Pepe Amate, pintor: “El pincel me aburre”


Pepe Amate / Foto: Jesús Caparrós

Hay varias características que definen a Pepe Amate (Córdoba, 1954) y que podemos encontrar en sus cuadros: un estilo propio que le identifica y el tesón de los años de carrera. Otra es la generosidad, pero de ella sobre todo pueden dar cuenta sus amigos. Las obras de Amate, en exposiciones colectivas, han viajado a EEUU (Dallas y Nueva York), Portugal (Oporto) y a Orense, Málaga, Sevilla, Barcelona, La Coruña, y sobre todo Madrid, donde, entre otros sitios, expuso en el Real Café Bernabéu, lo cual debió ser un hito personal  para este madridista de noches sin cenar cuando su equipo pierde. A Pepe Amate se le puede clasificar artísticamente, claro, pero él no es muy de movimientos identitarios ni tribus ni clanes. Amate es un verso suelto que se mueve principalmente entre San Agustín y Santa Marina y que pivota sobre tabernas de siempre, que es hacerlo en la Córdoba misma. Sus series taurinas están acogidas entre botas de Montilla Moriles y cante flamenco, adornadas con azulejo vecino de paredes tabernarias. Pero el  motivo más recurrente lo encontramos en los sueños, en los que se rompen y quedan plasmados en blanco y negro con acrílicos que explosionan encima de los lienzos de su taller de la calle Moriscos, o quizá en color- menos- cuando reflexiona sobre los anhelos quietos en plena pandemia. Anda el artista preparando una nueva exposición cuyo horizonte es post-vírico pero que está naciendo en la actualidad de cierres, perimetraciones y mascarillas, en una vieja casa familiar de vecinos en la que la vida, a pesar de todo, no se ha detenido tanto.

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Pepe Amate / Foto: Jesús Caparrós

Nos encontramos en el estudio donde creas los sueños que te definen como artista.

No sé. Mi obsesión siempre ha sido pintar lo que me pasa en la vida, y creo que todos estamos siempre soñando. Cuando me surge la posibilidad de exponer siempre salen los sueños.

Tú has soñado desde muy joven con ser pintor. O ser artista.

Sin duda alguna. Es algo de lo que ahora sí me doy cuenta: que yo quería pintar. Comencé a descubrir la pintura, a ir a museos, pero otras obligaciones me llevaron por otros caminos. Pero pintar siempre he pintado.

¿Se puede clasificar tu pintura? Porque tú te consideras inclasificable. No participas de movimientos ni tribus.

Hace poco leí un libro que hablaba sobre los 150 ‘ismos’ reconocidos. Muchos me tachan de abstracto, pero posiblemente sea más ‘informalismo’ lo que quiero hacer. A mí el ‘academicismo’ me ha aburrido. Los códigos, la mezcla de colores, el triángulo, la composición… todo eso me aburre. Y cuando empiezas a descubrir a pintores como Tàpies, Pollock, Millares, Saura y te preguntas “¿por qué han hecho esto?,  Eso me transporta a lo que yo he querido ser. Y lo que he querido ser es Pepe Amate. No es que me guste mucho, pero he querido ser yo.

Tienes un sello personal que te identifica.

Alguien me lo ha dicho más de una vez, pero es lo que he pretendido. Creo que una persona lo que pretende es ser ella misma. He querido expresar la forma de soñar, o de amar, con la pintura que quiero hacer.

Has expuesto en muchos sitios, fuera de España, incluso. ¿De qué te sientes más orgulloso en tu trayectoria expositiva?

Orgulloso no, sino agradecido. Arte 21, aquí en Córdoba, me dio el ánimo hacer una exposición , hace veinticinco años. Me daba vergüenza exponer, supongo que como a los músicos cuando se suben a un escenario. Me animé porque vi no solo la posibilidad de vender- que afortunadamente lo hice- sino que había espectadores sensibles, que me preguntaban sobre lo que hacía y cómo lo creaba. Y eso me motivó.

Es curioso que comentes eso, porque entiendo que el objetivo de todo artista es dar a conocer su obra.

Sí, claro, pero empecé pintando sin exponer. Ahora me apetece mucho porque quiero contar mi vida, mis sueños y los sueños de otras personas. Respecto a lo que me preguntabas sobre los sitios en los que he expuesto, ha habido algunos en los que no he estado, pero recuerdo especialmente Barcelona, cuando fui con Arte 21. Tàpies pasó por el stand y se quedó mirando mi cuadro. Y me sentí orgulloso por eso, que lo mirara (ríe). No llegué a hablar con él. También me he sentido muy orgulloso por ‘La traición de un sueño’ porque las personas que acudían a verla se quedaban mirando los cuadros, tratando de comprenderlos. Me gusta ver a los espectadores que son sensibles, que te preguntan por tu obra.

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Pepe Amate / Foto: Jesús Caparrós

Lo interesante que tiene el arte, y el conceptual en este caso, es precisamente ese diálogo que se establece entre espectador y obra, en el que el que mira también aporta su interpretación.

Sí, e incluso la crítica que aporta. He visto a otros compañeros pintores explicando mi obra a algunas personas con una visión que en realidad no tiene nada que ver con lo que yo he querido plasmar. Ni siquiera conocían las técnicas empleadas.

Eres muy reacio a hablar sobre las técnicas que usas, creo.

Bueno, las técnicas son plurales. Evidentemente utilizo mucho la espátula, uso los desconchones de la calle, las gasas quirúrgicas, la escoria, diferentes pegamentos… Lo que tengo claro es que, desde que tenía 13 años, el pincel me aburre. Tengo algunos pinceles pero me sirven para mezclar los acrílicos. El óleo no lo uso porque tarda mucho en secarse. No me he metido con la acuarela, salvo alguna vez. Cuando descubrí que el acrílico se mezclaba rápido o se quedaba con el espatulazo que daba, seguí desechando los pinceles.

‘El fusilamiento de los sueños’ es una exposición que estás preparando y que tiene mucho que ver con la situación que estamos viviendo ¿no?

Sí. Surgió de la última vez que estuve en Madrid, cuando fui al Prado- hacía mucho tiempo que no lo visitaba- y vi el Fusilamiento de Torrijos . Es uno de los mayores cuadros que hay en el Prado y me impresionó, porque lo no recordaba. Uno siempre acaba mirando a Goya o Velázquez, lo típico.  Hubo una asociación de ideas, porque yo estuve en un concierto de Ismael Serrano en Torrijos, pueblo de Toledo, en lo que fue un gran fin de semana. Yo pensaba que el fusilamiento había tenido lugar en Torrijos, pero no; fue en Málaga. Con esa asociación de ideas me quedé y empezó la pandemia. Aunque seguí con otros trabajos como el etiquetado de botellas o los toros que me piden algunas tabernas, durante el confinamiento pensé que poco a poco a todos los seres humanos se le estaban ‘fusilando los sueños’, con la propia enfermedad, o perdiendo el trabajo. Se estaba ‘fusilando’ el turismo, el poder salir. Se estaban ‘fusilando’ incluso las parejas, el amor. Así lo veía. Es difícil ya besarse, abrazarse, viajar o salir con los amigos. Pero el origen fue esa asociación de ideas que partió con el cuadro de ‘Torrijos’.

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“El primer fusilado soy yo” / Foto: PA

Hablas del desamor y ese fue el motivo principal de tu anterior exposición ‘La traición de un sueño’, llena de corazones rotos.

Eso salió por la relación con una persona – mujer, claro- con la que hablaba de sueños y nos los contábamos. Ella tenía un sueño en el que veía a personas importantes, socialmente bien situadas, pero con corazones pequeños; y personas anónimas y pequeñas pero que poseían un corazón grande. Yo a esta persona la veía más cerca de los ‘socialmente importantes con corazón pequeño’, y pensé que ella misma había traicionado su sueño.

Has hablado del etiquetado de botellas de vino -concretamente para Bodegas El Gallo- y la taberna Las Beatillas es como una pinacoteca tuya. Córdoba y las tabernas forman parte del universo de Pepe Amate.

Yo es que nací en esta casa (en la calle Moriscos) donde todavía vive mi padre. Por aquí viven mis amigos y es por donde yo me desenvuelvo, por San Agustín y Santa Marina. Hace mucho tiempo que hice amistad con Antonio, el propietario de Las Beatillas, y con la gente que va por allí. También visito  últimamente la Taberna Santi, y me encuentro muy a gusto , a pesar de las distancias. Si hay mucha gente me quedo en la terraza.

Algún día habrá que reconocer la labor que las tabernas cordobesas han realizado y siguen haciendo en favor del arte en Córdoba.

Sin duda alguna. Hay muchas tabernas que han apostado por el arte, y últimamente más, porque se han dado cuenta de la competencia que supone que en una haya actos culturales o cuadros y en otra no. Y ya hay sitios que tienen una representación importante de pintores de Córdoba, como Las Beatillas, en la que encuentras cuadros y obras de Rafa Cervantes, Belmonte, Pepe Puntas, Paco Serrano. Además es que Antonio (el propietario) es coleccionista y eso es interesante.

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Etiquetas para Bodegas El Gallo / Foto: Jesús Caparrós

Pepe Amate es como un verso suelto en el mundo artístico cordobés. ¿Qué piensas de iniciativas como la del grupo Córdoba Contemporánea?

Me parece interesante que exista una pluralidad común. En ese sentido, ahora se habla mucho sobre qué es contemporaneidad y creo que hay mucha gente equivocada. En el mundo del arte se ha denominado contemporaneidad a un concepto distinto del que realmente es. Alguien dijo que contemporaneidad es lo que se está haciendo en ese momento, y sí, pero para otros -pintores, por ejemplo- es otro tipo de arte. Toda iniciativa de este tipo me parece interesante.  Y que provoque al espectador, sin duda.

Nos has dicho antes que ‘casi’ conoces a Tàpies, uno de tus grandes referentes.

No, qué más quisiera yo…

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Pero tú si que cumpliste un sueño, que fue conocer y tener relación con Luis Eduardo Aute, artista al que  has admirado.

Sí, no solo como artista y pintor, sino como persona. De los artistas que he conocido, que personalmente han sido a muchos, han sido de los que más me han impactado, no solo por sus canciones y por su compromiso. Cuando le hicimos una exposición homenaje le regalé un cuadro de ‘El niño que miraba al mar’, porque esa canción me recordaba a mí cuando era niño, cosa que hablé con él, cuando estuve en su estudio. En la casa Góngora le hicimos un homenaje junto con Ricardo González y más pintores de Córdoba. Ha sido de los artistas o personas famosas más naturales y sociables que he conocido.

Ahora que estás jubilado dispones de más tiempo para pintar, para estar solo frente a ti en este taller. ¿Da miedo tener más horas al día y que no llegue la inspiración?

Muchas personas – las que comienzan a pintar, sobre todo- dicen que se disfruta pintando. No. Se sufre pintando.  La inspiración llega pintando. A mí me ha llegado viendo un desconchón en la calle o derramándose un líquido. También me viene escuchando música y pensando. Es importante sentirte a gusto en el estudio, pero se sufre más de lo que la gente piensa. Y ahora me siento a gusto porque salgo menos a la calle por culpa del virus, pero se sufre sobre todo cuando empiezas con formatos grandes, con su elaboración. La recompensa viene cuando consigues la obra que has querido aunque no se exponga.

Hablamos con un artista cordobés que además vive en un microcosmos muy cordobés, entre San Agustín y Santa Marina. Sin embargo, para Pepe Amate, como para muchos artistas, Madrid sigue siendo la referencia.  

Madrid me impresionó desde la primera vez que fui de niño. Necesito ir a Madrid, no solo por los museos. He expuesto en colectivas allí, y posiblemente tenga una exposición individual en la capital. Madrid también  por ARCO, porque era una referencia en el mundo del arte moderno, y no sólo por ver al Madrid (ríe) cosa que hace  mucho tiempo que no hago. Me siento muy a gusto por Chueca, La Latina, Embajadores… Llegas allí y automáticamente ves el triángulo del arte: El Prado, Thyssen y el Reina Sofía.

¿Cuando vamos a ver  ‘El fusilamiento de los sueños’?

Hay dos sitios previstos pero nos iríamos a 2022. Estoy comenzándola ahora y a duras penas tengo unos cinco cuadros aunque también más proyectos, evidentemente, en formato grande y pequeño. Estoy estudiando la forma de los mismos según el espacio en el que vaya a exponer. Creo que para comienzos de 2022.

Una exposición vinculada a la situación actual. Y cuando acabe la pandemia, si es que acaba, ¿Cómo lo va a celebrar Pepe Amate, el artista?

Yendo a Madrid (ríe). Entre otras cosas por la exposición.