Jesús Tamayo, director de Proyecto Hombre en Córdoba: “Las adicciones no se pueden tratar igual en un hombre y en una mujer”


Hablamos esta semana con el responsable de la entidad que previene y trata adicciones cada vez más numerosas en una sociedad de recompensas fáciles y rápidas

Según su página web “Proyecto Hombre aborda las adicciones a través de un método biopsicosocial que persigue la maduración y el crecimiento de la persona”. Dicho así parece algo críptico pero en realidad tiene que ver con el corazón y la buena voluntad. Desde 1984, a nivel nacional, y diez años más tarde en Córdoba, Proyecto Hombre trata de sacar a las personas del infierno de las adicciones; un averno de desestructuración, ausencias familiares, despidos laborales, rupturas y sobre todo, pérdida de la propia dignidad humana. No es un campo terapéutico fácil ni se conoce aún todo sobre él. Para empezar, si la persona no da un primer y sincero paso para la recuperación poco se puede hacer. Ese es uno de los dramas que viven muchas familias porque no pueden lidiar con la enfermedad de un hijo, un padre o una esposa que en realidad no está preparada para esa recuperación. Pero si ello se produce, asociaciones como Proyecto Hombre acogen y acompañan a aquellos que tanto sufren. Porque la adicción es sufrimiento. Propio y compartido. 

En su afán de hacer cosas por los demás. Jesús Tamayo (Córdoba, 1975) recaló en Proyecto Hombre tras haber pasado por el Seminario- no se ordenó-  y trabajado en barrios como las Moreras. Se ha formado en educación y habla con serenidad, pausadamente, sabiendo lo que dice porque sus palabras son el resultado  de la experiencia personal y colectiva obtenida con el equipo de profesionales y voluntarios que le acompaña. 

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¿A qué nos enganchamos y por qué?

Nos enganchamos a aquello que nos hace sentir que estamos bien, que nos hace sentir que no estamos solos o nos hace sentir seguros. Todo aquello que es un sucedáneo de nuestras necesidades primarias: seguridad, alimentación, amor…

Por tanto, ¿todos podemos convertirnos en adictos?

Si no conocemos nuestras necesidades o cómo cubrirlas, aquello que encontramos para hacerlo se puede convertir en un comportamiento repetitivo, y dependiendo de ese comportamiento y de cómo tenga el resto de áreas de la vida, se puede llegar a desarrollar una adicción en el sentido de que no podemos vivir sin eso, y que nos provoque, aunque sea de manera psicológica, un síndrome de abstinencia.

¿A cuántas personas atiende la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre en Córdoba?

Se mantiene una medida de 40 a 45 personas diarias. 

Y por sustancias ¿qué es lo que más trae a la gente a un centro como éste?

El abuso del alcohol y de la cocaína. Principalmente esta última. Por el alcohol sólamente no vienen y son sustancias que compaginan aquellos de este perfil. 

¿Tan fácil es conseguir cocaína?

Sí. Es muy sencillo. Si preguntas a cuatro o cinco personas que encuentres por la calle, alguna de ellas sabe dónde conseguirla, si no para sí misma es porque lo haya escuchado. En cualquier centro comercial, administración pública, pequeños comercios, estadios deportivos, locales de ocio nocturno y diurno…

Hay por tanto ahí fuera una realidad que muchos desconocemos ¿no?

Bueno, yo creo que cada vez es más conocida. Cuando hablas con las familias de quien nos pide ayuda, no lo saben por su familiar pero sí por otras familias del entorno, o de vecinos o conocidos que consumen y que cuando han ido a tomar una copa o a cualquier  otro sitio han ido al baño para comprar, o saben de alguien que vende… Hay un porcentaje muy alto  de la sociedad que tiene conocimiento de esto. 

El familiar pide ayuda pero el adicto no. ¿Cómo llegan aquí los enfermos?

El 85 o 90% de familias que atendemos vienen precisamente por la familia, no por la persona adicta. Acuden por desesperación, preguntando qué hacen para traer aquí a su familiar. Puede que haya un momento final en el que no se quiera romper del todo la relación y como última opción se viene a Proyecto Hombre o cualquier otro tipo de centro para iniciar un  proceso de recuperación. De hecho el 99% de los que acceden a nuestros procesos lo hacen para no perder un puesto de trabajo, una relación de pareja o la familiar, y porque realmente vean necesario cambiar su estilo de vida.

¿Y si no lo ven? ¿Qué porcentaje de éxito hay?

El porcentaje de éxito es para todos, porque nosotros trabajamos directamente con eso. Nuestro trabajo durante el primer mes es que la persona cree un vínculo con nuestro centro, con su terapeuta y con su grupo. Y que empiece a identificar cuales son los problemas que hay en su vida y que le han traído hasta aquí. Sin culpar a la sustancia o al comportamiento adictivo que mantenga ni a la familia. Antes de ir a una comunidad terapéutica hay un proceso de deshabituación cuyo objetivo principal es que la persona descubra cuales son sus necesidades de cambio personales para evitar mantener una adicción. Nuestro índice de éxito es bastante alto. Llegamos al alta terapéutica con un 30 o 35 %, que se considera un índice bastante alto en la media nacional. Si estamos hablando de los que abandonan el proceso antes del alta terapéutica y no vuelven a consumir, pues no tenemos números, pero sabemos que muchos de ellos no regresan o  vuelven con el tiempo y es cuando finalizan su proceso.

¿Se puede trazar un perfil o las adicciones afectan de manera transversal?

A ver, lo que hemos comentado en muchas ocasiones es que el perfil conocido es el de la persona con desestructura familiar, económica, con pocos recursos a su alcance a los que acudir, y que tarda mucho en identificar dónde pedir ayuda. Hace ya muchísimo tiempo que esto cambió. 

Por nuestra casa pasan empresarios, esposas e hijas de personas conocidas socialmente, familiares  de altos cargos ejecutivos de distintos medios de comunicación, figuras políticas normalmente no de la provincia – porque tienen  cierto pudor a que se les conozca y en parte entiendo- y no tienen nada que ver con el clásico toxicómano que se conoce desde el origen de estos centros. Cuando hablamos de perfil tenemos que hacer de una persona con baja tolerancia a la frustración, muy baja tolerancia al fracaso, que se siente habitualmente muy sola aunque no lo muestre a los demás, y cuyo entorno y medios de satisfacción habituales no le reconfortan lo suficiente como para sentirse feliz o realizado. Estas personas, si nos vamos atrás, han tenido carencias en sus procesos madurativos que las han llevado a sucedáneos que cubran sus necesidades. No solo las básicas, sino las necesidades de recompensa, de superación o de éxito en la vida. Pero ¿qué es el éxito en la vida? Tenemos demasiados estereotipos en la sociedad que definen nuestra felicidad, y mientras la persona crea en eso va perdiendo cosas por el camino y cubre muchas de sus necesidades vitales con sucedáneos, que a muchos les sirven para sobrevivir pero a otros no. 

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Es cierto que la mayoría de personas que acuden a nosotros son personas con una gran sensibilidad. Cualquier cosa no les vale. Tuvieron en algún momento un contacto con esta conducta adictiva, que eso les varió y se convirtió en repetitivo hasta el punto  de que se ha vuelto en algo absolutamente importante. Y empiezan a perder el centro de su vida para ponerlo ahí. 

Hay diferencias no obstante entre los que ingresan en una comunidad terapéutica a los que están en un programa ambulatorio. Los del programa ambulatorio no han llegado a ese punto. Han tenido la suerte de contar con personas que les rodean, que les mantienen ciertos pilares o no han perdido algunos valores que se les inculcaron de pequeños y que les llevan a no dar ese paso, a no cruzar ese límite. Y ahí se mantienen, con unas relaciones laborales aparentemente sanas, actividades de ocio que les van bien, y acuden aquí cuando algunos de los pilares que para ellos son importantes fallan, que normalmente son las relaciones de pareja.

Respecto a las recompensas y la tolerancia a la frustración, creo que vivimos en una sociedad que fomenta unas pero no la otra. 

En Youtube podemos encontrar a una educadora que habla de lo importante que está siendo el smartphone para nuestros pequeños porque además de una recompensa inmediata no deben trabajar nada para obtenerla. Ni mentalmente siquiera. Solo con mirar una pantalla obtenemos todo lo que necesitamos. Hay una escasez en el desarrollo de la creatividad y de la inteligencia emocional en nuestro pequeños,- y que son el futuro- que si no le ponemos remedio van a producir consecuencias serias que ya estamos viviendo. 

Volvemos de nuevo al perfil y al cambio que usted señalaba.

Las personas que llegaban al principio a Proyecto Hombre eran personas con un nivel cultural muy bajo, poca inteligencia emocional y si no procedían de familias con pocos recursos, lo hacían de familias que sí tenían recursos pero con una desestructura en los roles familiares muy grande. A día de hoy el nivel cultural ya no es tan bajo, la escasez de recursos tampoco es tan habitual y cada vez son más los que tiene un estatus medio/alto. Lo que destaca es la carencia brutal en inteligencia emocional. No saben gestionar las emociones. Y hay una necesidad de la prontitud en aquello que buscan. No hay paciencia ni una reflexión detrás de un fracaso. Si fracasan por una vía buscan otra, pero las vías van muriendo. Una persona que no sea creativa si va eliminando todas las vías según va fracasando en ellas, las opciones para convertirse en alguien autorrealizado son más escasas. 

El proceso terapéutico que se sigue en Proyecto Hombre ¿es reeducativo o de acompañamiento?

Hay una parte reeducativa al inicio, porque hay que sustituir una serie de hábitos y aprender otros que no se han experimentado nunca. Pero en su mayor parte consiste en un proceso terapéutico de acompañamiento. Nosotros acompañamos. Ponemos a disposición de la persona herramientas terapéuticas para que se encuentre y crezca, pero nunca debemos intervenir en ese proceso de crecimiento. Nuestra intervención es para provocar la situación en la que se encuentre cara a cara con su verdad. 

¿Cómo se mantiene Proyecto Hombre?

Pues con mucho esfuerzo (ríe). El 40% proviene de donativos y aportaciones, principalmente de las familias a las que atendemos, entidades y particulares, porque quieren echar una mano. El resto son subvenciones y proyectos que se nos aprueban por parte de la administración para llevarlos a cabo. 

¿Y cuales son los proyectos más inmediatos en Córdoba?

En Córdoba queremos proporcionar mejores recursos, específicos para mujeres y desarrollar otros para personas con trastornos de salud mental en cuanto a tratamiento. Por otro lado, queremos acortar los procesos de reinserción y aumentar las opciones formativas de inserción laboral. En cuanto a la financiación estamos buscando opciones que no provengan de las administraciones públicas ni de la caridad. Buscamos autoabastecernos, no solo en materia prima sino también económicamente. 

¿Es más difícil el tratamiento de las adicciones en las mujeres que en los hombres?

Sí.

No trato de hacer una pregunta de carácter machista.

No, para nada. Es un apunte que evidencia el machismo y la falta de equidad de género que existe aún en nuestra sociedad. Durante décadas nos hemos formado para dar la misma respuesta tanto a hombres como a mujeres, cuando en realidad las necesidades son diferentes. Hace tan solo cinco o seis años en los que hemos tomado conciencia de que a un hombre y a una mujer no se le puede tratar de la misma manera, ni sanitaria ni terapéuticamente. Igualdad y equidad no es lo mismo. Ese concepto nos ha costado entenderlo. A esto añadimos la dificultad que tiene para una mujer en nuestra sociedad adherirse a cualquier tratamiento, por las cargas familiares, porque aún existe un estigma social que se deposita sobre ella – a diferencia del hombre- , o por las cargas laborales sumadas a las del hogar. Es lo que tenemos a día de hoy. Podemos hablar de una mayor igualdad pero la realidad en nuestra sociedad es otra. Decir que hemos avanzado mucho sería mentirnos. Y eso ya dificulta que la mujer acceda a nuestros tratamientos. 

En España sigue habiendo muy poca diferencia aún  entre una comunidad terapéutica mixta y otra masculina. Desde que comenzaran estas asociaciones como El Patriarca, Proyecto Hombre o Arcoiris se crearon comunidades terapéuticas masculinas y de hecho algunas de ellas se mantienen en la masculinidad por la dificultad que entraña trabajar con hombres y mujeres con carencias afectivas dentro de un espacio en el que están conviviendo. Y no se eliminan a los hombres de las comunidades terapéuticas, sino a las mujeres. No hablo de todo el mundo, ojo. Pero esa es la tendencia. El porcentaje de atención a las mujeres es mínimo; hemos conseguido subir en Andalucía entre el 15 y el 20 % de mujeres en relación a los hombres atendidos. 

 

Ha hablado antes de enfermedades mentales. ¿A la adicción se llega por una enfermedad mental o existen enfermedades mentales debido precisamente a las adicciones?

Es difícil de definir. La mayoría de las enfermedades mentales con las que tratamos  se han provocado por el consumo o se han potenciado por el mismo, han empeorado. También hay personas que por una enfermedad mental llegan al consumo, pero es una minoría. 

¿De qué se siente más satisfecho el responsable de Proyecto Hombre en Córdoba?

Profesionalmente me satisface que en la provincia de Córdoba se nos conozca, y que tengamos recursos para que las familias que necesitan de nosotros puedan acudir no solo a través de nuestro teléfono. sino a través de otras familias, ayuntamientos o entidades que colaboran con nosotros, porque hemos ido desarrollando ese tipo de presencia. Me siento satisfecho de que hayamos avanzado en los procesos de reinserción y en nuestra situación económica para poder dar respuesta a aquellas familias que no tienen recursos. Pagar un proceso terapéutico privado es una barbaridad, por el coste que tiene, no porque sea con fin lucrativo. 

Y personalmente me siento muy orgulloso de contar con un equipo que vive la misión de nuestro programa como sus propios proyectos de vida