OPINIÓN | Pues la tendencia ya no es tan buena


El discurso de apelar a la responsabilidad lo mismo debería cambiar de una vez de destinatario y aplicarlo al legislador

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Proceso de vacunación en Vistalegre./FotoJesús Caparrós
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Proceso de vacunación en Vistalegre./FotoJesús Caparrós

Un año ha pasado -sí, con sus 12 meses- desde que se detectara el primer caso de coronavirus en Andalucía. Un año y tres olas -o tsunamis- que han dejado la costa regional, salpicada con más de 8.000 muertos con miles de pacientes que no se quedaron igual después de pasar por la UCI (han cambiado para mal, como la sociedad). Un año y centenares de medidas, que no han servido sino para que la confusión sea más dominante que la cepa inglesa.

Hemos visto, en este año, como seres queridos lo han pasado mal por muchas razones. Y, entre las pocas certezas, la de que nada -o casi nada- se ha hecho como debiera. Primero fue la excusa de la sorpresa; después la de la cogobernanza; y, como hilo conductor, la de los salvavidas: salvar la economía, el verano, la Navidad, la Semana Santa…

En ese hilo de excusas malparidas o disparadas a bocajarro de la ocurrencia de turno, pocos se atreven a decir que la tercera ola ya ha pasado. Porque la realidad, como en diciembre, es que el cero o los números cercanos a él, quedan más lejos que el final de una pandemia en la que las vacunas ni inmunizan -atenúan si lo coges, como toda la vida- ni cortan la transmisibilidad. Pero desde los medios -casi todos- se insiste en dar esperanzas y no en analizar una realidad que, de no cambiar radicalmente, se quedará para mucho tiempo. Así son las enfermedades, connaturales al ser humano desde que el hombre es hombre.

Y, en esas, durante las últimas semanas se ha presumido de una bajada de la tasa de incidencia que, viniendo de donde venía, es como celebrar que a tu equipo le han clavado un 3-0 en lugar de un 8-1. 

En ese punto, hay quien pone prudencia y el presidente de la Junta de Andalucía lo hizo ayer, al señalar que los contagios ya no bajan tanto. De sus palabras, además de dejar claro que la reducción de las limitaciones no va a ser rápida, también se deduce el temor a que ocurra lo de enero si se da manga ancha. Pero tampoco deja de ser cierto que la población -en su mayoría- ha cumplido con lo que le han mandado en cada momento. Por tanto, el discurso de apelar a la responsabilidad lo mismo debería cambiar de una vez de destinatario y aplicarlo al legislador. 

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