La tensión soterrada de Capitulares


Ni el gobierno municipal es ya un bloque ni el grupo de Ciudadanos está tan unido como aparenta

José María Bellido e Isabel Albás./Foto: Jesús Caparrós tensión
José María Bellido e Isabel Albás. /Foto: Jesús Caparrós
José María Bellido e Isabel Albás./Foto: Jesús Caparrós
José María Bellido e Isabel Albás./Foto: Jesús Caparrós

Al igual que en el “creo que alguien ha matado a alguien” que soltaba Gila para poner nervioso al presunto asesino, las relaciones políticas en el Ayuntamiento de Córdoba hay ya tal tensión que los mensajes entre las innúmeras fracciones en que se ha dividido el espectro político van cifrados, por lo que escapan al común de los mortales. Pocas cosas son como aparentan y hay más frentes de la cuenta.

El caso Infraestructuras ha agitado sobremanera este proceso y ya no es el gobierno municipal frente a la oposición, que es lo habitual, sino que las costuras que sujetan al equipo del alcalde, José María Bellido, están más tensas de la cuenta. Casi un todos contra todos.

Si la oposición pedía en bloque el cese de David Dorado de toda responsabilidad, el PP marcaba distancias con sus socios de gobierno al fijarle el plazo de unos días para que resolviera su problema y, por si no se había enterado de lo que había que hacer, Bellido dejaba caer, como si tal cosa, lo de los barcos y la honra. Mientras, en Ciudadanos, veían cómo el propio Dorado se resistía y tanto en la reunión del grupo como en la Junta de Gobierno para la depuración de responsabilidades políticas se resistía con uñas y dientes a cesar a su coordinadora general, lo que marcó su futuro más inmediato. Los demás concejales de la formación naranja, que nunca fueron una piña, en ese momento se temieron que el marrón les iba a caer a ellos, como así ha sido. ¿Habrá alguno contento?

Desde hoy Dorado es el viceportavoz del grupo, a secas. Sus compañeros de bancada, en cambio, son desde hoy muchas más cosas. Antonio Álvarez es el nuevo Delegado de Infraestructuras, que no es poco, pero suelta la presidencia de Cecosam, que va a parar a María Luisa Gómez Calero, que hasta ahora sólo tenía la Delegación de Casco Histórico, y por si fuera poco le toca la pedrea de la Delegación de Participación Ciudadana, que tenía Isabel Albás, quien ahora será también presidenta de Sadeco. Aún hay más: Manuel Torrejimeno suma ahora a todo lo suyo la Delegación de Consumo, que era de Álvarez. ¿Comprenden el motivo de la tensión?

El papel de Bellido en todo este proceso es poner el impermeable sobre su grupo para que nada le salpique, aunque el portavoz de IU, Pedro García, lleva unos días añadiendo tensión al dejar caer que Dorado sabe cosas del PP que el PP no quiere que se sepan. García, además, saca pecho porque la denuncia que pusieron en mayo ha terminado con un decreto de la Fiscalía que habla de presuntos delitos de prevaricación y falsedad en una veintena de contratos menores de la Delegación de Infraestructuras.

Este primer triunfo en los tribunales no sirve mucho para que IU entregue y retire a unos y otros el carnet de higiene democrática, porque estas siglas son las únicas que en la capital han visto condenado a un alcalde de su formación por corrupción, con sentencia ratificada por el Supremo, por más que Amparo Pernichi y Toni Valero presuman de la intachable ejecutoria de estas siglas.

IU va del brazo en este caso con Podemos, preparando la lista conjunta para las próximas municipales. El PSOE, por su parte, quiere con ansiedad un trozo de este pastel porque quiere estar en el machito, pero no le dejan y como, además, tampoco lleva la voz cantante, todos los días repite lo mismo, con la misma letra y la misma música a ver si así se puede subir al tren, pero las siglas socialistas tampoco son un ejemplo de ética política. Y lo saben.

Por último, en este complejo mapa de tensiones internas está Vox, que cuando da lo hace con fuerza. Carecen de mochila y esto da libertad de movimientos a su portavoz, Paula Badanelli, quien esta semana añadía más tensión al hablar de “levantar alfombras” y “tirar de la manta”, algo que, en circunstancias normales, pone nervioso a cualquiera.