“Emosido engañado”


Una pintada de carácter xenófobo ha sido motivo de polémica durante el fin de semana. Todo ha sido parte de una campaña publicitaria.

En la vieja Pompeya, al igual que en la Roma clásica, la gente se manifestaba a  través de pintadas en la pared. En latín, obviamente. Mensajes de amor, crítica política, el tradicional “Sínforo estuvo aquí” (Hic autem ipse symphorus) o “Tonto el que lo lea”, que también tenía su propia versión: “El que lo lea está circuncidado” (Qui legit, est circumcidi). Pintadas que han llegado a nuestros días y que son un impagable reflejo de lo poco que hemos cambiado a lo largo de más de dos mil años. Ni en Pompeya ni en Roma existían cuadrillas vecinales antifascistas, cosa que es de agradecer primero porque hubiera sido un anacronismo -aunque les parezca mentira a muchos, el fascismo es cosa del siglo XX- y segundo porque nos hubieran borrado una impagable pintada que aún reza en Pompeya:  “Cosmo, hijo de Eudicia, gran invertido y mamón, es un pierniabierto“. Intolerable y homófobo.

Cuando el pasado sábado comenzó a circular por las redes sociales una pintada junto a la Cruz del Rastro, a poco que uno tenga edad y sentido de la observación, pudo notarse que algo no cuadraba. Empezando por el tipo de grafía, cuidada, a pesar de una falta de ortografía – una coma para separar dos miembros equivalentemente gramaticales en el mismo enunciado- que daría más empaque al mensaje: “Contra la invasión, emigrantes expulsión”. Que tenemos gente en Córdoba capaz de escribir burradas así no nos cabe duda. De todo hay en la viña del Señor. Que en esta ciudad no hay un ambiente ‘anti-inmigrante’, como en otras ciudades de España, también es cierto. Algo desde luego pintaba raro, valga la redundancia. 

Enseguida los vecinos de la zona montaron un dispositivo y se fueron a borrar la pintada, no sin antes hacerse selfies. Las brigadas populares anti-fascismo también tienen su ego. Como suele ocurrir en estos casos, las redes sociales se incendiaron y advirtieron – con su talante de prejuicio, claro- sobre el asfixiante fascismo que nos amenaza y que ya se ha infiltrado entre nosotros. A esa hora de la mañana, antes de confirmar que todo formaba parte de una campaña de concienciación, el asunto -para algunos veteranos con almanaques encima y más de un tiro pegado- tenía pinta de autoataque para la autodefensa: nos montamos una pintada voxera (porque todo al final es eso) y salimos en defensa del pueblo y contra el fascismo. Es un ‘antifascismo Juan Palomo’ de manual del perfecto guerrillero.

Resultó que la pintada formaba parte de una campaña de concienciación. Una performance poética. Psicología social, o sea. Y no seremos nosotros quienes no destaquemos como positivo que algo tan deleznable como la xenofobia no merezca tal respuesta. Lo que ocurre es que tras la concienciación, siempre loable, no se suele dar puntada sin hilo y por lo general, además de los hermosos fines, siempre hay una carga ideológica y política. De hecho, en las redes sociales ya estaban juzgando y acusando al PP en el Ayuntamiento. Y es que la ‘concienciación’ no suele ser ni imparcial ni inocente, por mucho que se disfracen de objetivos dignos y se vistan de justicia. 

Este fin de semana ha sido importante comprobar que la gente no está por la xenofobia. Muy bien. Pero en el termómetro político algunos se han llevado unas muescas en su imagen. Curiosamente hasta dando permiso para ello.

De alguna manera, además de concienciados, ’emosido engañados’.

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