David Pino, cantaor y director de la Cátedra de Flamencología: “ No estoy de acuerdo con imponer como obligatoria la enseñanza del flamenco en los colegios”.


La Cátedra de Flamencología de la UCO cumple 25 años. Hablamos con su director, el cantaor y profesor David Pino.

En el pequeño despacho que tiene nuestro director en la facultad de Ciencias del Trabajo, sede de la Cátedra de Flamencología, hay un retrato de Agustín Gómez que habla. Preside la estancia y resuena en toda ella la frase “Buenas tardes, amigos del cante”. La voz de Agustín se prolonga en esta cátedra que él impulsó más desde el espíritu docente que desde el reputado y severo crítico que fue. David Pino (Puente Genil, Córdoba, 1972) es maestro también y cantaor. Agustín lo era en la intimidad. Pino ganó su primer concurso con 15 años y tiene una carrera artística que aquí no nos cabe pero que ya quisieran poseer muchos a su edad. Quizá el dato curricular y amplio no se conozca demasiado porque el actual director de la Cátedra de Flamencología no es hombre dado a la ostentación y sí al trabajo callado, permanente y fructífero. Es un cantaor sin prisa como ha demostrado a la hora de grabar discos pero sin pausa como podemos comprobar en los festivales, cursos, actuaciones, colaboraciones y clases en las que ha participado. En 2019 se incorporó a la cátedra y nos vino a todos una pandemia por soleares, lo que le obligó a improvisar y adaptarse. Cátedra que cumple ahora 25 años, justo la mitad de los 50 que conmemora la Universidad de Córdoba que la acoge y promueve con orgullo.

david pino foto jesús caparrós 01

Como queremos despojarnos de la mascarilla – un cantaor con ella puesta es una barbaridad- acabamos en la tranquila y próxima Plaza de la Lagunilla, justo al busto de Manolete. Flamenco y toros.

No es tipismo. Es que en Córdoba, por fortuna, es inevitable. 

25 años de la Cátedra de Flamencología.

Efectivamente. Viví además  aquellos primeros esbozos realizados por Agustín Gómez, fundador de la Cátedra, porque por entonces teníamos relación. Y fíjate, al cabo de 25 años, quien me iba a decir entonces que iba a ser el que estuviera al frente de la dirección de aquello que parecía hasta aventurado cuando se comenzó a construir.

Llega usted a la dirección de la Cátedra y aparece una pandemia.

Tomé posesión el 25 de noviembre de 2019, con el maestro Fosforito en aquel acto hablando de su vida, y en marzo ocurrió lo que ocurrió. Con toda la ilusión que tenía – que se mantiene intacta- y de repente ver cómo toda aquella programación no se puede concluir y ni tan siquiera  puedes despedirte de tus alumnos. Fue un shock. El pasado curso, que para mí fue el segundo, me propuse incluir en la programación todo aquello que quedó pendiente del primero.

De todo se aprende y no hay mal que por bien no venga.

El año pasado fue más virtual que presencial aunque nosotros hemos mantenido siempre el mismo formato. Al principio hubo ciertos miedos por parte de nuestro alumnado tradicional y tratamos de tranquilizarlos. Les dijimos que no iba a cambiar absolutamente nada. Lo único era que aquello que ofrecíamos  a los alumnos en el espacio donde estábamos habitualmente se iba a trasmitir a todos los lugares del mundo. Esto ha supuesto un punto de inflexión, porque el año pasado por las circunstancias el número de matrículas presenciales fue bastante reducido, cosa normal, pero sin embargo conquistamos a ese alumnado que tenía ganas y lo veía como algo inaccesible. Hemos tenido inscripciones sobre todo de países latinoamericanos; muchas de Méjico, Argentina, Ecuador… y por supuesto de otros lugares de España y de Europa, porque ya sabemos que afición al flamenco hay en todos rincones del mundo. Hemos tenido incluso un japonés de alumno. Respecto a este año, llevamos dos semanas con el plazo de inscripción y estamos notando que recuperamos alumnado presencial aunque hemos hecho una apuesta importante por buscar la calidad en las emisiones- El anterior año lo tuvimos prácticamente que improvisar y esta vez va a hacerse con mayor calidad. Llevará una realización con tres cámaras, por ejemplo.

De todas maneras creo que ya estamos todos un poco cansados del ordenador.

Sí, y eso hará que gran parte del alumnado que probablemente hubiese querido matricularse este año va a acudir presencialmente,  porque ya en el curso anterior tuvimos gente de Sevilla y Jaén. Los que sean vecinos cercanos lo van a preferir. Aunque sea una extensión universitaria, esta enseñanza abarca historia, interpretación artística y musical, y siempre será mucho mejor verlo en directo.

Córdoba coloca al Flamenco en la Universidad pero sin embargo éste sigue vinculado a la fiesta, a la juerga.

Sí, pero esto cada vez se va superando más. De todas maneras, el asunto de las fiestas y las juergas va a seguir siempre así. Te diría incluso que es casi consustancial al propio género. Es una música urbana y no creo que deba prescindir de la vivencia de la calle. Lo que pasa es que antes, desde el plano profesional, los cantaores ¿dónde aprendían? Pues en las tabernas. O cuando no había ni siquiera oportunidad de escuchar discos, por ejemplo al final del siglo XIX, ¿un artista cómo aprendía? Si venía un cantaor de renombre a Córdoba pues allí se iba, a escuchar uno lo que le podía interesar y después ya no escuchaba más. Ese aprendizaje ha sido de esa manera. Ahora la enseñanza está en las aulas de los conservatorios. El aula del conservatorio donde yo imparto clase no deja de ser una extensión de un espacio en el que hay un proceso de aprendizaje que antes era la taberna o el patio de vecinos, y ahora es un aula.

david pino foto jesús caparrós 03

Y por su generación ¿Dónde aprendió el cantaor David Pino?

Yo probablemente pertenezca a una de las últimas generaciones a las que no nos han enseñado a cantar. Es decir, observo que mis alumnos en el conservatorio, eso de tener un ‘profe’ que les guie,  lo ven como algo normal.  Pero no es así en absoluto: todo esto está emergiendo. Nosotros hemos aprendido a base de escuchar discos y de tener vivencias. Y nunca se debe prescindir de esas vivencias, cosa que también les digo a mis alumnos. Ten en cuanta que ellos asisten a una hora y media de clase a la semana, y eso no da para que tú te hagas cantaor. Lo da escuchar mucho, estar en un sitio y otro, dejarte guiar por los aficionados. Y después lo da el realizar un camino personal para buscar tu propio hueco. tu espacio.

Pero ¿hay cantaores jóvenes? ¿Tienen referencias? Se lo pregunto porque me da la impresión de que los más jóvenes no saben quién es Morente pero sí Rosalía.

Pero esto ha ocurrido siempre. Se imponen unas modas, y el cantaor o cantaora que quiere estar en el mercado a veces atiende a la tentación de querer dar un salto para conquistar el mayor número de público. Eso no ocurre solamente cantando por soleás o por seguiriyas. Lo hizo Valderrama en su momento, lo hizo Marchena, Vallejo y lo han hecho muchos. Ahora mismo se está viendo que una propuesta estética como Rosalía está funcionando y no me extraña que los jóvenes quieran tirar por ahí. Sin embargo esos mismos jóvenes saben dónde está el flamenco clásico – llámalo puro, genuino o canónico- y eso es así. Y también hay cantaores jóvenes que lo están cultivando de manera espléndida.

A usted uno de los aspectos que más le preocupaban de la Cátedra era precisamente que se abriera más a la gente joven. O, dicho de otro modo, que fuera mayor el número de jóvenes  que se acerquen a ella.

Las clases en la cátedra son laborables de 7 de la tarde a 9 de la noche. La gente joven, en la mayoría de los casos, esos días y a esas horas suelen estar estudiando o trabajando. De ahí que un porcentaje bastante elevado del alumnado de la cátedra lo constituyan personas que ya están jubiladas, o que solo trabajan por las mañanas y tienen la tarde libre para atender sus aficiones. Ese ha sido uno de los impedimentos para que la gente joven haya acudido a la cátedra. Esta es otra de las oportunidades que ha abierto el espacio telemático que iniciamos el pasado curso, porque las clases telemáticas se pueden seguir en directo pero también en diferido. Es decir, tenemos muchos alumnos que no pueden conectarse a las siete de la tarde lunes o martes, pero tiene toda la semana para ello. Incluso pueden ver la sesión sábados y domingos. Esto facilita mucho las cosas. De hecho tengo alumnos del conservatorio que antes no hubieran podido acudir a la cátedra y ahora se están inscribiendo porque tienen esta oportunidad.

Usted llega a clase y se pone a explicar lo que es una soleá…

Bueno, sí. Este año voy a hacer un planteamiento diferente en la parte que a mí me atañe. Hemos creado una nueva línea en el módulo de análisis de los estilos que lleva por nombre ‘Maestros que hicieron escuela’, con la que trataremos de abordar qué aportó cada uno de estos maestros que han tenido una significancia especial en el mundo del flamenco. De todas maneras hemos de tener en cuenta muchas veces, los propios invitados y conferenciantes que vienen a la cátedra me preguntan siempre por el nivel del alumnado. Y hay que decirles que no existe un nivel.  Es un perfil tan absolutamente transversal que tenemos personas que saben mucho de flamenco pero se inscriben como alumnos, y otras que no saben nada y acuden precisamente para informarse. Tenemos artistas, músicos, gente que no conoce nada de música. o que le gusta mucho el cante pero no la guitarra. No podemos atender a un determinado perfil. Intentamos trazar una programación que sea lo más ambivalente posible y que atienda a un amplio arco de preferencias que puedan tener los aficionados.  Ese desde luego sí debe ser el común denominador: tener afición, querer degustar el flamenco, aprender, y disfrutarlo en sí mismo.

Una cátedra en una ciudad que sigue sin creerse lo flamenca que es.

(Suspira) Sí, es cierto. Pero también he de decir que desde las administraciones, y desde hace algún tiempo, el flamenco está teniendo un protagonismo que ya quisieran otras ciudades. De hecho es algo que se comenta mucho en el ámbito del flamenco; que Córdoba siendo una ciudad con el número de habitantes que tiene, cuenta con la oferta amplísima del Ayuntamiento, y la Universidad. Diputación también. Es decir, oferta hay y el público asiste. Lo pude comprobar el pasado mes de septiembre en el Alcázar de los Reyes Cristianos, que fue un éxito. El conservatorio también da la oportunidad de que aquí se congreguen chavales de muchos lugares que terminan sus estudios y se quedan en Córdoba a vivir. Creo que no nos podemos quejar ni de la oferta ni del nivel de aceptación que estas tienen.

Sí, pero el flamenco es algo que surge y se desarrolla en el pueblo y no en las administraciones.

En efecto. Y ahí es donde está el reto para las administraciones: en conectar con la apetencia, con la demanda de la afición al flamenco y, basándose en ello, ofertar la programación más adecuada. Ese es el reto.

¿Hay cierto complejo si el género se compara con otras artes o disciplinas?

Con sinceridad, yo no lo percibo. Se habla mucho de la incursión del flamenco en los planes de estudios y en las escuelas. Yo siempre digo que no todo el mundo está obligado a que le guste el flamenco, y el hecho de que seas cordobés, andaluz o español no te condiciona a ello. La diferencia es que no te guste porque lo has intentado, lo has escuchado y no has conectado con él. Ahí poco más tenemos que hablar. Pero sí entiendo que hay que proporcionar las herramientas y dar la oferta para que el público que por determinadas circunstancias no haya sintonizado con el flamenco tenga la oportunidad de hacerlo.

david pino foto jesús caparrós 02

Es usted cantaor y diplomado en Magisterio.  ¿Se veía enseñando flamenco en su carrera?

No de manera reglada en las escuelas. Yo tengo mis reservas hacia esto. No estoy de acuerdo con imponer como obligatoria la enseñanza del flamenco en los colegios. Entiendo que hay que optimizar más el tiempo de los niños con cuestiones que pueden ser más trascendentes. Otra cosa es que en una asignatura como es Música se muestre el flamenco. Sí creo, como he dicho antes, que hay que potenciar y dar la oportunidad para que quienes quieran profundizar en los estudios del flamenco, puedan hacerlo. Hay que seguir apostando por la enseñanza reglada del flamenco en los conservatorios en lo que a la administración le compete, y ahí sí me veía. Uno de los motivos por los que cogí Magisterio fue por eso, porque entendía que se podía abrir una puerta para que el flamenco pudiese estar integrado en la enseñanza pública. Y fíjate, aquí estamos.