OPINIÓN | La cristianofobia y la ‘plandemia’


La protestación pública de fe, cada vez, se antoja más difícil en una tierra que ha bebido de ella durante siglos y que ve el peligro de que languidezca en las sacristías, sin remisión

PSOE cristianofobia
La cruz de Aguilar, ya desmontada y cargada en un camión, en una imagen de archivo./Foto: Diócesis de Córdoba-Margarita Lucena
Rafael Saco./Foto: Vox
Rafael Saco./Foto: Vox

Lo que no consiguió la Guerra Civil, lo va a hacer esta pandemia. Esto piensa más de un cofrade que sucederá con la crisis del coronavirus y, a la luz de los últimos acontecimientos, puede que la hipótesis vaya ganando fuerza.

Los hechos indican que, por segundo año consecutivo, no habrá procesiones en Semana Santa. Algo que, en principio, no es imputable a ningún gobernante, sea del color político que sea. Pero hay matices. Uno de ellos es que tampoco hay actos, más allá del culto. Por ejemplo, las bandas no pueden ensayar y, por ende, tampoco actuar.  Este es uno de los sectores protagonistas del mundo de las cofradías. En cambio, sí hay conciertos de orquestas y eso es lo primero que da que pensar. Sin soslayar, que algún responsable cofrade cordobés ya ha deslizado que el plan fallido de las Cruces de Mayo sin barras era la antesala de un cambio de modelo en una fiesta que, de paso, es una de las fuentes de financiación de las hermandades.

Entre tanto, en un pueblo cordobés se retiraba una cruz (la de las Descalzas de Aguilar de la Frontera), aludiendo a la Ley de Memoria Democrática. Vox ha denunciado este viernes que en el informe municipal no se hacía referencia a la citada norma y ha acusado a la alcaldesa comunista de mentir y de padecer “cristianofobia”. Un mal que podría tener visos de certidumbre si se tiene presente que, hasta el diputado socialista por Córdoba (y paisano de la alcaldesa), Antonio Hurtado, se mostró contrario a la demolición de un símbolo que, a su juicio, era reunión. Si hay rencor por parte de la regidora de Aguilar y ganas de arrinconar a la esfera de lo privado la fe católica, solo ella lo sabe, pero al menos lo parece.

Y, para rematar la hipótesis de la plandemia contra lo religioso, ayer el epidemiólo portavoz del Gobierno socialcomunista de España, el ínclito Fernando Simón, se tiraba al barro diciendo que es más peligroso meterse debajo de un paso que ir a manifestarse el 8M.

La determinación de unos contrasta con la tibieza de otros, mientras la realidad es que las cofradías se han visto reducidas a los actos en sus templos (que no hay mejor sitio para un católico), pero la protestación pública de fe, cada vez, se antoja más difícil en una tierra que ha bebido de ella durante siglos y que ve el peligro de que languidezca en las sacristías, sin remisión. 

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