Fallece José Ignacio Blanco, un histórico de la radio cordobesa


Sus últimos años estuvieron profesionalmente vinculados a la televisión local, donde realizaba programas sobre salud

En el piso de la calle Abéjar se hacía la radio. Enlatábamos a Supertramp, Mocedades, Pablo Milanés o los Beatles. También los recorridos comerciales por Ciudad jardín o La Viñuela, explicados por José Ignacio Blanco como los mejores locales para comprar desde un reloj bañado en oro hasta las mejores cortinas para la casa. “Encuentros en Popular 2” era un programa que se grababa en cinta de bobina abierta, como una torta grande, en un estudio magnífico habilitado en un coqueto piso donde correteaba su hija Ana, la niña que ayer por la noche me llamó para comunicarme la muerte de José Ignacio. Tenía 73 años, varias cañas de pescar y ganas de seguir haciendo cosas. El covid lo ha impedido.

Cuando yo comencé en aquel piso de la calle Abéjar a descubrir la radio, los silencios, la palabra medida y bien entonada, el enfoque comercial de los mensajes, la música a segundo plano y el humo del Ducados, José Ignacio Blanco ya tenía un amplio recorrido profesional en el medio. Concretamente en la histórica FM de Radio Córdoba donde coincidió con los inolvidables – al menos para mí- Pepa Rosales, Antonio Villar, Rafael Carlos Padilla o un jovencísimo Ramón Medina. Tenía un especial afecto por Federico Algarra (padre) entonces director de aquella emisora, del que siempre hablaba con admiración y respeto, aunque eso no le impidió recalar en Radio Popular poco más tarde, bajo la dirección de Francisco Hidalgo Trillo. En realidad José Ignacio no tenía directores: era freelance y ácrata. Nunca ha llevado bien sentirse atado y eso implicaba también un contrato laboral de 8 a 3. Siempre ofreció su talento y su oficio a las distintas emisoras y hasta donde yo sé, siempre le fue bien en ese sentido. Gran comunicador y mejor negociador. Lo mismo sacaba el mejor acuerdo para alquilar unas horas de radio como para comprar uno de los relojes antiguos que de repente un año le dio por coleccionar. O un coche. Lo admiraba en eso y en más cosas. En realidad lo he admirado como el alumno que fui además del amigo, porque con José Ignacio aprendí mucho de la radio pero más de la vida.

Su etapa vinculada al Ateneo Casablanca no la conocí mucho. Pueden encontrar algo más de información en Cordobapedia, en la que se destaca su intervención frente al entonces presidente andaluz Borbolla para solicitar una sede para el Ateneo. Fue en ese sentido un hombre comprometido ideológicamente, lo que nunca le impidió tener amigos ciertos de distinto pensar. Su vinculación con el Ateneo también nos dice que fue persona inquieta culturalmente, gran lector y con una prodigiosa memoria para, en medio de una disertación sobre una canción que estuviera presentando, soltar unos versos de alguno de los poetas que llevaba en el corazón. Con 16 o 17 años participó en el Concurso Coca-Cola de Relatos Cortos, algo que marcó su vida según me comentó algunas veces. Ganó con su relato un premio en libros y un viaje por Italia. Hoy he sabido que su entonces novia, y primera esposa, conserva una postal de la Fontana de Trevi que le envió aquel muchacho.

“Busca la cesta”

Entre lo hitos radiofónicos de José Ignacio está el programa ‘Busca la cesta’  que primero realizó en Radio Córdoba y posteriormente en Radio Popular. La década de los 80 fue el escenario para una ciudad muy distinta y en el que la radio era la verdadera ‘red social’ de entonces. Un programa que consistía en esconder un sobre y mediante pistas dadas desde la emisión, tratar de localizarlo por la ciudad y con ello conseguir una cesta de Navidad con productos de los diferentes patrocinadores. Aquello era un auténtico acontecimiento social durante tres cuatro días (y por tanto, tres o cuatro cestas) trufado radiofónicamente de música, resúmenes informativos del año y diferentes invitados de la sociedad y la política. Tuvo que tomar cartas en el asunto el ayuntamiento, porque cada año iba a más la participación de la gente y las buenas formas y los modales del respetable a menos. Y la radio y la vida estaban cambiando también. Puedo contarles que hasta llegaban a espiarnos a los colaboradores ,a los que nos vigilaban en la puerta de casa para ver dónde escondíamos cada día el sobre. Tal era la repercusión de aquello. 

La televisión y los programas de salud

José Ignacio comenzó a especializarse en programas dedicados a la salud. ‘10 minutos para su salud’ ha sido un espacio con formato de entrevista que comenzó realizando en diferentes emisoras y que finalmente recaló en la televisión local, porque también la radio decidió prescindir más del tiempo propio para entregarse a la programación en cadena o nacional. Y ahí nuestro locutor comenzó a sentirse incómodo y decidió emigrar a la imagen sin olvidar la palabra: sus intervenciones en la televisión son más radiofónicas que visuales porque en el fondo José Ignacio sobre todo era las palabras medidas y el discurso rico. Con esa temática ha mantenido relaciones duraderas con distintos profesionales de la sanidad- odontólogos, fisioterapeutas – y con el Colegio de Farmacéuticos, y también con el oficio de comunicar, que ha sido su razón de ser incluso estando- como estaba- administrativamente jubilado. 

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En los último años ha estado a medio camino entre Torre del Mar y Córdoba. Entre sus pasiones, la pesca. Con la Zodiac se perdía por pantanos indómitos sin saber nadar. Nos hemos visto poco y bien que lo lamento. Nos hemos mensajeado por Whatsapp y dicho esas cosas bonitas que los amigos de verdad se dicen. Siempre tratábamos de quedar pero no hemos coincidido por unas cosas u otras. Y esa es otra de las lecciones que mi maestro José Ignacio Blanco me ha dado ahora que se ha ido: no dejen de verse, de charlar y abrazarse. De contarse, de mostrar admiración, de perdonar lo que haya pendiente.

Conservo el último mensaje que le envié poco después de entrar en la UCI y ahí ha quedado con el doble ‘check’ sin tornarse azul. Ya no lo oirá. Me quedo con un ‘hatillo de vivencias’ – una de las expresiones que él más utilizaba- y un montón de recuerdos de una vida y una radio que fueron y que también forma parte de la biografía de muchos cordobeses que lo escucharon y siguieron. 

Descansa en paz, José Ignacio. Recibe nuestro abrazo y el cacho de corazón que te llevas.

Ya me contarás desde tu nueva dimensión.