Laura Aguirre, formadora en robótica educativa y empresaria: “Hay que aprender a gestionar las emociones; sobre todo la frustración”


A veces la inspiración para crear una empresa puede aparecer en el sitio más insospechado. A Laura Aguirre (Córdoba, 1983) le llegó en Centroáfrica, descargando contenedores para la Fundación Bangassou. Esta mujer solidaria y colaboradora – es sobrina del obispo de Bangassou, Juan José Aguirre- comprobó que en esos contenedores llegaban cosas que no eran muy útiles para las gentes del lugar: zapatos de tacón, sofisticados juguetes electrónicos, ropa de moda… Sin embargo, los lugareños supieron darle uso, hacerlas útiles, sacarle provecho. Laura comprobó que ella veía esas cosas con una mentalidad occidental y acomodada, y que los centroafricanos, empujados sobre todo por las carencias y la necesidad, supieron observarlas de otra manera y darles una función para su vida. Si a esa epifanía centroafricana añadimos un amor por la docencia y los niños, y un espíritu emprendedor educado en casa, sale una empresa como B-Wit, dedicada a la robótica educativa con material de Lego, un centro pionero en Córdoba en esta materia y que pretende enseñar más allá de que un pequeño robot realice funciones para las que ha sido programado. Lo que busca Laura es que los niños amplíen la perspectiva y aprendan a usar varios caminos en la vida que les sean útiles ante los retos. Como a ella le sucedió en Centroáfrica.

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Laura Aguirre / Foto: Jesús Caparrós

  Se dice que el que resiste, vence. Tú eres una empresaria perseverante.

Bastante perseverante, sí. Yo pienso que cuando tienes claro lo que quieres hacer y tienes la posibilidad de arriesgarte, porque no todo el mundo la tiene, es cuestión de esperar un poco y que las cosas vayan sucediendo. Trabajando, claro. Y creo que sí, que cuando me planteo un objetivo soy como las hormiguitas; poco a poco hasta que lo consigo.

Una mujer joven que lleva al frente 9 años de una empresa muy particular. Un tiempo en el que ha conocido diversas crisis ¿Cómo se sobrelleva eso?

Creo que eso va con la persona y en la cultura que hayas recibido en casa. A mí me ha ayudado mucho que mis padres son así, perseverantes. Ellos son empresarios también. En mi casa hemos vivido sabiendo que teníamos que estar contentos y felices con lo que había, con momentos en los que había más y otros en los que había menos.

Y lo que siempre han tenido muy claro mis padres es que lo que tenían que primar eran los valores, no perderte como persona. ¿Están mis valores o está el dinero? Pues los valores siempre por delante, porque así estás contento con la persona que eres. Así es como hemos sobrellevado las crisis; teniendo un objetivo, mirando hacia dónde vamos, manteniendo nuestros valores y confiando en que las cosas van a seguir bien.

Pero se puede ganar dinero sin perder los valores ¿no?

Claro que sí. De hecho yo creo que se puede ganar y estar muy contento con uno mismo sin perder los valores. Lo que ocurre es que a veces se te plantean diferentes opciones en las que te preguntas qué es lo que prima. Pero vamos, en mi caso, la mayoría de las veces, tengo claro hacia dónde voy.

Los valores siempre por delante, porque así estás contento con la persona que eres. Así es como hemos sobrellevado las crisis.

¿Por qué la robótica?

Pues la elegimos porque es la manera de crear algo nuevo, que no existe. En la vida muchas veces te encuentras en una encrucijada donde no ves el camino. Si desde pequeño te acostumbras a inventarte tú los caminos cuando no ves uno, eso luego lo llevas a la vida diaria. Ayudas a tu cerebro a inventar cosas nuevas. Creo que buscar diferentes alternativas y maneras de hacer las cosas es algo positivo y que por nuestra propia naturaleza podemos hacerlo, pero en muchas ocasiones, por amoldarnos a lo que se hace siempre, lo eliminamos. Dejamos de practicar esa creatividad.

Así que por eso elegimos la robótica.

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Formar una empresa de estas características y explicar a qué os dedicáis no tuvo que ser fácil.

No, no es fácil. No lo fue al principio porque, además, creo que fue la primera empresa que se dedicó a trabajar la robótica con niños, y explicando que nosotros no somos ingenieros. Nosotros venimos del mundo de la educación y la psicología y nos centramos en el proceso, en el desarrollo, en lo que el niño va trabajando hasta que consigue crear un robot autónomo. Hay muchos padres que lo que buscan es que sus hijos aprendan a programar o que, al final, acaben estudiando una carrera de ingeniería, y no es eso lo que hacemos. Aunque ciertamente terminan aprendiendo a programar y, ahora que los primeros alumnos que tuvimos están llegando a la universidad, sí que hay muchos que se han planteado estudiar una carrera de ingeniería.

Ocurre una cosa, y es que cuando empiezas a practicar algo de pequeño, se te abre el mundo de las opciones. Una chica que estuvo con nosotros ha decidido hacer ingeniería biomédica aunque pensaba en estudiar medicina, por ejemplo. Se abren las posibilidades y en eso creo que hemos ayudado a nuestros alumnos.

¿Pero es más importante aprender ingeniería o aprender a tener paciencia?

Hoy en día creo que es más importante aprender a tener paciencia. Hay que aprender a gestionar las emociones; sobre todo la frustración, el que las cosas no tienen por qué ser inmediatas. Disfrutar de los procesos, porque muchas veces nos alegramos de que algo nos salga bien y sin embrago el proceso puede ser mucho más bonito que el resultado. Al final en la vida, la mayor parte del tiempo, estás haciendo eso, recorriendo un camino. Y aprender a disfrutar en ese camino creo que es más importante. La ingeniería está muy bien y cualquier carrera que al final se estudie, pero disfrutar del proceso creo que merece la pena.

Muchas veces nos alegramos de que algo nos salga bien y sin embargo el proceso puede ser mucho más bonito que el resultado.

¿A qué edades os dirigís desde B-Wit?

Ahora mismo empezamos con los de 6 años, y aprenden mecanismos, van experimentando. Sobre todo comenzamos ya a cambiar el lenguaje, porque suelen llegar con el “no puedo”, “no me sale” o “es que yo soy muy torpe”. Y a mí me gusta decirles cuando entran por la puerta que aquí pueden ser lo que ellos quieran ser. Decirles que esto es un mundo mágico con los niños funciona muy bien. Una habitación mágica donde  cada uno puede elegir cómo ser. Tratamos de fomentar aquello de “querer es poder”. No es un proceso inmediato pero ves cómo los niños van cambiando.

Y cuando ha venido la pandemia ¿qué se ha dicho Laura a la niña que todavía puede llevar dentro de ella?

Cuando vino la pandemia, si te digo la verdad, a mí lo que me preocupaba era la salud mental de mis alumnos. Yo vivo en un piso pequeño y pensaba en cómo mis alumnos podían estar viviendo ese momento. Sabía que había algunos que disponían de espacios más grandes, pero también sabía que otros estaban en viviendas más pequeñitas. Eso me preocupaba. Les propuse retos y juegos para que cada día tuvieran algo diferente que hacer.

Y cuando regresamos, yo volví con esperanza. Pensé que tratando de cumplir las medidas lo máximo posible, que todos estuvieran seguros, y estrenando un local nuevo que adquirimos justo antes del confinamiento, era el momento adecuado de probar una cosa diferente, inventarnos otra manera distinta de dar las clases. Una oportunidad extraordinaria para ver qué funciona mejor una vez que pasara esto. Con la pena de tener que reducir la plantilla, eso sí. Fue un momento bastante doloroso. Sobre todo con personas que trabajan muy bien, pero ahí las circunstancias mandaban.

¿Y ha habido momentos con ganas de tirar la toalla?

El peor momento fue cuando dijeron que iban a restringir de nuevo el horario de las actividades y que teníamos que cerrar a las 6. Porque así ya no nos podíamos mantener de ninguna de las maneras. Ahí sí se me hundió el mundo durante unos momentos. Pero bueno, luego las actividades educativas no tenían esa restricción, pero sí me hizo pensar en todas aquellas academias y centros que lo están pasando muy mal. En muchas de las ayudas que se han dado no aparecemos.

Me sentí afortunada por poder cerrar a las 8 pero por otro lado pensando en la gente que con un montón de ilusión también ha formado su negocio y no podían trabajar con el horario restringido

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Una de las facetas de tu vida está vinculada a los boys scouts. Ese espíritu está presente en tu negocio ¿no?

Sí, completamente (ríe). Es imposible que no esté presente porque al final los valores y la manera de trabajar vienen de la persona que somos y yo soy scout (vuelve a reír), y eso inunda toda mi vida. Procuro ser scout siempre, porque hacemos una promesa de vivir de una manera determinada y a mí me ayuda a mantener bien mis valores y saber qué tipo de persona quiero ser. Entonces, indudablemente, esto está inundado de filosofía scout.

Da un poco de miedo… ¿El futuro es de los humanos o para los robots?

A mí también me da un poco de miedo, qué quieres que te diga (ríe). Yo espero que sea de los humanos. A ver, los robots están muy bien para ayudarnos a hacer determinadas cosas, pero espero que nos ceguemos en fabricar máquinas más inteligentes que nosotros  o que puedan hacer todo por nosotros , porque tenemos muchas cosas que hacer y aportar. Si dejamos de desarrollar determinadas habilidades que tenemos al final nadie nos la enseña, y eso es una pena. Por ejemplo, cuando estamos en el campo con los niños: reconocer huellas, plantas, construir casas con tus propias manos… eso es maravilloso y me da pena que se puedan ir perdiendo. Si tiene una máquina que te hace el cubo de Rubik, pues muy bien, pero para eso cómpratelo hecho.

Supongo que es una buena noticia saber que la robótica forma parte del currículo oficial de Tecnología, actualmente en la enseñanza pública.

Según tengo entendido van a poner como obligatoria la robótica, y no sabría qué decirte, porque a mí no me gustaría que los niños vengan aquí porque sacan malas notas. A mí me gusta que los niños vengan aquí porque disfrutan con lo que hacen. Habrá que ver, no obstante, cómo desarrollan esta actividad en clase, porque aquí cada niño tiene su robot y damos las clases para grupos reducidos. Espero que no pierda la magia que tiene.

Si consideramos tu oferta como una actividad extraescolar, me pregunto qué mueve a los padres a traer a sus hijos aquí, porque lo más normal suele ser inglés, música o tenis.

De hecho muchas veces nos pregunta que por qué no damos las clases en inglés. Yo creo que muchos niños vienen porque les encanta el Lego, otros vienen porque tienen amigos que están aquí y algunos padres traen a sus hijos porque están buscando un sitio en el que puedan aprender robótica o programación. Suelen ser los tres perfiles más habituales.

Respecto a la solicitud de que demos las clases en inglés, yo soy muy reticente porque entiendo que se pierde el proceso, que es lo que a mí me gusta, porque cuando tienes un problema tú te enfrentas a él en tu lengua materna. Nosotros buscamos el desarrollo del niño y no vamos a dar las clases en inglés.

A mí no me gustaría que los niños vengan aquí porque sacan malas notas. A mí me gusta que los niños vengan aquí porque disfrutan con lo que hacen.

Sí que hay un componente competitivo en todo esto y de hecho se participa, con Lego, en ligas nacionales e internacionales. Y ahí el inglés sí que será necesario.

Sí, en caso de tener que ir a una liga internacional hay que presentar el proyecto en inglés. En Lego a la competición le llaman ‘coorpetición’ porque una de las cosas que puntúan es que los equipos se ayuden unos a otros. Pero sí es verdad que hay una liga que es la First Lego League, que a mí, personalmente, me gusta mucho porque además de resolver problemas lo que busca es que los niños desarrollen un proyecto científico, investigando y contactando con expertos en el tema, y preguntándose que impacto puede tener ese proyecto en la sociedad.

Cambiáis de sede en breve

Sí, nos mudamos, y vamos a ampliar también la gama de actividades. Incorporaremos impresión 3D, un taller de ciencia y un pequeño estudio para que nuestros alumnos vayan grabando los avances que van consiguiendo en sus proyectos, que creo que para los niños es importante sentirse reporteros y comunicar. Trabajaremos la capacidad para expresarse.

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