ENTREVISTA | Jano García, escritor: “Vivimos ahora mismo en una época de histeria colectiva”


Hablamos con el autor que acaba de publicar 'El rebaño' y que es todo un fenómeno de ventas y seguidores en las redes sociales

Jano García (Valencia, 1989) sobre todo tiene voz. Recia, profunda y con seguridad. Con la misma seguridad que defiende sus ideas que son las ideas de la libertad individual y el pensamiento propio y crítico. García también tiene voz de peso para los más de 500.000 oyentes mensuales del podcast En Libertad, en el que habla de historia, de la sociedad, de cómo vivimos y sobre todo de cómo quieren que vivamos, a lo que Jano se opone y argumenta. Su estilo es directo y claro, sin intelectualismos ni imposturas, lo que no ha sido un impedimento para que Antonio Escohotado lo acogiera como discípulo – o precisamente por ello- y le regalara muchos momentos personales antes de su partida. De hecho Escohotado le ha prologado El rebaño, que es como un premio gordo porque ‘Escota’ nunca hacía prólogos para nadie. El rebaño (La Esfera de los Libros, 2021) es el motivo de esta entrevista o quizá la excusa feliz y celebrada para conocer un poco más a este fenómeno que junto con otros autores-activistas-disidentes (táchese lo que considere que no proceda) encabezan con su crítica pública a un movimiento de gentes, de ciudadanos descontentos, hartos, desconfiados y/o sufrientes del Matrix woke en el que estamos inmersos y que pagamos sobradamente con el sudor de nuestros impuestos, de todas las tasas habidas y por haber. Jano García es economista de formación y eso se nota, pero no le impide hablar de historia, de filosofía, de antropología o de pensamiento y que lo comprendamos. Si solo fuera economista no lo entenderíamos, quizá, y a Jano lo entienden hasta los que no lo tragan, que alguno hay. Porque es incómodo. O porque es sensato. Y la sensatez es peligrosa para los que nos obligan a aceptar obedientemente la majarada diaria y subvencionada. 

256718104 426789288904832 7961502065065084273 n 1El nuevo libro ya ha alcanzado la segunda edición, lo cual nos hace sospechar que hay 25.000 personas al menos que no quieren formar parte de un rebaño.

Sí, ojalá sean más en número, pero de momento está funcionando bastante bien y ahora viene la campaña de navidad que eso seguramente ayudará y dará un impulso.

¿Qué le ha movido a escribir ‘El rebaño’?

Principalmente porque estamos en una época en la que muchos temas son tabúes y nos dejamos llevar mucho por lo políticamente correcto. Hay ciertas cuestiones que desde luego nos afectan en nuestro día a día y no hay en realidad un debate transparente al respecto. Existe mucho miedo a dar ciertas opiniones que están en la calle aunque no de forma oficial.  Eso se palpa en los resultados electorales con los que mucha gente se lleva la mano a la cabeza cuando ciertos partidos o ciertas ideas obtienen mucho apoyo popular. De todos modos creo que era importante abrir debates entre otras cosas para evitar que lo que pasó al principio del siglo XX se repita al comienzo de este siglo. 

El subtítulo es ‘Cómo occidente ha sucumbido a la tiranía ideológica’. No es el primer autor que señala esto, pero, en efecto, parece que Occidente ha perdido la cordura.

Sí, estamos ahora mismo en una época de histeria colectiva. Lo vemos ahora mismo también con la pandemia. Los datos y la razón se abandonan, y a través del miedo y de la venta de mensajes apocalípticos se consigue crear ese rebaño que está asustado y que necesita que venga el pastor de turno para protegernos. Ciertamente hay muchas cuestiones que estamos viviendo que son muy discutibles y sobre las que no existe un debate razonable al respecto. 

Habla usted de la alogocracia. Explíquenos el concepto.

Lo podríamos definir como el gobierno de los desprovistos de razón y lógica que se ubican en eso que comento, que es utilizar los sentimientos para manipular a la población y hacerle transcurrir en un sendero que desde luego no trae nada bueno. Es el abandono absoluto de lo que son los hechos y la realidad. El gran enemigo de la alogocracia podríamos decir que es la realidad. Como la realidad es el enemigo hay dos opciones; o bien se deforma o bien se niega, y estamos en ambos extremos. Existe esa dualidad conjunta que se utiliza para no querer aceptar cosas que, más allá de que nos gusten o no,  son las que son. Nosotros no podemos cambiar la realidad. Simplemente tenemos que aceptarla, y a través de la realidad podemos cambiar los aspectos negativos que esta tiene. 

Considera superados los conceptos ‘izquierda’ y ‘derecha’. Sin embargo nos seguimos moviendo por esos referentes. 

Una cosa es el aspecto ideológico. La izquierda tradicional y la derecha tradicional hoy en día no tienen grandes diferencias. Otra cuestión sería  a la hora de hablar. Es muy útil y eso nunca va a cambiar. Nos ayuda a detectar a una persona cuando se define de derechas o de izquierdas, cuáles son los postulados que, a priori, defiende. Sin embargo, y poniendo de ejemplo la Unión Europea, sin ir más lejos, con los grandes grupos como el partido socialdemócrata y el partido popular europeo, en cuanto salen estos dogmas que abordo en el libro (que son la igualdad, el cambio climático, el racismo, el feminismo…), todo ellos lo compran. Y votan en la misma dirección y defienden los mismos postulados. No existen diferencias reales. Podemos decir que la rivalidad entre la izquierda y derecha tradicionales ha desaparecido. Sin embargo, obviamente, sigue siendo muy útil la etiqueta para que la gente pueda detectar rápidamente quién es el supuesto enemigo que viene a arrebatarnos los derechos y las libertades que tenemos en Occidente. 

No comparte usted la definición de ‘marxismo cultural’ sino que habla de ‘hegemonía cultural’ y se centra en la figura de Gramsci para explicarlo. Él defendía la educación de la sociedad civil , que es lo que se está haciendo en la actualidad y con todas las herramientas. 

Gramsci es un tipo verdaderamente interesante, porque al principio cuando él empieza a analizar la denominada revolución del proletariado se suponía como había dicho Marx  y los grandes teóricos del comunismo que previamente debía haber una industrialización. Y que posteriormente, cuando hubiera un gran número de obreros, sería cuando se podría asaltar el poder . Sin embargo, cuando lo encarcelan, se da cuenta que la revolución había triunfado en Rusia , que es un país agrícola, no industrializado.  Y que esa revolución no ha triunfado en Alemania ni en el Reino Unido. Y se pregunta por qué, qué es lo que ha pasado. A partir de ahí hace un diagnóstico que me parece brillante – más allá de las diferencias ideológicas que, obviamente, las hay, por no decir todas- , un análisis en cómo se consigue y qué es el poder. Tenemos que entender el contexto de su época, cuando escribe sus Cuadernos, con una población católica que es el 99% en aquel entonces. Y advierte sobre tres pilares: la educación, la religión y los medios de comunicación. Esa religión ha sido sustituida por estos nuevos dogmas. Y luego se trata, en realidad, de conquistar todos los estamentos sociales. Y eso es lo que ocurre hoy en día. Lo podemos comprobar con cualquiera de los dogmas. Vemos cómo desde las grandes empresas, multinacionales, bancos, pasando por el operario, todos compran al menos uno de esos dogmas. El sujeto político que por aquel entonces era el obrero, ha sido sustituido por nuevos sujetos políticos, muchos de ellos invariables; el obrero puede serlo pero mañana convertirse en empresario,  pero si eres mujer o negro lo eres siempre. Aunque también está el tema de los transexuales y esa lucha entre las propias feministas, porque se les desmonta lo que habían construido. 

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Hay que tener en cuenta una cosa que es muy importante en la Historia, sobre todo en la reciente: cuando cae el Muro de Berlín el socialismo piensa que su debacle ha sido tan injustificable, tan indefendible, que busca cómo tirar hacia adelante. A través del posmodernismo, de la relatividad de la verdad y de los sentimientos articula su única huída. Y lo preocupante no es que ellos lo hagan, cosa que me parece muy bien porque cada uno defiende sus intereses, sino que la derecha tradicional se haya sumado a eso y haya aceptado todos esos dogmas. 

Ahora que habla desde la perspectiva histórica, si algo se está haciendo con descaro es la manipulación de la misma. Se venden cuentos, no se enseña Historia. 

Y se reescribe en muchos aspectos. Porque se trata de hacer coincidir la moral de los personajes históricos con la moral actual. Y para eso sólo puedes hacer una cosa, que es deformarla. Y si no se reescribe, se extirpan los pasajes de la Historia que no te convienen. Esto lo hemos visto con el movimiento Black Lives Matter, por ejemplo. Se han cometido auténticas locuras, incluso derribar estatuas de personas que lucharon contra la esclavitud. Es un delirio colectivo en el que estamos, pero ciertamente la Historia juega un papel muy importante. No es casual que todos los regímenes totalitarios , todos sin excepción, una de las primeras cosas que hacen es utilizar la Historia y ciertos símbolos para así defender su causa. 

Hace unos días se celebró el 25-N, Día contra la violencia a la mujer. Todos han comprado el discurso, pero los datos no solo dicen lo contrario, sino que siguen siendo los hombres los que más mueren víctimas de la violencia en general. 

Aquí está el debate y hay dos cuestiones. La ‘violencia de género’… Ya para empezar el calificativo es perverso, porque a la violencia se le añade un adjetivo que viene a decirnos que existe un odio contra la mujer. Lo cual es muy curioso porque cuando uno ve los datos desde que se aprobó la Ley Integral de la Violencia de Género, la media de mujeres asesinadas es superior a la que había cuando no estaba esta ley. Este es un dato que generalmente la población desconoce y que tampoco se da. El utilizar una especie de ‘feminicidio’ que los datos no corroboran desde luego que es una manera de crear esa supuesta lucha que todavía queda y que es infinita, porque esto también está manipulado. Dicen que aumentan los delitos de odio pero es que ahora se considera delito de odio que un hombre lea el Whatsapp de su novia, o que le dé un grito en una discusión, o que incluso la piropeen por la calle. Si estamos considerando delitos de odio ese tipo de prácticas, evidentemente claro que aumentan las cifras. Y lo que sale en los medios de comunicación, en las portadas, es eso: ‘Aumentan los delitos de odio’. Y en el imaginario colectivo lo que permanece es “la cantidad de trabajo que aún queda por hacer”. Con más fondos públicos. Es una vorágine de sinsentido absoluta.

Declarar eso le pone en la tesitura de que se nos tilden de fascistas. A usted por decirlo y a mí por preguntarlo. 

Hombre, por supuesto. Esto también hay que tenerlo en cuenta, y son las ‘masas de acoso’ que yo recojo en el libro, y es una práctica que lleva dándose a lo largo de la historia. Desde la antigua Grecia, pasando por el Imperio Romano, hasta principios del siglo XX que ya hay vídeos para ver cómo actuaban. Pero es que requieren de una etiqueta para expulsar del debate a cualquier persona no ya solo que sea contraria frontalmente al discurso, sino que simplemente muestre un mínimo de duda o un  atisbo de duda respecto a lo que se está vendiendo, ese oficialismo que si no compras todo el pack de principio a fin entonces ya eres etiquetado con cualquier ‘ista’. Ya puedes ser machista, racista, o negacionista. En realidad son términos que han perdido su uso y su significado. No significan nada. Pero lo cierto es que sí juegan un papel fundamental a la hora de manipular a la sociedad. Y mucha gente, cuando se dan esos linchamientos hacia el distinto, practica la autocensura, que me resulta tremendamente preocupante y que hace parecer que todo el mundo opina lo mismo. 

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Es lo que denomina en el libro el ‘postureo ético repugnante’.

Así es, sí. No puedo estar más de acuerdo conmigo mismo. (ríe)

Este es un libro escrito con la sencillez y el estilo directo que le caracteriza en las redes sociales. ¿No le han censurado nunca?

Sí, en muchas ocasiones. Incluso me han eliminado cuentas. Esto ocurre. Pero bueno, también hay que intentar cosas diferentes. Cuando empecé con los podcasts lo hice para ampliar el radio de acción, porque son muy pocas las plataformas que controlan todo esto. Cuando uno habla de Facebook, Instagram o Whatsapp lo hace de la misma empresa. Luego tienes Twitter y Google. En realidad es el oligopolio de la big-tech que son tres empresas que controlan todo. Y voy buscando otros sitios en los que pueda expresarme con libertad, pero desde luego que cada vez es más complicado. Y luego también está el factor éste de los ‘verificadores’. Todo esto se envuelve en una causa noble, en este caso luchar contra la desinformación y ‘protegernos’. En realidad es la nueva forma de censurar pero viene disfrazada de bondad. 

Usted escribe sobre algo que llevan años avisándonos gente tan dispar ideológicamente como Juan Manuel de Prada, Federico Jiménez Losantos o Arturo Pérez Reverte. Jano García recoge un testigo para, de  alguna forma, ofrecer un relevo generacional. 

Sí, yo diría que este proceso lleva décadas produciéndose, pero se ha acelerado mucho en los últimos cinco o seis años. Ha pegado un acelerón muy importante. Hay que recalcar esto que has comentado: es con gente dispar ideológicamente. No estoy muy de acuerdo en muchas cuestiones con los nombres que has citado, pero es que esto no ya una cuestión ideológica. Yo cito casos en el libro de profesores de renombre de EEUU o Reino Unido, de ideología progresista, gente de izquierdas, que también han sufrido esta ‘cultura de la cancelación’ , que han perdido sus puestos de trabajo, que han tenido incluso que irse de las ciudades en las que vivían con su familia para no ser linchados. Realmente el que crea que esto no le va a afectar se equivoca. Pasa como con el tema del certificado Covid. La mayoría de la población está vacunada y le da igual porque los que no lo estén pues ya se apañarán. Pero hoy son los que no estén vacunados; mañana serán los que solo tienen dos dosis, pasado mañana serán los que solo tienen tres… Es una vorágine que en el cortoplacismo en el que habita occidente, y que también tiene la democracia, esto no se ve. Y cuando se ve ya es demasiado tarde. Es importante, por supuesto, seguir dando esa batalla y sobre todo no tener miedo, independientemente de cuales sean las ideas que uno defienda. ¿Desde cuándo tenemos que preguntar para no ofender a una capilla de miserables qué es lo que queremos o no queremos decir?

Habla en ‘El rebaño’ del ‘nuevo hogar de los subversivos’. ¿En qué lugar está Jano García? ¿En la resistencia o en la subversión?

Creo que tenemos que dar el siguiente paso. Yo he estado en la resistencia, por decirlo de alguna manera, pero creo que cada vez hay más gente que se niega a todo esto. Es algo que palpo personalmente. Por sacar algo positivo de lo que estamos viendo con la pandemia, hay mucha gente que ha descubierto que todo este rollo de salvar el planeta, cargar con salvar a la humanidad a través de altas tasas impositivas y demás, pues cuando uno tiene la cartera llena se lo puede permitir. Está muy bien salvar a la foca del mar Caspio. Pero cuando  tus necesidades básicas ya no están cubiertas, te cuesta pagar la hipoteca y el colegio de tus hijos, ahí empiezas a plantearte si realmente el modelo que estamos siguiendo es beneficioso o no. Y ciertamente no lo es. Sólo hay que ver las tasas económicas de crecimiento que tiene Europa, o  los problemas sociales que tenemos derivados, en cierta manera, de esa idea utópica de que todo el mundo es bienvenido con la inmigración.  Existe desde luego ese componente subversivo de decir ‘hasta aquí’. Lo que es también cierto es que nuestra generación- en la que me incluyo -, los que hemos nacido después de la dictadura franquista, en democracia, con todos los derechos y libertades del mundo, todavía no nos damos cuenta de que la estamos perdiendo paulatinamente. Si yo hago un repaso de mi propia vida puedo decir que cada año que pasa noto cómo mis libertades cada vez son menores.

Ha tenido la tremenda suerte de que el libro ha sido prologado por Antonio Escohotado. Él era optimista.

Escota decía una cosa que era muy interesante. Siempre sostenía que lo que había que crear era la ‘guerrilla de la concordia’. Y creo que eso es por lo que deberíamos luchar, porque ahora mismo, si nos damos cuenta, intentan dividirnos, etiquetarnos y criminalizarnos. Es una dualidad que necesita todo régimen totalitario: los arios y los judíos; los blancos y los negros; burgueses y obreros…  Y ahora estamos en una época en la que, o compras todo el pack del feminismo y demás, o eres un fascista. Esa manera de intentar dividir a la población es algo muy beneficioso para el poder político y así ellos poder llevar a cabo su agenda y sus prácticas. A parte del prólogo de Escota, que desde luego fue un honor, me quedaría con la ‘guerrilla de la concordia’.