Así viví el momento en que nos confinaron (II): “Me ha marcado mucho la muerte en soledad”


El capellán del hospital Infanta Margarita y un autónomo explican su experiencia durante este año de pandemia

Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba
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Ricardo Baena./Foto: LVC

El 13 de marzo de 2020 cambió nuestra vida. El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, anunciaba el confinamiento de la población de todo el país, para detener la propagación de la pandemia del coronavirus. La mayor parte de la ciudadanía pensó que serían solo dos semanas, pero 12 meses después, la enfermedad aun no está controlada y hemos aprendido a vivir con restricciones, limitaciones a la libertad individual y nombres como confinamiento, coronavirus, ‘desescalada’ y así un largo etcétera.

En esta segunda parte del reportaje que repasa este año de coronavirus hablamos con un sacerdote, Mario González, que desempeña parte de su labor pastoral como capellán del hospital Infanta Margarita de Cabra; y con Ricardo Baena, comercial, quien además regenta con su mujer, María Dolores Sánchez, un negocio de venta de productos de plata y complementos en la capital. Ambos nos narran cómo ha sido su experiencia y cómo les ha cambiado la vida el coronavirus.

“Estaba bien porque no dependía nada de mí”

Baena comienza relatando que “recuerdo el día que decido cerrar el negocio y mis clientes los suyos. Tengo proveedores y amigos italianos y me decían, Ricardo cuídate, prepárate, que aquí en Italia lo estamos pasando mal y es más serio de lo que parece”. En este sentido detalla que “cerramos la tienda un viernes por la noche y fui a trabajar el sábado por la mañana para cerrarla. Creo que fuimos de los primeros negocios en hacerlo por el covid. Era como una obligación” y “lo hicimos con resignación”. Y confiesa que “también teníamos miedo, pero estaba bien porque no dependía nada de mí. Estaba haciendo lo que tenía que hacer, fue mucho peor luego (después del confinamiento), cuando me encontré con la  cruda realidad”.

“He visto a gente cercana, malita; he enterrado a amigos”

“Ha habido dos momentos duros: cuando podemos volver a salir a la calle ves que ya no es lo mismo, que algo ha cambiado, que ya la gente cuando se cruza contigo mantiene distancias, guarda seguridad, etc. Hubo un momento que, cuando iba a visitar a mis clientes no sabía qué hacer, si darles la mano, un abrazo, un beso…”, cuenta Baena. Pero, para él, “el  momento más duro ha sido después de la Navidad con la tercera ola. Ahí le he visto las orejas al lobo. He visto a gente cercana, malita; he enterrado a amigos”. A lo que añade que “la gente se cree que esto es un juego, una broma y no. el mes más duro desde que empezó todo, para mí, ha sido febrero. Este bicho ha venido para quedarse”.

“Somos más fríos”

Para este emprendedor la situación “ha cambiado poco, porque no hacemos las cosas bien”. Si bien, matiza que “somos un poco más conscientes de la realidad; en las relaciones personales; somos más fríos, más asiáticos, y nosotros somos personas de contacto, de querernos; y, sobre todo, la filosofía de vivir día a día y no pensar en mañana porque no sabes lo que va a pasar (disfrutar cada momento co tu familia, con tus amigos…)”. Mientras que, para Baena, “el final lo veo cada vez más cerca (con la vacunación) y podremos tener más libertad y una normalidad más real este verano y a final de año”.

“Un pensamiento más egoísta”

Mario
Mario González y Javier Solaz./Foto: Diócesis de Córdoba-Álvaro Tejero

A los 15 días de ser ordenado sacerdote, en julio de 2020, Mario González es enviado como capellán al hospital Infanta Margarita de Cabra. Atiende así mismo a las hermanitas del asilo “que también han pasado el covid” y para él esta primera labor pastoral ha supuesto un punto de inflexión personal y sacerdotal. 

“Yo resumo este año con la palabra ‘salida’. Las medidas que se tomaron como el confinamiento, la distancia social, las mascarillas… mentalmente te estructuran en un pensamiento más egoísta, de mucha precaución. Eso puede llevarnos a pensar antes en mí que en los demás. Ese ‘salir de mí mismo’ lo ha conseguido el hospital”, apunta el sacerdote.

“Me ha marcado mucho la muerte en soledad”

González explica que “una de las principales necesidades en el hospital aunque no la única es atender a las personas con coronavirus”. En este sentido , el presbítero reconoce que “era difícil para mí ponerme la bata, la mascarilla y entrar en la planta covid, ya que la gente que tiene formación sanitaria está acostumbrada a ver situaciones límite, pero a un cura recién ordenado lo metes a ver esas situaciones límite como es la muerte y además en soledad, sin poder acercarte o tocar a la persona, para mí ha supuesto mirar a Dios y pedirle que me ayudase a ser creativo en este sentido, acompañar manteniendo las distancias”. 

González desvela que “ha crecido en mí una sensibilidad mayor hacia los necesitados, no solo a los enfermos, sino que siento mayor empatía hacia la gente que lo está pasando mal”. Y subraya que “me ha marcado mucho la muerte en soledad por no poder estar cerca del enfermo que fallece” .

Lecciones

“Esta pandemia nos está dando lecciones importantes. Una de ellas es darnos cuenta de que la vida pende de un hilo”, destaca el sacerdote. Para agregar que “habíamos llegado a una situación  de comodidad tal – si quiero algo lo pido por el Amazon y lo tengo en 24 horas, si tengo dinero este fin de semana me voy  a cenar a Londres…- parecía como si el hombre lo pudiese todo. Era una vida cómoda y todo poderosa. La única enfermedad que nos limitaba era el cáncer. Y escondíamos el sufrimiento porque nos recordaba a la verdad”.

“Por muchos medios técnicos que tengamos hay muchas cosas del mundo y del universo que no controlamos. Nos ha ayudado a reconocer nuestras limitaciones”, zanja.

“En el asilo fue tremendo, se murieron seis ancianos en noviembre” 

“Y otra experiencia buena que se saca de aquí y que constato es que se ha dado un vuelco en la concienciación respecto a las personas mayores”, explica el sacerdote. Y recuerda que “asistimos a una paradoja con la ley de la eutanasia, que pretende que los mayores no sufran, pero a la vez queremos que sean los primeros en vacunar. Se cae en una falacia brutal. Y esto nos va a ayudar a velar por el bien verdadero de los ancianos, que no se cuele una mentalidad que está en el trasfondo de esa ley. Redescubrir que los ancianos no solo son frágiles, sino que necesitan nuestra atención”. Y detalla que “en el asilo fue tremendo, se murieron seis ancianos en noviembre”.