Eduardo Agüera, neurólogo : “La demencia no se tiene todo lo en cuenta que se debería en presupuestos sanitarios y sociales”


Hoy, 21 de septiembre, Día Mundial del Alzheimer, hablamos con el Coordinador de la Unidad de Deterioro Cognitivo y Demencias del H.U. Reina Sofía

El doctor Eduardo Agüera Morales es Licenciado en Medicina y Cirugía, especialista en Neurología y profesor asociado en la  Facultad de Medicina y Enfermería (UCO) de enfermedades del sistema nervioso en los títulos de Grado en Fisioterapia y Grado en Medicina.  Además de ello ejerce como coordinador de la Unidad de Deterioro Cognitivo y Demencias del hospital Reina Sofía y es investigador del Grupo Neuroplasticidad del IMIBIC.

Hoy atiende  a La Voz de Córdoba para hablar sobre la enfermedad de Alzheimer.

eduardo aguera

-Las estadísticas nos dicen que una de cada dos personas padecerá un cáncer. ¿Qué nos señalan respecto al Alzheimer?

Si hablamos a nivel mundial, la demencia afecta a más de 50 millones de personas en todo el mundo, y va aumentando. Aumenta con la edad, según algunas estimaciones, el 2% de las personas de entre 65 a 69 años tienen demencia y el número de casos nuevos se duplica cada cinco años hasta los 90 años. Dando un ejemplo, podríamos calcular que, de la población superior a los 85 años, entre un tercio y la mitad padecen demencia.

-¿Cual es el abordaje y tratamiento del Alzheimer en la sanidad pública?

Actualmente el estudio de la demencia se basa en buscar causas que puedan ser reversibles, aquellas enfermedades que tienen síntomas similares al Alzheimer por ejemplo, pero que pueden tratarse hasta resolverse por completo. No estamos aun dedicándonos todo lo que debiéramos a buscar una enfermedad neurodegenerativa como el Alzheimer, porque no tiene un tratamiento que lo revierta, buscamos las alternativas. El tratamiento autorizado para el Alzheimer es el mismo que sigue vigente tras 20 años desde que se aprobó, y mostró su utilidad retrasando en meses y en ocasiones años la necesidad de que el paciente ingrese en una residencia. No tenemos un tratamiento que nos de esperanzas de curación, tenemos tratamientos para enlentecerlo.

-¿Hasta qué punto influyen los factores genéticos y los hábitos de vida a la hora de padecerlo o no? 

Existen unos factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer, sobre algunos de ellos no podemos actuar porque como son la edad y la genética, pero hay otros sobre los que sí, y los conocemos como factores de riesgo modificables. Éstos están relacionados con el riesgo cardiovascular, como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la diabetes, el tabaquismo y el sobrepeso. Podemos llegar más allá, y es que hay un estilo de vida que protege frente al Alzheimer, actuando sobre la dieta, el ejercicio físico y la actividad cognitiva y social. Gracias a la investigación hoy se sabe que 1 de cada 3 casos de demencia se podría prevenir mediante la adopción de hábitos de vida saludables, algo aún poco conocido por la población. Se ha demostrado que podemos hacer más resiliente nuestro cerebro ante el Alzheimer, mediante la adopción de una serie de hábitos de vida saludables. Conviene aclarar que la enfermedad de Alzheimer no es hereditaria, solo una minoría de los casos (menos del 1%) se transmite hereditariamente entre generaciones de la misma familia.

-Todo apunta a que son distintos los factores desencadenantes de la enfermedad ¿De ahí la complejidad y de momento la escasa eficacia de los tratamientos?

Una vez hecho el diagnóstico, es difícil actuar sobre los desencadenantes, no hay paso atrás, por eso la actuación sobre los factores de riesgo esta cobrando mucha importancia. Mientras no tengamos un tratamiento eficaz que ofrecer, pedimos cumplir un estilo de vida saludable y controlar los riesgos cardiovasculares. Sobre el proceso biológico desencadenante de la demencia, y especialmente al Alzheimer, tenemos que decir que conforme más se descubre, más tratamientos se plantean para su desarrollo.  Esta complejidad debe convertirse en simplicidad algún día, y es entonces cuando llegaremos a tener un tratamiento eficaz. Es solo una esperanza, pero parece lógica.

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El doctor Agüera, con parte de su equipo / Foto: LVC

-¿Cómo se informa a un paciente de que puede estar desarrollando Alzheimer? ¿Y a los familiares?

La información que se aporta varía mucho en el estadío de la enfermedad en que se diagnostica. En las fases leves, además del diagnóstico y de la indicación de un tratamiento médico, damos instrucciones para mantener las funciones cognitivas o intelectuales al máximo, abriendo una puerta a que el propio paciente vele por enlentecer la enfermedad. En las fases mas avanzadas es al cuidador a quien más hay que informar, y las instrucciones que se dan son más de manejo y afrontamiento de la situación.

– ¿Hay diferencia entre quienes muestran los primeros síntomas a más temprana edad que más tarde?

Parece que el haber desarrollado una actividad intelectual intensa a lo largo de la vida hace presentar los síntomas de Alzheimer de forma más tardía en su vida. Esto se conoce como reserva cognitiva y puede contribuir a retrasar el deterioro cognitivo, pero no es garantía para evitar su aparición más adelante. Son los pacientes con un Alzheimer hereditario, algo muy raro y poco frecuente y con trabajos que exigen una menor actividad intelectual los que presentan los síntomas a una edad más temprana.

-Esta es una sociedad que envejece y por tanto cuenta con un elevado porcentaje de personas que pueden padecer la enfermedad ¿estamos preparados para lo que ello supone clínica y socialmente?

Creo que no somos conscientes ni estamos preparados. Actualmente los pacientes con enfermedad de Alzheimer tienen un cuidador que pertenece a la familia, pero cuanto más avanza nuestra sociedad, menos fuerte es el núcleo familiar, y menor será la posibilidad de ser cuidado por la familia. Es entonces cuando los cuidados se harán con cargos a los Servicios Sociales públicos o a través de un cuidador asalariado. El tiempo hará que se requiera una mayor mano de obra hacia el cuidado de los ancianos, y unos fondos para pagarlos de los que nadie ha hecho cálculos ni prevé. Considero que la demencia no se tiene todo lo en cuenta que se debería en presupuestos sanitarios y sociales, en legislación y derechos, así como en investigación. El tiempo nos dirá.