Juan Guijo, médico y presidente de Asaenec: “En España ahora hay el doble de víctimas por suicidio que por accidentes de tráfico y la mayoría son jóvenes”


Recientemente se ha conmemorado el Día Mundial de la Salud mental. Hablamos con el presidente de ASAENEC sobre cómo estamos tras la pandemia.

La Asociación de Allegados y Personas con Enfermedad Mental de Córdoba (Asenec) se constituyó en noviembre de 1989. Es una entidad con veteranía. Comparte instalaciones en un edificio municipal donde se encuentra Faisem, la Fundación Pública para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental. Antes, como las propias siglas delatan, se hablaba de ‘enfermos mentales’, pero en estos tiempos tan delicados toda definición es sospechosa de hiriente. No se le quita la condición de persona a un enfermo, o no se debiera hacer, pero parece necesario recordarlo en pro de la corrección de nuestra época. Ciertamente los enfermos mentales han sufrido y padecen un estigma. Lo curioso es que según las estadísticas nadie está libre de padecer algún trastorno o incluso una enfermedad severa. La pandemia, y sobre todo el periodo de confinamiento, ha sido una mecha que ha encendido una pólvora explosiva en lo que a la salud mental se refiere. Vivir como vivimos añade combustible.

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Juan Guijo (Pozoblanco, Córdoba, 1954) es médico de familia y preside Asaenec. Llegó al  cargo “apagando fuegos, sin directora y con la mitad de la plantilla de baja” hace un año aproximadamente. Es médico de familia y conoce la enfermedad mental porque, como a muchos miembros de la asociación, le tocó de cerca. Ha estado toda la semana pasada de mesa informativa en mesa informativa, repartiendo pasquines y atendiendo a los medios. Le preocupa cómo está afectando la crisis a la gente en general y a los jóvenes en particular. La factura en calidad de bienestar psicológico y desigualdad que está haciendo pagar. Nos habla de prevención, de cuidado, de seguimiento, de tratamientos, de apoyo y de hábitos saludables.

Hemos pasado un estricto protocolo anti-covid para acceder al despacho del director – el presidente no tiene- y con el olor a gel hidroalcohólico tan habitual de este año y medio encendemos la grabadora. Enfrente tenemos a un señor optimista, aunque aún, en ese momento, no lo sabemos. 

Hablar de enfermedades mentales sigue siendo un asunto vergonzante.

Es un tema todavía oculto. No vamos a ceñirnos a etapas muy antiguas en las que no era solamente oculto sino rechazado, a veces relacionado con ritos mágicos o pensamientos demoníacos. A la gente con enfermedad mental se la catalogaba de una forma absolutamente disparatada. Eso ya no ocurre, pero sí es verdad que aún son enfermedades ocultas por los familiares muchas veces, por los mismos enfermos y por la sociedad, que no quiere visibles a las personas con una enfermedad mental. Y ese es uno de los retos que tenemos: visibilizar mucho más este tipo de enfermedad.

Usted es médico de familia. Además de lo que dicen las estadísticas ¿ha comprobado un aumento de enfermedades mentales en la población?

Sí, sin ninguna duda. Lo ha habido independientemente de la pandemia. La sociedad actual lleva al aumento de la enfermedad mental porque es muy competitiva. Cada vez más estamos viendo problemas de soledad, de estrés por el trabajo y de disgregación familiar. Eso lleva a una alteración emocional, pero la epidemia ha hecho explosionar completamente la enfermedad mental, bien descompensando a los pacientes que ya la tenían o afectando a personas que la han adquirido como consecuencia del confinamiento y de incertidumbre ante la situación que tenemos.

Asaenec nace en el año 1989, poco después de una reforma psiquiátrica del gobierno socialista de entonces que supuso, en cierta forma, hacer responsables a las familias del enfermo psiquiátrico.

Sí, porque ya se venía planteando en algunos países de Europa, incluso en España, la desaparición de los hospitales psiquiátricos, los denominados ‘manicomios’. Fue una de decisión prematura porque no se había previsto dónde iban a ir esos pacientes. Se cierran los hospitales psiquiátricos pero no se habilita una estructura que los pueda recibir. ¿Qué ocurre? Que todos pasan a las familias, y las familias no estaban preparadas para ello. A raíz de ahí surgió la Fundación Pública de Andalucía para la Enfermedad Mental, Faisem, que ha sido la que ha paliado esa salida de pacientes. Pero ya digo que fue prematuro y supuso un problema importante en las familias.

Se buscaba también la integración del enfermo mental pero en muchos casos se consiguió lo contrario.

El enfermo mental no está integrado. Se ha integrado muy poco. No se han hecho políticas de integración, ni campañas de educación dirigidas a la sociedad para admitir que una persona con enfermedad mental puede trabajar a tu lado, contigo. Uno de los puntos de la estrategia de salud mental que ahora ha aprobado el Ministerio precisamente es ese, la integración. Y la laboral, no solo la social. El 84% de las personas con enfermedad mental no tienen trabajo, un porcentaje altísimo.

¿En eso afecta también la clase social a la que pertenezca el enfermo?

No tendría por qué ser así. La pandemia ha aumentado la desigualdad en el tratamiento de la enfermedad mental. Es verdad que los medios públicos de asistencia intentan llegar a todo el mundo, pero está claro que el tema económico sí puede posibilitar el que sea más accesible. Es un problema también de mentalidad. Quizá en las clases sociales más bajas existe todavía más temor y se oculta más a la persona con enfermedad mental, y eso hace que no tengan acceso a los servicios públicos y no consulten. Cada día, afortunadamente, eso se está perdiendo. Hay que tratar que esa desigualdad desaparezca.

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Ha hecho usted referencia al Plan de Acción de Salud Mental y Covid 19 2021-2024 que ha presentado este mes el Gobierno ¿Se lo creen?

Tenemos que creérnoslo. El Plan no está muy especificado en cuanto a presupuesto aunque parece que se dota de 100 millones de euros, pero es verdad que es un plan muy ambicioso  aunque no está concretado. Hay diez puntos estratégicos basados en labores de integración, prevención, formación y en el aumento de recursos pero eso tiene luego que plasmarse. Tendremos que verlo con el tiempo. Algunas de las cosas que se han conseguido llevábamos nosotros muchos años reivindicándolas. Una, por ejemplo, ha sido la aprobación hace pocos meses de la especialidad de psiquiatría de la infancia y la adolescencia, por tanto de aquí a cinco años tendremos psiquiatras especialistas en estas edades. Otro punto que hemos reclamado muchas ves es una mayor atención al suicidio, a las conductas suicidas. Hemos intentado que la Junta de Andalucía implemente un plan de prevención de este tipo de conductas. Y ahora el Gobierno ha anunciado un teléfono de contacto que era necesario porque, de la misma forma que otras personas con determinadas patologías o necesidades tienen un teléfono al que llamar, la persona con ideas suicidas no tiene donde ir. Se consiguen cosas pero queda mucho por hacer.

 

Resulta chocante que se invierta más en violencia de género y no en prevención del suicidio cuando las cifras de este último hablan por sí solas.

Eso es cierto. Ahora mismo en España hay el doble de víctimas por suicido que, por ejemplo,  por accidentes de tráfico. Además la patología del suicida ha cambiado sustancialmente mucho, porque antes las personas que lo cometían eran de edad alta, personas mayores con alguna problemática o enfermedad, pero es que ahora han aumentado las cifras de suicidios en adolescente de forma impresionante. Y ya no solamente de suicidios, sino de autolesiones, que es lo que más se está viendo en las urgencias. Autolesiones por disconformidad, como forma de romper esa angustia que tienen, como forma de protesta, de rebeldía. Y no se le dedica la atención que requiere.

Hablaba al principio de la sociedad actual. Si no cambiamos de manera de vivir, difícilmente se pueden prevenir las enfermedades mentales ¿no?

Hay una serie de conductas para prevenirlas. La salud mental es un estado de bienestar emocional que nos permite gestionar nuestra vida y de esa forma poder adaptarnos. Controlar nuestro estrés, relacionarnos con los demás de una manera agradable. Para ello lo primero es tener unas hábitos de vida saludables, empezando por dormir bien, comida sana, no tomar drogas y poseer un control emocional para poder afrontar la adversidad. En la vida todos tenemos adversidades, malos momentos y hay que saber gestionarlos. Eso hay que enseñarlo. Una labor importante es la educación al adolescente, al niño,  en los colegios para que sepa que en la vida hay buenos y malos momentos. Esos malos momentos son pasajeros y la enfermedad mental es algo persistente, crónica en el tiempo.

Hay que incluir en todo esto nuestras relaciones. La familia, en la que hay que recibir una educación en valores, en resiliencia. También los amigos o cualquier grupo con el que nos relacionemos son importantes.

 

Entiendo que no es lo mismo, no obstante, el tratamiento de una depresión que de una esquizofrenia.

Son los dos tipos de enfermedades mentales más importantes. La depresión no supone una distorsión de la realidad pero afecta al estado anímico y la esquizofrenia lleva a la pérdida del sentido de la realidad. Las dos patologías son crónicas, normalmente, y requieren un tratamiento y seguimiento de por vida. Estoy hablando de la depresión mayor. Hay enfermedades mentales “pequeñas”, tipo ansiedad, estrés, depresión menor o trastorno adaptativo que pueden resolverse en el tiempo.

¿Qué perfil de enfermo es que el más suele participar en una asociación como Asaenec?

Suelen ser personas adultas, a partir de 30 a 40 años. Tenemos un proyecto de captación de personas jóvenes, para ayudarles. Vamos a hacerlo en institutos y colegios. Ya de hecho estamos dando charlas y queremos formar a profesores, que es importante. Lo interesante es que en los colegios haya gente encargada de eso. Psicólogos o profesionales que manejen asignaturas que ayuden a favorecer la detección precoz, como por ejemplo la inteligencia emocional.

Tras la pandemia ¿cómo se presenta el futuro?

Yo soy optimista siempre. Peor no podemos ir, es decir, esto ya tiene que ir a menos. Indudablemente va a dejar secuelas y tenemos que detectarlas. Hay que decir que todo el que las tenga acuda a los centros sanitarios, a las asociaciones o a donde puedan ayudarle. Pero el futuro lo veo con perspectiva de que se puede modificar para bien y creo que tenemos que estar todos en ello. A pesar del repunte que ha habido, insisto en que creo que hay que ser optimistas.