No, en Córdoba no se están tatuando los datos personales de forma voluntaria


El experto en comunicación estratégica Jesús Arroyo vuelve a lanzar un bulo para comprobar su repercusión en redes y medios

Cuidado, porque todo es susceptible de ser tragado. Y creído. Jesús Arroyo, un granadino empadronado por amor y matrimonio en la cordobesa Montoro es especialista en lanzar el anzuelo, y el respetable suele morderlo.

Hace unos años consiguió que la serie Verano Azul fuera trending topic al denunciar la ‘tremenda injusticia’ que suponía llamar Piraña a un niño con desorden alimenticio. La semilla del victivismo, la corrección política y la alimentación sana sin carne y a base de quinoa ya estaba germinando en una infantilizada sociedad antes de que se aplauda, como ahora, a los que no son capaces de competir en unas olimpiadas. 

Al verano siguiente pidió la demolición del acueducto de Segovia por ser un ‘ejemplo de opresión de los romanos contra el pueblo español’. En aquella época el pueblo español, como tal, no existía por cierto. Pero en el pueblo español de ahora donde la idiocia campa a sus anchas -desde los barrios hasta los ministerios- sí hubo mucho ‘indignado’ que entró al trapo. Arroyo demostró con ello lo fácil que es crear una corriente de opinión a través de un bulo o ‘fake news’.

Desde hace unos día ataca con el ‘Código QR’.

“Mi objetivo ahora es unir comunicación con psicología. Hablo del Registro Automático de la Memoria (RAM). Cuando se recibe un impacto éste queda grabado en la corteza cerebral de manera inconsciente”, comenta Jesús Arroyo a La Voz de Córdoba. ” A la gente lo que se le queda en la cabeza es que se está implantado un código QR para la vacunación. Gente que solo lo ve sin profundizar si es verdad o mentira, pero que le impacta”.

Cuando hablamos con Arroyo ya son más de 500.000 los usuarios que han visto su tuit, que ha sido replicado más de 160 veces y citado en 1.065. El otro objetivo es la ‘viralización’ por Whatsapp y a Jesús ya le han llegado a esa hora recortes de su propia pieza. El bulo rueda a la velocidad de la luz por el canal de mensajería. 

“Ocurre una cosa muy curiosa y es que, dentro de unos días, se te ha olvidado el contexto y ha quedado la información que no se ha contrastado”. El usuario, por tanto, solo recordará, aunque sea lejanamente, que se está tratando de implantar un código a la población para ser controlada. De hecho, si siguen el hilo de respuestas a su tuit, encontrarán que algunos lectores comparan el tema con los números que los nazis tatuaban a los judíos en los campos de concentración. 

No se comprueba nada 

Uno de los objetivos de este experto es demostrar que la información no se contrasta ni comprueba lo más mínimo. A poco que uno se pare unos segundos y escanee el código que él ha utilizado para su bulo, puede descubrir que en el mismo se dice un inocente ‘I love u‘ (‘Te quiero’). Incluso una de las agencias de verificación o fact-checking que operan en España se han puesto en contacto con Arroyo sin comprobar antes qué pone el propio código QR. Así está el patio de los verificadores. 

El cerebro reptiliano

Sostiene Jesús Arroyo que “otra de las cosas curiosas que van a pasar en unas semanas, y que tienen que ver con nuestro ‘cerebro reptiliano’, es que cuando vayamos a un supermercado asociaremos el código de barras y el QR de la compra o el parking con el concepto ‘vacunas y tarjeta sanitaria“. En definitiva en el ciudadano receptor queda la sensación del “eso me suena”, apunta el especialista.

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Jesús Arroyo /Foto: LVC

Jesús Arroyo tiene un activo perfil en Twitter que podemos encontrar con el nombre de @GenteQueLucha y que de momento sobrevive en una red social de marcado carácter izquierdista y censor.

Arroyo lucha y mantiene el tipo. Y hace unos días nos ha tatuado un bulo que quizá no lo sea tanto dentro de unos años.