Ángel M., adicto rehabilitado: “Todos los que me han conocido antes, ahora me dicen que soy un milagro”


Según el último informe (2020) del Observatorio Español de la Drogas y las Adicciones, dependiente del Ministerio de Sanidad, en España el número total de admisiones a tratamiento por drogas legales e ilegales (excepto el tabaco) en 2018 fue de 73.768, situándose el alcohol (35,0%) en primer lugar, seguido de la cocaína (28,4%), el cannabis (18,2%) y los opioides (15,4%) .Gente que pidió ayuda.  Los informes de dicho observatorio retratan estadísticamente un problema que afecta a millones de personas en el mundo, personas que comparten una misma enfermedad: la adicción. Y no se trata solo de diversas sustancias, consumo de dispositivos electrónicos o abuso del juego, no. Es todo lo que provoca en la vida de esas personas, que  la mayoría de las veces desconocen que padecen una enfermedad o que, si toman consciencia del problema, no encuentran la salida al mismo.

A la enfermedad se la conoce clínicamente, por supuesto. Son diversos los tratamientos que se aplican para tratarla, y las estadísticas sobre la recuperación no son muy claras en este sentido, ya que depende del centro, institución o tratamiento que se aplique. Y porque los aspectos del enfermo también cuentan: la edad y el sexo, aunque no guste a quienes defienden políticas identitarias, juegan un papel muy importante en el proceso de rehabilitación.

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Hace algunos años nadie daba un duro por la vida de Ángel M. (Valencia, 1972). Ni tan siquiera él mismo. Su trayectoria como adicto comenzó muy joven, con el alcohol, y acabó sumando a su vertiginosa carrera la cocaína, la heroína, el hachís (“los porros”) y todo aquello que le diera un subidón. Él pensaba que esa era su única vida y sería su inevitable  final. Se veía condenado. Ni el paso por un centro penitenciario le animó a buscar una salida. Como otros muchos adictos, en uno de sus intentos – obligados o voluntarios- de rehabilitación, se encontró con el programa de los 12 Pasos, que iniciaran en la década de los 30 del siglo pasado los cristianos ‘Grupos Oxford’ para después ser adoptados, pulidos y desarrollados por los fundadores de Alcohólicos Anónimos. Desde entonces, este programa ha sido la base de la recuperación y tratamiento de miles de adictos en el mundo, bien usando el mismo recorrido en doce estaciones, con los pasos refundidos en menor número, o quizá ampliados, dependiendo del centro o grupo terapéutico que los emplee. No a todos les funciona, pero “el que los trabaja acaba recuperándose”, nos dice Ángel. Como otros muchos adictos, Ángel ejerce el anonimato. No nos da su nombre completo, no muestra su cara. Eso del anonimato que tanta chanza produce en los profanos a la recuperación tiene una explicación en dos vertientes: Ángel habla de Narcóticos Anónimos (NA) pero no en nombre de NA. Si mañana recae, provoca un problema de imagen y credibilidad para una asociación que le ha dado libertad plena y una posibilidad real de rehabilitarse. Y sin ánimo de lucro, por cierto. La otra razón tiene que ver con un problema común a todos (enfermos o no) pero acentuado en los adictos: el ego. El recuperado Ángel puede perder la perspectiva de lo que es – un adicto- y creerse el ‘mejor exdrogodependiente”. De ahí a una orgullosa recaída hay un solo paso. Como sus compañeros, Ángel sabe lo que es y cual es su enfermedad, y que el primer paso para recuperarse consistió en achantar a su inflado ego y someterlo a una cura de humildad, rindiéndole ante la evidencia de que él mismo era siempre vencido por “las sustancias”.

Casado en segundas nupcias con una madrileña, y con parte de sus hijos estudiando en Córdoba, donde residió durante algún tiempo, Ángel M. tiene una vida nueva en La Carolina (Jaén), trabaja para la empresa encargada del mantenimiento de la A-4 ”desde Despeñaperros hasta Bailén” y trata de ayudar a los que, como él, padecen una adicción. Sin ánimo de lucro, como le han enseñado sus compañeros, como ha aprendido día a día.

Cuando uno resucita para una vida nueva, debe hacerlo sin lastres.

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Tú te sigues presentado como un adicto. ¿Por qué?

Sí, porque es como un apellido más que tengo. Me sigo presentado así en reuniones sobre adicciones. En mi vida normal y corriente nadie sabe que soy un adicto. El que lo sabe es porque yo se lo digo. Más que nada lo que me gusta que la gente entienda es que esto no es malo ni bueno, sino una enfermedad. Y mi enfermedad se llama adicción. Entonces, cuando hablamos entre compañeros me presento así para que nadie se sienta diferente, que vean que no es una vergüenza tener esta enfermedad. Lo que es una vergüenza es estar en la adicción activa, pero en recuperación ¿por qué?

¿Cuántos años llevas sin consumir?

Sin tomar alcohol llevo cerca de 22 años. Sin consumir cocaína y heroína, 12. Pero este tiempo no es un logro ni un objetivo que conseguir, sino la consecuencia de una serie de actos y de normas que he vuelto a adquirir gracias a lo que estoy haciendo, claro. Si no, estaría consumiendo.

Se puede decir que tú revives todos los días ¿no?

Sí, lo tengo claro. Hay gente que me ha conocido en adicción activa, vecinos y amigos de cuando era más joven que no tienen nada que ver con la del mundo en el que me he movido, y todos dicen lo mismo: que soy un milagro. Nadie se cree que iba a estar como estoy hoy en día. Todos pensaban cuando salí de mi última rehabilitación que duraría tres días limpio y que volvería a lo que siempre he estado haciendo. Creen que soy un milagro porque, actualmente, no es que no consuma drogas; es que lo que yo transmito y soy ahora no tiene nada que ver con lo que transmitía años atrás. Es verdad que es así: yo todos los días revivo.

¿Cómo es el infierno, Ángel?

H estado durante muchos años en él, sintiéndolo, viviéndolo y tocándolo. Incluso creía ser feliz en él. Llegó un momento en que perdí el miedo a esa incomodidad y me sentía a gusto. Cuando empecé con mi recuperación me daba miedo lo desconocido que suponía salir de ese infierno. Me costó mucho trabajo poder salir de ahí. No salir de lo que es la adicción en sí, de la sustancia física, sino salir de esa manera de pensar, de esa manera de vivir, de esa manera de ser. Porque esa era mi vida. Entonces… vivía en el infierno. Fue muy difícil. Muchísimo.

¿Cuándo fue la primera vez que consumiste?

Realmente no lo recuerdo. Puede que con 13 o 14 años ya empezara a ingerir alcohol, que para mí es una droga más. Yo no califico a las drogas por su nombre. Para mí lo son todas, tanto la heroína como el alcohol. Después aparecieron los porros y, en realidad, problemas con las sustancias y consecuencias por ellas- aunque yo no me daba cuenta de eso- llegaron a partir de los 19 o los 20 años.

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¿Cuántas veces has tratado de recuperarte?

Durante muchos años no tuve la necesidad de recuperarme, porque creía que todo el mundo era como yo. Y es verdad: ese era mi mundo, porque no salía nada más que con camellos, drogadictos, prostitutas, ludópatas y gente de bares. La noche. No creía que tuviera un problema. De hecho pensé que lo tenía no hace más de 10 o 12 años. Me consideraba un vicioso. Yo era una persona viciosa y pensaba que iba a morir así, que ya no tenía remedio. Con mis miedos, mis vergüenzas y arrepentimientos también. Luego aprendí que no soy culpable de aquello, pero sí responsable de ello y de lo que hago.

¿Por cuantos centros has pasado?

No lo recuerdo, la verdad. Con psicólogos privados, 8 o 10. Entre los centros de rehabilitación también cuento el penitenciario, con 19 años, que fue una de las consecuencias de la droga. Aunque salí de allí pensando que no tenía ningún tipo de problema y seguí consumiendo. Pero vamos, que centros han sido unos 4, contando el último. Y aún sigo en recuperación.

A uno de ellos me llevó un club de fútbol en el que jugaba. Por cierto que decían que era bueno jugando… Era una clínica de desintoxicación y sí es verdad que en un mes te limpiaban a base de zumitos y de reuniones, pero vamos, que el mismo día que salí de allí me fui a consumir. O sea, que no me sirvió de nada. Luego estuve en otros tres años que me sirvió a medias, porque yo seguía consumiendo. Pensaba entonces que mi problema era la cocaína y la heroína y lo que hacía era cambiar. Bebía alcohol y fumaba hachís, y además decía que nadie tenía por qué quitármelos. Después entré en otro centro más y tampoco me funcionó. Las recaídas eran cada vez más tristes, más serias. Cada vez conocía a peor gente, gente de la noche. Y mejores tipos de drogas, con más calidad. Y a medida que me iba metiendo me iba creando más maldad. Llegué a ser mala persona.

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Los centros es verdad que, posiblemente, todos funcionen. Yo sé de compañeros que les han servido. A mí desde luego no. No me funcionaba que me lo prohibiesen todo. Sin embargo conocí este programa (12 Pasos) en el cual sigo y continuo con él ayudando a la gente, y en él me sugieren lo que tengo que hacer; no me dicen ‘lo que debo hacer’. A medida que me sugieren y acepto las cosas me estoy recuperando.

Pero sí que pasé por tres o cuatro centros y varios psicólogos que intentaron ayudarme y no pudieron, claro. Pero realmente no pudieron hacerlo porque yo no quería. Yo no quería salir de eso y es más, no pensaba que tuviera un problema, ya te digo.

Ahora eres tú el que ayuda a otros. Pero quizá lo más difícil de esto es que, en efecto, no se puede ayudar a quien no es consciente de su problema.

Ese es un trabajo que he tenido que hacerme, personalmente,  muy en serio, por la impotencia que se siente. Porque es cierto que es muy difícil ayudar a quien no quiere ayudarse. A mí me vienen familiares o vecinos de enfermos como yo solicitando ayuda y cuando te llega después el enfermo aparece diciendo todo lo mismo que yo decía en su día: que si soy un listo, o un prepotente o que yo qué sabré.. Y ves cómo esa persona cada vez se va hundiendo más. Llega un momento en que cuando ya están en lo más profundo de su infierno es muy difícil que yo pueda echar una mano. Como él o ella no quiera, esto no funciona. Es más, tengo clarísimo que esto no es para el que lo quiere ni para el que lo necesita, sino para el que lo trabaja. O sea, es verdad que la recuperación es para quien la quiere – aunque necesitarla la necesita mucha gente- pero si además entras en ella, solo cuando tú la trabajas es cuando funciona. Tú trabajas diariamente en tu recuperación y lo consigues.

¿Por qué resultan casi milagrosos para algunos adictos – entre ellos tú- los 12 Pasos?

No he sido, ni soy, una persona muy creyente. Principalmente creía en mí y menos mal que hoy en día no me creo nada de lo que pienso (ríe), pero bueno, ya te digo que no he sido creyente. Entonces llego a un programa que no es religioso pero sí espiritual. Y es complicado, porque cuando estás metido en el mundo de la droga, que te hablen de espiritualidad es algo difícil de entender.

Casi todos los días trabajo los pasos mentalmente porque hay situaciones en la vida con las que no puedo luchar,  y tengo que dejárselas a alguien que no sea yo, en este caso, el ‘poder superior’ del que hablamos en el programa. He trabajado los 12 pasos varias veces. Y cuando te encuentras con un programa espiritual, te das cuenta que el problema no son las sustancias. Es más, hoy en día las sustancias siguen estando en la calle. Mi problema no es mi vecino. Mi problema no es nadie externo a mí. Mi problema es que no tenía nada de espiritualidad, no he tenido nunca fe, no he tenido nunca esperanza. Y todo esto me lo está proporcionando el programa. Sin ser yo religioso.

Por cierto que hay alguna gente que cree que es algo sectario, y no lo es en absoluto. En una secta es muy fácil entrar pero muy difícil salir. Aquí tenemos libertad para ‘entrar’ y ‘salir ‘y no existe ánimo de lucro.

Esto me ha salvado y por supuesto que es un milagro. Si hubiese sido solo por mí, por las sustancias que son las que me han ido guiando durante muchos años, estaría muerto. Si no he muerto es porque me han ayudado, mis compañeros han estado ahí, sugiriéndome cosas, enseñándome una nueva manera de vivir. Ahora no soy ni la mitad de lo que fui. Sigo siendo la misma persona pero han cambiado todos mis principios y prioridades. Y si tengo problemas en la vida, dispongo de herramientas para solucionarlos, gente con la que puedo contar. No estoy solo. Y repito que eso es un milagro.

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Forma parte del proceso de recuperación el ayudar a los demás ¿no?

El último paso del programa que seguimos, el paso 12,  dice que “habiendo obtenido un despertar espiritual” después del proceso de los otros 11 pasos, tenemos que empezar a aplicar los principios y pasar el mensaje “al adicto que está sufriendo”. A lo único que me limito es a pasar el mensaje. A decirles a los que llegan dónde estuve, cómo estuve, qué hice y cómo estoy hoy en día. Ese mensaje a mí en ningún otro centro ni ningún otro psicólogo me lo dijo. Y no porque fueran malos profesionales, sino porque el único que sabe de dónde viene un adicto es otro adicto igual que él. El único que me puede decir a dónde voy es otro adicto como yo. El único que me puede decir cómo me puedo recuperar es alguien que lleve años en recuperación.