La información o las cuentas pendientes


Hace aproximadamente una semana saltó la noticia de un contagio durante la celebración de una boda en el balneario Aguas de Villaharta.

Tal y como vienen sucediéndose este tipo de noticias, rumores, macutazos y datos oficiales de la Consejería, a los que hay que añadir últimamente la de los ayuntamientos de la provincia, ello nos obliga a algo que debería ser consustancial a la profesión, esto es, la verificación – con su adecuada prudencia- y el tratamiento medido del asunto, dado que estamos desde hace meses más instalados en el terreno de las emociones y los juicios que en el de los datos.

A mediados del mes de julio, cuando se conoció el contagio detectado en un local nocturno tras una celebración de una fiesta de fin de curso, todo se fue de madre. La sociedad red, esto que llama el  ahora ministro Castells la autocomunicación de masas y la viejas costumbres humanas de chismorrear y enjuiciar – amén de lapidar- provocó que durante unas semanas todos nos volviéramos locos. Salieron los opinólogos, los epidemiólogos de guardia, y los medios – nosotros también- ávidos de tema para seguir y contar. Del daño que se le hizo al colegio y al local nocturno ya, si eso, hablamos otro día. Más hábilmente fue tratado el asunto del Sojo del Mercado Victoria que cuando se supo, antes de que se hiciera público, ya circulaba como ‘ el gran brote del siglo’. Recuerdo a una fuente, contándonoslo,  que ya nos veía a los cordobeses,abriendo el informativo de la CNN. Ahí quedó. O sea, en casi nada. Suponemos que porque a determinadas instancias no les pareció oportuno darle recorrido y porque de alguna manera con lo del Babylonia habíamos aprendido una lección: vivir supone contagiarse. Esto que parece una obviedad cuando llega una oleada de gripe o de piojos en los colegios, no quiere serlo para la administración que está tratando de ‘garantizarnos’ la asepsia y la salud. Y nos culpa por nuestras ‘irresponsabilidades’. Y ha fomentado un cuerpo ciudadano/policial de lo más hermoso.  

A estas alturas de la pandemia y poco antes de que comience un curso escolar que, ya podemos adivinar, será ejemplo de que la administración no puede controlar el inexorable curso de la naturaleza, la manera de hablar y contar los brotes, rebrotes y nuevos contagios ha cambiado porque se ha normalizado, o sea, ya no supone una primera portada. Por eso, el tratamiento informativo que el asunto del balneario ha tenido en la mayoría de los medios ha sido el que es: otro más de los muchos que vendrán. Además había un dato al respecto que dejaba muy clara la ‘responsabilidad’ del establecimiento en el tema: el portador positivo del virus ya venía infectado de casa. Estamos hablando de un virus que se contagia sin un mal moco que avise, por mantener una charla cercana o tocarnos la cara después de haber tenido contacto con alguien que no muestra síntomas. Podemos poner termómetros en las puertas, mascarillas al perro, o un traje de astronauta al camarero, pero esto es lo que es: una epidemia compleja e inevitable.

 Ha habido quien ha querido culpar del contagio al balnerario o cuando menos, hacer un ‘Babylonia’ con él. A pesar de que los propios novios celebrantes han dejado claro que las medidas de seguridad eran, y son, excepcionales. Todo lo excepcionales que pueden ser ante este virus que se trae y lleva puesto sin que uno lo sepa. El problema es que en el terreno digital, refutar o desmentir una mentira o una noticia no del todo veraz se ha convertido en una misión casi imposible, como muy bien apunta Basilio Baltasar en su libro ‘El linchamiento digital’ “Toda refutación aparece entonces como posverdad: una verdad que al perder la fuerza moral de la verificación se reduce a una evasiva convicción personal”, advierte el autor.

Villaharta
Lourdes Bellido y Máximo Doval, responsables del Balneario Aguas de Villaharta./Foto: LVC

Lourdes y Máximo, los propietarios y gerentes del balneario, han publicado un vídeo para tratar de reconducir el asunto, que ha sido su manera- entendemos que bien asesorados- de responder a lo publicado en esto días. Máximo, de manera coloquial, expone lo que el sentido común le dicta y en realidad nos dice a todos: estamos expuestos. Todos. Incluso los que juzgan.

Respecto al tratamiento que se le haya dado a la noticia, se les ve afectados, claro. Y es que a veces, además de informar, hay quien trata de cobrar cuentas pendientes que en muchos casos no corresponden ni a los protagonistas y solo son deudas en los medidores mediocres y pequeños de quienes practican el ‘cobro’.  Es la otra lección que deberíamos aprender de esto: dejar lo personal fuera del teclado del ordenador y centrarnos en contar las cosas tal y como son hasta donde los filtros corporativos y personales nos dejen, pero siempre con honestidad.

La misma honestidad que muestran Lourdes y Máximo en un video que no hubiera hecho falta realizar si además se hubiera tenido en cuenta el enorme trabajo y sacrificio personal que hay detrás de un establecimiento como Aguas de Villaharta y otros muchos que tratan de seguir haciendo de la vida algo más agradable. Y normal, a pesar de todo.

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