Rafael Prieto, agente de Policía Nacional: “Lo peor no fue el accidente, sino el día que me dijeron que me tenían que jubilar a los 31 años”


Ha sido premiado por la Junta de Andalucía en la categoría de Promoción de la Inclusión Social a la Juventud con Discapacidad.

En septiembre de 2015, un día antes de su cumpleaños, el policía Rafael Prieto (Córdoba, 1987) perdió parte de la pierna izquierda en un accidente con su motocicleta. Se dirigía a recoger a su novia para llevarla a cenar. Despertó cinco días más tarde en el hospital, tuvo que superar el shock de la pérdida del miembro y cuando le dieron el alta salió decidido a resetear el disco duro y seguir como policía en un puesto que le dejara continuar desempeñando su vocación a pesar de la pierna biónica, que ahora le permitía hacer una vida normal. Pero no fue así. Quisieron jubilarlo y eso dolió más que perder la pierna. No hay anestesia para el alma cuando te dan por inútil, o no válido, o incapaz, o un golpecito en la espalda con condescendencia e impostada generosidad. El policía Rafael Prieto se tuvo que volver a resetear. Debía cargar las baterías de paciencia porque iba a comenzar una batalla contra la administración pública para poder seguir trabajando de policía, porque en realidad podía hacerlo. Y ganó.

Ahora, entre otras cosas, atiende a la prensa de manera oficial cuando le llamamos para recabar datos o solicitar información. De hecho, mientras hacemos la entrevista los compañeros están telefoneando,  preguntando por un niño supuestamente desaparecido o carne de fake news. El niño resultó hallado en perfectas condiciones hace unos días. El policía rafa Prieto también está en perfectas condiciones para realizar su labor.  Cuenta con doce felicitaciones públicas por acciones reseñables y ha sido condecorado con la Medalla al Mérito Colectivo de la Asociación Arcángel Azul. La Junta de Andalucía lo ha premiado, además, en la categoría de Promoción de la Inclusión Social a la Juventud con Discapacidad.

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 A afrontar los problemas ahora le llaman resiliencia. ¿Eres un resiliente?

Más que un resiliente, un superviviente. Es saber afrontar los problemas y como yo siempre digo, convertir esos problemas en retos. Y aprender a sobrevivir frente a las adversidades que se nos presentan.

Hablas de sobrevivir pero afortunadamente tu accidente con la moto no fue mortal.

A raíz de mi accidente me dieron por muerto la gran mayoría de los medios de comunicación ese día. De hecho estuve cinco días en coma inducido, más ‘para allá que pacá’, como se suele decir. Pero bueno, me aferré a la vida y salí adelante. Estuve bastante mal.

¿Qué recuerdas del accidente?

Gracias a Dios, poco. Lo poco que sé es lo que he visto en medios de comunicación, fotos que vi en su momento. Recuerdo que estuve en el gimnasio unas horas antes y cuando terminé había quedado con mi novia -actualmente mi mujer- para recogerla pues era mi cumpleaños al día siguiente, y nos íbamos a ir a cenar. Y poco más puedo contar. Perdí la noción del tiempo, de lo que ocurrió un par de horas antes y cuando desperté cinco días después , ya no me acordaba de más.

Tú querías ser profesor de educación física…

Pues sí. Cuando terminé el bachiller, mi idea era hacer la carrera de educación física. Siempre me ha gustado mucho el deporte. Soy una persona muy deportista y quería estudiar magisterio y educación física, pero se me cruzó el cable. Menos mal que se me cruzó en aquél momento y decidir ser policía.

Porque no había una vocación en ti ni tradición familiar ¿no?.

Además yo no tenía amigos policías, ni familiares policías, militares o guardias civiles. A un amigo y a mí nos gustaba mucho ayudar a los demás, y qué mejor manera de hacerlo que siendo policía. Me aventuré, acudí a una academia, pregunté, me informaron, me gustó, me presenté y bueno, en un tiempo récord – 4 o 5 meses- aprobé, conseguí superar las pruebas psicológicas, me fui a la academia y a partir de ahí comenzó mi vocación al ver de verdad lo que era la policía. No solo la policía persigue a los delincuentes, sino que hay puestos y destinos preciosos, que tienen un trato muy cercano con el ciudadano y en los que hacen -hacemos- una labor magnífica.

En relación a todas esa funciones que hay en el CNP, cuando perdiste la pierna ¿pensabas que tendrías que acabar pleiteando para poder trabajar?

Sinceramente no. Pensaba que con mi recuperación, cuando yo mismo quisiera volver y vieran cómo me encontraba, no creí que me fueran a decir que no. Y claro, con el primer portazo que me pegaron, me dejaron un poco tocado. No obstante, siempre intento ver el vaso medio lleno, nunca medio vacío. Y ahí empezó mi otra batalla.  La primera fue recuperarme del accidente, de las lesiones, y hacer la rehabilitación, y  mi siguiente batalla fue luchar contra la administración para demostrar que yo podía perfectamente seguir trabajando, desempeñando muchos puestos de trabajo como creo que, a día de hoy, estoy haciendo.

Con el primer portazo que me pegaron, me dejaron un poco tocado. No obstante, siempre intento ver el vaso medio lleno, nunca medio vacío.

Renuncias a lo que muchos españoles desean: una paga.

Efectivamente. A mí me llegaron a jubilar cuando tenía 31 años que eso para mí fue el peor día de mi vida. Ni cuando me desperté del accidente y me di cuenta de lo que me había pasado lo pasé peor. De hecho eso lo vi no como sufrir un accidente sino como que me habían salvado la vida. Mi vida seguía, la iba a readaptar, ubicar y continuar con ella. Empezar otra vez. Pero el día que me dijeron que me jubilaban, que entregase mi placa y mi pistola, se me cayeron dos lagrimones, y de verdad que lo pasé peor que el día que me desperté tras el accidente. Fue duro.

¿Y por qué decides pelear?

Pues porque es mi sueño y no iba a permitir que nadie me dijera que “yo no era capaz de…”. Lo tenía claro. Si me dan un motivo y me justifican por qué yo no puedo desempeñar determinados puestos o darme la oportunidad de demostrar que se están equivocando, pero no lo hicieron. Me dijeron que era válido para trabajar en cualquier otro sitio pero no en la policía.

Lo más curioso es que está recogido estatutariamente en el CNP la reubicación tras determinadas minusvalías.

No está interpretado, porque no se había dado el caso hasta que llegué yo, lo peleé y de hecho fui el primero en España en pleitearlo y conseguirlo. Muchos compañeros, cuando le dicen una vez ‘no’, se desaniman. A mí me dieron muchos ‘noes’.

¿Cuántos?

Perdí la cuenta. Incluso alguno se reía. Veían imposible que yo regresara y otros creían que era por el dinero, y no, porque podía haberme quedado jubilado con 1.400 euros al mes si hubiera querido. Volver me suponía ganar 500 euros más… Te buscas otro trabajo y ganas más dinero. No, no era por el dinero sino por que era mi sueño, porque me gustaba. Y no iba a permitir que me dijeran ‘tú no puedes’. Ellos no sabían lo que les estaba viniendo porque era la primera vez que les ocurría algo así, que iba a contracorriente de lo que siempre pasa.

Soy muy cabezón, y cuando creo que tengo razón en algo, hasta que no lo consigo no paro. Y si me equivoco, lo reconozco.

No iba a permitir que me dijeran ‘tú no puedes’

¿Qué te decían los compañeros?

Había de todo. Estaban los que me apoyaban, que pensaban que lo iba a conseguir y que la jubilación no era justa. Otros lo veían imposible. Un poco de todo. Mucho apoyo, esa es la verdad. La gran mayoría de compañeros, de jefes directos con los que he trabajado, me decía que ojalá lo ganase, y que volviera, porque esa situación no se podía permitir. Me decían que podía ser un referente para muchos dentro de la policía, que cayeron en un pozo y cuando recibieron un ‘no’ se rindieron. A raíz de lo mío muchos han empezado a luchar y han vuelto a trabajar en puestos reubicados. Estoy muy contento de haberles dado ese empujón.

Una situación que también te lanza a ofrecer charlas motivacionales.

Principalmente son charlas orientadas a opositores, a futuros compañeros. Han venido prácticamente de todos los cuerpos porque no son charlas específicas de la policía, sino que versan sobre motivación, de contar nuestras experiencias, vivencias y proceso de oposición, el cómo lo vivimos, cómo lo afrontamos y podemos superarlo. Es algo que inició un compañero que me llamó. Otros compañeros más se quisieron sumar a esta iniciativa y comenzamos a dar charlas por España, con muy buena aceptación, hasta que llegó el Covid. Con el Covid se paró, pero si Dios quiere y la cosa mejora, lo retomaremos con mucha ilusión y ganas.

¿Qué les dices en esas charlas?

Siempre empiezo, a parte de contando por qué quiero ser policía, dándoles las gracias por haber elegido esta profesión tan bonita y tan sacrificada a la vez.  Les digo que es un camino largo y duro, pero que si ese es su sueño, que lancen el corazón, que vayan a buscarlo y que no paren hasta cogerlo. Intento transmitirles positividad y la motivación que para mí es la policía.

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Te han concedido el premio Andalucía Joven a la Inclusión. Se habla mucho de inclusión pero, atendiendo tu caso, da la impresión de que se facilita poco.

Por desgracia sí. Muchas veces son más palabras que hechos. La inclusión no está tan valorada como debía ni se ejerce como tendría que ser. Luchando un poquito entre todos podremos conseguir que es inclusión sea real. En mi caso el puesto estaba adaptado, pero no interpretado. No sabía cómo reubicarlo y prefirieron apartarme. No saben el daño que pueden hacer a una persona psicológicamente que encima tiene que superar un accidente con secuelas con esos ‘noes’: “No sirves”, “no vales”, “no puedes”…

Es no es inclusión, sino machaque.

Muchas veces son más palabras que hechos. La inclusión no está tan valorada como debía ni se ejerce como tendría que ser.

Bueno, hay cosas que por mucho que nos empeñemos no se pueden conseguir o tener. También hay que saber aceptar y aceptarse.

Siempre hay que ser consecuente con lo que se quiere y conocer cuales son nuestros límites. Siempre hay algo a lo que no se puede llegar. Hay que aceptarlo, reconducirlo y adaptarlo. Se trata de ver el vaso medio lleno, no medio vacío. Lo que no se puede permitir es que nadie nos diga que no somos capaces de conseguir algo.

 

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