Esperanza Aguirre: “Ayuso es la política que más positivamente nos ha sorprendido a todos en los últimos 30 años”


Nos advierte que no está muy ducha en la cosa tecnológica cuando estamos a punto de iniciar la entrevista a través de videoconferencia, pero demuestra que no es así, que se maneja bien. Esperanza Aguirre (Madrid, 1952) finalmente tiene más problemas con la iluminación, y eso es relativo, porque la biblioteca que se adivina tras ella debe arrojar mucha luz. De libros vamos a hablar, precisamente. Del que acaba de publicar este mes y que se titula ‘Sin complejos’ (La esfera de los libros, 2021), un ensayo en el que comienza hablando del insomnio que le produce el gobierno socialcomunista de la Moncloa y con el acaba ofreciendo algunas recetas para que el centro derecha, unido, pueda volver a gobernar en España.

Aguirre y Gil de Biedma, Grande de España, lo ha sido casi todo en política y eso se nota, porque esta mujer liberal escribe desde la libertad de quien no ostenta en la actualidad cargo orgánico ni pretende tenerlo. Esperanza Aguirre es una militante veterana que no duda en abordar temas en este libro que pueden ser espinosos para su partido, pero lo hace con educación y maneras británicas y elegantes. A pesar de conocer bien a sus adversarios políticos aún se sigue sorprendiendo de lo que son capaces de hacer  y más allá de la sorpresa, en Aguirre existe un temor cada vez más generalizado en nuestro país: la posibilidad premeditada y real de acabar con la democracia  del 78. Y ese quizá sea el tema principal del libro que ha escrito Esperanza Aguirre, sin perder cierto aire de verso suelto liberal que siempre le ha caracterizado en el Partido Popular.

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 El insomnio que no padece Pedro Sánchez es el que usted ahora sufre ¿no?

Yo creo que él sí lo padece. Dijo que si tenía a Iglesias en el Gobierno eso no le iba a dejar dormir. Y yo estoy segura de que está con insomnio. La verdad es que el sanchismo, que no el socialismo, se ha convertido en una marioneta de Podemos. Hacen todo lo que les manda Pablo Iglesias.

¿Cómo hemos llegado a lo que usted define en el libro como ‘la tormenta perfecta’?

Así es como quería haber llamado al libro: ‘La tormenta perfecta’. Pero a la editorial le gustó más ‘Sin complejos’. Y lo que explico es que, hasta hace muy poco, los dos grandes partidos – el PSOE y el PP- tenían en el Congreso de los Diputados casi 300 escaños, o sea, muchísimos. Los dos partidos eran constitucionalistas y tenían diferentes fórmulas para mejorar la calidad de vida de los españoles. Pero es que ahora nos hemos encontrado con un movimiento centrípeto formado por todos aquellos que están en contra de la Constitución  y que quieren llevarnos a un régimen muy diferente al de democracia liberal que tenemos. Los podemitas, los comunistas, los independentistas, los bilduetarras, los de Puigdemont, los de Junts Pel Sí… a todos esos los ha centrifugado el partido socialista. El ‘gobierno Frankestein’, como dijo Rubalcaba.

Eso por el lado de la izquierda. Y por el lado de la derecha, el partido que Aznar había recibido y mantenido unido, en el que estábamos a gusto todos aquellos que estábamos a la derecha del partido socialista, le fue legado así a Rajoy. Pero Rajoy a Pablo Casado, el centro derecha se lo ha entregado dividido en tres. No sé si tuvo que ver aquella frase de Rajoy en el año 2008, cuando dijo eso de que “los liberales y los conservadores que se vayan al partido liberal y al partido conservador”. Y la verdad es que le hicieron caso.  Ya estaba formado Ciudadanos, pero creció. Y VOX, que no se había creado, se creó.

Partidos a los que usted les dedica atención en el libro, además de UPyD.

Lo que quería hacer en el libro es responder a cómo hemos llegado hasta aquí. ¿Por qué y cómo ha sido posible esta barbaridad que nos está ocurriendo?  Somos el único país de Europa y del mundo occidental que tiene a los comunistas en el Gobierno.

Apunta usted que Aznar mantuvo al Partido Popular unido, pero esa unión quizá fuera débil, porque ya se estaba fraguando la ‘batalla cultural’ y la izquierda tomaba posiciones en las universidades y en la enseñanza. Había un discurso progre que también acabó asumiendo el centro derecha. No se le dio importancia a algo que usted también propone en el libro que es el ‘rearme ideológico’.

Efectivamente. Que los centros de producción ideológica, es decir, las escuelas, los institutos, las universidades, los medios de comunicación y la cultura están en manos de la izquierda es una realidad. Defienden los valores opuestos a los valores liberales y conservadores, que son los que han demostrado  la capacidad de mejorar la calidad de vida para el mayor número de personas y especialmente para los más desfavorecidos. En el tiempo de Aznar sí se daba la ‘batalla cultural’.  En FAES se hizo todo un corpus doctrinal en el que decíamos qué íbamos a hacer cuando llegáramos al gobierno. Y lo hicimos.

 

Somos el único país de Europa y del mundo occidental que tiene a los comunistas en el Gobierno.

Pero, desgraciadamente, al final de la segunda legislatura de Aznar y desde que llegó Zapatero – que cuando lo conocí me resultó guapo, moderado y encantador- utilizaron el ‘Prestige’ como si lo hubieran hundido los ministros de nuestro gobierno, y la Guerra de Irak. A mí, en la campaña del 2003, me llamaban ‘asesina de niños’. Todo esto antes del 11M, cuando no habíamos mandado ni un solo soldado a la guerra, a la que fuimos luego a la reconstrucción. Aquello provocó una especie de giro hacia el odio a la derecha y eso es lo que, después de Zapatero, Pedro Sánchez está exacerbando porque va de la mano de Podemos, que tiran de los hilitos de la marioneta que son los del PSOE.

Si miramos la actualidad ese ‘discurso del odio’ se lo tratan de endilgar ahora a VOX

Pero es que antes de que existiese VOX nos lo endilgaban al Partido Popular. A mí no me sorprende nada. Todo el que no piense como ellos y no está de acuerdo con blanquear a Venezuela, a Nicolás Maduro,  a los asesinos que llevan años gobernando como los Castro o los de Corea del Norte… todos esos que les gustan tanto a ellos, por criticarlos, somos objeto del discurso del odio.  A Isabel Díaz Ayuso le han dicho tonta, inepta e incluso ‘ida’, y para mí es el político español que más positivamente nos ha sorprendido a todos en los últimos 30 años.

Quién lo iba a decir, porque esas esperanzas estaban puestas en Pablo Casado…

Bueno, no quiere decir que las esperanzas en Pablo Casado no sigan puestas, pero a Isabel Díaz Ayuso, en 2019, no la conocía nadie. De hecho pierde las elecciones. Y sin embargo, en estos dos años, todo el pueblo de Madrid ha comprendido que es una de ellos y que es lo que queremos, y no hay más que salir a la calle con ella para verlo.

En FAES se hizo todo un corpus doctrinal en el que decíamos qué íbamos a hacer cuando llegáramos al gobierno. Y lo hicimos.

Usted sigue militando en el Partido Popular.

Por supuesto.

Este es un libro que de alguna forma puede resultar incómodo para su propio partido. Es usted valiente a la hora de exponer sus opiniones. ¿La libertad dentro de un partido político es como el agua y el aceite?

Pues sí, la verdad es que cuando uno aspira a que le den cargos dentro de un partido político más le vale no expresar su opinión si no coincide exactamente con las de los que mandan en ese momento. Eso es así. Yo no aspiro a ningún cargo porque ya llevo muchos años militando en el Partido Popular; creo en el Partido Popular y creo que a Pablo Casado hay que agradecerle que nombrara a Isabel Díaz Ayuso. Como el nombramiento de Rodríguez Almeida para la alcaldía. Si yo hubiera estado en el cargo de Pablo Casado, creo que no me hubiera atrevido a hacerlo.

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El subtítulo del libro apela a una derecha unida ¿Es posible conseguir esa unión con discursos como el de Pablo Casado hacia VOX en la moción de censura?

Vamos a ver: el discurso de Pablo Casado que a mí me enamoró y que nos llevó a todos a votarle con un porcentaje amplísimo – teniendo en cuenta que la otra candidata era Soraya Sáenz de Santamaría- fue el que pronunció en julio del año 2018. Ese fue un discurso en el que dio todas las batallas culturales. Lo que pasa, y es verdad, es que llegaron unas elecciones muy pronto en el mes de abril, que le pillaron con los problemas que nos habían causado a los miembros del Partido Popular y que provocaron que de los 11 millones de votos en 2011 bajáramos a los 5 millones y pico en 2019. Eso es un problema para el líder del partido, que acababa de llegar. En la convocatoria de noviembre (2019) repuntamos, y en medio hemos tenido las elecciones autonómicas  y municipales en las que hemos conseguido volver a gobernar en el Ayuntamiento de Madrid, mantener la Comunidad madrileña a pesar de no ganar las elecciones, y muchas otras instituciones. Pero Ciudadanos, que no quiso unirse al PSOE para evitar que pasara lo que luego ha ocurrido, no fue muy bien percibido por sus electores y perdió 42 escaños solo de abril a noviembre. Y eso creo que llevó a Pablo Casado a cambiar la estrategia y a pensar que había que recuperar los votos de Ciudadanos. Con esa recuperación de votos yo estoy totalmente de acuerdo.

Pero quizá la forma de hacerlo, que el giro al centro que pensaron quienes le aconsejaron eso supusieran tres cosas, a mí personalmente no me ha gustado y así lo digo en el libro. Estas tres cosas han sido el cese de Cayetana (Álvarez de Toledo), el discurso con ataques personales a Santiago Abascal en la moción de censura – moción con la que yo tampoco estaba de acuerdo- y la otra ha sido la entrevista en RAC1 , diciendo que la Justicia se había extralimitado en octubre de 2017 y que a él le daba lo mismo que en los balcones hubiera senyeras, esteladas o banderas de España. Creo que no estuvo bien. Porque después hay que medir los resultados: se producen unas elecciones el 14 de febrero en Cataluña y de los 30 escaños que pierde Ciudadanos no recuperamos ninguno. Y encima perdemos uno de los que teníamos.

Entonces, qué duda cabe, que la estrategia podía ser acertada, y quizá es acertada, pero la táctica creo que no fue buena.

En esa táctica que menciona podrían entrar lo que usted denomina ‘debates pendientes’, que son asunto baladí: la demonización de las empresas y los empresarios, o la Ley de Memoria Histórica, que más que memoria es revisión partidista de la Guerra Civil.

Yo digo en el libro que la ley de memoria histórica ha tenido una conclusión paradójica, y es que muchos de los que , la verdad, no habíamos estudiado ni la República ni la Guerra Civil a fondo, pues nos habíamos creído ese canon que nos habían contado ellos de que aquello era una época idílica, que se respetaban todos los derechos y libertades en la II República… Pedro Sánchez dijo el otro día en el Parlamento que fue una ‘época luminosa’.

El ‘relato’, que se dice ahora.

Y nos habíamos creído ese relato de que unos generales fascistas y unos clérigos carcas habían dado un golpe de Estado. Pero ahora que se estudia con detenimiento descubres que la II República de idílica no tuvo nada. Pero nada de nada. Es verdad que hubo hechos heroicos y vergonzosos en los dos bandos, pero la realidad es que los tres intelectuales que más hicieron por el advenimiento de la República, que fueron Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala, tuvieron que huir. Era tan idílica que tuvieron que marcharse, y desde el extranjero  mandaron su apoyo a Franco. Y  por si fuera poco ese apoyo , enviaron a todos su hijos a luchar en el ejército que llaman ‘fascista’ y que yo llamo ‘nacional’. La Guerra Civil no se hubiera producido si no llega a ser por cómo estaba funcionando la República. El asesinato del jefe de la oposición, Calvo Sotelo, fue clave y el Gobierno no hizo nada. Dijeron que ellos estaban ‘contra el fascismo’ y eso fue lo que empujó a Franco, que no estaba nada decidido a es golpe, a unirse a él. Y fíjese que yo, como concejal de Cultura, le di una calle a Indalecio Prieto ¿Por qué? Pues porque yo entendía y sigo entendiendo que esa era el espíritu de la Transición, que equivocados o no, – y Prieto pide perdón por todas las barbaridades cometidas- todos ellos quiero pensar que lo hicieron porque pensaban que era lo mejor para España.

 

Estoy acostumbrada a dar la batalla cultural siempre y ante quien haga falta.

Y sin embargo la derecha ha asumido, en este sentido, una mala herencia que no le corresponde.

(Ríe) Pero si es que el partido socialista que es el partido de la checas, de los asesinatos y de los ‘paseos’, ¡resulta que está muy orgulloso de su historia! ¿Y nosotros? Estoy acostumbrada a dar la batalla cultural siempre (recalca este ‘siempre’) y ante quien haga falta. Y no solo por la historia del siglo XX, porque, remontándonos algo más, también estoy muy orgullosa de lo que muchos españoles han hecho. Por eso recomendé el otro día  el libro de Ramón Tamames ‘La mitad del mundo que fue de España’, porque es un libro muy interesante, y yo estoy muy orgullosa de nuestra historia. Por supuesto que tiene luces y sombras, pero son muchísimas más las luces que las sombras.

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¿Qué ha pretendido con ‘Sin complejos’ Esperanza Aguirre?

Pues he pretendido llamar la atención sobre el momento que estamos viviendo. Aquí no estamos discutiendo quien están en la Moncloa, si el partido socialista o el Partido Popular. No. Aquí se ha asentado en la Moncloa un gobierno socialcomunista que lo que quiere es cambiar el régimen constitucional que los españoles nos dimos en el año 78 ¿Y cómo lo quieren cambiar? Pues acabando con la Monarquía. Esta misma semana Pablo Iglesias decía que qué vergüenza que el rey no hubiera condenado lo de sus balas. Mariano Rajoy tuvo unas amenazas de muerte terribles y dijo que no había que hablar de ello. Nunca se quiso hacer la víctima.

En un par de días tienen lugar las elecciones madrileñas. Muchos analistas coinciden en que son mucho más que unas elecciones regionales. ¿El resultado dibujará el escenario político de España en unos años?

Yo creo que sí, porque es la primera ocasión en la que los españoles, después de que no nos dejen dormir con los comunistas en el Gobierno, de que se abracen a quienes no nos dejaban dormir, y que después de la pandemia pongan un estado de alarma que les ha permitido aprobar las leyes más sectarias de la historia de esta democracia. El colmo ya es lo del otro día, en la exposición de motivos de una ley demencial, con la que permiten que los piquetes ejerzan violencia contra los que quieran ir a trabajar cuando hay una huelga.  En esa exposición de motivos dicen que el Gobierno del  Partido Popular no ha hecho otra cosa que pisotear nuestras libertades ¿Pero esto qué es? Es un disparate, la verdad.

 

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