OPINIÓN | Los bares pagan el pato


Conviene no olvidar que fueron las autoridades autonómicas las que dieron luz verde a aquel relajamiento, que hubo muchas reuniones familiares y que, en general, la población cumplió

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Terrazas, en una imagen de archivo./Foto: LVC
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Terrazas, en una imagen de archivo./Foto: LVC

Decía Alberto Rosales a este medio, que lo sucedido en Semana Santa había sido como tomar una aspirina para una enfermedad que necesita mucho más que un analgésico. Y, seguramente, no le faltaba razón, ya que desde el comienzo de la pandemia bares, restaurantes y locales de ocio nocturno han pagado el pato de la pandemia.

No deja de ser cierto que se cumplen -en la mayor parte de los casos- con las medidas de seguridad en dichos establecimientos. Tampoco deja de serlo que apenas hay casos demostrados o, más bien, sospechosos de que los bares sen un foco de contagio. También hay ejemplos de escarnio público, como el del verano pasado con el Babilonia. Y, no es menos cierto, que la movilidad social agita al virus. Pero no solo en la hostelería, sino en centros de trabajo, lugares de reunión y, en definitiva, en todo lo que implica relaciones sociales.

El gran y fatídico ejemplo, en Andalucía, fue la ‘desescalada’ navideña, la misma que provocó la tercera y peor de las olas del coronavirus. Conviene no olvidar que fueron las autoridades autonómicas las que dieron luz verde a aquel relajamiento, que hubo muchas reuniones familiares y que, en general, la población cumplió con las medidas que les permitieron.

Tampoco conviene olvidar que lo que se restringen son derechos fundamentales a los que, aunque por costumbre de meses parezca lo contrario, el paraguas del estado de alarma se les queda corto y con las varillas medio rotas. Como tampoco conviene olvidar que nadie le pone el cascabel al gato de un nuevo confinamiento, que -como quedó demostrado- es mucho más eficaz que cualquier otro tipo de restricción.

En ese contexto, el jueves se anunciaba la limitación de horario de los bares a las 8 de la tarde (también del comercio no esencial). Y, en esencia, la medida fue contradictoria y guardaba un nuevo agravio comparativo. Contradictoria porque tenía que haber entrado en vigor ayer, pero a las dos horas del anuncio se pospuso al domingo. Discriminatoria porque, mientras una tienda de ropa cerrará a las 8 de la tarde, un “chino” que venda pan y leche (mezclado con productos de ferretería, limpieza y demás) lo hará más tarde, como los supermercados que ofertan desde alimentación a electrónica. Ahí, la Junta no ha tenido la misma precisión de cirujano que para establecer niveles de alerta.