El virus de las cinco olas


La tercera ola -la que llegó tras el relajamiento de las restricciones durante las fiestas navideñas- fue la peor, con diferencia

Vacunas./Foto: LVC coronavirus ola
Coronavirus./Foto: LVC
Unidad covid del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba./Foto: HURS coronavirus
Unidad covid del Hospital Universitario Reina Sofía de Córdoba./Foto: HURS

Cuando a estas alturas del verano de 2020 muchos de los responsables políticos barajaban, como mucho, la posibilidad de que se produjera una segunda ola del coronavirus en otoño -coincidiendo con el curso escolar- pocos imaginaban lo que estaba por venir.

La segunda ola comenzó en agosto, se recrudeció en septiembre y, a finales de octubre, se tomaron medidas tras meses de práctica normalidad. Una situación parecida a la actual, pero a la que se llegaba tras una primera ola que había provocado un confinamiento nacional, con muchos menos contagios que en algunas de las que vendrían después.

Y, efectivamente, la tercera ola -la que llegó tras el relajamiento de las restricciones durante las fiestas navideñas- fue la peor, con diferencia. El número de muertes se multiplicó, al igual que el de contagios. La cepa británica tuvo la culpa y, mientras se ponían las primera vacunas, de enero a mayo Andalucía tuvo cierre perimetral e interprovincial.

La cuarta ola fue difusa y estable. Comenzó con la Semana Santa y se prolongó hasta mayo. En ella los contagios subieron de forma moderada y las hospitalizaciones y fallecimientos no alcanzaron, ni de lejos, las cifras de las anteriores oleadas del virus.

Tras ella llegó una cierta calma que comenzó a tambalearse a finales de junio y durante todo este mes de julio. La variante Delta ha tomado protagonismo en una quinta ola que aun no se sabe cuándo concluirá y si la vacunación de los jóvenes será ya el arma definitiva para regresar a la normalidad que se perdió hace ya casi un año y medio.