Clara Sánchez, escritora: “Me parece una tontería hablar de literatura femenina”


La autora ha estado en Córdoba presentado su nueva novela 'Infierno en el paraíso'

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La agenda promocional le ha traído hasta Córdoba y la compañera de su editorial trata de reservar mesa en un sitio de ‘gastronomía tradicional’, que es la mejor forma de disfrutar de la promoción de un libro. De una novela, para ser más exactos. Clara Sánchez (Madrid. 1955) llega con ‘El infierno en el paraíso’ (Planeta, 2021), su nueva novela, y que es una denuncia literaria sobre la esclavitud del lujo en culturas aparentemente lejanas, pero que han convertido a la Costa del Sol, y a Marbella, en concreto, en su particular paraíso de excesos y derroche.

Clara Sánchez es una autora respetada dentro del panorama literario español. Sus novelas han sido galardonadas con el Premio Planeta (El cielo ha vuelto), Premio Alfaguara (Últimas noticias del paraíso) y Nadal ( Lo que esconde tu nombre). Pero los premios sobre todo marcan una trayectoria amplia en el tiempo, llena de trabajo y disciplina. De hecho la autora agradece los reconocimientos, pero valora más que estos llegaran con callo en la mirada y veteranía ante el teclado.

Nos visita para hablar de ello, y de su libro, por supuesto. Ha venido para eso pero también para mostrar sus reflexiones sobre la libertad, la creación literaria, las mujeres de otras culturas y lo que supone colocarse ante el papel en blanco para comenzar a narrar una nueva historia.

Por cierto, le hemos sugerido que almuerce en Chico Medina, para que también alimente la mejor inspiración.

 

Mas de dos millones de libros vendidos, traducida en 20 países… ¿No da un poco de vértigo?

Como no ha sido de repente, sino que se ha ido produciendo poco a poco, me da más bien alegría. Vértigo me da cuando me tengo que enfrentar a una nueva novela, y ver si encuentro el tono y la manera de decir lo que yo quiero decir. Eso es lo que a mí me da más vértigo. Encontrar la chispa a través de la cual vas a contar algo. Eso es lo único. Pero lo demás o son decepciones o son alegrías. Una vez que la novela ya ha salido de tus manos y has hecho lo que has podido todo depende de los demás o del azar. Yo vengo publicando desde 1989 y eso es una trayectoria muy larga. Fue a raíz de 2010 cuando se produjo un salto internacional espectacular. De pronto en Italia de ‘Lo que esconde tu nombre’ se han hecho 60 ediciones y se ha vendido muchísimo. También en otros países, pero digamos que todo eso me vino cuando yo era muy capaz de asumirlo, asimilarlo y de poner cada cosa en su sitio. Sabía que esas cosas pueden producirse en algún momento, o no producirse y no pasa nada, porque uno sigue escribiendo. Ya me pilló madurita. No es lo mismo que si te ocurre con una primera novela y mucho más joven.

¿Entonces no hay presión por el éxito o por algún premio?

Nada. Hombre, siempre es un respaldo que te favorece psicológicamente un poco más, pero luego el reto es el reto. Cada novela, cada historia que voy a emprender, es como la primera. O peor que la primera, porque con la primera vas con más ingenuidad. Ahora lo que me preocupa es saber si en una nueva novela seré capaz de volcar lo que llevo dentro. Ese es el reto.

En su nueva novela hay una mirada hacia el sur de España y en concreto a Marbella. ¿Marbella es escenario o personaje?

Es casi un personaje. Fíjate que en todas mis novelas realmente el espacio en el que ocurren es como un personaje. Para mí tiene mucha importancia porque va a dar el tono de la novela. No es lo mismo un lugar de playa que de montaña, boscoso. No es lo mismo que uno esté en un sitio trabajando que de vacaciones. El paisaje cambia completamente. En este caso no podía ser otro, porque yo quería hablar del poder en grado sumo, del dinero, del despilfarro, de la impunidad que a veces arrastra un gran poder. Y todo eso me lo daba la Marbella de unos años dorados en que recalaba allí la familia real saudí con todo lo que arrastraba de cortesanos, de coches de alta gama, de jets privados, de yates que casi no cabían en Puerto Banús, de un consumo estratosférico, de lujo y de derroche. A mí me fascinaba ese escenario en que se producía esa conjunción de lo cotidiano, de la gente normal, y luego de toda esa gente que venía de un país mentalmente lejano y con unas condiciones que para nosotros son completamente desconocidas. Estaban allí pero no se les conocía.

Y es precisamente la narradora de la historia, Sonia, la que va a unir esos dos  mundos paralelos. El de la gente normal y el de esa gente que hacía de Marbella un lugar especial. He querido crear una Marbella mítica.

¿La Marbella de Jesús Gil?

No. A Jesús Gil ni se le menciona. Ni el caso Malaya ni nada de eso. Simplemente es la Marbella mítica, desprovista de todo eso en la que sucedía esto, la llegada de unos jeques y de todo lo que traían con ello. Era como colar un cuento de las mil y una noches en un lugar de la costa, y contar la ‘cara B’ de ese mundo. Me interesaban mucho más las mujeres que venían con estos jeques – tapadas, de negro, cobijando un lujo impresionante por debajo-, que vivían de una manera muy especial, para nosotras extraña. Me interesaba mucho más eso que no la corrupción hortera de Gil y demás.

El lujo saudí no es menos hortera.

Bueno, es súper hortera, pero me inspira un poco más (ríe). Sonia pensaba que eso de los grifos de oro era una leyenda, pero que existe. Es muy hortera pero es más desconocido y sobre todo da pie a reflexionar sobre otras cosas más interesantes.

De todos modos yo hablo de aquella Marbella de los años dorados en que todos los veranos recalaba esta gente. Me interesa mucho porque la mirada que teníamos los españoles entonces no estaba habituada a la corrupción. Éramos más ingenuos. Teníamos una mirada más de papel cuché. Yo misma todo eso lo veía en el Hola o en la televisión, y no me planteaba que detrás pudiera haber tanta podredumbre. Ahora ya se nos ha quitado una venda de los ojos.

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¿Es esta una novela de suspense? ¿Cómo la calificaría?

La definiría, si fuera necesario, como un thriller psicológico, que es lo que mí me gusta. O sea, el suspense, pero dentro de la sensibilidad de los personajes. El suspense que existe en esta novela se deriva de que los personajes de la misma tienen que tomar unas decisiones y a veces se ven envueltos en unas decisiones que no han buscado. Sonia se coloca frente a incógnitas, ante comportamientos que no entiende, y es ahí cuando aparece el suspense. Nosotros, como Sonia, tampoco entendemos ciertos comportamientos de los personajes de la novela. No es un suspense externo, de que haya un muerto, un detective que tiene que investigar el cadáver. No es un suspense, digamos, ‘fabricado’.

La cara oculta del lujo es uno de los temas, pero también el choque cultural. ¿Le ha sido fácil escribir sobre ello? Se lo pregunto porque parece incómodo señalar la falta de derechos que las mujeres sufren en la cultura musulmana.

Ahora estamos haciéndonos más conscientes por ese vídeo que se hizo viral de la princesa Latifa que cuenta la huida rocambolesca, espectacular y con mucho riesgo que ha corrido para desembarazarse de esa jaula de oro que es Dubai. Ella es la hija del emir de Dubai. Pero claro, no es ella sola. Es que hay una larga lista de princesas reales de los países del Golfo que intentan huir desesperadamente. ¿Por qué? Porque no tienen derecho absolutamente a nada. Ahora en Arabia Saudí las dejan conducir, pero habrá que ver quienes son las que conducen. No tienen derecho a abrir una cuenta en el banco, tienen que ir siempre con la custodia de un varón; necesitan la firma del padre, marido e incluso hijo para cualquier actividad. No tienen derecho a nada. Son esclavas realmente, aunque vivan metidas en ese lujo.

Eso es lo que a mí me inspiró y sedujo mucho para escribir esta novela y para crear el personaje de Amina, que está muy basado en el personaje real de la princesa Latifa. El caso de Latifa se remonta al año 2000 y yo ya me fijé en ella. Y de hecho la Amina de la novela ‘El infierno en el paraíso’ es físicamente igual a Latifa.

De siempre me ha sorprendido que ocurra esto, porque estamos acostumbrados a que la gente, cuando huye de su país, lo haga de la pobreza, del hambre… Pero no estamos acostumbrados a que huyan del lujo, de la exuberancia de todo lo que tienen estas mujeres. Digamos que lo usan pero no son propietarias.

Mujeres sometidas al control de los hombres. No obstante ahora, con la pandemia, todos estamos sometidos a un control. Algo que usted denunció, casi anticipándose, en ‘El cielo ha vuelto’, novela con la que obtuvo el premio Planeta.

Me encanta lo que dices porque en todas mis novelas subyace el mismo tema, que es el de la manipulación. Cómo se nos puede  manipular y el miedo personal que trato de reflejar. Tengo miedo a que se me manipule y yo no me dé cuenta.

Pues está usted hablando con una mascarilla puesta.

Esto son palabras mayores. Ahora lo que nos manipula es un virus que no podemos controlar. Pero sí que podemos controlar otros poderes mayores que nos manipulan política y económicamente.

Se lo preguntaba porque la pandemia parece una excusa de peso para controlarnos más.

Hombre, siempre se aprovecha. Lo que ocurre es que yo estoy muy en contra de los negacionistas. Aquí hay que tener muchísimo cuidado, porque el negacionismo a mí me parece algo descabellado completamente, porque ha muerto mucha gente, porque mueren todavía y porque el virus es algo que existe realmente aunque no lo veamos.

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Me llama mucho la atención que sobre usted se ha señalado si es más autora para mujeres que para hombres. ¿Esa discusión sigue o ya se ha superado?

Literatura para mujeres o para hombres… Fíjate que cuando empecé en 1989 eso estaba muy marcado. Cuando me invitaban a una mesa redonda o similar, el tema siempre era ‘literatura femenina’, cosa que me repateaba, porque era como si hubiera una literatura con mayúsculas y otra que es la de las chicas que escribimos. Ahora eso ya se ha ido diluyendo. La literatura es la literatura, es la imaginación, la inspiración en la vida. La literatura es la creación de un mundo paralelo donde uno puede decir cosas, pensarlas y sentirlas  que a lo mejor no se atreve a pensar, sentir y decir en el mundo concreto en el que vive.

Me parece una tontería. Nos expresamos los hombres, nos expresamos las mujeres, los niños, los ancianos… todo el que tiene capacidad de expresión.