Isabel Guerrero, presidenta de Adevida: “A lo mejor vamos contracorriente, pero seguimos adelante”


En el Baratillo hay cierto movimiento pero a esta hora de la mañana, un miércoles, quizá no sea el mejor momento para encontrar gran afluencia de público. Bueno, la gran afluencia ya no la vamos a encontrar en casi ningún sitio porque pandemia obliga. De hecho una señora nos toma la temperatura en la entrada, con un rayo láser que mide los grados pero no las intenciones, que se nos suponen, a nosotros y a los que acuden al Baratillo, generosas. Porque de generosidad vamos a hablar con esta mujer que es Isabel Guerrero, presidenta de Adevida y que tiene el sol de su Cádiz natal en los ojos que se encienden particularmente cuando agradece la labor de los voluntarios, los colaboradores y la gente de Córdoba que, a pesar de las dificultades, ayudan a que muchas mujeres den a luz la vida que portan en el vientre, que los niños lleguen al mundo con dignidad y oportunidades, que las familias más humildes reciban no solo alimentos y ropa, sino apoyo y amor. El Baratillo es uno de sus buques insignia de Adevida desde hace muchos años y navega ahora incluso cuando pintan bastos y virus. Un Baratillo en el que encontraremos muebles restaurados, ropitas de bebé, libros que una vez fueron leídos con interés, productos naturales de la tierra y muchas sonrisas amables. Pero sobre todo lo que encontramos en el Baratillo es esperanza, la siempre necesaria esperanza para saber que la vida es un regalo que merece la pena  disfrutar y compartir. Por cierto, está abierto hasta el día 31 de marzo.

Un año más el Baratillo, a pesar de la pandemia.

Pues sí. El Baratillo es un poco singular porque lo hemos hecho más reducido, con puestos solamente de Adevida, porque otros años hay muchas tiendas que quieren colaborar y ponen aquí sus stands, aportando un pequeño donativo por estar aquí presentes. Pero nosotros teníamos que adaptarnos a la pandemia, al aforo, y aunque tuviéramos más espacio hemos preferido quedarnos más bien cortas antes de que hubiera algún problema, porque la salud es primordial. Las voluntarias que están aquí están haciendo un gran esfuerzo porque la mayoría no salen casi nada, cuidándose en casa. Pero estamos haciendo turnos para no estar muchas horas. El voluntariado que tiene Adevida es de lujo.

Un voluntariado que no solo está presente en el Baratillo ¿Cómo se está trabajando durante esta situación de crisis?

Tuvimos que aumentar el número de voluntarios durante la época del confinamiento porque teníamos que llevar comida a familias afectadas por Covid. Les facilitábamos lo necesario, como leche maternizada y lo que podíamos aportarle para su mantenimiento. Somos una red en Córdoba con distintas funciones. Unas señoras se dedican a hacer punto y las ropitas de los bebés, que son ya una enseña de Adevida, Otras se dedican a la restauración de enseres; son el grupo ‘Mano a mano’, y cualquier cosa que nos donan ellas la transforman con un gusto exquisito. Y están trabajando durante todo el año para cuando llegan los baratillos. Esta Navidad íbamos a hacer un baratillo aquí, en San Felipe Neri, pero las normas sanitarias se pusieron más rígidas y decidimos anularlo porque la salud es lo primero. Pero, claro, ya teníamos todos los productos realizados, muchos de ellos específicos para esas fechas. Así que tuvimos que adaptarnos a los tiempos, hicimos unos catálogos para colocarlos en las redes sociales y a base de teléfono conseguimos lo que creo que fue un milagro, porque no sabíamos cómo podía funcionar esta nueva forma de trabajar. A un baratillo te apetece ir, saludar a la gente… pero hacerlo así, a través de catálogos, desde la distancia, no sabes cómo puede resultar. Estamos contentas porque supuso mucho esfuerzo pero mereció la pena.

¿A cuantas mujeres le ha transformado la vida esta asociación?

Durante este pasado año casi hemos triplicado las solicitudes de ayuda y hemos llegado hasta donde hemos podido. Antes del confinamiento teníamos previsto un baratillo de primavera, una comida en el Círculo de la Amistad y una fiesta para la juventud. Todos los eventos programados se tuvieron que anular. Nos enfrentábamos a dos retos: uno de ellos era cumplir las normas sanitarias para que no hubiera contagios y el otro, conseguir recursos, recursos que conseguiríamos con los eventos anulados. Llamamos a muchas puertas de instituciones y empresas, hicimos una campaña de donaciones y cada una en su casa con el teléfono en la mano nos movimos muchísimo.

¿Cuánto ha cambiado el perfil de las madres a las que ayudan desde 1985 hasta nuestros días?

Ha cambiado bastante. Al principio- y ahora nos lo estamos encontrando otra vez- había más personas migrantes. Después pasamos a un perfil en el que casi el 90% eran cordobesas, de la capital y la provincia. Porque también atendemos a estas mujeres pero de diferente manera, ya que las de la capital vienen cada 15 días a la sede y las de las provincia solo tienen que venir una vez cada mes. Ahora, con la pandemia, ha cambiado otra vez el perfil. Nos estamos encontrando familias de clase media, que estaban saliendo adelante y que con esta situación se han quedado sin trabajo y sin nada. Y con unos niños que alimentar. Ahora mismo tenemos muchas peticiones de ayudas y estamos haciendo este Baratillo porque nos hacen falta ingresos. El año 2021 fue muy difícil, pero el 2021 se presenta complicado respecto a la crisis económica por la pérdida de trabajo que estamos sufriendo a causa de la pandemia.

Inauguración del Baratillo de Primavera de Adevida./Foto: Jesús Caparrós

Y las administraciones a veces parecen que están más a lo suyo. Se lo digo porque, por ejemplo, ahora mismo, se legisla más para facilitar la muerte que para favorecer la vida.

Además han aprobado ya la ley de la eutanasia. Y nosotros, aunque nos dediquemos más a las embarazadas y los niños recién nacidos, nuestro lema es defender la vida desde su origen hasta su extinción natural. Por desgracia y ahora mismo, con lo que tenemos, se está defendiendo más la cultura de la muerte que la de la vida.

Y posicionarse en contra del aborto y a favor de la vida tampoco está de moda ¿no?

Somos una asociación peculiar sobre todo tal y como transcurren las cosas. Somos una asociación provida y defendemos la vida. A lo mejor vamos contracorriente pero seguimos adelante porque consideramos que el derecho primordial es la vida. No se puede ir contra ese derecho.

La educación sexual que reciben nuestros chicos hoy ¿educa, adoctrina o confunde?

Yo no soy profesora ni sé qué decirte, porque este no es mi ámbito. Los valores han cambiado en la sociedad, es lo que veo desde mi edad. Y es verdad que los valores han cambiado pero creo que hay mucha juventud que valora la vida y que sabe lo que  es. Aquí, cuando hacemos los baratillos, tenemos mucha gente joven que se vuelca como voluntariado. El ejemplo que se da dentro de la familia es muy importante.

¿Cómo se divulga ‘la cultura de la vida’ desde una asociación como ésta?

Bueno, nosotros lo estamos divulgando constantemente. En todos los eventos que hacemos. El lema de este baratillo es ‘Por una maternidad e infancia dignas’. Ahí entra todo. La libertad de cada mujer está respetada, pero nosotros lo que queremos transmitir a esa mujer que está en una situación de exclusión social o se encuentra sola es precisamente decirle que no está sola, que puede acudir a Adevida, que nosotros la ayudamos. Y no solo es una ayuda material la que realizamos, sino psicológica, de acompañamiento. Muchas veces agradecen más el saber que hay un sitio en el que se le acompaña ante los problemas que padecen o la situación que atraviesan, que la ayuda material.

Tenemos muchas satisfacciones en ese sentido. Hay mujeres que estuvieron con nosotras hace años, que tuvieron a sus hijos con la ayuda de Adevida y siguen manteniendo el contacto con la asociación. Se acercan con sus hijos ya mayores en algunos casos. Qué mejor satisfacción que esa después del esfuerzo que se realiza.

Satisfacción para Adevida también debe ser contar con una gaditana como presidenta ¿no?

(Ríe) Bueno, a lo mejor se me nota a la hora de hablar porque no es muy cordobesa. Hay una mezcla de acentos e incluso muchas veces me preguntan si soy de Sevilla. Es verdad que Cádiz para mí sigue siendo muy importante. Nací allí pero me he criado en Córdoba, y aunque Cádiz tiene un cariño muy especial, yo me siento cordobesa, porque toda mi vida se ha desarrollado aquí.

Dicen que Cádiz tiene el salero. ¿Y Córdoba qué tiene?

La generosidad. Adevida puede asegurar que Córdoba es muy generosa, porque la campaña que hemos hecho de donativos privados – y anónimos- ha tenido un resultado sorprendente. Y no solo esos donativos privados sino las puertas a las que hemos llamado de instituciones y empresas y que se han abierto. Durante el confinamiento nos han ofrecido, por ejemplo, mascarillas para nuestras mujeres o hidrogel, desde el Colegio de Farmacéuticos. Necesitábamos alimentos pero también material profiláctico que a las familias les era difícil adquirirlo. El Colegio de Farmacéuticos y empresas como Magtel nos enviaba cada mes mascarillas o leche maternal. Y las hermandades: unas contribuyendo con pequeños donativos, otras nos hacían llegar leche y pañales. Sin eventos hemos podido sacar a Adevida adelante en 2020 triplicando la ayuda.

Habla de familias, pero ¿a cuantas mujeres está atendiendo, en la actualidad, Adevida?

Ahora mismo hemos bajado el número. El año pasado estuvimos ayudando a 145 mujeres, alrededor de 300 niños, y 88 hombres. En conjunto hemos llegado a unos 700 cordobeses en 2020. Ahora, en este año tenemos que ver la cuestión económica, por eso estamos haciendo el Baratillo, porque, por desgracia, tenemos una lista de espera. Nosotros, cuando nos comprometemos con una mujer lo hacemos con su embarazo y, durante un año, de la alimentación del niño recién nacido. Y hay que cumplir ese año porque es nuestro compromiso. Ahora nos están llegando peticiones nuevas. Las que podemos meter según lo que vayamos consiguiendo las incorporamos, pero tenemos que tener una lista de espera porque hay compromisos anteriores. Esto no es llegar y dar una lata de leche. No. Y además se hace un seguimiento personal con la mujer, con su familia y su entorno.

 

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