Mario Flores, psicólogo y escritor: “Echo mucho en falta la libertad de los años 80”


El autor presenta 'La playa de Varsovia', novela que plasma las vicisitudes de un judío polaco que huye a España escapando del III Reich

Mario Flores (Lucena, Córdoba, 1969) ha cogido el coche y se ha venido a la República de la Letras, espacio que nos ha cedido amablemente Ana Rivas, su propietaria, para hacer esta entrevista. Es el mismo escenario céntrico y cordobés en el que hace algunos años presentó un libro de viajes hacia el interior de sí mismo y sobre el Holocausto nazi, con Auschwitz como andamio cruel y parte de la ruta siniestra que los sumideros humanos encierran en su corazón y en la mente, a la que el psicólogo Mario trataba de comprender. En esa faceta profesional se ha especializado en adicciones y educación y, tal y como discurre el mundo, trabajo no le va a faltar en ninguno de esos dos campos. Un mundo que también retrató negro sobre blanco en la Crónica acelerada de una sociedad desquiciada (2012), sociedad que ha relatado semana a semana,  durante casi nueve años, como columnista de opinión en la edición local de ABC.

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Mario Flores fue un adelantado que ya trató de hacernos comprender el mundo de idiotas que hablan como idiotas y que ejercen de idiotas elevados en el Diccionario Progre , publicado en 2007 y que urge actualización, porque ha crecido tanto el vocabulario inclusivo y matrio como la idiocia, que ahora posee carteras ministeriales. Hace tiempo que no ejerce de opinador, pero el novelista aquí, en esta entrevista, se moja. Bajo el brazo La playa de Varsovia, su nuevo libro.

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Estamos la República de la Letras que nos ha cedido amablemente el espacio para realizar esta entrevista, aunque tú eres poco republicano ¿no?

Más bien escasamente republicano (ríe). Yo diría que nada republicano, sino todo lo contrario.

Pero en esta República sí se está bien.

Hombre, esta es una república muy distinta a la que estamos sugiriendo tú y yo. No tiene nada que ver. De hecho el tiempo que estado esperándote aquí ha sido muy entretenido porque perderte en una librería como ésta es un placer.

Aquí presentaste hace cuatro años ya tu anterior libro ‘Los sumideros del hombre’ (2017) que era un ensayo. Ahora has escrito una la novela ¿Cómo ha sido ese paso?

Efectivamente, ese libro que tú tuviste la gentileza de presentarme en esta misma librería, era un ensayo que culminaba una época que había tenido de investigación y profundización en la Alemania nazi y la persecución de los judíos. En el Holocausto, en definitiva. Y claro, uno no deja de atesorar información, historia, determinados relatos sobre personajes concretos, y entendía que  con esa información que aún tenía y que, digámoslo así, me sobraba, no iba a hacer un segundo ensayo, sino que debería tomar otros derroteros. Y pensé, por qué no, en una novela.

Podía ser una salida a esa necesidad que tiene el autor de contar algo. Se me ocurrió novelarlo y el resultado ha sido el libro que hoy tenemos aquí delante, del que estoy muy satisfecho porque para ser mi primera novela está teniendo bastante aceptación y creo que a la gente le va a gustar. De hecho, lo que me comenta la gente que ya la ha leído es bastante positivo.

Y además publicado por una editorial cordobesa como es Berenice.

Yo tenía mucho interés en publicar con Almuzara (Berenice) porque ciertamente siendo un autor cordobés siempre tiras para la tierra y a uno le gusta estar en el sitio que tiene que estar, que es en este caso Almuzara/Berenice. Gracias, también, a la confianza que ha depositado en mí Javier Ortega, que ha sido mi editor y que ha tenido la gentileza, la paciencia y el buen gusto (ríe) de considerar que mi novela se podía publicar. Tampoco debemos olvidar a Pepe Calvo (Poyato), que ha sido una figura muy importante para el desarrollo del proyecto, porque ha sido él quien ha estado detrás con el apoyo y la orientación de sus consejos como experto, que siempre a uno le viene muy bien.

Un lucentino y un egabrense juntos sin rencillas, colaborando por la literatura. Esto es noticia.

Podríamos decir que la subbética por la literatura (ríe). Somos los subbéticos literatos. Por supuesto ni que decir tiene que Pepe es el maestro, el experto, el profesor, y yo soy un simple aprendiz que he iniciado el camino de la novela de la mano de Pepe Calvo.

Un libro que tiene  mucho que ver, como decías antes, con tu anterior publicación, y no sé si parte de esa documentación ha servido para la novela que nos narra la historia de un judío polaco que, huyendo de los nazis, acaba en España. En plena II Guerra Mundial. Y acaba en España intentando encontrar sus raíces, porque sus antepasados eran españoles.

Sí, es de origen sefardí. Su madre era una judía de origen sefardí y él tiene que atravesar una serie de vicisitudes que ya te puedes imaginar – la persecución de los judíos en la II Guerra Mundial-, desde el levantamiento del gueto al alzamiento de Varsovia, posteriormente. Y por los campos de concentración, hasta que finalmente llega a España.

Como dices, para poner en pie toda la novela, he tenido que tirar de documentación que ya tenía pero también de bastante investigación y de otra mucha documentación que he tenido que recabar, porque el libro tiene dos tramas. La primera tiene que ver mucho con esos años oscuros del nazismo en Polonia y he tratado de describir – y creo que el resultado ha sido bastante bueno- cómo fue el día a día del levantamiento del gueto, Es una crónica, un diario de cómo se produjo todo aquello. Para ello tenía que tener una documentación bastante ajustada a la realidad. Yo conocía muy de cerca el fenómeno del gueto de Varsovia, pero he tenido que acumular más información. Esa es una primera trama de la novela y después hay una segunda trama que si quieres ahora la podemos comentar, porque el nombre de Léon Degrelle es un nombre que llama mucho la atención.

 

Para poner en pie toda la novela, he tenido que tirar de documentación que ya tenía pero también de bastante investigación y de otra mucha documentación que he tenido que recabar.

Por lo que comentas, creo que sigues la estructura del conocido como ‘Viaje del Héroe’ de Campbell, casi de manual…

Sí, efectivamente. Podemos considerar que Sandro, que es el personaje de la novela -cuyo nombre real es Aleksander Kreczkiewicz -, es un héroe porque consigue sobrevivir, no ya  a las circunstancias que impone el nazismo sino a la pérdida traumática de su mujer, de sus padres, de su hermana, de su cuñado y su sobrino. Se queda solo y consigue sobrevivir como el héroe que refieres hasta llegar a España, seducido por un republicano español que estaba prisionero en Mauthausen, para que venga a Estepona, al sur, que es el lugar de origen de este republicano español que existió en la realidad. Está inspirado en un personaje real que estuvo preso en Mauthausen y que consigue llegar a Estepona. A partir de ahí es donde se desarrolla una segunda trama de la novela. Al ‘descanso del guerrero’, del héroe que llega a ese paraíso soñado por él – recordemos que es de origen sefardí-,  a esa pausa en su vida sigue una sucesión de acontecimientos que tienen que ver con la captura de un nazi que está afincado en la Costa del Sol. Y ciertamente fue así. Léon Degrelle estaba afincado en la Costa del Sol habiendo pasado antes por Sevilla y más sitios, y a partir de ahí tiene contactos con el Mosad y con un comisario de policía de Fuengirola que también tiene interés en la persecución de estos nazis criminales. Se precipita como digo una segunda trama que da forma completa a la novela.

No puedo anticipar cual es el final, pero es bastante sorprendente y tiene también mucho interés.

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¿Cómo se portaba el Gobierno español con aquellos judíos que durante la II Guerra Mundial, buscaban refugio en España?

La verdad es que la situación de los judíos en España fue de una cierta ambivalencia en tanto en cuanto el gobierno de Franco dio pares y nones. Por momentos ese Gobierno hacía la vista gorda y dejaba pasar a los judíos por la frontera para llegar hasta Portugal y, desde ahí, partir hasta Inglaterra, EEUU o Palestina. Pero en otros momentos cortaba esa posibilidad e incluso devolvía a los judíos a Francia y allí tenían que buscarse la vida malamente, porque al final acababan siendo capturados y llevados a campos de concentración.

Himmler le pidió expresamente al gobierno de Franco que elaborasen los gobernadores civiles de entonces unos listados de todos los judíos que había en España, calculados en torno a unos 6.000. No eran muchos. Encargó hacer esos informes para afiliarlos, saber a qué se dedicaban, qué hacían, dónde estaban… Tenerlos controlados. El gobierno de Franco, en una primera etapa, era germanófilo, sobre todo Serrano Suñer, que fue un ministro muy pronazi, pero Franco no se decantó nunca de una forma clara. Y al final esos documentos que el año 41 encargó Himmler, fueron destruidos por orden de Franco una vez que Alemania pierde la guerra. Franco anduvo, como te digo, entre pares y nones con el tema judío. Pero si hubiera que ponerle una nota, te diría que un 4,8. Raspando el aprobado pero suspendió.

Si le das un aprobado igual nos persiguen ahora bajo la nueva ley de memoria democrática…

Eso tiene también otra conversación larga.

Quiero tirarte un poco de la lengua porque llevamos mucho tiempo sin leerte en prensa y se te echa de menos en esa faceta de columnista de opinión.

Sí, faceta ácida que tú conoces (ríe)

Yo y los lectores de ABC, en su momento.

A mí me gusta ser cáustico, ser ácido. Hay dos cosas que creo que son necesarias, sobre todo el sentido del humor. Es fundamental. Y después ser un poco ácido, porque esa es la forma en que tú despiertas en el lector la emoción, el respingo en el sillón. Es lo que mueve las energías e invita a pensar y reflexionar.

En esta novela debo decir que he sido muy políticamente correcto (ríe) y he ejercido de redactor neutro, porque me he atenido a los hechos históricos sin tomar partido, lógicamente, por ninguna de las opciones. Aunque yo sí soy muy amante del pueblo judío y de sus tradiciones, de su cultura, y se me nota por supuesto que por ahí respiro.

Como buen lucentino.

Piensa que me viene mucho de eso, de la ‘Perla de Sefarad’. Siempre he pensado que Lucena, cuando era la ‘Perla de Sefarad’ en los siglos XI y XII, hasta que los judíos fueron expulsados en 1.148, fue un emporio. De hecho los judíos cordobeses se refugiaron en Lucena y conformaron una comunidad muy importante. Algo de ese pasado ha influido, aunque sea un poco una ensoñación, y tengo que reivindicar ese pasado de alguna forma, porque está oculto y nunca se ha tratado.

Ser un poco ácido es la forma en que tú despiertas en el lector la emoción, el respingo en el sillón.

Volvemos a la novela y a Aleksander, el protagonista, que sitúas en Estepona, cosa que me resulta llamativa. Y que acaba enamorándose de una española.

Es que la española cuando besa es que besa de verdad (ríe). Acaba en Estepona porque en la realidad hubo un republicano español, que en la novela se llama José Santín, pero que su verdadero nombre era José Martín Marfil Peralta. De Torre Del Mar. Yo lo he puesto en Estepona porque es una zona que conozco mucho y a la hora de novelar el desarrollo turístico de aquel sitio, que recojo en la novela, me resultó más cómodo. También aparece Fuengirola, Torremolinos, el hotel Pez Espada, que me imagino que muchos conocen y que fue un poco el emblema del boom turístico del sur de España.

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Mejor novelar sobre el pasado que hacerlo sobre el presente. Retomo tu faceta de columnista de opinión hasta que te retiras de esa cita semanal. ¿Es demasiado fuerte incluso siendo psicólogo, lo que observas a tu alrededor?

Siempre me he definido como un pesimista antropológico, algo cercano o parecido a la misantropía. Aunque no me gusta admitir esto ni decirlo en voz alta porque queda bastante mal (ríe). Pero ciertamente uno acaba saturado. Y yo estoy saturado de tantas situaciones absolutamente demenciales como se están dando en la política, la deriva totalitaria que estamos tomando, el tener que atenerse a lo ‘políticamente correcto’; el sentirte incómodo e inseguro si emites una opinión que no está en el mainstreaming, fuera del discurso oficial… Todo eso satura. Satura, acaba quemando y aburriendo a uno, tomado la decisión de retirarse al cuartel de invierno, que es un poco lo que yo he hecho, en efecto, cuando decidí dejar de escribir en ABC Córdoba.

Entonces ¿no eres optimista de cara al futuro?

Soy moderadamente optimista, pero las cosas no pintan bien. La deriva que está tomando la realidad política en España es muy peligrosa. No se sabe muy bien cómo va a terminar todo esto porque cada vez más las fuerzas – de ultraizquierda en este caso- están tomando más poder y auge amparadas por un PSOE desdibujado, absolutamente perdido en no se sabe dónde… o bueno, sí: buscando ese afán de poder que todos hemos visto. Y bueno, no sé ese coste por dónde va a salir, pero no veo que el futuro sea demasiado halagüeño. De hecho ya estamos todos bastante atados. Yo ya siento la opresión y la asfixia de la mano en el cuello, que a veces aprieta demasiado.

Echo mucho en falta lo que tú también conocerás, que son aquellos años 80. Ahora muchos artistas y músicos dicen que se sentían más libres en aquellos años, para expresar opiniones, poder hablar. Sin embargo ahora la cosa está un poco más cruda en ese sentido.

No pinta bien, pero prefiero pensar que la situación va a encauzarse.

Estoy saturado de tantas situaciones absolutamente demenciales como se están dando en la política, la deriva totalitaria que estamos tomando.

Mejor refugiarse en la literatura y si lo hacemos con ‘La playa de Varsovia’, doblemente grato.

Sí, por supuesto. Yo recomiendo que como bálsamo para todo esto pues apliquemos la medicina de ‘La playa de Varsovia’ que es verdad que es una novela adictiva, que engancha e invita a seguir leyendo. Es lo que me dicen todos los lectores que me han hecho llegar su opinión. Por tanto, un buen remedio. Qué duda cabe.