Ángeles Cabido, profesora: “El corazón humano está muy bien hecho y sabe reconocer la verdad, la belleza, el bien y el amor”


Ángeles Cabido / Foto: LVC

Se le atribuye a Albert Einstein, en una carta enviada a su hija Lieserl, la siguiente reflexión: “Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor. Esta semana, para hablar de amor, hemos querido charlar con Ángeles Cabido (Suiza, 1983), porque ella suele hablar de esa energía bastante a menudo, sobre todo a adolescentes. El próximo sábado 28 de noviembre participará, como experta en educación afectivo-sexual, en el III Encuentro Familia-Parroquia-Escuela que organiza la Diócesis de Córdoba con una ponencia titulada “El reto del verdadero amor”. Cabido es Diplomada en Nutrición y Dietética, Licenciada en Ciencias Religiosas, Master en Matrimonio y Familia y en Acompañamiento Educativo, creadora del programa “Amarme bien, amarte bien”. Por tanto, estamos ante una experta en la materia: el amor como nutritivo del corazón y del alma. Pero el amor verdadero, no relativo, según colegimos de lo dicho por Einstein. Y por muchos testimonios -más cercanos de lo que pensamos- que demuestran día a día que amar, y hacerlo bien y para siempre, es posible, gratificante y transformador.

 

¿Qué es ‘amar bien’?

Amar bien, como el programa indica, es reconocer quien es la persona y tener hacia ella la estima que le corresponde. La estima hacia uno mismo y hacia los demás porque ser amados y amar es nuestra identidad primera y nuestra principal vocación. Amar bien es, por tanto, reconocer quién soy y quién es el otro y a qué estamos llamados. Es decir, tener una mirada llena de amor y estima por uno mismo y los demás que nos lleve a construir relaciones que nos hagan ser más felices, más auténticos y mejores.

En una sociedad que nos dice que amar se puede amar de cualquier manera a cualquier persona o cosa.

Es verdad para amar bien, como en cualquier otra de las realidades importantes de la vida humana, necesitamos aprender. Aunque amar es algo connatural a la persona (un niño pequeño, o un bebé, no dice ‘¿qué tengo que hacer para amar a mi madre?’) conforme la sociedad nos va ‘bombardeando’ y los estilos de vida y las propias experiencias nos van influyendo en nuestro carácter y personalidad, hay aspectos que tenemos que pulir para aprender a amar.

Amor de pareja, amor a uno mismo… Existen muchas formas de amor ¿no?

Hay muchas formas de amor y creo que parten del reconocimiento de quién es la persona, que la persona es un bien único e irrepetible -es un regalo y un misterio también-, y ese reconocimiento parte de quién es uno mismo y de quién es el otro.

Una sociedad también en la se confunde el amor con el sexo.

Sí. De hecho, hay una frase que empezó a circular hace algunos años en redes sociales, con la que yo estoy de acuerdo, especialmente, y decía “Vivimos en una sociedad muy experta en sexo y muy virgen en el amor”. En realidad, yo diría que vivimos en una sociedad en la que somos expertos del placer sexual, pero no de la sexualidad bella y auténtica con todo el significado que puede tener en una persona y en una relación. Y por supuesto vivimos en una sociedad muy herida donde parece que ya no es posible un amor para siempre porque es difícil vivir la fidelidad, vivir aquello que perdura porque, aunque existe el sentimiento del amor, el amor no es un sentimiento y para ser real se necesita de nuestra voluntad, de nuestro esfuerzo y dedicación. En esta sociedad queremos todo en un ‘click’, ya y de inmediato. Todo lo que implica un determinado esfuerzo puede pasar a un segundo plano. Por eso decimos que, para amar bien, hay que aprender. Hay algo que tiene que estar en esa base del amor para que las relaciones de amor funcionen.

Menudo reto supone educar a los hijos hoy en día en esta sociedad en la que el sexo sale por todas partes.

Sí, en mi opinión, quien considere que la sociedad no está hipersexualizada, es porque su mirada ya sí lo está. Vemos en los datos de la plataforma ‘Dale una vuelta’, una plataforma referente en España sobre el consumo de pornografía, que 8 años es la edad de inicio con el contacto de la pornografía, que uno de cada diez consumidores de pornografía tiene menos de 10 años, y situamos en 11 años la media de esos consumidores. Vivimos en una sociedad absolutamente hipersexualizada y no solo por este consumo de pornografía, sino en las canciones, por ejemplo. Hay quien define determinados estilos musicales como el reggaetón como la ‘pornografía musical”. En los anuncios, en los youtubers, en las series… el esquema que se ofrece es ‘dos personas coinciden en un bar, hablan un poco y… la siguiente escena es ‘una puerta que se abre y una relación sexual’. Es muy difícil, es todo un reto educar a los hijos en estos momentos, en una sociedad tan hipersexualizada. Pero yo tengo mucha confianza en el corazón humano, y creo que el corazón humano está muy bien hecho. Y lo que es atractivo – y el amor, la belleza, y el bien son atractivos- tiene su poder y hace que la persona abra los ojos y diga: “Eso es lo que yo quiero vivir”. Por tanto, necesitamos referentes, referentes que muchas veces se dan en el propio hogar. Otras no las hay en casa porque las circunstancias se han torcido, pero también tenemos que ser muy conscientes de que existen otros referentes que no son los del hogar, sino los virtuales. Debemos conocer en qué están invirtiendo tiempo nuestros hijos, qué les está entrando por los ojos y por los oídos.

 

Quien considere que la sociedad no está hipersexualizada, es porque su mirada ya sí lo está.

 

Algunos expertos señalan que esa hipersexualidad en la sociedad responde a los oscuros intereses de determinadas esferas de poder para tener a la gente controlada. ¿Usted piensa lo mismo?

Sí. Creo que si en la sexualidad lo importante es el placer la persona se convierte en un objeto de consumo. El placer es algo bueno, pero es bueno si está ordenado. Es decir, si es la consecuencia de una relación en la que hay una expresión de autenticidad, de amor, entrega y donación. Pero si dos personas tienen relaciones sexuales con el único fin de experimentar placer, no de tener comunicación y estar el uno pendiente del otro, la persona ya no es amada sino que es usada. Pasa del lugar de fin al de medio y por tanto se le reduce a la categoría de objeto. Si entendemos la sexualidad desde ese punto de vista, todo lo que lleve a un consumo sexual implica que hay alguien que puede estar beneficiándose de eso. Por ejemplo, en el consumo de la pornografía vemos que esa industria factura muchísimos millones de dólares más que otros sectores cinematográficos. Y por tanto, hay unos intereses en que la gente consuma pornografía. Lo mismo podríamos decir de determinados juguetes sexuales o conductas. Al final, si la persona se considera un objeto y el fin es el placer hay alguien que está sacando un beneficio de todo ello.

¿Qué es el ‘poliamor’?

El poliamor un tipo de relación (amorosa y sexual) abierta a varias personas de manera simultánea donde los implicados conocen lo que está ocurriendo y dan su consentimiento. Es romper con el esquema que nosotros entendemos por el cual existe un amor exclusivo y fiel, entre un hombre y una mujer, y ese poliamor sería que podríamos tener varias parejas al mismo tiempo, que podemos ser parejas entre nosotros y se pueden tener otras. Un lío, ¿verdad? (ríe). Si yo acepto el poliamor significa que no voy a vivir un amor exclusivo y fiel con mi pareja sino que tendré otras parejas al mismo tiempo que también pueden estar teniendo otras relaciones a la vez.

Creer en poliamor es lo más contrario al dinamismo afectivo, porque cuando nosotros nos enamoramos, la persona de la que lo hacemos es como si ocupara nuestro ‘disco duro’. Pensamos todo el tiempo en esa persona, nos imaginamos vivir una relación fiel con ella en el tiempo y de manera exclusiva queremos que ese amor que estamos sintiendo hacia esa persona sea correspondido. El poliamor viene a decirnos que no existe la exclusividad y que podemos vivir con distintas personas relaciones abiertas. Pero en realidad ahí no existe un enamoramiento, sino atracción por distintas personas y un consentimiento a relaciones que no son exclusivas. En mi experiencia, acompañando a adolescentes, yo lo que veo es que el poliamor se cae por sí solo. Es decir, que el poliamor se mantiene cuando no sé quién me gusta, pero cuando me enamoro de verdad ya solo quiero estar con esa persona, y no quiero que esa persona tenga otras relaciones, sino que esté solo conmigo.

¿Cómo se ha introducido ese concepto en una sociedad occidental como la nuestra? Porque no es propio tampoco de nuestra cultura…

Si echamos un vistazo a la historia podríamos decir que, en este país, cuando un hombre y una mujer se querían, después de un recorrido como novios, se casaban y, dentro del ámbito del matrimonio, vivían la intimidad de la sexualidad y de lo que correspondía a su familia. Con el tiempo se rompió esta relación de amor-matrimonio y sexualidad y empezó a admitirse que para tener relaciones sexuales “no hace falta casarse, mientras se quieran, es suficiente”. Después vino otro paso y fue, “no hace falta quererse para tener intimidad sexual, mientras los dos estén de acuerdo, es suficiente” Y, de ese ‘estar de acuerdo’ hemos llegado a la posibilidad de que en la intimidad amorosa y sexual entren más personas y que no responda al esquema de ‘uno con una’. No es que de repente hayamos amanecido con este concepto porque a alguien se le haya ocurrido, sino que esto tiene un recorrido a lo largo de los años en el que se han ido desvinculando el amor del matrimonio, la sexualidad del amor, de la fidelidad, poco a poco. Al final llegamos a conceptos como éste que yo creo que hace algunos años tuvo auge, pero que la realidad demuestra que son muy pocas personas las que viven ese tipo de relaciones.

¿Existe el amor para toda la vida?

Existe y dan testimonio de ello muchas personas que tenemos cercanas. Le agradezco mucho esta pregunta, porque yo suelo hacérsela a los adolescentes a los que les doy las charlas. Suelo preguntarles: “¿Cuántos creéis que existe el amor para siempre?” Y en una clase de 30 pueden levantar la mano tímidamente 10 o 12, como mucho. En cambio, cuando a continuación les pregunto “¿Y a cuantos os gustaría encontrar un amor para siempre?”, el 99% levanta la mano. El corazón está hecho para lo auténtico, para lo que dure y lo verdadero. Y nada finito sacia la sed de infinito que tenemos. Por tanto, existe y es posible un amor para siempre, pero para ello es necesario cultivar algunos valores que quizás, ahora, ya no están tan de moda por esa situación que decíamos de que estamos muy acostumbrados al ‘todo lo quiero y lo quiero ya’.

También hay una confusión en el ambiente y especialmente entre los adolescentes, que consiste en asociar lo auténtico con lo intenso. Por tanto, se llega a pensar que si algo se siente intensamente es lo que se tiene que hacer. Y los sentimientos no los elegimos nosotros, sino que lo que elegimos es qué hacer con los sentimientos si queremos que continúen o que dejen de existir. Hace poco le explicaba a un grupo de chicas que, muy probablemente en el futuro, ya casadas, se enamorarán de otro que no será su marido y que el susodicho les parecerá más simpático, más guapo y magnífico que el marido, al que ya conocen, que en su momento también les pareció el más ideal pero con el tiempo fueron conociendo sus defectos… y además, ronca y se está quedando calvo. Pero que se enamoren no tiene que significar absolutamente nada más allá de que el corazón está hecho para esa vocación al amor. ¿Qué quiero decir con esto? Que nosotros no elegimos de quién nos enamoramos pero sí qué hacer cuando nos enamoramos. Por tanto, si yo estoy casada y me he comprometido a amar fielmente y para siempre, tendré que hacer aquello que me lleve a cumplirlo. Cuando nos casamos no prometemos sentir siempre lo mismo sino amar y respetar Quien asocia el amor al sentimiento debería recordar que no existe un sentimiento de amor que dure para siempre. Pero un amor que quiere buscar el bien para los dos y para siempre es posible, aunque se deben apoyar en valores y convicciones muy grandes.

Existe y es posible un amor para siempre, pero para ello es necesario cultivar algunos valores que quizás, ahora, ya no están tan de moda por esa situación que decíamos de que estamos muy acostumbrados al ‘todo lo quiero y lo quiero ya’.

Entonces lo más normal, por tanto, es enamorarse varias veces a lo largo de la vida.

Es posible enamorarse varias veces a lo largo de la vida pero no lo es enamorarse al mismo tiempo de dos personas. Las reacciones que se producen en nuestro cerebro al enamorarnos hacen que toda nuestra atención esté acaparada por esa única persona. De hecho cuando trabajo este tema con los adolescentes, y me plantean que no saben de quién están enamorados, si de uno u otro les aclaro “de ninguno, lo que sientes es atracción porque se puede sentir atracción por varias personas a la vez pero enamorarnos es un sentimiento que acapara toda nuestra atención”. Nuestro cerebro se llena de esa persona y eso nos empuja a querer estar a su lado, a idealizarle, a querer conocerla e incluso al miedo de la decepción, de que no sea como la imaginamos o que la relación no salga como nosotros queremos. Cuando alguien dice que ha encontrado a la persona ideal es porque se ha enamorado. Enamorarse es algo muy bonito que nos pone en marcha, pero después de ese sentimiento tiene que venir el amor verdadero que nace del conocimiento de quién eres tú, quién soy yo y qué es lo que queremos construir juntos y de la voluntad de querer llevarlo a cabo

¿Cómo de perdidos están nuestros jóvenes?

No están perdidos: están desorientados. No podemos dar a nadie por perdido porque como decía el corazón humano está muy bien hecho y sabe reconocer la verdad, la belleza, el bien y el amor. Pero están desorientados porque les faltan referentes y porque están bombardeados de muchas historias de infidelidad, de cosificación y uso, que pueden hacerles creer que ya no es posible vivir conforme a lo que su corazón está anhelando.

Es usted Master en Matrimonio y Familia, pero sin embargo es soltera.

Qué buena pregunta. Pues aquí estoy, esperando al amor de mi vida…(risas). No lo hice tanto por una inquietud personal en mi propia vida, aunque mi corazón está hecho lógicamente para amar y ser amado, sino que lo cursé por lo que iba viendo en las personas que tenía cercanas. Personas que necesitaban saberse acompañadas y que alguien les explicase qué es el dinamismo afectivo y nuestra verdadera vocación al amor.

 

 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here