José Luis Vilches, empresario: “Esta es una ciudad de todos contra todos”


José Luis Vilches / Foto: Jesús Caparrós

Vestir es una manera de comunicar, de posicionarse, de mostrarse ante el mundo. El fular de José Luis Vilches Quesada (Madrid, 1943) nos avisa de que la edad no está reñida con el atrevimiento, con la estética ruptura de normas. Con la juventud, en definitiva. Porque José Luis Vilches se siente joven y actúa como tal: con un fular imposible y una actividad sin pausa que ejerce a pesar de que muchos a su edad suelen ejercer de jubilados, lo cual no significa necesariamente estar jubiloso, como sí parece nuestro invitado. Llegó a Córdoba a toda velocidad en 1970 para participar en el Rally Sierra Morena y ya se quedó. Decidió ser cordobés y no cualquier cordobés: ha presidido la Cámara de Comercio, la Confederación de Empresarios de Córdoba, el Patronato de Turismo y ha fundó hasta un periódico, el breve – y necesario en su momento- Nuevo Diario. La lista de su actividad  presidencial y asociativa es amplia – “de forma totalmente gratuita y altruista, con total independencia y al margen de partidos políticos”- y no cabría en esta introducción que siempre pretende ser una breve antesala. Profesionalmente ha trabajado en el sector de la automoción en Málaga y Córdoba, la hostelería como propietario de hoteles y apartamentos turísticos, la promoción y construcción inmobiliaria y más recientemente en la industria fotovoltaica, lo que nos dibuja a un empresario sostenible. Hace algunos años decidió no estar al margen de los partidos políticos y aterrizó en Ciudadanos, formación con la que ha sido concejal y diputado provincial. Su discurso era llamativo por cuanto, a pesar de su espíritu joven, estaba alejado de las frases hechas, las expresiones y giros politiqueses tan de la política de ahora,  vacua y pagada de sí misma. Se marchó de todo eso y hemos querido saber de él. Y vino a La Voz con su fulard, que es la palabra adecuada para quien también ha sido cónsul de Francia en Córdoba y Jaén.

¿Está usted retirado?

Nunca. Los empresarios somos como los artistas: morimos con nuestro deseo, hacerlo encima del escenario.

¿Y nunca le han entrado ganas de retirarse?

En absoluto. Y además me doy cuenta de que eso está muy de moda, porque la tendencia del Gobierno actual es, efectivamente, incentivar que las personas aumenten su capacidad de trabajo, sus años en activo. Y yo creo que es un acierto porque se estaba teniendo mucho en cuenta la edad y desperdiciando, hoy en día, personas con más de 65 años que están – estamos-  en la mejor edad para la creatividad, trabajo y esfuerzo. Con la sanidad tal y como ha avanzado, nos mantiene – tanto el cuerpo como la mente- muy activos. Es una pena que esa experiencia, esa capacidad, que ese deseo de crear y hacer cosas se pierda, minusvalore o sitúe a un lado intentando compensarlo con una modestísima pensión de jubilación. Esa filosofía hay que romperla.

En relación con esto recuerdo que sus intervenciones en el pleno municipal sonaban ‘marcianas’,  y que conste que es un cumplido.

Pues muchas gracias. Bueno, creo que de ‘marciano’ nada. Era apostar por la realidad con los pies puestos en el suelo pero mirando al horizonte.

Lo digo por su edad. Usted tenía perspectiva y una forma de hablar que cada vez se usa menos en política.

Yo tuve la oportunidad de decir en el pleno que “hay gente joven con ideas viejas y hay gente mayor con ideas jóvenes”, y yo me creo de los segundos.

Hay gente joven con ideas viejas y hay gente mayor con ideas jóvenes, y yo me creo de los segundos.

Usted siempre ha sido muy moderno.

He sido avanzado, si se quiere. Moderno… depende del concepto. Pero sí. Y sobre todo muy ‘contracorriente’ de la sociedad.

Ir contracorriente pasa factura.

Toda la factura del mundo. Ya por mi edad me permito dar algunos consejos, sobre todo explicar mi experiencia. Estar contracorriente- y contra todos- pasa una factura tremenda. Pero a mí no me ha importado pagar esa factura. Desde que tengo uso de razón mi independencia económica, intelectual y política me ha permitido decir lo que pienso en cada momento. Unas veces erróneamente y otras con acierto. Pero además creo que en esta sociedad aborregada y de pensamiento casi único hace falta gente que diga no sólo lo que no le gusta sino que se puede mejorar. Esa lucha, esa idea e intención de mejorar la sociedad, es un impulso que se está perdiendo pero que debemos retomar. Debe ser una revolución pero una revolución sin armas. Revolución intelectual, del corazón, de las ideas…

Rafael González y José Luis Vilches / Foto: Jesús Caparrós

¿Qué ha aprendido de la política?

Nada. Tenía muy mal concepto de los políticos y nunca había militado en ningún partido. En estos últimos cuatro años ha empeorado mi concepto de los políticos. La política es un arte noble. Debería ser un arte fantástico. Pero aquí no se hace política sino partitocracia. La gente está comprada. El nivel es francamente bajito, muy modesto. No tienen altitud de miras. No piensan a lo grande, a futuro.

Pero en realidad José Luis Vilches nunca ha dejado de hacer política.

Pues efectivamente creo que nunca he dejado de hacer política. Pero he hecho política de empresa. Entiendo la ley del esfuerzo, la imaginación, el trabajo bien hecho – no el metro cúbico de sudor-, y efectivamente, si se puede entender como política el haber estado al frente de organizaciones empresariales durante tantos años, pues sí, he hecho política. Pero que no se confunda: porque me guste el fútbol, no soy futbolista. Porque me guste la política, no soy político. Esto lo he mantenido en el Pleno y de ahí fue dar un paso al frente para entrar en un partido político pensando que desde fuera de la política poco se podía hacer. O yo no supe hacer cosas por esta ciudad. Me tentó la posibilidad de que, quizá desde dentro del partido o aparato, se pudiera cambiar Córdoba. Y tampoco. Si no tienes el respaldo del aparato, del partido y además no tienes el poder, pues no haces nada. Te conviertes en un concejal, como yo he sido, cobrando un sueldo y con alguna foto de vez en cuando. Y eso ni era mi pensamiento, ni lo es. Entiendo que ser concejal es algo más que cobrar una nómina.

¿Málaga o Córdoba?

Pues tengo el corazón partido, pero desde luego Córdoba. Nací en Madrid, he vivido en Málaga muchos años, donde di mis primeros pasos profesionales. Pero a los 28 años decidí ser cordobés, y desde luego cada vez que me preguntan “¿usted de dónde es?” yo les digo que soy de Córdoba. Y pienso en cordobés, y quiero y amo a Córdoba. Y esta ciudad es lo que me motiva y requiere todos mis esfuerzos, ilusiones, cariño… Mi mujer y mis hijos son de Córdoba. Algunos negocios importantes los he hecho y realizado en Córdoba. He sido presidente de la Cámara de Comercio y de la Confederación de Empresarios. Mire, Málaga me gusta para ir a pescar y para navegar. Punto. Yo no tengo una vivencia en Marbella, con la sociedad marbellí ni con los problemas de allí. Y sin embargo sí que estoy muy involucrado – o quisiera seguir involucrado- en la vida y en la actividad económica, política y social de la ciudad de Córdoba. Algo hay que cambiar y siempre me he ofrecido a ese cambio.

A los 28 años decidí ser cordobés, y desde luego cada vez que me preguntan “¿usted de dónde es?” yo les digo que soy de Córdoba. Y pienso en cordobés, y quiero y amo a Córdoba.

Flamenco y caballos: Jerez sigue siendo la referencia.

Sí, los ingleses siempre han vendido mucho mejor que nosotros. Lo que no es menos cierto es que, sin entrar en el enfrentamiento de si la cuna del caballo es Jerez o Córdoba, no hay ni que discutirlo: la cuna del caballo español es Córdoba. Lo que tenemos que hacer es, efectivamente, decírselo a la gente. Venderlo, que es lo que Córdoba no ha sabido. Esto de la Córdoba silenciosa, oculta, discreta… bueno, pues el buen paño no se vende ya en un arca.

Eso mismo lleva diciendo usted desde hace muchos años.

Es que yo llevo diciendo el mismo mensaje desde hace 30 o 40 años, y todo sigue igual. Todo está parado. Todo es discreto. Nadie se atreve a levantar la voz. Y cuando alguien la levanta hay muchas personas que le  advierten. “Eso no es políticamente correcto ¡A callar!” Y te callan. Pues así nos va.

Pero usted no es de los que callan…

Yo no me callo. No me he callado nunca. He dicho lo que pienso dentro del respeto absoluto y máximo a los oponentes y a cualquier otra opinión. Pero yo tengo la mía y la doy. ¿Por qué no voy a  dar mi opinión? Fíjese, esta ciudad está ahora mismo ilusionándose con el tema de la logística. Hace 40 años que vengo hablando de la logística, que Córdoba es el nudo de las comunicaciones y del transporte. Siendo presidente de la Cámara de Comercio organizamos las primeras jornadas españolas del transporte y vinieron todas las personas que tenían algo que decir. En ese momento en el que se habían puesto en marcha las autonomías y que cada provincia trataba de buscar el hueco para la especialización, aprovechando la centralidad de Córdoba decidimos que podíamos apostar muy fuerte como nudo de las comunicaciones y del transporte. No sé si por el éxito de aquellas jornadas, RENFE decidió hacer la estación de clasificación de El Higuerón y que venía a reconocer que Córdoba, en efecto, podía traer todos los trenes de transporte y aquí formar las unidades con los distintos destinos. Es estación, única en Andalucía, ha pasado a la situación en la que está: sobreviviendo y el proyecto abandonado. Tengo que recordar también que Telefónica, buscando el nudo de las comunicaciones de transporte, llegó aquí y Córdoba fue la primera capital andaluza que gozó de fibra óptica. No teníamos entonces ni la comunicación por autovía y andábamos discutiendo si debía tener el trazado actual o discurrir por la zona de la sierra.

Aquí se discute mucho y se hace poco ¿no?

¡Se discute todo!. Esta es una ciudad de todos contra todos ¡Todos contra todos! Córdoba ha estado muy dividida y los que vivimos aquí lo sabemos. Aquí ha estado la Teología de la Liberación, el Partido Comunista… cantidad de grupos que estaban todos contra todos, que disputaban un poco el dirigir, el orientar a la ciudad de Córdoba. Se discute, pero no se hace nada. Todo se paraliza. Todo se queda quieto. Actualmente igual. No ha cambiado absolutamente nada. No se hace nada, no se ejecuta nada.

¿No confía, por ejemplo, en que se lleve a cabo el Centro Internacional del Caballo?

Bueno, es que creo que hay dificultades y un engaño oculto. Para que se haga el Centro del caballo lo primero es que tenemos que ser capaces de ejecutar la compra, o cesión del edificio. Tener la propiedad. Eso es lo primero. Lo segundo es hacer un plan de medios de usos ¿qué vamos a hacer allí?. En tercer lugar hay que hacer un presupuesto y tener el dinero. Los políticos normalmente lanzan ideas, pero les faltan dos aspectos que los empresarios normalmente siempre tenemos en cuenta: uno es el tiempo- el proyecto que yo lanzo, en cuanto tiempo lo voy a hacer- y con qué recursos cuento para hacerlo. Los políticos se quedan sencillamente en el lanzamiento y en el eslogan, pero no lo planifican y luego no tienen los presupuestos, con lo cual no es un proyecto sino una ilusión.

¿No le gusta el arte contemporáneo?

Me gusta, aunque no lo entiendo. Yo me quedé quizá en el siglo XVI, en el XVII y el XVIII. Creo que cualquier naif de esos siglos me parece muchísimo mejor que cualquier contemporáneo. Pero desde luego lo respeto tremendamente  y además creo importante incentivar a la gente a ese forma de arte. Pero yo no la entiendo. Y como no la entiendo, no me puedo enamorar de ella.

Se lo pregunto porque Caballerizas será también un sitio para el arte contemporáneo.

Hay muchos sitios en Córdoba para el arte. Curiosamente tenemos un Centro para el Arte Contemporáneo. Hay muchos sitios para ello y ojalá se utilice no solo el arte contemporáneo, sino cualquier actividad económica y cultural. Hay que romper barreras. La cultura es una actividad económica como cualquier otra. En cualquiera de sus manifestaciones hay una actividad económica tremenda. Estoy muy a favor de ese modelo y de cualquier otro.

Rafael González y José Luis Vilches / Foto: Jesús Caparrós

¿Una buena pandemia todo lo tapa?

Sí, y estamos viviendo un claro ejemplo. ¡Las cosas que están pasando a nivel político, en la administración…! Y no me gustaría hablar de partidos políticos, eso es algo del siglo pasado. Lo de izquierda, derecha, rojos y azules ya no se lleva. Yo creo que el hombre debería mirar un poco hacia el Renacimiento y encontrarse a sí mismo. El humanismo tiene, o debe tener, un sitio importante en el próximo futuro. Y olvidar eso de la derecha y la izquierda. Es una cosa pasada de moda. Eso es lo que yo he descubierto en la política: que los políticos están en el siglo XIX. Quiero interpretar que la sociedad está en el siglo XX, pero el calendario está en el siglo XXI. Y esa es la disociación que se encuentra. ¿Por qué no avanza la sociedad?

No me gustaría hablar de partidos políticos, eso es algo del siglo pasado. Lo de izquierda, derecha, rojos y azules ya no se lleva.

Ahora lo que estamos es más polarizados.

Sí, pero absurdamente. De derecha y de izquierda. Pero mire usted,  esas no son las posibilidades ni las oportunidades de crecer en esta sociedad.Hay grupos radicalizados que tienen en su objetivo el implantar el pensamiento único. Y utilizan distintos medios para conseguirlo. Y la sociedad está aborregada, adormecida, dejándose llevar. Y creo que eso es fruto de la polarización y la paralización de la sociedad.

¿Cómo cree que vamos a salir de la pandemia?

Yo creo que en alguna medida más fortalecidos porque nos hemos mirado más al espejo y visto más cómo somos, con nuestras capacidades. Pero desde luego la situación que se está generando desde el punto de vista de la sanidad, pues nos van a faltar muchos amigos, conocidos, personas… Muchos. Y eso ya es irreversible. Y también es irreversible el daño económico que se está produciendo. Estamos ante una sociedad completamente nueva. Hace mucho tiempo que yo decía- y creo que ahora mismo tiene una total vigencia-  que no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época, que es muy diferente. Un cambio de época en la que las nuevas tecnologías nos van a modificar el sentido de nuestra vida. Pero ¡ojo! ¡alerta! No podemos dejarnos manejar por las nuevas tecnologías. El centro de toda esa tecnología tiene que estar al servicio del hombre. Que no nos reste nuestra personalidad, nuestra forma de pensar ni de actuar. Que sirva la tecnología para desenvolvernos en el día a día de una forma mucho más cómoda y mejor. Pero no lo que somos, ni la humanidad ni nuestras tradiciones y costumbres.

 

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