Lorena Guerra, agricultora: “Elegí la agricultura por vocación personal y me siento una privilegiada”


Entrevistamos esta semana a esta joven agricultora que triunfa en Instagram y ha creado su propia marca de ropa

Como anda enfrascada en plena campaña de siembra, quedamos con Lorena Guerra, (Llerena, Badajoz, 1988) en la capital cordobesa, a la que acude desde su explotación agrícola de Cuenca, una aldea de Fuente Obejuna. Hemos elegido los Jardines de la Agricultura, no obstante, para que el marco sirva como pequeño homenaje a la recién premiada en la categoría de ‘’joven emprendedora’ en los galardones ‘Felipe González de Canales’ que promueven Asaja, el Cabildo Catedral y este diario digital, y que se han entregado esta semana. Lorena ya tiene en su currículum varias entrevistas y reportajes a nivel nacional porque es una agricultora mujer que se muestra como tal en la red social Instagram, en la que tiene más de 26 mil seguidores. Curiosamente y a pesar de tanto seguidor, Guerra se confiesa muy tímida y aclara que “a los del teléfono no los veo”, cuando publica algo. No los ve pero les dedica tiempo y atención porque para ella es primordial dar a conocer una labor: la de ser mujer, joven y que trabaja en el campo. Así comenzó su andadura en las redes y eso le ha llevado, a esta ingeniero agrícola, a ampliar el campo profesional con la creación de una marca de ropa.

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¿ A qué hora empieza la jornada de Lorena?

Eso es lo mejor, porque nosotros no tenemos horario. Depende de la campaña en la que estemos, comenzamos más temprano o más tarde. Así que lo mejor, como digo, es que no tenemos un horario.

¿Y cuando fue el último puente que se pilló usted?

No puede coger el último (San Rafael). Tuve que trabajar porque ahora estamos en campaña de siembra (ríe)

Además de los antecedentes familiares ¿Por qué la agricultura? No es un trabajo cómodo…

Sí, es una vida dura, sobre todo por el tiempo y lógicamente por las tareas que hay que hacer en el campo. Elegí la agricultura por tradición familiar y por vocación personal. Mis padres son agricultores, mis abuelos paternos también lo eran, mi hermano es agricultor y yo también.

Hay un día mundial de la mujer rural en el calendario. ¿Qué significa ser mujer rural para usted?

Pues significa vivir y desfrutar en el campo. Ser una privilegiada, porque para mí es un privilegio estar trabajando en lo que te gusta, en la naturaleza.

Cuando tenemos un plato de comida encima de la mesa ¿somos conscientes de todo el trabajo que hay detrás de eso?

No, no lo somos. La mayoría no lo es. Nosotros sí, que somos lo que trabajamos en el campo, pero los demás no creo. No se le da ese valor.

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Durante la pandemia parecía que sí, que aprenderíamos a valorar que no nos faltara lo básico.

Bueno, eso creíamos. Y mira que los agricultores han estado al pie del cañón, porque fueron los primeros que han ayudado a desinfectar calles y a seguir dando de comer.

¿Qué le han dado usted las redes sociales?

Me han dado mucho (ríe) Estoy aprendiendo mucho y la interacción que tengo con mis seguidores es buenísima. No tengo haters, que eso es también muy bueno, y las dudas que tengo me las resuelven ellos y si son ellos las que las tienen, yo trato de resolverlas.

¿Y qué le han quitado las redes sociales?

Me han quitado tiempo. Tengo un poco de estrés. Mucho estrés (ríe), porque es que no llego, sobre todo después de trabajar en el campo. Vamos a ver: no tendría que estar todo el día con el móvil, pero a mí me gusta contestar a todo el mundo. Si yo tengo beneficios a través de mi red social, a mí me gusta que ellos tengan por lo menos su respuesta si me preguntan.

¿El mostrarse supuso algo que surge como un proceso natural o fue premeditado?

No. Me lo comentó una amiga y mi hermana me propuso que contara el día a día porque era algo inusual, lo que llama la atención en las redes sociales. Ella pensaba que iba a encantar. Cuando empecé a  la gente le sorprendía que yo estuviera subida a un tractor. Una mujer conduciendo eso es algo que rompe estereotipos. La idea me la dieron ellas y comencé a probar. Los seguidores se iban sumando y ya van más de 26.000.

¿Le ven como un bicho raro?

Sí, claro. Hay gente que se piensa que es postureo, que yo no trabajo en el campo; que voy a hacerme las fotos.

Bueno, hay fotos que no están realizadas en las labores propias del campo…

Mi vida personal la dejo aparte, pero hay algunas veces que sí publico algo. Pero la mayoría de las fotografías y vídeos son de mi trabajo.

¿Sabe si ha inspirado a más gente joven a que se enganchen al carro de la agricultura?

Pues sí. Es muy fuerte… (ríe). Al principio no me lo creía, pero ya son muchos los que me lo dicen. Me escriben chicos y chicas jóvenes que se piensan si trabajar o no en la agricultura, sobre todo los que ya están con sus padres en una explotación familia. Y tras verme deciden que sí, que se quedan. Al final, es cierto, hay una influencia.

Sin embargo una cosa es el Instagram y otra muy distinta la vida real en el campo.

Para trabajar en esto, en la agricultura, te tiene que gustar muchísimo. A mí me pasa que echo de menos, por ejemplo, a mis amigos cuando están de fiesta y yo ahí trabajando. Hay campañas en las que tengo que levantarme a las dos o las tres de la mañana y dormir durante el día y trabajar de noche. Y en esas semanas no tienes vida. pero si realmente te gusta, lo vas a hacer. El campo tiene muchas cosas gratificantes.

Las estadísticas dicen que el 30 % aproximadamente de la población activa en el campo corresponde a las mujeres. ¿Es un porcentaje bajo?

Sí, lo es.

¿Y ese dato cómo se cambia?

No sabría decirte. Hay que tener en cuenta que hay gente a la que esta profesión no le gusta, sea hombre o mujer.

De todas maneras la mujer siempre ha tenido y tiene un papel importante en el campo, aunque no sea directamente en las labores propias de la agricultura.

Ha sido y es un mundo más de hombres. Mi abuela era agricultora, pero el peso lo llevaba mi abuelo, que es el mandaba. En mi caso no es así y supongo que también es cuestión de personalidad: desde el ‘minuto uno’, mis opiniones han valido igual que las de mi hermano. O más.

¿A usted quién le manda?

A mí me manda mi padre, que en realidad lo hace con los dos, con mi hermano también. Pero yo también mando mucho (ríe)

¿Manda más su padre o la meteorología?

Bueno, la meteorología. De eso dependemos durante todo el año.

Volviendo a las redes sociales ¿Qué es lo más gratificante que le ha ocurrido gracias a ellas?

Pues estoy conociendo a muchísima gente y la verdad es que estoy teniendo muchos beneficios. Colaboro con multinacionales que están apostando por mí, porque me ven muchísimos agricultores y la publicidad vale un dinero. Y yo estoy colaborando con esas empresas.

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¿Le preocupa la España vaciada?

Sí, mucho. Pero aquí el problema es el trabajo. Dicen que se está impulsando la rehabilitación de pueblos y zonas despobladas, pero lo que necesita  un pueblo para que no se vaya la gente es trabajo. Y eso es complicado, porque cuanto más pequeño sea un pueblo menos trabajo va a haber allí. Esa es la raíz y desde ahí hay que empezar: a dar trabajo.

¿Qué ha supuesto para usted el premio Felipe González de Canales al Joven Emprendedor?

Para mí es un placer y un honor el que me hayan concedido este premio. Estoy muy contenta. Debo reconocer que cuando me lo comunicaron desde Asaja no me lo creía . “¿Por qué yo?”, pensé. Y mi familia está más contenta y orgullosa, incluso.

¿Emprendedora o agricultora?

Si lo dices por la marca de ropa, es una idea que surgió y ahí estamos. Pero por ahora soy ante todo agricultora. Mi maraca de ropa está ahí, me encanta y voy a seguir aprendiendo. Pero para el día de mañana quiero seguir comprando tierras, invertir. Y eso también es emprender.

¿Dónde se ve dentro de 10 o 15 años?

En el campo, donde estoy, que es donde me gusta.