OPINIÓN | Carteles de la esperanza


Lo cierto y verdad es que son los carteles de la ilusión, de la necesidad, del deseo, de la reivindicación.

Podemos ponerles todas las faltas que queramos. En realidad cada año ocurre lo mismo. Falta menganito, sobra fulanito… como excusa sobre la que cimentar una conversación inútil y un punto absurda cuyo único fin es alargar un tiempito más el medio de Montilla-Moriles. Los carteles son los que son. Usted hubiese hecho otros. Quizá hubiera ajustado otras ganaderías, quizá hubiese atendido la más que justificada inclusión de Rocío Romero. Yo también. Como cualquier paisano, tengo mis propios carteles, lo mismo que tengo mi propia alineación de la selección española de fútbol. Pero, amigo mío, el que se la juega es el empresario, que pone dineros, prestigio e ilusión en confeccionar un ciclo atractivo.

Pero, aparte de la proeza de iniciar un negocio en estos tiempos, es innegable que estos carteles contienen otros aciertos. Finito debía tener una presencia señalada en el trigésimo aniversario de su alternativa. Es uno de los grandes nombres de la tauromaquia cordobesa y la empresa ha sido sensible con ello. Otro día discutimos, si usted quiere, sobre la extraordinaria longevidad de las carreras de algunos toreros contemporáneos. Otro acierto que nos ofrece el ciclo es la presencia de Roca Rey y de Pablo Aguado. Ciertamente no cabe discusión sobre la actualidad, interés y vigencia de la propuesta.

Cartel Feria Taurina de Córdoba 2021

Puede pensarse, igualmente con criterio cierto, que las combinaciones de toros y toreros giran en torno a la seguridad que ofrece lo que se sabe que funciona, pero también es cierto que determinados aspectos evidencian riesgos que antes no habían asumido otras empresas. Por ejemplo, el ciclo sale del final de mayo para adelantarse y hacerlo coincidir con el festival de los patios. Indudablemente supone una apuesta, tímida si se quiere, por buscar un nuevo modelo de feria. Lo reconozcamos o no, el modelo tradicional está agotado por asfixia ante el tsunami de Madrid. La pérdida de la septembrina Fuensanta dejaba a Córdoba sin toros todo el año y con los toreros pensando más en San Isidro que en Ntra. Sra. de la Salud. La unión de los festejos taurinos con la oferta turística de los patios puede ser un aliciente que, como mínimo, debe ser explorado por si alguna vez se decide cambiar la fecha de la feria taurina, afectada igualmente por las distancias físicas y dificultad para desplazarse entre ambas ubicaciones.

Pero lo cierto y verdad es que son los carteles de la ilusión, de la necesidad, del deseo, de la reivindicación. Son tiempos difíciles para todos, sobre todo para que la sociedad comprenda y respete un hecho cuya apariencia difícilmente sostiene su vigencia. Un animal herido y sangrante ante el regocijo de miles de espectadores que, en algunos casos incluso fuman, supone el punto más distante de lo correcto, de lo moderno. Los toros son un acontecimiento extraordinariamente complejo que requiere de sensibilidad y un largo proceso de aprendizaje que necesita, obligatoriamente, que se produzca el hecho que ha de juzgarse. Es decir, tiene que haber toros. Y en las circunstancias actuales, sean los que sean. Pero, además, estos no son malos. Yo ya estoy impaciente por volver a escuchar el pasodoble Manolete.

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