VÍDEO | El barrio de El Naranjo se queda sin bancos

No ha podido ser. Ni las protestas de los vecinos, ni la denuncia de Izquierda Unida, ni los inconvenientes que provoca a sus clientes- sobre todo a los más mayores- han evitado la clausura de la sucursal de Cajasur en el barrio de El Naranjo. Una política de cierres  que también está provocando el rechazo en la provincia, como esta misma semana ha sucedido en Cabra, en cuyo ayuntamiento y en sesión plenaria se presentó una moción impulsada por el PP y apoyada por el resto de partidos ante el cierre de la sucursal de la barriada Virgen de la Sierra.

“No hay negocio”, dicen a La Voz de Córdoba fuentes de la entidad en referencia a El Naranjo. Muchos clientes no lo entienden, dada la afluencia diaria de personas que acuden a la sucursal que hoy se ha cerrado. Personas en su mayoría de avanzada edad que no son hábiles precisamente en el uso cotidiano en los servicios telemáticos, cada vez más utilizados en banca. 

De momento los trabajadores son reubicados y la clientela, forzosamente, también. Los bancos demandan más condiciones a los clientes, establecen marciales horarios de caja y de atención, si es que por atención se puede definir un apresurado turno previamente despachado por número a través de una máquina de pantalla táctil y fría. 

La impersonalidad se ha generalizado en el trato con las entidades financieras. Atrás quedan otros tiempos en los que en el paisaje y la vida de un barrio el banco era como el tutor familiar de las economías domésticas, con empleados pacientes y conocidos, que acaban convirtiéndose en alguien más de la familia, con directores que ejercían casi de confesores y psicólogos a la vez y que conocían a sus vecinos mucho mejor que cualquier concejal, por supuesto. 

La pandemia posiblemente ha venido a acelerar más un cambio que no es cómodo, ni genera confianza, ni empleo ni actividad comercial. Quizá en un futuro y en esto del negocio financiero de los pequeños ahorradores – si es que Hacienda deja alguno-, de los préstamos para arreglar la cocina o de los modestos planes de cara a una jubilación se lleve el gato al agua quienes recuperen la filosofía de las extintas – y muy españolas- cajas de ahorro. 

Es complicado, porque solo hay fe y dividendos en la pantalla que nos conecta con bancos que ya han cerrado sus puertas para siempre.