Miguel Aguirre, presidente de la Fundación Bangassou: “Tenemos una retaguardia muy fiel”


Hace justo un año estaba prevista la comida tradicional que la Fundación Bangassou organiza  en el Real Círculo de la Amistad, un evento muy importante para la recaudación de fondos, una recaudación que la fundación lleva a cabo cada día, mes a mes, año tras año, desde casi 18. Pero no puedo ser. Era la fecha elegida también para que cambiara la vida de todos y ni la fundación ni nosotros lo sabíamos. El hecho de que no pudiera llevarse a cabo no fue un problema: la generosidad permaneció como lo viene haciendo de la mano de muchos cordobeses y españoles que colaboran con la diócesis centroafricana y con el trabajo que un obispo valiente y de corazón firme, monseñor Juan José Aguirre, desempeña en esa parte del mundo que solo merece la atención, generalmente, de los esquilmadores, los militares ambiciosos y los corruptos. Allí la misión evangelizadora transciende de verdad, porque se ha visto engrandecida por la atención sanitaria, la educacional y la formativa. A poco que se haga una lista de todo lo que la fundación ha tramitado. llevado y puesto en marcha en Bangassou uno recupera la fe y la esperanza en el hombre, en la gente buena, en lo que de verdad importa. En esta semana además se han visto arropados por grandes amigos que han dejado su mensaje de apoyo y cariño. Estamos con la pandemia vírica a cuestas, pero es necesario seguir adelante y poner nuestro grano de arena para ayudar a aquellos que sufren constantemente la pandemia de la injusticia y la pobreza.

De los retos que la fundación tiene en esta época complicada nos habla Miguel Aguirre (Córdoba,1953), que visita la redacción de La Voz de Córdoba también para mostrar la gratitud que siente por todo lo bueno que la gente da a ‘Juanjo’ y a su diócesis.

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Hace un año, su hermano, el consejero de salud, le llamaba para solicitarle que suspendiera la comida benéfica anual.

El 14 de marzo del año pasado, en efecto, teníamos prevista nuestra comida anual de la Fundación, que es un apoyo muy fuerte para los proyectos que llevamos a cabo, El día 9 por la noche estaba yo en casa de mi madre con mi hermano Juanjo, que acababa de llegar, y me llamó Jesús desde la consejería y me dijo: “ Hermano, suspende la comida de la fundación”. Claro, yo le advertí que estaba ya todo preparado y me avisó que o la suspendía yo o la suspendía él. Ante esta tesitura, preferimos suspender, claro. Allí mismo preparamos un comunicado de prensa que difundimos a través de los medios sociales y al día siguiente llamamos a los proveedores para decirles que no podíamos celebrar la comida. Todo el mundo lo entendió perfectamente y la verdad es que a pesar de no celebrarse la comida, fue un éxito, porque el 99 % de la gente que había comprado sus invitaciones no quiso que se le devolviera el dinero, sino que colaboraron como todos los años, y por eso no sufrimos una gran pérdida. Nos ahorramos el sitio – Círculo de la Amistad- , y todos los gastos, pero sí conservamos los ingresos.

Este año va a ser distinto: no tenemos ingresos de ningún tipo, no nos vamos a ahorrar absolutamente nada y simplemente vamos a tratar de que, el año que viene, tengamos la comida como la hemos celebrado en los últimos 20 años.

¿Cómo ha sido este año para la Fundación Bangassou? No ha debido de ser fácil.

No, no ha sido fácil. Ha sido un año raro, entre el confinamiento, la cantidad de cosas que teníamos previstas hacer y no pudimos, – la comida, un concierto de la Orquesta de Plectro y otro de Pablo López organizado con sus amigos para diciembre-, o los contenedores que teníamos preparados y no hemos podido enviar. Es decir, esta es una situación rara y compleja. Por otra parte estábamos tranquilos porque las noticias que nos llegaban de allí, de Centroáfrica, no nos indicaban que les estuviera asolando la pandemia como aquí en Europa y en medio mundo. Parece que allí se había contenido más, no sé si porque tenían cosas más importantes que atender o porque tenían enfermedades que hacen más daño que el coronavirus. La verdad es que lo hemos vivido de forma rara y nosotros, desde aquí, muy preocupados por Juanjo cuando se fue. Él vino en el mes de marzo, tenía previsto marcharse en abril y no pudo hacerlo, quedándose hasta agosto. Aquí pudimos ‘controlarlo’ pero allí es difícil.

Lo que le faltaba encima a Centroáfrica es una pandemia…

A África, en realidad.  En muchos sitios ha llegado y ha pegado fuerte. Sudáfrica, por ejemplo. Lo que no sabemos es por qué en Sudáfrica sí y en Centroáfrica no, en Camerún menos y en Nigeria más. No se sabe. Este bichito es así de… raro. A cada uno le ataca de manera distinta y las secuelas que deja no son para todos igual. Y ya no importa ni la edad siquiera. Yo conozco gente joven de veintitantos, que están teniendo una secuelas impresionantes, y gente mayor con 90 años que lo ha pasado casi sin enterarse.

Su madre, sin ir más lejos.

Mi madre está pasando las secuelas propias del post-covid. Se le cae el pelo, tiene dificultades para dormir y poco a poco lo va superando.

Quiero decir que usted y su familia han conocido el covid de primera mano.

Desafortunadamente ha sido así, y no será porque a mi madre, por su edad, no la hemos tenido protegida. Pero estas cosas llegan cuando tienen que llegar y ya está. Por fortuna se ha recuperado.

De todas maneras , más que del coronavirus, este año una vez más se ha hablado de guerra en Centroáfrica.

Sí. Juanjo llegó en el mes de agosto y ya nos adelantó que la situación allí estaba complicada. Había 20 señores de la guerra que se había dividido el país entre ellos, y además exigiendo al presidente electo que los nombrara ministros. Se daba la paradoja que 20 señores de la guerra que habían venido de fuera, que no eran ni centroafricanos, tenían un sillón en el consejo de ministros. Imagínate que a España llega un rumano o georgiano y por mor de acuerdos con el Estado lo sientan en un consejo de ministros. Pues eso es lo que está pasando en la República centroafricana. Con lo cual os podéis imaginar los ‘tiras y aflojas’ que hay y que no se soluciona absolutamente nada porque cada uno quiere su parte del pastel. Han acabado peleándose unos con otros y por desgracia han tenido que llegar tropas rusas – aunque Juanjo dice que por suerte-  con vehículos y material para intentar poner un poco de orden, cosa que no conseguían los franceses, que no han querido saber nada del conflicto. Lo de poner muertos encima de la mesa daña mucho a la opinión pública francesa, con lo cual se han ido retirando paulatinamente y han ido dejando el terreno para que otras fuerzas lo ocupen. Los rusos se brindaron al nuevo presidente de Centroáfrica, recién relegido en diciembre, para prestar su ayuda porque la república tiene un embargo de armas, con lo cual ha habido – por ejemplo- muchos militares españoles formando al ejército centroafricano, pero la ONU no les permitía portar armas. Imagínate a un ejército que tiene que combatir a los rebeldes armados con kalashnikovs y armamento pesado, sin armas. Es absurdo, y ante esa situación se daba el descontrol que había en el país, hasta que han llegado los rusos, que son los que están alejando y echando a todos los rebeldes. También hay muchos cascos azules ruandeses, marroquíes o mauritanos, pero por su mandato no pueden salir a luchar contra las fuerzas rebeldes. Juanjo está muy indignado con el papel que están haciendo los cascos azules allí en la república centroafricana.

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Juan José Aguirre, obispo de Bangassou./Foto: LVC

La Fundación trabaja sobre proyectos. ¿Cómo se articulan éstos cuando aparece una guerra?

Nosotros lo llevamos muy mal, qué quieres que te diga. Lo llevamos fatal. Esto es una cosa cíclica en Centroáfrica. Desde que conozco el país en 1981, cuando Juanjo se fue allí, cada 7 u 8 años hay un golpe de estado, se renuevan, vuelven otra vez, todos los proyectos que había los asaltan, roban… Y la verdad es que muchas veces te entra la desilusión, la desazón, el preguntarte para qué tanto trabajo, tanto esfuerzo, implicar a tanta gente, tantos proyectos… Al final llegan cuatro locos perdidos con rifles de asalto, te roban todo lo que pueden, se llevan casi todo y destruyen lo que no se pueden llevar. Y a empezar otra vez. Y claro, te preguntas si merece la pena.

Y llega la voz de Juanjo y nos recuerda que tienen mucha suerte porque ‘solo’ les han destruido la mitad y no tienen que empezar desde cero. Y el pastor, el obispo, recuerda que las cosas no se hacen por lo que hacemos sino por la gente a la que estamos atendiendo. Un refrán africano dice que cuando dos elegantes se pelean, es la hierba bajo ellos la que más sufre. Eso es lo que ocurre allí. Juanjo no está por los dirigentes sino por la gente que no tiene nada, que no son capaces de sobrevivir o subsistir. Está allí para darles apoyo anímico, religioso, de abastecimiento, de sanidad, de educación. Está allí por la gente, no por los dirigentes ni las ONG que van y vienen de una manera permanente, que huyen en cuanto ven un tiro y no quieren saber nada.

Y con la pandemia actual ¿En qué momento se encuentra ahora la Fundación?

Afortunadamente gozamos de una buena salud económica. Tenemos muchísimos colaboradores que no nos han dejado atrás. Como a Juanjo le gusta decir, “tenemos una retaguardia muy fiel”. Y en efecto así es. Las comunicaciones que hacemos las efectuamos principalmente a través de Whatsapp, Facebook o correo electrónico. A través de esos medios ha llegado a muchos miles de personas lo que estaba pasando en la república centroafricana y eso ha despertado en la gente la necesidad de colaborar. Tratamos de mantener una cierta comunicación con nuestros colaboradores o simplemente con la gente que nos sigue. A lo largo del año no ha faltado el goteo constante de gente que ayuda. Creo que solo un 0,5 % nos ha dicho que debido a la situación de crisis no podían colaborar pero que volverían a hacerlo en cuanto pudieran. Nuestra retaguardia es fiel y sabe el trabajo que Juanjo está haciendo allí, las necesidades que tiene y que en muchos casos, estoy seguro, se lo están quitando de lo propio y necesario para ellos.

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No solo hay que mirar a Centroáfrica sino a nuestro entorno. La fundación también colabora con otras asociaciones que ayudan aquí a la gente que lo necesita.

Colaboramos fundamentalmente con Cáritas. Por ejemplo, Juanjo necesita muchas albas, que allí son difíciles de conseguir. A través de Cáritas tenemos a una costurera que nos las hace y le pagamos por ello. Con la religiosas clarisas  de Montilla tenemos una colaboración también desde hace mucho tiempo, y son ellas las que nos preparan la velas. Les pedimos a las hermandades que una vez que haya pasado la Semana Santa que las velas que no usen que nos las den, se las damos a estas hermanas, las vuelven a fundir, y después estas velas las repartimos por toda la diócesis de Bangassou. A otras hermanas en Villaviciosa les damos aceite y ellas se encargan de hacer jabón natural, que es fundamental sobre todo para los leprosos. También colaboramos con otros misioneros que en un momento dado necesiten algo. Es decir, nosotros no nos limitamos simplemente a ayudar a la diócesis de Bangassou. A todo el que nos llega con necesidades, intentamos ayudarle.

Hablemos del año próximo con la esperanza de que la pandemia esté más débil. ¿Qué proyectos hay para 2022?

Lo único que tenemos seguro es que, si el año que viene podemos, vamos a hacer la comida de la fundación, que ya tenemos el Circulo (de la Amistad) reservado y será el 12 de marzo. ¿Lo que vamos a hacer este año? Pues no tengo ni idea, porque con el bichito este no se pueden hacer previsiones ni a corto, ni a medio y difícilmente a largo plazo. El octubre tenemos una reserva para hacer no una gran comida, pero si nos lo permiten, un almuerzo con el aforo que se pueda tener. El año pasado en octubre no nos permitieron ni eso porque, al final, con las distancias de seguridad y la gente mayor que va, no los vimos conveniente. Si las vacunaciones de mayores van bien, si las cifras de contagios han bajado a números razonables y las autoridades nos dan permiso podríamos hacer una comida de la fundación. Pero bueno, no sabemos qué vamos a hacer. Tenemos los contenedores preparados y queremos mandarlos en junio ¿Podremos enviarlos? No lo sé. Espero que para junio podamos tener la posibilidad de juntar a 20 personas allí en la nave para poder cargar los contenedores, que no se cargan solos. Contenedores que son muy importantes porque llevan todo lo que son necesidades primarias para la diócesis.

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Llegada de los contenedores a Bangassou./Foto: LVC

¿Quiere enviar un último mensaje a todos los que colaboran con la fundación?

‘Gracias’ con mayúsculas. Gracias por no olvidar a la fundación; gracias por ser conscientes de que tienen un paisano allí a 10.000 km, dedicado en cuerpo y alma desde hace 40 años, y que ahora no es el momento de dejarlo. Gracias por la conciencia que tienen de solidaridad y colaboración, y por ser una retaguardia fiel y firme que no nos van a dejar nunca, estoy seguro.

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