El mercado de la Corredera: de la modernidad al estorbo urbanístico


Se cumplen 125 años de la inauguración de un edificio que durante medio siglo formó parte de la vida de los cordobeses

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A la izquierda, mercado central de la Corredera. /Foto: LVC
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Interior del mercado de la Corredera. /Foto: LVC

Cuando se inauguró hace 125 años el mercado que ocupaba el centro de la plaza de la Corredera, se calificó de “una indudable conquista del progreso”. Al cabo de 50 años, cuando terminó la concesión municipal a la empresa privada que lo gestionaba, pasó a ser un “antiestético armatoste”, sobre el que nadie cuestionó la demolición decidida por el Ayuntamiento para que la plaza recuperara su aspecto histórico.

En esa horquilla de tiempo cambió el criterio de los cordobeses sobre un elemento que formó parte de la vida de varias generaciones. Lo que en un principio se veía como un avance por mejorar considerablemente las condiciones de venta de los alimentos pasó a ser un estorbo que había que quitar de enmedio lo antes posible. Entre medias, queda la memoria de quienes lo conocieron y llegó a formar parte de sus vidas, ya sea como escenario de su negocio, como lugar de compras o como escenario por el que ver discurrir la vida de la ciudad.

Cuando había que comprar cada día

La historia de este mercado, inaugurado el 2 de agosto de 1896, es también la historia del abastecimiento alimenticio a los cordobeses. Cuando las viviendas apenas traspasaban los límites de las murallas, la Corredera era el lugar al que había que acudir casi a diario para adquirir lo que se iba a echar a la olla ese día. Este hábito de la compra diaria cambiaría ya cruzado el ecuador del siglo XX, cuando el frigorífico pasó a ser un electrodoméstico imprescindible de todo hogar.

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La plaza de la Corredera, antes de construirse el mercado. /Foto: LVC

Antiguas fotografías del siglo XIX nos muestran una plaza de la Corredera convertida en un mercado al aire libre, donde los puestos se cobijaban del sol o de la lluvia bajo unos grandes paraguas. El inicio del mercado en su concepto moderno tiene un nombre propio que es el de José Sánchez Peña, por el que aún se recuerda en el rótulo oficial del recinto actual. Este liberal nacido en la Ribera aprovechó su exilio en Francia durante el reinado de Fernando VII para volver a su ciudad con unas ideas modernizadoras. 

Cuando la cárcel se trasladó al Alcázar en 1841 adquirió la casa del Corregidor en la Corredera y el Pósito. Allí instaló la primera máquina de vapor que vino a Córdoba en su fábrica de renombrados sombreros. Creó una guardería para los hijos de sus trabajadores, que disfrutaban de unas condiciones laborales aún inéditas en España. En lo alto del edificio colocó un reloj para que no faltase la hora exacta en el lugar más concurrido de la ciudad.

La primera luz eléctrica que vieron muchos cordobeses fue el foco que instaló en el balcón de su casa al paso de la procesión de la Virgen del Socorro y así se podrían sumar muchas innovaciones que desarrolló en Córdoba a lo largo de su vida. Este espíritu se lo inculcó a su hijo, José Sánchez Muñoz, a quien mandó a estudiar Comercio a Marsella.

Cuando Sánchez Peña se retiró a disfrutar de su vejez en su finca de Mirabueno, Sánchez Muñoz cogió las riendas de los negocios. En este momento es cuando se le vincula por primera vez con el mercado, al alquilar los bajos de la casa del Corregidor para la instalación de puestos que estaban al aire libre.

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Mercado al aire libre en la plaza de las Cañas. /Foto: LVC

El negocio crece y en 1887 se inaugura toda la planta baja convertida en mercado con una configuración que se mantuvo hasta la reforma de un siglo después y que aún conservaba los barrotes de la vieja cárcel como elemento de separación entre puesto y puesto.

Sánchez Muñoz no se conforma con esto y planea un mercado a lo grande. Aprovecha la voluntad municipal para erigir desde el ámbito privado un gran mercado de abastos en el centro de la Corredera. Para ello crea una sociedad, llamada Mercados de Córdoba, que engloba a otra que gestionaba los puestos situados en los bajos de su casa, para construir el nuevo edificio.

La construcción del mercado

Para ello busca capital y lo encuentra en un primer momento en el conde de Torres Cabrera, Eduardo Álvarez de los Ángeles, Emilio Carrreño y el propio Sánchez Muñoz, pero la iniciativa no cuaja. Hacía falta más dinero. En 1892 se constituye la sociedad Sánchez, Loubinoux, Laliaux y Cía. que sería la que emprendería la construcción del mercado que tendría una vida de 50 años. 

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Construcción del mercado de la Corredera. /Foto: LVC

En ningún momento se escatimaron medios y la tecnología del momento se aplicó con eficacia. Un ejemplo: por las calles Carlos Rubio, Mucho Trigo, la Ribera y hasta la Cuesta de la Pólvora se instalaron unos raíles por los que iban unas vagonetas cargadas de tierra y volvían a la Corredera con los materiales de construcción necesarios en cada momento.

El mercado se finalizó en 1896 y tuvo un coste de 409.460 pesetas. Los elementos más llamativos de la construcción eran la cubierta de hierro, a 22,5 metros de altura, construida por el sistema Polenceau, y sustentada sobre unas columnas fundidas en Altos Hornos de Bilbao.

A falta de cámaras frigoríficas, en el sótano, consistente en un pasillo de 226 metros de longitud por cinco de ancho, se construyeron jaulas para conservar a menor temperatura verduras, frutas, carnes y pescados.

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Inauguración del mercado de la Corredera. /Foto: LVC

El arquitecto del edificio fue Pedro Alonso Gutiérrez, autor del diseño del Paseo de la Victoria, del Ayuntamiento de Pozoblanco y del Casino de Ronda, entre otros edificios. Estaba coronado en cada uno de sus dos extremos por el escudo de Córdoba tallado en piedra blanca.

La inauguración del mercado fue todo un acontecimiento en la ciudad. Aquel 2 de agosto de hace ahora 125 años se montó en el centro del edificio un altar con la Virgen del Socorro y la bendición del edificio corrió a cargo del canónigo Manuel Enríquez. Un coro cantó la Salve y tanto las autoridades como los invitados cruzaron la calle para disfrutar de un convite en la casa de José Sánchez Muñoz, el actual centro cívico Corredera.