OPINIÓN | Las vallas logísticas de defensa


Unas vallas de bomberos permanecen desde hace meses en la calle Cairuán

La calle Cairuán no es una calle con suerte. Ha padecido ciertas anomalías en los últimos años que la han sacado en la prensa por cosas como un pato muerto, unas caras en relieve misteriosas, unos gayumbos sobre la cabeza de Séneca, guiris bañándose en los estanques y algún desprendimiento en la Puerta de Almodóvar, entorno éste, por cierto, declarado Bien de Interés Cultural.

El 10 de diciembre del pasado año, antes de una nueva ola vírica, se producía un desprendimiento en la muralla de la Villa que precisó la diligente actuación de la Oficina de Arqueología de la Gerencia Municipal de Urbanismo. Llegaron unos señores bomberos y colocaron unas vallas para evitar que otro ñusco patrimonial más dañara la cabeza de algún contribuyente despistado o viandante común.

Las vallas siguen ahí. Preguntado el SEIS al respecto alegan que, ciertamente, fueron requeridos sus servicios para tal suceso ‘hace algunas semanas’. 19, para ser exactos. El tiempo es una dimensión elástica.  Las vallas cumplen por tanto su función preventiva, que se ha convertido en prolongada labor. Desconocemos si se ha actuado o tiene previsto enlucir, encofrar o reformar el desperfecto. Porque esta ciudad está en otras cosas de más enjundia. Como el turismo viene poco o no viene, no pueden presenciar unas preciosas vallas rojas en tan hermoso entorno.  

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Hace algunos años apareció muerto un pato flotando en unos de los estanques de la calle gafada. Entonces andábamos enfrascados los cordobeses en ser capital cultural. El inefable Paco Palacios, periodista excepcional en paradero desconocido o exiliado interiormente, tituló su crónica a tal efecto como ‘Pato a la capitalidad’. No sentó bien aquello porque en Córdoba hay gente muy seria que se ríe poco. Que trata temas capitales, de primer orden, como ahora estamos en que venga por favor cuanto antes ya que nos hace falta la Base Logística de nuestras entretelas.

Es posible que si esas vallas se hubieran quedado olvidadas en un mandato municipal anterior -como la carátula del deuvedé de ‘Gladiator’ que pusimos en Navidad mientras nos comíamos unas perrunas y ahí sigue al lado del wifi- tendríamos una movida de esas de hay que ver qué imagen estamos dando y qué poco cuidado tenemos con los entornos turísticos y tal.

De momento algún vecino ha protestado y, de hecho, nos remite la instantánea de las vallas detenidas en el tiempo, como esta milenaria ciudad. Porque no hay turistas pero sí cordobeses que ven cómo la desidia, o la habitual españolidad de nuestro sentido de la diligencia, han dejado unas vallas que puede que comiencen a coger verdina a pesar del escaso índice pluviométrico de los últimos meses.

Son unas vallas logísticas para la defensa de desprendimientos. Sólo así podemos entender su estratégica y permanente ubicación en la calle Cairuán, una calle sin suerte.