?

Tienen que serlo, si no, no serían ellas mismas.  Las catedrales tienen vocación de futuro. Así lo han hecho siempre. Han ido siempre por delante. El riesgo es que se queden como un mero monumento. Eso sería matar al edificio, a su identidad. Si nos quedamos en consumir el edificio solo lo turístico, nos cargamos en realidad todo lo que puede aportar, porque una catedral tiene la capacidad de revelarnos quiénes somos , de contarnos nuestra historia. En su piel de piedra tiene escrito todo, quienes somos nosotros. Hay que saber escucharlas. La comunidad cristiana a veces no es consciente de lo que le debe a su catedral. Los cristianos en muchas ocasiones vivimos de espaldas a ella. Estamos en nuestras parroquias o comunidades, pero aquí está todo. Es el corazón, la iglesia madre. La maternidad expresa muy bien lo que es una catedral.