Alejandro Hernández, portavoz de VOX en el Parlamento andaluz: “En la Andalucía interior existe un déficit democrático importante”


Alejandro Hernández./Foto: Irene Lucena

 

Alejandro Hernández./Foto: Irene Lucena

Resulta complicado cerrar una cita con Alejandro Hernández (Madrid, 1964) y no por interés ni disponibilidad, sino porque el trabajo en el Parlamento andaluz lo tiene en Sevilla de martes a jueves y esos días además están siendo de mucha actividad. Comienza el curso escolar, andamos en plena reconstrucción social mientras la pandemia muestra su preocupante segunda parte y hay comisiones, votaciones y reuniones varias de por medio. Hemos optado por la vía telemática para la charla y realizar las fotos al día siguiente, en Las Tendillas, sobre todo para no perder nuestro referente cordobés. Alejandro es abogado nacido en Madrid y no ha extraviado su acento de allí, pero tiene mucho de cordobés en el talante, serio, con empaque y prudencia. Es un madrileño senequista, de discurso preciso y en ocasiones afilado, si el estrado lo requiere, o un cordobés que no necesita abrir las vocales finales en las palabras para que se le entienda lo que dice. Como muchos en VOX, habla claro, y eso es un acto revolucionario en la época de los eufemismos progres. Es un veterano, también, con el añadido de fe  que tiene militar de los primeros en la formación de Abascal ,y no la fe religiosa (solo), sino como ejercicio para creer que quedan ideales, formas, maneras y costumbres que hay que reconquistar. Y España, que anda despreciada, vapuleada y presa de hijos que no la quieren. O que la esquilman.  En Andalucía apareció VOX para sorpresa de politólogos subvencionados pero no para aquellos andaluces que, calladamente y de manera democrática, decidieron con su voto colocar a 12 parlamentarios en la tierra del susanismo eterno. Pablo Iglesias lanzó una alerta antifascista y después se fue a Galapagar para luchar. Aquí nos quedó un nuevo gobierno, una nueva etapa que no sería posible sin esos 12 parlamentarios que, de momento, no se han comido a nadie. Y mucho trabajo por hacer. De un poco de todo eso hablamos con el señor Hernández, que aspira a revalidar la presidencia, además y en breve, del comité ejecutivo provincial cordobés.

 

¿Cómo se lleva eso de apoyar a un gobierno de coalición sin estar en el gobierno?

A veces parece más fácil de lo que luego realmente es, porque hay que mantener un equilibrio. Por un lado, nosotros entendemos que es importante contribuir a la estabilidad del gobierno en Andalucía , y ya lo dijo Abascal en 2018 cuando conseguimos los 12 escaños: que VOX nunca iba a ser un obstáculo para que se produjera ese cambio de gobierno que los andaluces habían votado mayoritariamente. Entonces,  tenemos que movernos ahí manteniendo ese equilibrio, propiciando la estabilidad de ese gobierno, pero por otro lado hay muchas cosas de las que hace este gobierno que no forman parte del plan de actuaciones que nosotros llevaríamos. Casi siempre hay coincidencias en cuestiones como la gestión económica, porque compartimos en ese sentido una visión liberal. Con PP e incluso con Ciudadanos tenemos muchos puntos en común, pero luego hay otros temas en los que estamos bastante alejados. La misma cuestión de las autonomías: tanto PP como Ciudadanos defienden este modelo de Estado autonómico y nosotros entendemos que es un modelo fallido que habría que replantearse.

En cualquier caso, vamos buscando los puntos de acuerdo siempre.

Habla de una visión liberal de la economía en VOX, pero se les está criticando que no se puede ser liberal cuando se propone o fomenta un ‘sindicato vertical’, como ya se define a ‘Solidaridad’.

Vamos a ver, VOX no está formando un sindicato. VOX lo que está es animando a la gente a que forme parte de una nueva visión de lo que debe de ser un sindicato. Como partido, como grupo parlamentario – y hablo desde las atribuciones que yo tengo-  no tenemos ninguna relación ni formal ni de fondo con ese sindicato que se está trabajando y que es lo que se quiere presentar el lunes (14 de septiembre). De hecho, a la gente que nos llama y nos pregunta por el sindicato, nosotros la derivamos a otras instancias, porque no somos el sindicato.

Apunta usted el formar parte de una nueva visión del sindicalismo. En ese sentido ¿VOX recogerá a los ‘trabajadores huérfanos’ como ha atraído el voto de los españoles decepcionados?

(Ríe) No es que me quiera escabullir, pero no estoy muy al tanto del tema de ‘Solidaridad’. Lo que tengo entendido y he podido leer, que es básicamente lo que se ha publicado, es que se dirige a esa gente que no encuentra acomodo, que ve peligrar derechos legítimos conquistados después de una gran lucha y verdaderos logros sociales de los que debemos estar todos orgullosos como sociedad. Animo a la gente a que lea cuales eran las condiciones de trabajo simplemente a principios del siglo XX y comprobará esos logros sociales. De aquella acción sindical y reivindicativa a lo que tenemos ahora, los sindicatos de las mariscadas y las corruptelas, inmersos muchos de ellos en causas judiciales con reclamaciones millonarias, pues hay mucha distancia. Insisto, es dar ese amparo a través de un ente sindical nuevo que tenga otra orientación estrictamente social y alejada de posicionamientos políticos. Porque muchas veces vemos que los sindicatos son, realmente, la correa de transmisión de los intereses de un partido. En estos días lo estamos viendo con la vuelta al cole. La actuación de muchos sindicatos no tiene nada que ver con la legítima preocupación de los padres y de muchos docentes.

Alejandro Hernández, Rafael Saco y Jesús Jiménez./Foto: Irene Lucena

Hablando de mariscadas… ¿Se han acabado ya los dispendios en la Junta de Andalucía?

A ver, todavía se gasta mucho en cosas que bajo nuestro punto de vista deberían evitarse. Pero bien es cierto que también hay un entramado legislativo que casi obliga a cualquier gobierno a que realice determinadas actuaciones que muchas veces creo que los ciudadanos realmente desconocen. Por ejemplo, todas estas políticas de género que derivan en estudios de ‘impacto de género’, es que parecen de chiste. Mucha gente cree que es mentira, pero es verdad. Cuando se va a hacer una obra pública hay que hacer un estudio de ‘impacto de género’. Lo mismo ocurre cuando se lanza una subvención, para ver si perjudica o beneficia a las mujeres. Son cosas que, como digo, parecen de broma. Bordeamos el terreno de lo absurdo. Se gasta muchísimo dinero en ese tipo de cuestiones. Me comentaban el otro día que para hacer los presupuestos tienen que incluir indicadores de ‘impacto de género’, es decir, en un asunto que es estrictamente técnico deben mirar si hay discriminación, habiendo como hay otros mecanismos y una normativa jurídica amplísima que prohíbe cualquier tipo de discriminación. Bueno, pues esta vuelta de tuerca es absolutamente innecesaria. Y gastar recursos en cosas como esas es un dispendio que en estos tiempos de pandemia, con tanta gente necesitada y tantos sectores que precisan ayudas económicas para reactivarse, parece hasta inmoral.

Cuando se va a hacer una obra pública hay que hacer un estudio de ‘impacto de género’. Lo mismo ocurre cuando se lanza una subvención, para ver si perjudica o beneficia a las mujeres. Son cosas que, como digo, parecen de broma. Bordeamos el terreno de lo absurdo.

La pandemia es el motivo de la comisión parlamentaria de reconstrucción de Andalucía ¿Cuál es el trabajo de VOX en esta comisión?

Todo el mundo sabe que nosotros, de inicio, éramos bastante escépticos respecto a la utilidad de esa comisión. Pero que nadie se confunda: el que fuéramos escépticos no quería decir que no fuéramos a participar en ella. Porque de hecho, y ya lo explicamos, aquí en el Parlamento se constituyeron dos comisiones – la de infancia y la de discapacidad- que eran innecesarias, ya que muchas materias se trataban dentro de otras comisiones. Votamos en contra de esa constitución, pero una vez creadas, estamos dentro de dichas comisiones. Nada nos impide que ya que están y, de buena fe, intentemos utilizarlas de la mejor manera posible. Y si, una vez dentro, existía la posibilidad de presidirlas, lo que permite elaborar el dictamen definitivo que se trae a pleno para su aprobación, pues era la mejor manera de controlar realmente si el trabajo que se está haciendo es útil desde nuestra perspectiva. Entiendo, por tanto, que nuestra actuación ha sido perfectamente coherente. Lo que han venido predicando desde el PSOE y Adelante Andalucía, negándose a comparecer y trabajar en la comisión, poniendo como excusa que nosotros teníamos la presidencia, es absurdo. Lo digo y lo reitero: invito a cualquiera que vea el dictamen que compruebe quiénes han comparecido. Qué agentes sociales, entidades y personas han participado. Y verá que no hay, ni muchísimo menos, un listado sectario ni sesgado sino que ha venido todo aquel que se ha considerado importante indistintamente de su orientación política. En ese sentido creo que al final se ha hecho un buen trabajo y esperemos que sea refrendado en el próximo pleno y que se convierta en una herramienta útil para el gobierno de la Junta.

La política es el arte de la negociación. O debería serlo. ¿A qué ha tenido que renunciar VOX en sus negociaciones?

Nosotros negociamos prácticamente a diario porque, al final, si tenemos esa comunicación fluida con el gobierno de la Junta no solo es para recibir información sino para mostrar nuestro parecer sobre las iniciativas que desde el gobierno quieren acometer y, obviamente, cuando necesitan contar con nuestro apoyo, nosotros también entramos en ese toma y daca en el que hay cosas que nos gustan y cosas que nos gustan menos. En esa dialéctica muchas veces renunciamos a temas que podrían formar parte de nuestro ideario. Somos conscientes, y procuramos siempre tenerlo en cuenta, de que somos doce. Aunque a veces tengamos la tentación de hacerlo, no podemos mediatizar la acción de gobierno. El gobierno tiene la responsabilidad de gobernar y nosotros tenemos la responsabilidad, en la medida de nuestras posibilidades, de influir en esa acción de gobierno pero nunca de una manera espúrea, que por intereses tácticos se convierta en un lastre, porque es algo que tiene que redundar en beneficio de todos.

Alejandro Hernández, Rafael Saco y Jesús Jiménez./Foto: Irene Lucena

Parece que últimamente se les tacha menos de ‘ultraderecha’. ¿Se va aceptando la presencia de VOX en las instituciones?

Bueno, hoy, en una sola intervención, nos lo han dicho como 6 o 7 veces. A ver, en este sentido quiero ser claro. Evidentemente, cuando alguien dice ‘ultraderecha’ lo hace con ánimo denigratorio. No es como  explican algunos periodistas de medios autodenominados ‘progresistas’, que dicen usar el término para ‘ubicarnos’ en el espacio político. Y como según ellos estamos más a la derecha, pues por eso lo de ‘ultraderecha’. Bueno, dirían también ‘extrema izquierda’ cuando hablan de Podemos y no lo utilizan. En fin, cada uno puede hacer o decir lo que considere oportuno. A mí lo que realmente me preocupa es eso: las connotaciones negativas y ese ánimo denigratorio. Cuando alguien dice ‘ultraderecha’ lo que te está es restando legitimidad democrática, y eso es lo que se pretende. Y luego tiene también una segunda consecuencia que, bajo mi punto de vista, es incluso la más peligrosa: al final VOX, sus sedes y afiliados se están convirtiendo en blanco de acciones violentas. Hemos visto cómo en la campaña de las elecciones vascas se han vivido episodios que recordaban momentos del pasado, con actuaciones violentas e intolerantes que deberían preocupar a todo el mundo. Y no ha sido objeto ni siquiera de condena por la inmensa mayoría de los partidos. Recientemente también hemos visto, hace menos de una semana y en Barcelona, cómo  tuvieron problemas los diputados nacionales de VOX para poder hacer un acto de partido.  Se cuentan por decenas las agresiones físicas que sufren simpatizantes y afiliados de VOX en el día a día de lo que es la actividad normal de un partido. Por eso afeo a veces a algunos medios, que son tan dados a utilizar ese término de ‘ultraderecha’, de que algo de responsabilidad pueden tener en esa deriva violenta.

A mí lo que realmente me preocupa es eso: las connotaciones negativas y ese ánimo denigratorio. Cuando alguien dice ‘ultraderecha’ lo que te está es restando legitimidad democrática, y eso es lo que se pretende.

A la izquierda sí se le ‘permite’ y justifica el uso de la violencia.

El Gobierno de Sánchez se siente más cómodo negociando con Bildu o con formaciones que han amparado la violencia en Cataluña que con el tercer partido de España. A nosotros nos pone ese cordón sanitario tan famoso y sin embargo con gente que tiene, literalmente, las manos manchadas de sangre, pues se sienta y se echan unas risas, además. Tan a gusto. Y eso es lamentable. Es incluso triste que siendo, el partido socialista, un partido que tiene muchos caídos en esa lucha, cometa la bajeza moral de prestarse a esa componenda.

 Andalucía parece menos crispada si de violencia hablamos.

Hombre, evidentemente la situación no es la misma, pero también hay otro punto que yo quería resaltar. En la Andalucía rural , la de interior, existe un déficit democrático importante. Porque todavía hay mucha gente que tiene muchas reservas a la hora de significarse políticamente, de mostrarse como simpatizante o incluso como un candidato, miembro de la orgánica del partido, en muchos pueblos. Y eso, de alguna manera, también define esa democracia de baja calidad que muchas veces tenemos. Porque en determinadas partes de España, y aquí en Andalucía en concreto, en el ámbito rural, se tiene cierto miedo porque muchas personas piensan que ser de VOX puede tener consecuencias para su empleabilidad, que no le van a llamar de los ayuntamientos para los contratos que se suelen hacer con cierta periodicidad. O que si son proveedores de los ayuntamientos, tampoco les van a comprar. O simplemente porque piensen que la mayoría de sus vecinos son de otra orientación y parece que tienen que hacerse perdonar por ser conservadores o de derechas.

Eso mismo le pasaba al PP hace 20 o 25 años en los pueblos andaluces.

Les sigue pasando. Y si a ellos les ocurría con sus afiliados y simpatizantes, imagínese en el caso de VOX. Probablemente el PP ya se haya normalizado como VOX se está normalizando en las zonas urbanas y las ciudades. El hecho de que estemos en las instituciones y que se vea que no tenemos ni cuernos, ni rabo, ni llevamos tridente, ha ayudado. Pero existe una Andalucía profunda en la que queda mucho trabajo por hacer. Yo se lo he dicho al presidente de la Junta, además. Moreno un día me habló de que nosotros lo que queríamos era ‘un cambio cultural’ y, en efecto, le dije que era lo que tenía que hacer el gobierno: trabajar ese cambio cultural para que, sencillamente, se respire un poco más de libertad.

En determinadas partes de España, y aquí en Andalucía en concreto, en el ámbito rural, se tiene cierto miedo porque muchas personas piensan que ser de VOX puede tener consecuencias para su empleabilidad.

No sé si el término ‘normalización’ es el más acertado. Yo entiendo que estoy hablando con el representante de un partido ‘normal’.

Sí, claro.

Se lo digo porque creo que quizá sea la aceptación lo que define últimamente a su formación. Y lo ha podido comprobar por usted mismo ya que fue de los pioneros en afiliarse en 2016. Repetirá, si resulta elegido, como presidente del comité ejecutivo provincial.

Yo me afilié en septiembre de 2016 y si hubiera hecho caso  mi hija Pilar pues me habría afiliado bastante antes. Llevaba mucho tiempo insistiéndome en que visitara la página de VOX pero yo era una víctima más de la desinformación a la que se somete en gran medida a este partido. Cuando mi hija consiguió convencerme, fue un flechazo, porque suscribía todo lo que decían. Podemos hablar de ‘normalización’ y de ‘blanqueamiento’, porque es que en realidad son muchos medios los que nos tachan de ultraderecha. Hasta en las televisiones públicas. La batalla es mostrar a muchos ciudadanos que, por una serie de razones de todo tipo, no leen, escuchan emisoras o no ven televisiones en las que se muestran opiniones de todo tipo y se da ocasión a VOX para que explique lo que es. Tenemos que hacer ese esfuerzo para que la gente vea que, en efecto, somos personas normales y que defendemos opciones políticas que se podrán suscribir, compartir, o no, pero que son absolutamente legítimas. ¿Blanquear? Claro, es que estamos ennegrecidos, ‘fundidos en negro’ porque no salimos o porque tiznan nuestra imagen con las manchas de la xenofobia, del racismo, del machismo. Y son manchas que, en cuanto nos dan ocasión, se muestran claramente como infundios y que nada tiene que ver con el mensaje real de VOX.

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