La Fuente del Olivo, camino de su tercer siglo


El autor de su diseño, Tomás Jerónimo de Pedrajas, dejó diversas obras para la Mezquita Catedral

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Fuente del Olivo. /Foto: Jesús Caparrós

Su nombre oficial es el del Fuente de Santa María, pero en Córdoba se le conoce como Fuente del Olivo por el que retuerce su viejo tronco junto a uno de sus caños en un espasmo postrero por no caer definitivamente. El único olivo del Patio de los Naranjos no pasa desapercibido y rompe la simetría del conjunto junto a la fuente que centra y protagoniza el jardín que antecede a las naves de la Mezquita-Catedral

Hace poco más de tres siglos que el obispo Pedro Salazar y Góngora decidió una cuantiosa inversión para mejorar la canalización que abastecía de agua a la Mezquita Catedral. Esta actuación supuso un incremento en el caudal de que se disponía, por lo que se inició en esos años el proceso de mejora de las fuentes del Patio de los Naranjos.

Esta Fuente del Olivo, que es la actualidad centra el objetivo de las cámaras fotográficas de los turistas, cumplió durante siglos una misión social tremendamente humanitaria, como fue la de abastecer de agua potable a las familias que vivían en las inmediaciones de la Mezquita Catedral y que carecían en sus domicilios de este suministro de primera necesidad.

Una fuente muy social

En las fotografías más antiguas que se conservan del Patio de los Naranjos se pueden ver grupos cargados de cántaros y de otros recipientes que llenaban de agua en alguno de los cuatro caños de la Fuente del Olivo, en una liturgia que repetían a diario y que servía para la convivencia vecinal. 

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Fuente del Olivo. /Foto: LVC

Los cordobeses tomaron a esta fuente como un elemento destacado de su imaginario popular y en torno a él tejieron leyendas y coplas: “A la Fuente del Olivo,/ madre, llévame a beber/ a ver si me sale novio,/ que yo me muero de sed”.

La actual fuente no fue la primera que hubo en este lugar. A finales del siglo XVI describe Ambrosio de Morales otra “harto hermosa pieza y, tan grande, que tiene doce pies de diámetro”. La actuación acometida en las primeras décadas del siglo XVIII en el Patio de los Naranjos reformó por completo los elementos hidráulicos y en ellos tuvo que ver uno de los artistas con más proyección en la Córdoba de ese momento, como fue Tomás Jerónimo de Pedrajas, de cuyo diseño son las fuentes del Olivo y la del Cinamomo.

La obra de Tomás Jerónimo de Pedrajas

El estilo de Pedrajas es de una personalidad tal que es inconfundible. La magistral combinación de elementos vegetales y geométricos y su afición por los volúmenes valientes para acentuar los contrastes entre luces y sombras son las señas de identidad más destacadas en sus obras.

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Fuente de Puerta Nueva. /Foto: LVC

Por esto, se encontrará similitud con otras fuentes monumentales salidas del diseño de Pedrajas, como son las de Campo Madre de Dios o la de los Padres de Gracia, que estuvo junto al convento del Carmen de Puerta Nueva. En ellas, los pilares y las formas delatan la autoría del artista bautizado en San Miguel.

Pedrajas, después de vender libros de segunda mano, se formó como orfebre y es coautor de la custodia procesional de Espejo. Pero duró poco tiempo en este oficio y tras casar con una hija de Teodosio Sánchez de Rueda, el gran retablista granadino que tanto trabajó en Córdoba, decidió dar un nuevo rumbo a su vida.

La formación en el arte de la platería le sirvió a la hora de coger el lápiz y trazar todo tipo de diseños. A partir de este momento es cuando su nombre comienza a ser conocido no sólo en Córdoba sino en provincias limítrofes. 

Más trabajos para la Catedral

Uno de sus primeros trabajos, hace ahora tres siglos, fue el presentado al Cabildo de la Catedral con las nuevas fuentes para el Patio de los Naranjos, que no se llegarían a ejecutar hasta unos años después. Este trabajo de juventud no caería en balde, pues a lo largo de su vida cumpliría diversos encargos para el primer templo de la Diócesis.

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Puerta de la Grada Redonda. /Foto: LVC

Además de las fuentes del Olivo y del Cinamomo, Pedrajas es autor, por ejemplo, de los dos canceles de madera noble que dan acceso al interior del templo por la puerta de las Palmas y la nave del Sagrario. También salieron de su mano las yeserías de la capilla del Cardenal Salazar o la embocadura de la nave principal, en mármoles de diversos colores para el monumental cuadro de la aparición de San Rafael pintado por el Arcediano de Castro. El lienzo se encuentra ahora en otro lugar, pero sigue en su sitio la decoración de capillitas en las dovelas del monumental arco.

En el exterior de la Mezquita Catedral se puede ver la conocida como Puerta de la Grada Redonda, en la esquina nororiental del templo, con los volúmenes y los elementos decorativos característicos de Pedrajas. 

Pero no todo fue idílico en su relación con el Cabildo. El artista tuvo su desengaño cuando presentó un proyecto de coro junto con Alonso Gómez de Sandoval y los capitulares se decantaron finalmente por el presentado por Pedro Duque Cornejo.

Otras obras de Pedrajas

Aparte de la Mezquita Catedral, en Cordoba hay más obras de Pedrajas, como la portada de San Hipólito o la peana recién restaurada de la Virgen de los Dolores en la iglesia de San Jacinto. En Fernán Núñez trabajó en la parroquia de Santa Marina y en Priego de Córdoba dejó una de sus obras más destacadas en las yeserías de la parroquia de la Asunción.

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Portada de San Hipólito. /Foto: LVC

Todo este trabajo lo simultaneaba con la realización de diseños de orfebrería que vendía a plateros de toda España y de los que, desgraciadamente, no ha quedado su autoría.

En cambio, sí se conocen, por estar documentados los diseños que hizo para otros puntos de Andalucía, como Andújar, así como las cartujas de Granada y de El Paular, en Madrid.

Pedrajas fue un artista del dibujo, con una creatividad plenamente encajada en lo mejor del barroco cordobés. La personalidad de sus obras, así como su alta calidad, reclaman un reconocimiento de la ciudad que le vio nacer.