Alfonso Morales, presidente de la Federación de Peñas Cordobesas: “La peña es una escuela de convivencia”


Hoy domingo se entregan los Potros de Oro que otorga la federación. Hablamos de peñas y peñistas con su presidente

No parece que le guste el protagonismo a Alfonso Morales (Córdoba, 1955) aunque ostente el cargo que él mismo ha limitado a dos mandatos. Si peligroso es que un presidente del Gobierno o de la Comunidad Autónoma se eternice en el cargo, también lo es en un estamento como la Federación de Peñas, que articula, ordena y promueve una de las expresiones sociales y humanas propias de los cordobeses desde tiempo casi inmemorial, aunque de vida oficial hayan cumplido sobradamente los cien años. De esa costumbre local de reunirse en clubs o asociaciones ya daba cuenta Ricardo de Montis en sus Notas Cordobesas de primeros del siglo XX, pero no sería hasta 1964 que el alcalde Guzmán Reina promovió la creación de esta federación, en unos tiempos complicados jurídicamente para asociarse.

Morales ahora las preside por segundo mandato y espera marcharse dentro de dos años, cediendo el testigo. Nos recibe en una sede que huele a cocina casera y a turismo, todo el que ha regresado a la Judería tras el virus o con él pero convenientemente vacunados. Esta semana – hoy domingo- tiene lugar uno de los actos centrales de la federación, que es la entrega de los Potros de Oro, y Alfonso Morales, comandante de infantería retirado, nos recibe entre estandartes y banderas de un salón que ha conocido más bullicio- seguro- no hace mucho y que espera recuperar la normalidad de las asambleas y el buen vino poco a poco.

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 ¿A la peña se llega por tradición, por herencia o porque uno se hace mayor?

Por herencia no creo, aunque es verdad que hay muchos hijos en las peñas porque sus padres son o han sido peñistas. Pero no son todos. Por tradición, yo pienso que sí, porque las personas que somos amantes de las tradiciones encontramos en la peña la garantía de conservarlas. Somos garantes de las tradiciones, de las costumbres y las raíces.

Por la edad tampoco creo. No se llega a una peña con 20 o 25 años porque o estás estudiando o empezando a formarte un porvenir. La edad joven en las peñas oscila entre los 35 y los 40, que es la madurez, una etapa que suele pillarte con niños pequeños y ya no puedes salir como antes (ríe). Durante la pandemia se han asociado algunas peñas, cuatro o cinco, sobre todo de gente de cuarenta y tantos años, que como digo es la edad con la que la gente suele entrar en una peña.

¿Qué busca un cordobés en la peña?

A la peña se le define como un fenómeno sociológico. En ella se reúnen una serie de amigos en los ratos de ocio o descanso para exaltar la amistad, que es tan bonita. Eso es lo que se puede buscar en una peña: un grupo de amigos con las mismas aficiones y más o menos las mismas ideas.

¿Cómo ha afectado el confinamiento y la pandemia al mundo peñístico?

¡Uf, la pandemia! Pues ha afectado como a todos. Lo hemos pasado mal y todavía lo estamos padeciendo. No se han podido abrir y además al tener miembros de 60, 70 y 80 años, se ha pasado más miedo. No fue solo el confinamiento sino el miedo a salir después. Las peñas han estado cerradas, como todo, pero ellas han estado más tiempo porque ha habido prudencia a la hora de reunirse dentro de las sedes. Los únicos ingresos que tiene una peña son las cuotas de los socios y las consumiciones dentro del local, que suelen ser baratas. Con eso se hace frente a los gastos corrientes como la luz, el agua y el alquiler de la sede, aunque hay algunas que afortunadamente son propietarias, pero eso son pocas.  En el aspecto económico lo han pasado muy mal. Desde la federación les hemos ayudado en algunos actos, corriendo con los gastos y colaborando en parte de los gastos corrientes. De 152 peñas que somos, solo una tuvo que cerrar el local por no poder hacer frente al alquiler.

Poco a poco vamos recuperando la normalidad. Hace poco hicimos el día de convivencia aunque no quisimos reunir a 3 o 4 mil personas, porque creemos que no es el momento de hacerlo. Aunque ya se está juntando muchas más, como he visto en la prensa, con las cofradías, cosa que respeto absolutamente. El acto lo celebramos en el Jardín Botánico con las autoridades y cada peña hizo su perol en honor a San Rafael en su sede.

¿El peñista no es cofrade?

Sí, claro. Y eso siempre lo llevo yo a gala. Antes, hace más de seis años, no había comunicación con las cofradías, o con asociaciones como la de Los Amigos de Los Patios. Pero si los cordobeses somos peñistas, y cofrades y nos gustan los patios… Yo personalmente soy hermano del Esparraguero, de la hermandad de San Álvaro. La relación de las peñas con las hermandades de gloria como Santo Domingo o Linares es total.  También soy socio de Los Amigos de Los Patios desde hace veinte años. Como digo, el cordobés es peñista y cofrade. En el tema de las asociaciones de vecinos no entro, porque son de otra forma…(ríe), aunque también muchos pertenecemos a las asociaciones vecinales de nuestras barriadas. Yo no entendía que los colectivos fueran cada uno a su aire, porque yo tengo buena relación con todos y lo que hacemos juntos es sumar por Córdoba.

Ahora que habla de las asociaciones de vecinos y del papel que realiza, también durante un tiempo se pretendió que las peñas fueran de alguna forma un grupo de presión política.

Las peñas son apolíticas. Evidentemente cada uno tiene sus ideas, que son respetadas, pero nunca han sido grupo de presión política. Uno de los artículos de nuestros estatutos lo señala: no tenemos signo político y nuestra misión es ser garantes de las tradiciones de Córdoba. Y presionar, no. Yo soy una persona de consenso. Prefiero contar con la gente a través del consenso y del diálogo.

Pero no me negará que sí se les ha tratado de instrumentalizar en alguna que otra ocasión.

Supongo que algún político habrá querido. Conmigo no ha habido intentos, porque saben la respuesta. Aunque lógicamente cuando llegan las elecciones Alfonso Morales puede ir a votar como cualquier español. Sé que se hablaba en las primeras elecciones a la Federación en las que yo me presenté, en octubre de 2015, de que mi candidatura era la del Partido Popular. No sé por qué, porque yo me llevo bien con todos los grupos políticos y creo que ninguno puede hablar mal de mí.

No me refería a su mandato.

Bueno, hubo un presidente que se presentó a las elecciones municipales unos meses antes de que acabara su mandato y salió por el partido socialista en el Ayuntamiento de Córdoba. Pero bueno, si vienen a por ti y tú lo ves bien, eres libre de hacerlo. Si te pilla joven, claro. Yo tengo ya 66 años, me quedan dos años de presidente ¿Me voy a meter después en otro jaleo peor que éste? (ríe). Los de los 40 a 50 años son la gente que tiene que estar arriba en el poder.

Las formas de relacionarse socialmente han cambiado mucho en los últimos años ¿Cómo afecta eso a las peñas?

Creo que no le afecta porque la idea de la peña sigue siendo la misma: la reunión de una serie de amigos que comparten intereses. Y en vez de irte a un bar, o a otro lugar, lo haces en tu sede y también echas el rato. Eso va a seguir siempre así. Y las peñas, por lo menos mientras yo esté, no se van a venir abajo. Y eso que hemos pasado la peor mala racha de nuestros 100 años de historia. Es verdad que en una peña no ves a gente de 20 años como en una cofradía, en la que están de costaleros debajo del paso, algo que puede ser devoción o folklore también. La peña es una escuela de convivencia. En la peña se aprende a convivir, se aprende a respetar. Es muy difícil que en la peña haya riñas. Muy difícil. Puede darse el caso, no digo que no, pero somos escuela de convivencia. Aprendemos a saber estar y a respetar al compañero.

¿Qué tradiciones se hubieran perdido si las peñas no hubieran sido depositarias de ellas?

Las romerías no porque sus hermandades son centenarias, pero el esplendor que les dan las carrozas ornamentadas por las peñas, eso les hace mucho. Y después el juntarnos allí, tanto en un sitio como en otro, con el clásico perol cordobés – que es otra escuela de convivencia- también lo enriquece. La Batallas de las Flores es algo que repescó la Federación: hubo una en el año 1915, pequeña en cuanto a recorrido, y después ya no hubo más hasta después de la Guerra Civil. Fueron las unidades militares que estaban en Córdoba (Lepanto, Artillería, el parque de automovilismo con alguna carroza del Ayuntamiento) y el Círculo de Labradores, creo que también, que hicieron cuatro o cinco carrozas para esas Batallas de Flores. Este año la haremos, si Dios quiere, el 2 de mayo. Y respecto a la cabalgata de reyes, no somos colaboradores sino organizadores junto con el Ayuntamiento, y llevamos más de treinta años.

También destaco la verbena de la Virgen de los Faroles, en el Triunfo junto a la Puerta del Puente. Esa verbena, a finales del siglo XIX, se celebraba en la calle Cardenal Herrero, junto al cuadro de la Virgen, cerca del caño, por eso se conocía popularmente como la verbena del ‘caño gordo’. Después de la guerra dejó de hacerse y hace 32 años que la recuperó la Federación de Peñas.

Ahora estamos tratando de recuperar la romería de Pedroche, que yo recuerdo de pequeño. Yo vivía en el barrio de Cañero y mi padre me llevaba con un triciclo de tres ruedas que tenía entonces, a la altura de donde está ahora la incineradora de Cosmos. El otro día lo hable con el cronista de la ciudad, y también de la Federación, Julián Hurtado de Molina, y vamos a intentar recuperar también esa romería.

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¿Cómo serán las peñas del futuro?

Tendrán que estar cada vez más unidas, porque lamentablemente es cierto lo de ‘divide y vencerás’. No sé  cómo va estar la vida socialmente, pero espero que por lo menos no ‘bajemos el pedal’ y que sigamos estando al frente de la ciudad, sumando por Córdoba y defendiendo sus tradiciones.